Cada vez que no lo dije
me acerqué dos pasos a él.
Mis piernas contra mi cabeza
pero no tanto como mi corazón,
hinchado de rebeldía
Mi lengua te negaba retorciéndose
y queriendo hacerlo dentro de tu boca.
Mis manos sujetando mi pecho
sabiendo ya que ibas a romperlo,
Ahora estoy a tu lado
y ya no digo que no quiero.
No puedo irme ni quiero,
aquí me quedo.