25 de marzo de 2013

Renegade. Capítulo 15.


'I hear you call my name and it feels like home'

“Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal.” - Madre Teresa de Calcuta



Le miró los labios, fue lo primero que hizo, observar cómo se curvaban levemente hacia arriba, como si tuviera una paz interior que a ella la parecía inalcanzable. Recorrió lentamente con la mirada esos labios finos, que se contrastaron al instante con los carnosos de Jake. Su piel clara. Los ojos cerrados con suavidad, las largas pestañas rubias, los mechones de pelo rubio que le caían sobre la frente… Rachel sonrió sin querer en la penumbra. Benjamin Baker dormido era la imagen pura de la paz. Lo que no podía entender era por qué estaba dormido en su cama.

Todas las otras camas de la habitación estaban libres. Se acercó a Benjamin y le dio dos toques en el brazo, sin que el rubio reaccionara. Suspiró. Estaba cansada, Thomas la había llevado corriendo por toda Osadía antes de concluir que “Clay” no estaba, y que lo buscarían por la mañana. Y durante aquella carrera perpetua que parecía ser la vida del chico de pelo verde, le había dado tanta información que se había quedado saturada. Nunca antes había conocido a nadie que hablara de manera tan rápida, inconstante e inconexa. Tan pronto le hablaba de Jake, como de la comida, como de los entrenamientos, como de la muerte de alguien, o le comentaba cosas sobre moda.

-Benjamin Baker-lo llamó agitándolo de nuevo, con tono quejumbroso.

Sabía que era estúpido, pero quería dormir en esa cama. Todas eran iguales, pero esa era “su” cama. Había dormido ahí todos los días y no quería cambiarse.

-Te odio, ¿sabes?-le dijo molesta mientras se descalzaba y se metía en la cama con él, empujándolo un poco hacia el otro lado-Eres un usurpador de camas-volvió a quejarse mientras buscaba una postura cómoda. El chico se removió en la cama sin despertarse, pero pasó un brazo sobre la cintura de Rachel, abrazándola-Genial-Rachel miró la mano como si se tratara de la serpiente más venenosa del planeta-¿Dormías con peluches, Baker?-le preguntó sin esperar respuesta. Cerró los ojos y se acurrucó un poco contra el cuerpo del chico-Te pega lo de dormir con juguetes…-un bostezo hizo que interrumpiera su frase-Eres tan… Inocente.

Y claro que era inocente. Siempre a su disposición, tan seguro. Tanto que ella no podía imaginar un problema en el que no pudiera contar con las manos que en ese momento la estaban abrazando. Pero inocente, porque creía que ella estaría para él de la misma forma incondicional. Y Rachel sabía que eso no era así, que ella estaba para sí misma y para nadie más.


-Venga, buenos días, vamos a desayunar-Thomas. Thomas hablando emocionado. Thomas tirando de su mano. Thomas excitado. Thomas hambriento.

Rachel era incapaz de realizar buenas conexiones mentales a los dos segundos de haberse levantado. Salió de la cama lentamente, como si estuviera volviendo a la vida. Bostezó y se estiró exageradamente bajo la mirada de Thomas.

-¿Qué hora es?-le preguntó frotándose los ojos, antes de girarse hacia atrás para echarle una mirada a Benjamin, que seguía profundamente dormido con un brazo estirado sobre la parte en la que había estado ella, un brazo que la había estado abrazando toda la noche.

-La hora de ir a desayunar. Tenemos cita con Clay a las ocho en punto-la mano del chico tiró de la suya propia y la sacó de la habitación hasta el pasillo, desierto.

-¿Por qué tan pronto?-la chica tenía la boca pastosa y la luz le molestaba, por lo que se comportaba como un vampiro atontado mientras él la guiaba a tirones.

-A las diez empieza el entrenamiento-respondió él, con una vitalidad insólita en cualquier persona con más de diez años.

-¿Dos horas para cortarme el pelo? Creo que es excesi… ¡Auch!-Rachel soltó la mano del chico y se llevó ambas a la cara. Acababa de darse un tremendo golpe contra un saliente de la pared.

-No seas quejica, mira mi cara-el chico se señaló una enorme cicatriz que le iba desde la sien hasta la boca-Eso sí que fue un golpe-asió su mano al antebrazo de Rachel y volvió a tirar.

Cuando llegaron al comedor no había casi nadie, se sentaron ambos en una mesa tras coger dos tazones de leche, cereales, magdalenas y tostadas. Rachel empezó a meter una magdalena en la leche con lentitud, mientras los ojos se le cerraban de nuevo. Mientras tanto, Thomas parecía un roedor tratando de meterse toda la comida posible en la boca. La chica apenas le había dado dos mordiscos a la magdalena cuando él se levantó y empezó a llevárselo todo.

-¿Qué haces?-se quejó Rachel aferrándose al cartón de cereales.

-Tenemos cinco minutos para llegar a la peluquería-Thomas se llevó todo menos la caja que ella sostenía y volvió a la carrera, levantándola del asiento de un tirón.

-¿Y no podías haberme despertado antes para no ir así?-se quejó mientras lo seguía, metiendo la mano en el cartón de cereales y comiéndose un puñado.

-¿Así? ¿Así cómo?

La chica sacudió la cabeza. Para él lo normal era moverse como un huracán y hacer todo con prisa, ella prefería un punto medio, pero no quería discutir. En un minuto se encontraban hiperventilando en una peluquería que podía parecer también un taller mecánico, por la decoración tan peculiar que tenía, con neumáticos en las paredes. Thomas la empujó hacia una silla y unos instantes después otra figura completamente vestida de negro apareció a su espalda.

-Jake dice que le arregles el pelo-dijo Thomas gesticulando exageradamente mientras se sentaba frente a Rachel, impidiéndole a la chica que se viera en el espejo, y también que viera a su peluquero.

Pelo verde parloteó a toda velocidad sin recibir ningún tipo de respuesta, pero eso tampoco parecía molestarle, era feliz hablando. Rachel observó el pelo caer al suelo mientras metía de vez en cuando la mano en el paquete de cereales y se la llevaba a la boca.

-¿Normalmente atiendes gente desde tan temprano, Clay?-preguntó la chica con curiosidad, aunque sin estar completamente despierta aún.

-Oh, Rachel, Clay no habla. Él tuvo un accidente hace años con una explosión y perdió la lengua, tampoco oye nada bien y está desfigurado-Rachel hizo ademán de girarse pero el chico la detuvo-En serio, no te gires, deja que te corte el pelo que tenemos prisa-le hizo un gesto a Clay para que continuara, puesto que las tijeras se habían detenido mientras ella hablaba-Es que si hablas o te mueves se detiene porque no sabe lo que estás diciendo y espera a que yo se lo diga, por si te estás quejando. Así que calladita-se puso el índice en los labios para ilustrar lo que decía.

Y después siguió hablando como llevaba haciendo hasta el momento, sin preocuparse de si alguien le estuviera prestando atención.

Rachel ni siquiera se dio cuenta de cuando su corte estuvo terminado, pues Thomas seguía hablando. Pero estuvo un rato sin escuchar las tijeras ni notar nada y se giró hacia atrás en busca del peluquero fantasma.

-Ya se ha ido, ya estás lista-Thomas se puso en pie al instante-Yo me tengo que ir corriendo que he quedado con unos amigos, acuérdate de decirle a Jake que he sido muy eficiente.

Y desapareció a la carrera, dejando el espejo a la vista. Rachel se acercó un poco para verse. Tenía un corte masculino, pero le sentaba bien, hacía que pareciera mayor y más fuerte.


Rachel se secó el sudor del cuello con la toalla. Llevaba una camiseta negra de tirantes y unas mayas negras ajustadas, y creyó entender por fin por qué los Osados elegían ese color. No era por parecer más peligrosos u ocultarse mejor, era cuestión de estética, en el negro no se veían las marcas del sudor que acompañaban a todos los habitantes de la sede subterránea. Se habían pasado cuatro horas con ejercicios de combate: Cuatro, Noah, Benjamin y ella. Las peleas eran de dos en dos, por lo que no había mucho descanso entre una y la siguiente. Se sentía extraña entre los tres hombres, pues mientras que ellos se reían, soltaban pullas y se morían de ganas por luchar, ella seguía viéndolo como algo desagradable.

Iba camino del comedor cuando se encontró a Benjamin de frente, con una copa de helado en la mano. El chico llevaba una camiseta negra del tipo de la suya, que permitía ver que sus brazos estaban empezando a tornearse. En cuanto sus ojos se encontraron ambos se sonrieron.

-Chris se ha despertado-le dijo el chico sin perder la enorme sonrisa.

Rachel cerró los ojos y asintió con alivio. Aunque no tuviera demasiado trato con el pequeño chico, con Noah sí que estaba empezando a entablar una amistad, y le afectaba lo que le ocurriera.

-Menos mal… Tenía miedo a que no…-admitió ella, encogiéndose de hombros ligeramente para no terminar la frase.

-¿Quieres ir a verlo? Me han dicho que había pedido chocolate y le iba a llevar esto, pero la verdad es que tengo un poco de lío, si se lo llevas tú, mejor-propuso él tendiéndole la copa.

-Vale-Rachel cogió la copa de cristal-Luego nos vemos, Baker.

Cuando se despidió de él no esperaba que Benjamin se inclinara hacia ella y estampara sus labios sobre los de ella. Para luego darse la vuelta e irse corriendo. Rachel frunció el ceño, sin comprender, pero sin sentirse molesta… Tampoco feliz. Simplemente le parecía extraño. Había pasado tiempo con Benjamin en el hospital, pero él estaba dormido, y se habían pasado la mañana juntos pegándose, lo que tampoco consideraba que fuera un buen motivo para cambiar las cosas. Caminó reflexiva hacia la enfermería, contrastando con todos los que se movían alrededor de ella, de forma caótica y ruidosa.

La primera cama con la que se encontró fue con la de Arya, que la saludó con un gesto leve de la mano.

-Hola, Rachel-levantó ligeramente la comisura del labio. Tenía un ojo completamente morado y un chichón en la frente con mal aspecto.

-Hola, Arya-la morena trató de sonreírle, pero sólo le salió una media sonrisa.

-Dile que lo siento-le pidió desviando la mirada hacia un lado.

-Lo haré-Rachel se fue de allí caminando rápido.

No quería hablar con Arya, no cuando parecía que la rubia insistía en parecer lo que no era. Escuchó que le decía algo del pelo cuando ya no estaba allí, pero decidió ignorarla. Lo que hizo que se sintiera mal, porque la razón le decía que lo que estaría bien sería pasar tiempo con la rubia para tratar de resolver todas las preguntas que tenía sobre ella. Pasó por un par de camas vacías antes de llegar a la de Christian, que estaba sentado en la cama. Estaba más pálido de lo normal y bastante despeinado, pero sus ojos azules la buscaron y sonrió levemente al verla.

-¿Alguien ha pedido chocolate?-le preguntó Rachel mordiéndose el labio para no sonreír ampliamente. Se acercó a él y le dio la copa, que Chris recibió con una enorme sonrisa.

-Oh, gracias-hundió la cucharilla que venía clavada un poco más y se lo llevó a la boca-Creo que es lo que más me gusta de Osadía, chocolate sin límites-comentó mientras tragaba-¿Quieres un poco?

-No, gracias, yo soy más de helado de fresa-Rachel se sentó a los pies de la cama-¿Ha venido ya el grandullón a verte?

-Estuvo como un minuto, por lo visto quería hacer algo con cuchillos antes del entrenamiento de esta tarde. Se está tomando la iniciación muy en serio-le respondió mientras miraba el helado y se llevaba otra cucharada a la boca.

No hacía falta ser especialmente empático para darse cuenta de que eso le molestaba.  De hecho, ni siquiera hacía falta estar viéndolo, sólo su tono lo transmitía todo. Un veraz, que se suponía nunca se veía obligado a ocultar nada al mundo. Rachel se acercó a la cabecera de la cama y se sentó a su lado, apoyando una mano en su hombro puesto que no podía abrazarlo sin que hubiera riesgo de que el helado acabara tirado.

-Es normal que se esfuerce, en otras facciones es suficiente con pasar la prueba de Iniciación, como en Cordialidad o Abnegación, pero aquí es importante la puntuación obtenida… ¿Cómo era en Verdad? En Erudición dependes de la Iniciación para luego conseguir una posición mejor, pero no es como aquí, allí luego tienes posibilidades de mejorar… En Osadía suena como que si te vas a la valla, te quedas en la valla, supongo que Noah no quiere ser nadie-explicó Rachel, intentando poner orden a los pensamientos de Christian mediante los suyos propios, pues sabía que si se pensaba las cosas con lógica, apenas había dolor.

-¿En Verdad? Dependía de lo que tuvieras que ocultar. Supuestamente con pasarla es suficiente, pero dependiendo de lo que digas… Bueno, hay secretos que molestan a la gente-Christian se llevó una cucharada de helado a la boca mientras hablaba, rehusando mirar a la chica a la cara.

-Pero, ¿no se supone que en Verdad se cree que si todo el mundo dice lo que piensa, no hay problemas? ¿No es esa la base sobre la que se asienta todo?-se interesó Rachel, contrastando la realidad que le mostraba el chico con el conocimiento que ella había extraído de su formación.

-Se supone. Pero a las dos últimas personas que… Confesaron algo, después… Se tuvieron que ir de la Facción pese a haber pasado la prueba. Se fueron porque no podían vivir más allí. No podían vivir en su propio hogar-los ojos azules del chico se alzaron hacia ella, que pudo ver cómo estaban húmedos.

-Suena… Ilógico. Si os obligan a decir toda la verdad, no deberían juzgaros por ello. No tiene sentido-Rachel frunció el ceño.

-Ha habido gente que ha confesado haber querido matar a alguien, ladrones… Pero si yo hubiera hecho esa prueba, si hubiera dicho esa verdad que se supone que nunca se debe ocultar, habrían hecho de mi vida un infierno-una lágrima cayó por su mejilla, y se la limpió con la palma de la mano.

-¿Y te has venido a Osadía sin ser lo que te salió en las pruebas?-le preguntó Rachel sorprendida e impresionada por el valor del chico, sin pensar en ese momento que ella había hecho exactamente lo mismo.

-No sabía qué hacer. Estaba ahí todo el mundo y entonces Noah se trasladó. Fue… Lo definitivo. Saber que la única persona que probablemente no me juzgaría no iba a estar. Cuando llegó mi turno puse la mano sobre el fuego con miedo a quemarme, con miedo a que se me infectara la herida…-se encogió de hombros levemente-Elegí la Facción de los valientes temiendo cada paso que daba. Pensaba que iba a mejorar, que me acostumbraría… Pero me da miedo que me peguen, caerme, correr como un loco...-sacudió la cabeza. Parecía devastado.

Rachel apretó su hombro sin saber qué decir. Lo que quería era preguntar sobre ese secreto que tanto podía perjudicarle, pero sabía que no era lo correcto, que pese a que fuera un chico acostumbrado a decir la verdad, no iba a decirle la verdad sobre eso.

Tampoco terminaba de creer al chico. No consideraba a los veraces tan propensos a juzgar a los demás. No se podía imaginar nada lo suficientemente grave como para poner una Facción en contra de una persona, no se le ocurría anda que pudiera hacer que todos los eruditos la odiaran, por ejemplo; aunque tampoco haría cosas que no pudiera justificar.

-¿Has probado a explicarles por qué hiciste lo que hayas hecho? La razón tiene mucha más fuerza de lo que tiende a pensar la gente. Una idea puede hacer que cambie una persona por completo-apretó su hombro con suavidad sin saber qué otra cosa podría hacer por él.

-No es algo que se pueda explicar, Rachel, además es demasiado tarde, ¿no? Nadie va a venir a verme el Día de la Visita, y nunca podré volver a la sede de Verdad-el chico se encogió de hombros, con los ojos ya secos.

-Todo se puede explicar-contradijo Rachel con convencimiento.

-¿Cómo es eso que te dice Noah?-preguntó el chico, y Rachel levantó una ceja sin comprender el cambio de la conversación-Cuando hablas como una erudita…

-Que parezco una enciclopedia-respondió ella poniendo los ojos en blanco-Pero no he dicho nada “enciclopédico”-Rachel marcó las comillas con los dedos.

-El caso es que pensar que todo tiene una explicación es típico de vosotros, pero es mentira-Chris volvió a centrarse en el chocolate y esquivando la mirada de Rachel.

-Dime lo que es y te diré cómo explicarlo-le retó ella-Y si no lo consigo, admitiré que estoy equivocada, cosa que creo que no he tenido que hacer desde hace… Mucho.

-Lo único que quieres es saberlo y me juzgarás-Chris negó con la cabeza.

-Dame una oportunidad-le pidió Rachel retirando la mano del hombro del chico y dejándola caer sobre su regazo.

Christian levantó los ojos hacia ella, como si valorara si merecía la pena intentarlo. Rachel tenía claro que podría hacerlo, que podía ponerle la base racional a los actos de un veraz. Con los osados empezaba a tener dudas, pero el resto de las personas solían pensar las cosas antes de hacerlas… Bueno, a los abnegados los daba por perdidos, puesto que actuaban como las ovejas de un rebaño.

-Vale, si no pierdo nada, voy a fallar la Iniciación en una par d…-Chris se interrumpió y clavó sus ojos en un punto a la espalda de Rachel-Noah. ¿Pasa algo?

Rachel se giró y vio a Noah, que parecía que hubiera corrido un maratón y parecía muy agitado. El chico colocó las manos en las rodillas y levantó los ojos oscuros hacia Rachel.

-Es Benjamin. Está… Tienes que ir. Rachel, tienes que ir.-le dijo con los ojos muy abiertos.

-¿A dónde? ¿Qué pasa, Noah?-se levantó de la cama y se acercó al chico, también preparándose para salir corriendo, aunque eso no tenía mucha lógica, puesto que aún no había analizado la situación. Ni se planteaba pararse a hacer un análisis. Benjamin la necesitaba.

-Arriba. Encima del pozo. En la cosa de cristal. En la última planta. Corre-Noah la empujó hacia fuera y Rachel echó a correr a través del hospital, casi chocándose con Arya, que se había levantado, probablemente alertada por la llegada de Noah.

Rachel apartó a una chica vestida de negro de la puerta y corrió todo lo que pudo. Subiendo al borde del abismo, sin preocuparse de dar un paso en falso. Tenía que ir. Sin preocuparse de todo lo que perdía con la caída. Benjamin la necesitaba.

18 de marzo de 2013

Renegade. Capítulo 14.

¡Hola! Feliz Lunes. ¿Qué tal la semana? Tengo buenas noticias: en este capítulo no pasa nada inesperado. Eso significa que alguien puede dejar de decir que soy "odiosa". Aunque, conociéndoos, no os va a gustar mucho lo que pasa, salvo quizás a un pato (?) Lo que está claro es que a la defensora de la galaxia no le va a hacer mucha gracia. No voy a dejar sin hacer referencia a lalasa, primera lectora de cada capítulo de la historia. Tampoco me va a falta Choofi, la que imagina chispas, que se lleva el premio a más comentadora el blog. Y, ¿me falta alguien? Mmmm... https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEieVgZA1Tm04jK276RqdTIoAKhMWOdctx7c-z_CFs4c_6Vkpu2rdPAMdrsZ4EHZLUiQ-MLNkIscs2cvfeLEACVumeSI5tlgUME7y6oCkoMAu5EAuGLGzOCQw0MIobnGUVYvFV3A43f2RAJZ/s1600/Batman-Logo-batman-9683803-1280-1024.jpg :P
Y el resto sois anónimos, hola queridos anónimos :)

¿Me estoy alargando mucho? Es que estoy contenta, cuando estoy contenta hablo mucho. Me queda ya sólo decir que para cuando esto llegue a las 1000 visitas, que no le queda nada, empezaré a subir unas cosas sobre los personajes. Cosas no queda muy explicativo, ¿no? Será una imagen tipo mi foto de tuiter (¿quién es? o.O), más curiosidades sobre cómo se me ocurrió el pj y, de algunos, el actor/actriz/ser humano que tengo en mi cabeza cuando los describo.

También decir que hay nuevo diseño, por si no os habíais dado cuenta, esto se debe a que el anterior era realmente cutre y no quería que sufrierais de la vista.

Y, por último, no os olvidéis de comentar :)

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'Like gravity, like love'


“La puntualidad es la virtud de los aburridos” - Evelyn Waugh


La habitación era amplia y más luminosa que el resto de la sede de Osadía. Una cama con sábanas blancas y edredón azul marino ocupaba la zona cercana a la puerta; en lugar de armario, había varias estanterías llenas de ropa negra y un par de perchas con cazadoras. A los pies de la cama había cuatro pares de botas negras de diferentes modelos. Bajo la gran lámpara de cristal azul que ocupaba una de las paredes se encontraba un escritorio, bastante desordenado. En el suelo había varias cajas de cartón llenas de libros. Rachel estaba apoyada en una pared junto a una de esas cajas, que había abierto disimuladamente, y ahora se dedicaba a hojear los lomos de los libros sin inclinarse hacia ellas, no quería que ser señalada como una extraña a la Facción, justo lo que era.

-Siento que hayas tenido que esperar tanto, a la chica le dio una especie de ataque de ansiedad y ha costado un rato calmarla-Eric entró por la puerta con el paso seguro, ligeramente intimidante que le caracterizaba, como si nada pudiera herirle.

-¿Tenían benzodiazepina?-preguntó Rachel, bajando la mirada al instante, encontrándose con el lomo de uno de los libros con letras oscuras: “Química orgánica. Volumen IV”.

-No se usan esos fármacos aquí, cada uno tiene que enfrentarse a sus propios miedos sin que se anulen partes de su sistema nervioso-le respondió Eric mientras se acercaba un poco a ella.

-Pues parece que todo el mundo tiene inactivada la amígdala en Osadía-comentó Rachel levantando los ojos hacia los de él, profundos y oscuros.

-Es posible que se la extirpen al nacer y sea un secreto-Eric alzó una de las comisuras del labio, sin parecer para nada molesto por tener una conversación medianamente intelectual.

Estar hablando de la parte del cerebro que se encargaba de generar la emoción de miedo, entre otras cosas, se le hacía extraño. No conocía lo que se impartía a los alumnos en los Niveles Superiores, pero dudaba de que se alcanzara mucha complejidad en la descripción del cerebro, órgano que para las otras Facciones resultaba inútil, al menos para Osadía y Abnegación. Frunció el ceño al darse cuenta de una implicación de la frase del chico.

-¿No naciste aquí?-no se molestó en encubrir su curiosidad como llevaba haciendo desde que se había trasladado, con Eric se sentía cómoda siendo ella misma.

-No, yo nac…-la puerta se abrió de golpe y Eric se volvió con brusquedad, con un gesto que hubiera amedrentado a cualquiera por interrumpirle-¿Qué haces?-le preguntó al chico de pelo verde, que era el que había entrado, con un tono capaz de congelar la sangre en las venas.

-Te… Max, me… Me dijo que te llamara, que Jake ha vuelto y tiene que decirte algo-el chico se repuso con bastante habilidad a la intimidación inicial.

La agresividad desapareció lentamente de la postura de Eric, que se giró con lentitud para mirar a Rachel.

-Es importante, ¿te importa esperarme otro rato? Puedes coger algo de la caja para pasar el tiempo, esto puede alargarse-le guiñó un ojo sin acompañar el gesto por nada y se fue sin esperar respuesta por su parte.

De todas formas Rachel no podía decirle que no. Eric era uno de los líderes de Osadía, uno que parecía amable, cuerdo e inteligente, y que además no parecía juzgar su punto de vista de la Facción. No le importaba estar un rato en su habitación, de hecho, le encantaba, puesto que lo que menos le apetecía era unirse de nuevo a la locura de Osadía, a los gritos, a las agresiones, a ese caos que ninguna lógica podía aclarar. Se sentía segura en aquel lugar con olor a… Sal.


Al principio había hojeado los libros con timidez, mirando las contraportadas y volviéndolos a dejar. Pero cuando encontró uno sobre una teoría atómica nueva no puso resistirse y empezó a hojearlo, al principio de pie, luego sentada en el suelo, y finalmente sentada en el escritorio. Al cabo de diez minutos ya había cogido unos papeles y un bolígrafo y tomaba algún apunte sobre lo que iba leyendo, desarrollando partes para luego comprobar satisfecha que encajaban con lo que el libro decía a continuación.

-¿Eric?-la voz que escuchó a su espalda hizo que cerrara el libro con rapidez. Después se giró con lentitud, esperando que no se hubiera dado cuenta de lo que estaba haciendo.

Sus pensamientos sobre cubrir su interés por la ciencia desaparecieron al encontrarse con unos ojos de color chocolate que habían agitado su mundo hacía años, y ahora parecían capaces de hacer que todo diera mortales hacia atrás. Rachel se pasó la lengua por los labios, resecos, mientras miraba al chico intentando que la gravedad no la arrastrara hacia él. Tenía la espalda más ancha que la única vez que lo había visto, su rostro era más masculino, y quizás era un poco más alto, su piel estaba un poco más oscura… Pero esos cambios eran ínfimos comparados con su pelo, que ya no tenía nada de rojo, sino que era del mismo color que sus ojos, y mucho más corto. Más atractivo. En conjunto, era más atractivo. Incluso aunque nunca antes lo hubiera visto, estaba segura de que no podría escapar a su fuerza, era como si cada objeto de la habitación quisiera lanzarse sobre él, puro magnetismo, pura atracción.

-Eric ha tenido que irse un momento-le respondió Rachel, sorprendiéndose de lo tranquila que sonaba cuando por dentro era una completa locura.

-¿Y por qué estás en su habitación?-el chico avanzó hacia ella, Rachel podía sentir como su fuerza se incrementaba al disminuir la distancia.

-Le estoy esperando-respondió Rachel, sin conseguir que sus ojos dejasen de pasearse libremente por el cuerpo del chico que la había salvado tanto tiempo atrás. Iba completamente vestido de negro, con ropa ajustada al cuerpo, lo que lo hacía más sexy. Intentó obligarse a desviar la vista para poder pensar con claridad, pero parecía que la fuerza del chico afectaba incluso a sus conexiones sinápticas. Decidió hablar para no parecer idiota, y de paso resolver alguna duda-¿Qué le ha pasado a tu pelo?

El chico sonrió, mostrando una sonrisa blanca perfecta, parecía realmente divertido por la pregunta.

-Si después de tanto tiempo vamos a ponernos a hablar de estética, creo que el primero en preguntar por la cabellera debería ser yo. ¿Qué te has hecho en la cabeza?-dio un paso más hacia ella y se apoyó de forma relajada en la pared, cruzando los brazos sobre el pecho con aire desenfadado.

Rachel frunció el ceño. Molesta por las condiciones del reencuentro. Llevaba cinco días con el pelo en condiciones relativamente buenas, y se lo tenía que encontrar al sexto día. Una de sus manos fue hacia su cabeza y se tiró con suavidad de uno de los mechones.

-Pensaba que con este look llamaría menos la atención-respondió alzando un hombro suavemente, no quería decirle la verdad, o sí quería, quería que la protegiera como aquella vez, pero no pensaba que fuera lo mejor en ese momento.

-Llamas la atención como si fueras la única hoguera encendida en medio de un desierto helado, no creo que eso lo pueda solucionar un corte de pelo; aunque si quieres sentirte más de Osadía, te recomiendo probar la peluquería de Clay-los ojos marrones de él se mantuvieron pegados a los suyos mientras hablaba, como si no estuviera dándole más que unas instrucciones, sin sentir ningún tipo de timidez ante lo que estaba diciendo.

-¿Cómo puedes decir esas cosas así?-Rachel no contuvo su curiosidad, nunca le habían dicho nada que se acercara tanto a la poesía, nunca le habían dicho algo a una distancia de dos metros que ella sintiera como un susurro junto a su oído.

-Aprendí a hablar muy pronto, al año y medio-la miró con un brillo divertido en la mirada, de una forma que hacía que a Rachel le entraran ganas de golpearlo y abrazarlo a la vez.

-Con tanta experiencia en las conversaciones me resulta curioso que no entiendas a qué se refiere una pregunta-la satisfacción se extendió por el rostro de la chica, retándolo a buscar una nueva respuesta ingeniosa.

-Con tanta inteligencia y belleza me resulta curioso que tengas que pedir explicaciones sobre un piropo-el chico apenas tardó unos segundos en tener la respuesta lista, sorprendiendo a Rachel, que se quedó en silencio.

-¿Sueles responder a todas las conversaciones imitando lo que te dicen o es algo que sólo haces conmigo?-Rachel frunció el ceño levemente, recordando la otra conversación que había tenido con él. “Muy gracioso. Muy guapa”.

-Contigo… ¿Eso significa que piensas que eres especial para mí, Rachel? No me malinterpretes, no estoy diciendo que no sea así, pero me sorprende que lo des por hecho. Pensaba que eres una de esas chicas preciosas que no saben que lo son-el corazón de Rachel golpeó su pecho con fuerza, queriendo lanzarse sobre el osado y sus dulces palabras, sus labios bien formados, sus ojos de chocolate.

Rachel puso los ojos en blanco. Era imposible tener una conversación con alguien que no sólo la sacaba de sus casillas, sino que le cambiaba el tablero de juego completo. El chico se las arreglaba para pincharla y decirle cosas tiernas en cada frase, y eso la desarmaba.

-¿Para qué buscabas a Eric?-le preguntó tras ver que él no parecía tener intención de hablarle de nuevo, sino que seguía mirándola risueño.

-Tengo que hablar con él sobre un par de cosas-respondió el chico sin cambiar la expresión de su rostro, haciendo que las ganas de lanzarle algo superaran a las de lanzarse sobre él.

-¿Qué cosas?-interrogó Rachel, mientras su mal humor iba aumentando, pese a que la gravedad no disminuía, él seguía tirando de ella sin ni siquiera tocarla.

-Eric es un líder de la Facción y tú aún no has pasado ni siquiera la primera parte de la Iniciación, además de que no lidias muy bien con el miedo, ¿qué te hace pensar que puedes conocer esa información?-la pregunta de él fue directa, pero suave.

-¿No lidio bien con el miedo?-Rachel alzó una ceja interrogante.

-Bueno, la última vez que te vi estabas llorando en el suelo sin reaccionar mientras te atacaban, no fue precisamente una heroicidad-el chico seguía sin perder ese brillo de alegría de la mirada, y los ojos de Rachel empezaban a incendiarse.

-Para héroe ya te tenemos a ti, Superman…-Rachel se giró en la silla dándole la espalda con brusquedad. Lo que había pretendido que fuera una respuesta burlona, le había recordado a aquel comic que escondía en su habitación, esos dibujos que le recordaban tanto a él salvándola.

Un escalofrío la recorrió desde los hombros hasta los pies cuando sintió sus manos posadas en ellos, apretando con suavidad.

-No te enfades. No puedo decírtelo, es sólo eso-la voz áspera de él, unida al calor que sentía en las partes de su piel que estaban en contacto directo con sus manos, hicieron que Rachel olvidara lo que quería saber, perdida en ese deseo que siempre había considerado imposible y ahora estaba volviéndose real-Verte aquí es la mejor noticia que he tenido desde que admitiste que te gustaba estar en mis brazos-su tono bajo la desarmaba, apagaba el fuego del enfado y encendía uno completamente diferente en la chica.

Una tos provocada sonó a su espalda y Rachel se giró, obligándolo a que quitara sus manos de sus hombros, por muy cómoda que estuviera en esa situación. Eric los miraba con curiosidad, pero también parecía ligeramente molesto.

-Me dijeron que me estabas buscando. Vámonos arriba-su tono era muy autoritario, y el chico caminó hacia él con paso seguro, girando la cabeza hacia atrás para dedicarle una sonrisa a Rachel antes de salir-Rachel, mejor vete a cenar o a dormir. Mañana después de los entrenamientos ven y hablamos-la chica asintió y Eric salió detrás del chico moreno.

Rachel se quedó unos segundos mirando a la salida, intentando asimilar lo que acababa de ocurrir. Se había reencontrado con él. Lo había vuelto a ver y todo era mucho más intenso de lo que recordaba, todo era más. Más dulce. Más atractivo. Más divertido. Más molesto. Más sonriente. Más. El chico pelirrojo que ella había guardado en sus recuerdos era una pálida sombra de aquel hombre real. Salió de la habitación reflexionando sobre cómo alguien podía trastocarla tanto, era como si de repente cambiaran cada ecuación que ella conocía y tuviera que intentar reexplicar el universo mientras el caos le pedía que se rindiera y se dejara llevar, era intentar no sonreír todo el rato mientras hablaba con él, era pelear por no parecer la estúpida que no era.

Se chocó contra alguien mientras caminaba por el pasillo, y se asustó. Porque era como si hubiera aparecido de la nada, aunque probablemente hubiera podido verlo sin ninguna dificultad si estuviera con los pies sobre la tierra y no sometida a una gravedad diferente.

-Rachel-el chico de pelo verde la sujetó por el antebrazo para ayudarla a mantener el equilibrio.

-Lo siento, no sé tu nombre-se disculpó Rachel sonriendo a modo de excusa.

-Te estaba buscando, soy Thomas, Jake me ha dicho que te lleve con Clay. ¿Conoces a Jake? Es absolutamente genial-una sonrisa enorme se dibujó en su cara, emocionado-No me puedo creer que lo conozcas… Es decir, no eres de aquí y… Es Jake. Llevaba mucho sin venir…-el chico parecía tener mucho que contarle sobre su ídolo, y ella estaba completamente abierta a escucharlo, aunque sólo fuera para probarse que no era la única débil ante aquel hombre.


10 de marzo de 2013

Renegade. Capítulo 13.


'¿Todo vale en la guerra?'

“Cuando crezcas, descubrirás que ya defendiste mentiras, te engañaste a ti mismo o sufriste por tonterías. Si eres un buen guerrero, no te culparás por ello, pero tampoco dejarás que tus errores se repitan.” -Paulo Coelho



Rachel alzó la vara de madera y la sujetó en horizontal frente a su cuerpo para detener el golpe que le iban a dar con una similar. Sus brazos temblaron levemente al recibir el golpe, pero resistió. Estaba tumbada en el suelo deteniendo los golpes de Noah como podía, pero hacía rato que tenía el combate perdido. Finalmente, Noah coló la vara entre sus defensas y la enganchó en el colgante que tenía colgado al cuello, tirando de él hasta arrancárselo.

-Siguiente combate, Christian y Arya, coged las varas-ordenó Cuatro con rapidez, sin ni siquiera dirigirle unas palabras de felicitación al chico.

Lo cierto era que su instructor era bastante seco, pero hacía bien su tarea. Rachel cogió la mano que Noah le tendía para levantarse, cogiendo con la otra su vara y su collar. El entrenamiento de esa tarde estaba siendo diferente al de otros días. Normalmente dedicaban las tardes a la lucha cuerpo a cuerpo, pero esta vez Cuatro había decidido que sería con los largos cilindros de madera, puesto que podían utilizarse como cualquier objeto disponible. Rachel no se veía peleándose con alguien y usando como arma una fregona, de hecho, no se veía peleándose con nadie.

-Me gusta la idea esta de tener que arrancar un colgante en lugar de dejar a alguien inconsciente-comentó Noah mientras se sentaba con la espalda contra la pared.

-Es bastante más inteligente. Lo de golpearnos brutalmente sólo puede traer consecuencias negativas tanto a corto como a largo plazo-asintió Rachel dejándose caer a su lado.

-Estás volviéndolo a hacer, muñeca-Noah se rió entre dientes sin mirarla, con los ojos fijos en la pelea entre los otros chicos.

-¿Hacer el qué?-preguntó Rachel frunciendo el ceño y encogiéndose ligeramente al ver cómo Arya golpeaba a Christian con la vara en las costillas.

-Hablar como una enciclopedia-las cejas de Noah se juntaron en su frente, mostrando bastante preocupación.

Apenas llevaban un minuto peleando y el chico ya estaba sangrando, con una ceja partida después de un contundente golpe de la rubia. Cada intento de atacar de Chris se veía desbaratado, y los golpes que le llegaban eran cada vez más fuertes. Los músculos de los brazos de Arya se tensaban cada vez que lanzaba la vara hacia su oponente, y recibían gritos y quejidos como respuesta.

-¡El objetivo es quitarle el colgante, no matarlo!-protestó Rachel haciendo ademán de levantarse, pero siendo sujetada por Noah-¡Cuatro! Haz algo. No está siguiendo las reglas.-la chica increpó al instructor, que permanecía impasible dándoles la espalda.

Arya la miró con odio, una mirada que podía competir en con las de Arden en el ranking de las más intimidantes que había recibido. Acto seguido se movió con rapidez contra Chris, atrapándolo en una llave extraña, usando la vara como extensión de sus brazos para retener al chico. La cara de él delataba que estaba sufriendo, aunque no estaba emitiendo ningún sonido de queja, permanecía con los dientes apretados y las lágrimas empezaban a surcarle el rostro. La rubia jugueteó con el colgante que el chico llevaba en el cuello, pero no tiró de él, sino que sonrió levemente mientras apretaba más su llave, haciendo que el chico gritara.

La rubia había demostrado en todos y cada uno de los combates hasta el momento que era capaz de derrotarlos a todos, incluso al enorme Noah, y procuraba hacerles todo el daño posible. Teniendo eso en cuenta, Rachel debería haber estado acostumbrada y no reaccionar ante la crueldad de su compañera, pero después de la conversación con Benjamin aquella mañana, algo había cambiado. Algo serio. Se lanzó hacia delante con la vara en ristre, sin que Noah pudiera detenerla, pasó junto a Cuatro a la carrera y golpeó con la vara la frente de Arya, con toda la fuerza que pudo, haciéndola caer hacia atrás y liberando a Christian.

Rachel se mantuvo en guardia y mirando a Arya con furia. La chica clavaba sus enormes ojos en ella, mientras se llevaba una mano a la frente, por dónde caía un fino hilillo de sangre.

-¡Rachel!-Cuatro le dio un tirón en el brazo, echándola hacia atrás y quitándole la vara con la otra mano con un movimiento rápido e infalible.

Arya se puso en pie con lentitud, observándola con una ira que podría incendiar la habitación, podría hacer que ardiera toda la sede de Osadía con el fuego de sus ojos. Rachel le sostuvo la mirada, la de la morena también ardía, aunque con una intensidad menor, con la extraña calma que siempre acompañaba a su racionalidad. Mientras el duelo de miradas tenía lugar, con Cuatro en medio, Noah se lanzó sobre el cuerpo de Chris, completamente inmóvil en el suelo. 


-¿Es verdad lo que dicen de los entrenamientos?-el chico de pelo verde retuvo a Rachel en el pasillo cuando ésta se dirigía a la habitación después de cenar.

La chica tenía los ojos ligeramente enrojecidos, había sido una tarde horrible. Chris estaba en la enfermería con Benjamin, inconsciente. Y se negaban a llevarlo a la sede de Erudición. Incluso la habían insultado por insinuar que los servicios médicos de su anterior Facción eran mejores. También había llorado por su propio comportamiento, por no haber pensado antes de actuar… Se sentía estúpida. Odiaba sentirse estúpida. ¿Qué tipo de persona se dejaba llevar por la ira en lugar de por la lógica? Un osado. ¿Quién anteponía el bienestar de otros al suyo propio? Una abnegada. Y ella no era ninguna de las dos cosas.

Rachel sacudió la cabeza y esquivó al chico, empujándolo ligeramente para que la dejara pasar, no tenía ganas de repasar lo que había ocurrido de nuevo. Ya había hecho cientos de recorridos mentales por los hechos, y seguía sin entenderse, sin encontrar motivos, deducciones, inducciones, expectativas… Cualquier cosa que justificara lo que había hecho.

Se subió a la litera de arriba con agilidad. Esa noche probablemente dormiría sola, puesto que Benjamin, Chris y Arya tenían que dormir en la enfermería; y Noah se iba a quedar con Christian. Se hundió todo lo posible en el colchón mientras las lágrimas volvían a surcarle las mejillas. Lágrimas. Las odiaba. Para su propia sorpresa, se durmió con rapidez.


Una mano le cubrió la boca y la nariz, Rachel se despertó sin aire tratando de gritar. La mano se retiró con lentitud y le hizo un gesto de que estuviera callada. Rachel se incorporó lentamente, y notó algo extraño en su cabeza, se llevó una mano al pelo y ahogó un grito al darse cuenta de que no estaba. Palpó la almohada y descubrió múltiples mechones desperdigados por encima. Buscó alrededor y encontró a Arya mirándola con una sonrisa de suficiencia. ¿Se había acercado a ella con unas tijeras mientras dormía? El corazón de Rachel golpeó su pecho con fuerza, con miedo.


-Las reglas son sencillas: hay que robar la bandera del equipo contrario antes de que ellos roben la de tu equipo. Y, no hay reglas. ¿Verdad, Eric?-el chico que había estado explicando el juego miró a su espalda.

Todos los chicos que estaban en la Iniciación estaban subidos en el vagón, incluyendo a Arya, Noah y Benjamin. Rachel se encontraba recostada sobre el hombro del rubio, ambos metidos en el grupo de los iniciados de Osadía. Noah estaba un poco aparte, y Arya estaba apoyada sola contra una de las paredes, pero no parecía importarle nada.

-Supongo que todos entienden más o menos cómo funciona el paintball-un chico salió de la espalda del que había estado hablando, caminando justo por el borde del vagón.

Era más alto que él y tenía la cara cubierta de bolas y barras plateadas. Era la persona con más piercings que Rachel se había cruzado en Osadía. No entendía muy bien el afán de alguna gente por llenarse el cuerpo de agujeros o de tinta.

-¿Hacemos los equipos, Eric?-propuso Cuatro, que se encontraba frente a él. Eric asintió y miró alrededor, como si estuviera haciendo una selección de armas.

-¿Empezamos con los trasladados?-Eric levantó una ceja con tres pendientes y clavó sus ojos en los de Rachel, dibujando una sonrisa divertida.

-Te dejo elegir-su instructor se cruzó de brazos con una sonrisa, mirando a Noah de reojo.

Rachel comprendió que Cuatro pensaba que la primera opción de Eric iba a ser el chico grande, y él podría hacerse con Arya, que aunque estuviera descontrolada y fuera muy agresiva, era la mejor del grupo. Por eso su instructor se quedó perplejo al escuchar el nombre que salió de los labios perforados de Eric: “Rachel”. Cuatro eligió a Noah, Eric a Arya y Benjamin fue a parar al otro equipo. La erudita miró a su instructor sin comprender su estrategia… Hasta que la comprendió. Cuatro sabía que Arya podía desestabilizarla a ella como nadie, y probablemente pretendía jugar con ese factor. Lo observó con cuidado mientras elegían a los chicos que no eran trasladados, ¿sería ese el plan del chico o simplemente era ella racionalizando una decisión ajena?

-Buena suerte, Everdeen-le susurró Benjamin al oído mientras ella clavaba sus ojos en Cuatro.

-Buena suerte, Baker, cuídate esa mano-le dijo ella alzando los ojos hacia los de él y dedicándole una sonrisa suave.

-Procuraré dispararte con la otra, tranquila-él sonrió ampliamente, era imposible no darse cuenta de lo mucho que estaba disfrutando con ello. Era un maldito osado al que le encantaba la acción, y había estado en una cama demasiado tiempo. El problema era que a Rachel le gustaba más el chico tranquilo de la enfermería que el de ojos ardientes que estaba ahora a su lado.


-No me asustas ni un pelo, Benjamin Baker-Rachel levantó una comisura del labio. No iba a ser la perdedora de aquel juego.

-No me saques el tema del pelo, que he procurado ser un caballero y no preguntarte por tu nuevo cambio de look-Benjamin llevó una mano a la cabeza de ella y cogió uno de los mechones.

Cada trozo de pelo tenía diferente longitud, como si un loco se hubiera puesto a cortarlo, lo que era más o menos lo que había ocurrido. Rachel sacudió la cabeza, prefería no pensar en ello, en su aspecto, ni en lo que podría haber pasado.

El arma no pesaba tanto como había esperado, se la pasó de una mano a la otra mientras observaba a Eric dirigir a todos los chicos. Iban a esconder su bandera en una especie de cueva, de forma que los otros tuvieran sólo una entrada hacia ella. Rachel asintió sin pensarlo ante la astucia del joven. Se quedarían cuatro de ellos custodiando la bandera, lo que era la mitad del grupo. Arya fue de las elegidas para quedarse custodiando la bandera, mientras que Rachel estaba en lo que Eric denominó “los ladrones”. Comenzaron a avanzar por el bosque mientras él les explicaba el plan: para localizar la bandera del equipo contrario, tenían que localizar primero al equipo de Cuatro; la idea era que se dividieran en parejas, y cada pareja peinara el terreno en una dirección, los que primero encontraran algún rastro debían de hacer un ruido animal predeterminado para reunirse y preparar el ataque. Rachel fue con Eric hacia el este, mientras que las otras dos chicas se dirigían hacia el norte.

-¿Por qué descartamos el oeste y el sur? Es una zona muy amplia-le preguntó Rachel en voz baja mientras caminaban.

No iban juntos, pero podían escucharse con facilidad. Dejaban entre ellos una distancia de varios metros, puesto que era más fácil ver dos cuerpos moviéndose juntos que con un poco de separación.

-Al sur hay un precipicio, si están ahí deberán rodear por el este para poder llegar a nuestra bandera, y nosotros debemos ir por el este para llegar a ellos. Y al oeste está el pantano, no es un mal escondite, pero es demasiado difícil de defender, no creo que Cuatro haya usado esa estrategia-le respondió Eric sin dirigirle la mirada.

Ambos siguieron caminado en silencio. Rachel sorprendida por la capacidad de elaborar estrategias de él, Eric centrado en lo que estaba haciendo en ganar. Algo se movió a su derecha y Rachel giró el arma con rapidez, apretando el gatillo un par de veces. Noah salió manchado de pintura de entre los arbustos, mascullando quejas entre dientes.

Eric le apretó el hombro levemente a Rachel y la guió en una dirección ligeramente distinta a la que llevaban.

-¿Llamamos a los otros?-le preguntó Rachel.

-Tenemos que estar seguros de que la bandera está aquí y él no era sólo un explorador desde otra ruta-le dijo Eric, que ahora caminaba a su lado.

-Venía en línea recta, no nos había visto por lo que no se desvió de su rumbo, hay grandes posibilidades de que la bandera esté a no mucha distancia-afirmó Rachel, sin dejar de mirar a ambos lados.

Eric hizo el ruido de un cuervo con una precisión increíble. Rachel no pudo evitar sorprenderse de que tomara su sugerencia en cuenta, cosa que nadie había hecho desde que había saltado a un tren en marcha unos días atrás.

-¿Esperamos?-preguntó la chica sin dejar de mirar a su alrededor.

-¿Qué sería lo más inteligente?-le preguntó Eric con una sonrisa afilada, como si la estuviera retando a que se comportara como una erudita.

-Ganar-respondió Rachel clavando sus ojos castaños en los de él-Lo más inteligente es ganar.

Entre ambos decidieron que lo mejor sería entrar uno de frente y otro por la espalda, pues cuando vinieran sus refuerzos lo harían desde el lateral con bastante seguridad. Tenían alguna duda sobre si habrían escuchado el ruido del cuervo a tanta distancia, pero la noche era silenciosa, y se suponía que todos iban a estar atentos para escucharlo.

Rachel se desvió varios metros a la derecha con la intención de esquivar al grupo central del otro equipo, y después comenzó a avanzar, guiándose por la luna para no desorientarse, puesto que unos grados de diferencia con la ruta que quería podían significar que se perdiera o apareciera en una zona bien vigilada por el otro grupo. Escuchó un crujido a su espalda y se lanzó con rapidez hacia un lado para esquivar la lluvia de bolas de pintura que surcó la noche a continuación. Pegó su espalda a un árbol y aguzó el oído, escuchaba pasos rápidos que venían hacia su mano izquierda. Contó hasta tres mentalmente y rodeó el árbol por la derecha, disparando con rapidez al chico que corría antes de que éste ni siquiera se diera cuenta de que ya no estaba cubierta. Sonrío satisfecha, mordiéndose el labio para que la sonrisa no ocupara toda su cara. Escuchó pasos rápidos y volvió a cubrirse tras el árbol.

-Soy Eric.

Rachel rodeó el árbol lentamente y se descubrió ante el chico, que miraba burlón al osado al que ella había pintado, que estaba enfurruñado en el suelo.

-Escuché jaleo y pensé que quizás necesitabas que te echara una mano-se explicó sin necesidad de que Rachel hiciera la pregunta, la chica se acercó a él-Supongo que he infravalorado a Cuatro, ha debido de distribuir bien las defensas-se pasa una mano por el largo pelo oscuro, pensativo.

-O simplemente ha pensado que íbamos a dar un rodeo en lugar de atacar de frente-propuso Rachel encogiéndose de hombros. Ella misma habría tenido en cuenta a alguien para cubrir un posible ataque lateral, de hecho, ellos habían colocado a los guardias en los laterales de la cueva.

-Entonces habrá que hacerlo de forma más directa-Eric asintió y echó a andar con paso rápido entre los árboles. Directo al lugar en el que estarían los otros.

Apenas llevaba un par de pasos cuando Rachel comenzó a seguirlo, y no habían recorrido ni diez metros cuando empezaron a escuchar disparos y voces, una pequeña batalla. Llegaron a un claro y vieron en el otro extremo a las dos chicas de su grupo, cubriéndose y disparando a varios del otro equipo. Eric se metió al claro, cubriéndose y procurando mantenerse a cubierto. Rachel registró toda la zona con rapidez, sin ver la bandera por ningún sitio. Analizó la distribución del equipo de Cuatro, cubrían con claridad una de las direcciones, con demasiada claridad. Se le notaba principalmente al chico del pelo verde, Benjamin lo disimulaba mejor, pero ambos estaban tapando un camino. La chica sonrió levemente y se infiltró entre los árboles en esa dirección, procurando no ser descubierta. Unos minutos después reapareció en el claro con la bandera roja en la mano, tras haber disparado al único chico que estaba detrás de las filas cubriendo la bandera. Las chicas de su equipo, que ya estaban manchadas y, por lo tanto, “muertas”, gritaron con júbilo y se lanzaron hacia ella, abrazándola. Eric lo hizo una sonrisa ladeada, dándole un par de palmadas en la espalda. Habían ganado. Ella había cogido la bandera, gracias a su inteligencia, gracias a que era más lista que el resto.


Eric discutía con Cuatro en una esquina de la sala, ambos hablaban en voz baja, pero estaba claro que era Eric el que dominaba el asunto, por su forma de gesticular. Rachel estaba sentada en una esquina, con las piernas estiradas y observándolos con curiosidad. Estaban en un vagón aparte del resto de chicos.

Cuando habían regresado a comunicarle la victoria al resto del equipo, se habían encontrado con que los tres chicos habían estado agrediendo a Arya, vengándose por lo que había ocurrido el día de su llegada a la sede. Rachel había encontrado a la chica desnuda, colgada de un árbol por las muñecas, y con golpes por todo el cuerpo. La había bajado con rapidez, y ahora tenía su cabeza sobre las rodillas. Arya estaba encogida sobre sí misma y no había dicho una palabra desde que la habían encontrado. Rachel tenía dudas sobre si realmente estaba en estado de shock o estaba intentando engañarlos a todos para luego atacarlos por la espalda, como había hecho con ella al cortarle el pelo. Y aunque seguía odiándola, no la había apartado cuando se había tumbado sobre ella, incluso le había puesto su propia chaqueta por encima, tratando de cubrir sus marcas.

-No podemos tolerar esto-Rachel no pudo distinguir cuál de los chicos hablaba, debido a los susurros-Aquí las cosas se resuelven de otra forma, no tres contra una.

Volvieron a bajar el tono y no pudo escuchar más. Arya se removió entre sus piernas y la miró con sus enormes ojos turbios. Rachel le sostuvo la mirada sin mostrar ninguna expresión en el rostro.

-Siento lo de tu pelo… Yo… No sé cómo…-la chica musitó, parecía débil, perdida. Quizás Rachel debería haberle hecho algún gesto de asentimiento, pero no le salía, era una asesina, no debía olvidar nunca aquello-Me… Me pasa… A veces. Pierdo el control… No soy… No…-Rachel desvió la mirada, incómoda ante tanta turbación-Me hicieron… Ah… Duele. No entiendo…

Siguió murmurando cosas sin mucho sentido, impidiendo que Rachel pudiera escuchar más trozos de la conversación de los varones, y creándole un estado de incomodidad creciente. No quería ver a Arya débil, porque no quería destruir a alguien débil. 

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Siento que el capítulo sea tan largo y esté fragmentado, si os aburre leerlo de una vez siempre podéis leerlo por partes, no sé... Es que me he hecho ya un esquema de cómo quiero que sea todo el fic, y en este capítulo tenía que ir el paintball sí o sí. Si todo va como lo planeo, habrá un total de entre 26 y 28 capítulos, no sé si es un dato interesante, si es mucho, si es poco... Pero es (?) Vamos por la mitad aproximadamente, entonces.

¿Qué más? Ah, Eric. Eric visto desde el punto de vista de Rachel es un poco diferente a desde los ojos de Tris, al igual que Cuatro. Él tampoco tendrá protagonismo en el fic, aunque puede que tenga más frases que 4.

Sobre la cosa de Insurgente, ¿cómo vais? En este ya se ve un poco más, pero no demasiado. Es sólo para gente de Erudición, capaz de hacer conexiones dificilíiiiiisimas. Y... Nada más. Muchas gracias por leer y animaros a comentar (si no comentáis le haré cosas malas a Benjamin, que es lo único que os mueve a ello).

Con amor,
Dedicado especialmente a esa gente que se está matando a estudiar estos días,
Yo.

4 de marzo de 2013

Renegade. Capítulo 12.


¡Feliz lunes a todos! Especialmente a los Fireducks :) Este capítulo no me gusta especialmente, pero espero que a alguno de vosotros sí, o que por lo menos no perdáis el interés, porque el siguiente va a ser... Bueno, podéis calcular lo que toca en el siguiente si habéis leído Divergente.
Al final del capítulo añado una señora parrafada porque necesita varias explicaciones. Pero, por ahora, leed.


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'El estúpido deseo de venganza.'

“El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad.” - Victor Hugo



Rachel no pudo evitar llevarse la mano al cuello tras recibir el pinchazo, pero si contuvo sus ganas de preguntar qué era el mismo. Miró al vacío que había a sus pies, todo el aire que la separaba del agujero por el que se suponía que tenía que pasar. Tomó aire y saltó hacia delante, olvidándose del miedo que debía sentir. Lo racional hubiera sido estar muerta de miedo, pero tras darse cuenta de lo rápido que podía morir en aquella iniciación, le parecía extraño asustarse por un salto. Un simple salto. La muerte podía llegar de formas mucho más inesperadas, como caerte de un vagón en un tren en marcha. Saltar al vacío era una decisión arriesgada, pero no le daba tanto miedo como morir sin darse cuenta de ello.

Todo fue una mancha borrosa hasta que su cuerpo tocó el agua, rompiéndola con los pies, un gran golpe contra el fluido, el que se quedó hundida. Sus pies tocaron el fondo, y pudo ver que allí había una especie de escotilla dorada. Se dio la vuelta de forma que pudo limpiar las algas de la superficie hasta encontrar la forma de abrirla: una palanca. La sujetó y tiró de ella con toda la fuerza posible, pero el trozo de metal no cedía y a ella le faltaba el aire. Miró hacia arriba, pero no podía ver la luz de salida. Y ahí abajo todo estaba iluminado con un rojo artificial. Estaba volviendo a tirar de la palanca cuando se fijó en algo que se movía a su derecha, había una mano, que salía de la misma roca rojiza que recubría el pozo. Una mano pálida. No pudo contenerse y alargó los dedos hacia ella, rozándola. Entonces el polvo rojo de la pared se desprendió de golpe, como si hubiera pulsado un resorte, tiñendo completamente el agua y haciéndole imposible ver nada durante varios segundos, y cuando pudo ver algo deseó haber cerrado los ojos.

Benjamin. Era Benjamin. Muerto. Destrozado. Un cadáver ensangrentado al que le faltaba media cabeza. La chica no pudo contenerse y gritó con todas sus fuerzas bajo al agua. Siguió gritando mientras nadaba hacia arriba tan rápida como podía, en busca de aire, buscando alejarse de aquel cuerpo que hacía unas horas la había abrazado y besado. Sus lágrimas se iban diluyendo en el agua roja, como la sangre, la sangre de Benjamin que había tintado el polvo de la pared. Seguía gritando. No tenía aire pero era incapaz de dejar de hacerlo. Y no veía la salida de aquel pozo. El agua inundaba sus pulmones. Iba a morir. Benjamin.

Rachel se despertó de golpe con la cabeza destrozada de Benjamin dibujada tras sus párpados. Se incorporó sobre el duro colchón y estrujó las sábanas entre las manos. Se pasó ambas manos por la cara para quitarse el pelo, pegado por el sudor.

No era la primera vez que tenía esa pesadilla. Era su cuarto día en Osadía y la había estado acompañando cada noche, durante las pocas horas que lograba conciliar el sueño. El colchón duro, los ronquidos de Noah, las miradas afiladas de Arya antes de dormir, el dolor que acompañaba cada paso que daba… No eran buenos amigos del sueño. Se bajó de la cama con cuidado, tenía la rodilla completamente vendada, pero las vendas no reducían el dolor. Cojeó en silencio hacia la salida de la habitación en la que estaban los trasladados. Cuatro. Noah y Chris, de Verdad. Arya, de Cordialidad. Rachel, de Erudición. Cuatro, exactamente igual que el nombre de ese instructor duro e inflexible que les habían asignado. Ya en el pasillo, se llevó la mano a la rodilla. Le habían dicho que en un par de días se pondría bien, que sólo había sido un mal golpe, pero los médicos que tenían allí no la convencían. Hubiera preferido la mirada oscura de Arden antes que a aquella mujer que parecía que se lo tomaba todo a broma. Se dirigió a la enfermería, que no estaba demasiado lejos de las habitaciones.

-Hola-la saludó una voz.

Rachel abrió ambos ojos sorprendida, se había acostumbrado a no escuchar ese tono suave y ligeramente rasposo. Posó la palma de la mano en la frente de Benjamin y le retiró el pelo rubio con una lenta caricia.

-¿Qué haces despierto?-le preguntó mientras acercaba un taburete y se sentaba junto a la cama de sábanas blancas en la que el chico llevaba desde que había entrado a la sede de Osadía.

-La enfermera me dijo ayer que una chica siempre venía a verme un poco antes del amanecer, y decidí esperar para descubrir quién se molestaba en hacer eso-le respondió él ladeando la cabeza hacia ella, con las comisuras de los labios levemente curvadas hacia arriba.

-¿Hablas mucho con tu enfermera?-le preguntó ella observando con detenimiento cómo él alargaba una mano para coger la suya.

-Siempre que puedo, me siento algo sólo aquí-asintió levemente mientras lo decía.

-Pues yo he venido a verte todos los días un poco antes del amanecer-Rachel sonrió levemente mientras él enlazaba sus dedos con los de ella.

-No me despertaste. ¿No querías hablar conmigo?-los ojos azules de él se centraban en los de ella con naturalidad.

-Claro que sí. Tengo un montón de preguntas. Simplemente me parecía de mala educación despertar a alguien con la cabeza partida y una mano rota-respondió ella mientras acariciaba la mano de él que yacía entre las suyas, la que no estaba escayolada.

-Me pregunto si algún día te quedarás sin nada que preguntar…

-Entonces me preguntaría qué preguntarme-Rachel se encogió de hombros levemente.

-No entiendo qué haces aquí-Benjamin la miró con intensidad, esperando una respuesta, pero ella se limitó a encogerse de hombros otra vez.

-Yo tampoco entiendo lo que haces tú aquí-confesó ella sin dejar de mirarlo.

Obviamente se había hecho preguntas sobre el traslado de Benjamin en los últimos días, más teniendo en cuenta cómo se encontraba el chico. Pero no había llegado a ninguna conclusión, le faltaba información, pero estaba relativamente convencida de que no había sido por ella. Baker nunca había demostrado una especial curiosidad, pero le había regalado girasoles por su significado. Tampoco asistía regularmente a ninguna clase, pero había preparado un experimento de química con ella. Tenía la sospecha de que Benjamin no iba a ser un osado por ella, pero probablemente se hubiera comportado como un erudito en el pasado por ella. Era una sospecha sobre la que no iba a preguntarle. Prefería quedarse con la duda, puesto que sabía que entrar en ese tema les llevaría al punto muerto al que habían llegado en su cita, y al que habían llegado siempre en esas situaciones.

-Bueno, creo que un traumatismo craneal y una mano rota pueden justificar estar en el hospital durante un par de días…-respondió él con una sonrisa juguetona, perfectamente consciente de que ella no se refería a eso.

-¿Qué pasó en el vagón, Benjamin?-le preguntó Rachel con el brillo de la curiosidad relampagueando en sus ojos castaños. Nadie había dicho nada de lo ocurrido, y ella había preguntado, no tanto como le hubiera gustado, pero sus indagaciones le llevaban a puntos muertos: Cuatro se enfadaba con sus preguntas, Noah la picaba sobre si iba a intentar vengar a su novio, Christian no sabía nada, Arya la miraba como si fuera a arrancarle media cara de un mordisco… Y los osados sacudían la cabeza, sin querer hablar del tema, afectados aún por la muerte de la chica que, por lo que había averiguado, era la novia de uno, la hermana de otro y amiga de la mayoría del grupo.

-Fue extraño. Estaban todos armando jaleo, felicitándose, esas cosas. Yo estaba hablando con un par de chicos de la Facción, sobre ti. Estaba preocupado, pero ellos me dijeron que te habías subido a un vagón.-la chica bajó la mirada, sorprendida por ello, quizás porque ella sólo había tenido adrenalina en la cabeza en esos momentos, un poco avergonzada por no haber pensado en él desde el principio-Entonces escuché un grito, y vimos que uno de los osados estaba sangrando y miraba asustado a alguien. Esa chica, la rubia de Cordialidad, le había arrancado un trozo de oreja de un mordisco.

Rachel ahogó un grito de sorpresa y abrió los ojos con brusquedad, volviendo a buscar la mirada de Benjamin para comprobar que él no estaba bromeando, pero no se encontró con sus ojos azules, puesto que el chico estaba mirando al techo.

-La… La chica le increpó e hizo ademán de atacar a la rubia, y ella le dio una patada en el estómago. Una patada brutal. Entonces me acerqué a la de Cordialidad y…

-Se llama Arya-le interrumpió Rachel con un susurro.

-Arya. La chica de Osadía se llamaba Belle. Bueno, pues sujeté a Arya desde atrás y ella me rompió la mano, todavía no entiendo cómo demonios lo hizo, pero la estaba sujetando y de pronto escuché mis huesos quebrarse. Lo escuché. Me aparté de ella gritando, pero entonces me embistió y me empotró la cabeza contra la pared del vagón… Me caí al suelo y ella hizo ademán de darme una patada en la cara, pero Belle la empujó. Entonces Arya la cogió, la arrastró al borde del vagón y la tiró de una patada antes de que nadie pudiera reaccionar-el rubio se detuvo unos segundos, tragó saliva y respiró hondo-Después vino hacia mí, me dio la patada y perdí el conocimiento.

Ambos se quedaron en silencio. Rachel asimilando toda la información que había recibido, Benjamin intentando relajarse después del vívido recuerdo. Las manos de Rachel siguieron acariciando la del chico durante los minutos que permanecieron así.

-Duermo todas las noches en la misma habitación que una chica que ha asesinado a alguien-susurró Rachel mordiéndose el labio con preocupación.

Las miradas asesinas de Arya cuando le preguntaba por el incidente ahora cobraban sentido, ahora le daban más miedo que antes.

-No entiendo por qué no han tomado represalias contra ella… Es una asesina-recalcó Benjamin, claramente enfadado.

-Porque nadie ha dicho nada-dijo Rachel, dándose cuenta de ese hecho. Cuatro no lo sabía porque nadie había dicho nada.

La muerte de Belle había pasado por una baja más de las que ocurrían en la primera parte de la iniciación. Pero… ¿Por qué? ¿Por qué los amigos de Belle, su hermano, su novio… no habían dicho nada? Venganza. Era la única respuesta que se le ocurría. No querían que la chica se quedara sin Facción, probablemente quisieran que se quedara sin vida. Pero eran estúpidos, desde el punto de vista eran estúpidos, ¿cómo podían convivir con alguien que sabían que era capaz de eso? Saber que dormía bajo su mismo techo, que se entrenaba para ser miembro de Osadía… ¿Tanto poder tenía la venganza como para hacer que tanta gente no tuviera eso en cuenta?

-Eh, Rach, hablemos de otra cosa, ¿vale? Cuéntame cómo es la Iniciación-Baker apretó una de sus manos con suavidad.

Rachel se la acarició mientras empezaba a hablarle sobre el entrenamiento para el combate, sobre el lanzamiento de cuchillos, sobre Cuatro, sobre los otros iniciados… Le contó que la primera puntuación que habían recibido se debía al tiempo que había tardado cada uno de vencer su miedo al saltar por el agujero. Les habían inyectado un líquido de simulación similar al de las pruebas, y cada uno había tenido que vencer un miedo particular. Sólo le contó que el suyo tenía que ver con agua y una escotilla. Con esa puntuación se había colocado tercera del ranking de los trasladados. También le explicó que había dos clasificaciones diferentes y que la primera expulsión se basaría sólo en la de los trasladados, mientras que la segunda sería de los peores contando el grupo completo. Echarían a uno de los trasladados después de la prueba de lucha que tendría lugar en unas semanas y de la que no sabían demasiado. Y después pasarían a una fase diferente del entrenamiento, de la que no sabían nada. Benjamin se rio mucho al ver las frustraciones de ella por la falta de información, y ella sonrió varias veces al escuchar su risa.

La luz del amanecer ya iluminaba la habitación cuando Rachel se puso en pie para irse, le gustaba ducharse la primera, para no encontrarse con Arya en los baños ni en el comedor para desayunar.

-Gracias por venir a verme-le dijo Benjamin, desprendiendo sinceridad y auténtico agradecimiento por todos los poros de su cuerpo. Tanto agradecimiento que casi hacía que Rachel se sintiera culpable. Iba a verlo porque tenía esas pesadillas, esas pesadillas que hacían que pensara en él constantemente. Si no las tuviera… No sabía si pensaría en él.

-Gracias por esperarme despierto-Rachel le sonrió con suavidad antes de salir de la habitación.

Otra vez. Otra vez le parecía que todo era posible con él. Pero sabía cuál era el final de ese sentimiento, que a ella le entraban dudas y él salía herido. Maldijo a Benjamin Baker y su maldito encanto mientras entraba en el baño. Estaba lavándose la cara en el lavabo y se miró en el espejo, con la estúpida sonrisa aún en su cara. Entonces vio los ojos de Arya clavados en los de ella a través del reflejo. Y notó ira. Auténtica ira hacia esa chica rubia que se estaba desnudando a su espalda sin dejar de mirarla. Ella había intentado matar a Benjamin. Alejarlo de ella. Apagar sus ojos azules para siempre. Se dio cuenta de que la venganza era algo estúpido, sí, pero no algo fácil de borrar.

-¿Vas a ducharte o vas a mirarme desnuda como una zorra pervertida?-la voz agresiva de Arya la irritó más que nunca.

Decidió ignorarla y se fue del baño. Ya se ducharía después de desayunar.

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The end. Espero haberos sorprendido un poco con el rumbo de la trama. Vale, aclaraciones:

1) La iniciación es diferente a la de Tris. Sep. Se debe a que me leí este capítulo extra de la saga (http://www.goodreads.com/book/show/13615258-free-four), en el que se deja caer que la Iniciación va cambiando por la influencia de Eric, por lo que decidí hacer esta un paso intermedio hacia la de Tris.

2) Sale Cuatro. Sí, no sé si lo había dicho antes, pero Rachel se traslada un año antes que Tris, por lo que es el primer año de Cuatro como instructor. 

3)No sale demasiado Cuatro. Bueno, me sentiría rara dándole protagonismo, porque ya tiene tres libros para él, dejemos que Renegade se centre en Rachel, Benjamin & Co.

4)Aclarar que hay una cosa relacionada con Insurgente que ha salido ya en este capítulo y será importante en la trama de los siguientes, pero no la diré directamente en ningún momento. Los que hayáis leído el libro lo pillaréis (en este aún no) y los que no, no necesitaréis hacerlo. Esto lo hago porque no quiero poner ningún spoiler aunque no sea un dato especialmente importante.

5) ¿Sabéis lo que toca en el siguiente capítulo?

Un saludo a todos y muchas gracias por leer.