Y sin más dilación, el tercer capítulo. Os advierto que vienen un par de ellos un poco moñas (?)
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'Kryptonita'
“El amor es un misterio. Todo en él son fenómenos a cual más inexplicable; todo en él es ilógico, todo en él es vaguedad y absurdo.”- Gustavo Adolfo Bécquer
La
caída volvió a pasar delante de sus ojos decenas de veces: su pie derecho
enganchándose a la pierna izquierda, sus rodillas impactando contra el borde
del escalón, sus antebrazos, la vuelta rodando sobre dos escalones… Para
terminar mirando al techo estirada sobre un duro escalón, desorientada. Rachel
se llevó una mano a la sien y miró las puntas de sus dedos teñidas de rojo, se
quedó observándolos mientras el caos inicial empezaba a sistematizarse con
rapidez.
…
Una
hora después estaba sentada en la camilla de la enfermería. Su madre había
llegado hacía unos minutos y hablaba con el doctor. Rachel se miró los pies,
que balanceaba lentamente. No sabía las consecuencias que podría tener su
caída, ni siquiera sabía si había habido heridos… Nada. Y no había nada peor
que no saber.
-¿Rachel?
¿Cómo te encuentras?-le preguntó el doctor, acercándose e iluminándole el ojo
con una linterna.
-Bien-la
chica hizo un esfuerzo para no guiñar el ojo, pues sabía que la luz tenía un
objetivo más allá de fastidiarla.
-No
parece que tengas nada grave, te he dado un par de puntos en la herida que he hiciste,
y seguramente te salgan algunos moratones por el cuerpo-le explicó el doctor
retirando la luz y señalando las rodillas de la chica.
-Ajá-Rachel
asintió con lentitud, un poco atontada.
-¿Puedo
llevarla ya a casa, doctor Arden?-su madre intervino acercándose y poniendo una
mano sobre el hombro de Rachel.
-Por
supuesto, ya se ha aclarado que le tiraron la caja y luego se tropezó, por lo
que está exenta de responsabilidad. Es la segunda vez que ocurre desde que se
ha dado permiso para fabricarlos, por lo que se revocará el permiso-el doctor
se retiró con una sonrisa profesional.
-¿La
segunda vez? No había escuchado nada-se sorprendió la señora Everdeen.
-El
viernes a última hora hubo una explosión en un laboratorio, sin
heridos.-explicó Arden sentándose tras su escritorio-Que tengan un buen día.
Rachel
se bajó de la camilla y salió caminando junto a su madre. Por suerte no se
cruzaron con demasiada gente mientras se dirigían a la parada del autobús. El
hecho de que no fueran a tomar medidas contra ella no quería decir que todos
fueran a estar de acuerdo con ello, pasaba siempre, no todos podían estar
contentos con cada decisión aunque todas fueran tomadas desde la lógica.
-¿Rachel?-su
madre se asomó, y al ver que no estaba intentando dormir entró en la habitación
y se sentó a los pies de su cama-¿Qué hacías con explosivos, cariño? Es algo
que nunca te ha atraído, son peligrosos.
-Estaba
con Benjamin, los hicimos para conseguir unas entradas-respondió Rachel con
apatía.
-¿Baker?
¿Ese chico que te ha invitado a decenas de citas?-su hija asintió para
confirmarlo-Tenía entendido que no te gustaba ese chico-Rachel se encogió de
hombros-¿Te gusta ahora?
-Es
simpático.-alzó un hombro hasta rozar su oreja.
-Y
guapo-su hija hizo un leve asentimiento en esta ocasión.-¿Hiciste los explosivos
para poder estar con él?
-No-Rachel
frunció el ceño sin comprender la dirección de los pensamientos de su
madre-Podría estar con él cuando quisiera… Simplemente no me pareció mala idea,
era química, similar a preparar algunas medicinas.
El
timbre del piso sonó dos veces. La madre de Rachel se levantó y salió de la
habitación. La chica se quedó pensativa, ¿realmente se madre pensaba que se
pondría en riesgo por impresionar a un chico que no le gustaba? La idea no
terminaba de encajarle, puesto que su madre sabía todo lo que se paseaba y lo
que no por el corazón de la chica, y Benjamin Baker no era más que un amigo, un
amigo que no quería ser sólo eso, pero un amigo.
-Es
Benjamin. Le he dicho que no sabía si estabas despierta. ¿Quieres que lo deje
entrar?-Rachel negó con la cabeza, en ese momento no le apetecía escuchar
disculpas o que le echara la bronca por caerse o lo que fuera que Benjamin
quisiera-Está bien.
Dos
minutos después su madre volvía a estar apoyada en el marco de la puerta,
observando cómo Rachel abría el comic y empezaba a leer. Había visto a su hija
hacer lo mismo durante años, cada vez que le ocurría algo malo se refugiaba en
aquellas páginas. Y desde hacía un año, era una lectura mucho más habitual.
Notaba a Rachel muy cambiante, tan pronto estaba con el ánimo por las nubes y
convencida de que podía conseguirlo todo, como la veía allí en silencio pasando
páginas con lentitud.
-Cariño,
¿qué te ocurre? ¿Estás así por lo que ha ocurrido? Sabes que no fue culpa tuya,
Rachel, si hubiese sido tu culpa te lo habrían dicho. Fue un accidente.-los
ojos verdosos de su madre destilaban preocupación.
-El
problema es que ni siquiera me importa lo que ha pasado, mamá. Es… Me quedé
mirando mi sangre, no miré a los demás, me quedé pensando en mí…
-No
eres una abnegada, es lógico que te preocupes por tus heridas, Rachel-la cortó
su madre con tono dulce-Eso no te hace mala persona.
-No
pensaba en mis heridas… Pensaba que lo triste que sería morirme sin que me
hayan besado ni una sola vez. A todas las chicas que conozco las han besado
alguna vez. Sam besó a Dean hace dos semanas… Y yo. Yo nada.-Rachel hizo una
mueca para intentar que las lágrimas no empañaran su mirada.
-Dos
semanas. Dos semanas no son tanto tiempo. Tienes dieciséis años, no creo que
sea un problema no haber besado a nadie, cariño-su madre caminó hasta sentarse
en la cama de nuevo-Tienes mucho tiempo por delante.
-¡Pero
el problema no es ese, mamá! ¿No lo ves? Es que no hay nadie a quien quiera
besar. ¡Nadie! Veo a decenas de chicos cada día y ninguno me interesa… He
estado leyendo libros, mamá, es muy raro no sentir atracción por nadie cuando
tienes mi edad, se supone que tengo las hormonas haciendo destrozos en mi
organismo y ¡nada! No me imagino cómo será cuando pase la adolescencia.
Seguramente me compre un gato y le de todo mi cariño o algo…-intentó no hacer
un puchero sin éxito.
-Pues,
por lo que me has contado otras veces, yo creo que sí que hay alguien a quien
quieres besar.-replicó su madre con dulzura.
-Pero
eso es… Una estupidez.
-El
amor suele parecer una estupidez, hasta que ves sus frutos y te das cuenta de
que algo tan positivo no puede ser estúpido, probablemente enamorarnos sea lo
más inteligente que hacemos en nuestra vida, tan inteligente que ni siquiera tú
eres capaz de comprenderlo-su madre le acarició la mejilla deshaciendo una
lágrima.
-Una
estupidez. Entonces probablemente esté enamorada-Rachel suspiró y provocó que
su madre sonriera de forma alentadora.
-Eso
es algo que debes de saber tú, no yo-volvió a acariciarle la mejilla y se
levantó de la cama-Voy a preparar la comida, haré algo especial aprovechando
que estamos las dos en casa.
-Gracias,
mamá-musitó Rachel, aún pensativa.
Estúpido.
Imposible. Irracional. Intenso. Más estúpido. Asintió lentamente mientras
pensaba sobre ello. Sus ojos fueron a la página que buscaba siempre cuando el
miedo a no poder querer a nadie la asaltaba. No sabía de quién era el comic,
pero había dejado escrita una reflexión con rotulador rojo sobre una de las
viñetas, en la que salía Superman mirando a Lois Lane desde la distancia. La
mujer morena estaba rodeada por un círculo rojo y, junto a ella, ponía con
letra clara: “Ella era la auténtica debilidad de Superman, el amor; pero
también su fuerza, pues por ella rompería paredes de kryptonita.”
El
amor era algo que no se buscaba, definitivamente. Y que podía surgir de tiempo
juntos, como pasaba con algunas personas; o en minutos, como le había ocurrido
a ella. Pero nadie podía decirle que aquello no había sido real, que no la
había cambiado. Y no había sido “por el susto” o “por la edad”. Simplemente,
diez meses atrás, se había enamorado.