31 de diciembre de 2012

Renegade. Capítulo 3.

¡Feliz último Lunes del año a tod@s! Estoy especialmente simpática hoy, igual es porque he estado hablando de MDI toda la tarde, puede ser. He decidido poner este capítulo tal cual lo tenía escrito hace dos semanas, ahora estoy leyendo Insurgente y habría cosas que quizás tendrían que ser diferentes, pero he decidido no ponerme a mirar esos detalles y tirar para adelante. Iré añadiendo cosas en lo que escriba a partir de ahora para que encaje mejor.
Y sin más dilación, el tercer capítulo. Os advierto que vienen un par de ellos un poco moñas (?)
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'Kryptonita'

“El amor es un misterio. Todo en él son fenómenos a cual más inexplicable; todo en él es ilógico, todo en él es vaguedad y absurdo.”- Gustavo Adolfo Bécquer




La caída volvió a pasar delante de sus ojos decenas de veces: su pie derecho enganchándose a la pierna izquierda, sus rodillas impactando contra el borde del escalón, sus antebrazos, la vuelta rodando sobre dos escalones… Para terminar mirando al techo estirada sobre un duro escalón, desorientada. Rachel se llevó una mano a la sien y miró las puntas de sus dedos teñidas de rojo, se quedó observándolos mientras el caos inicial empezaba a sistematizarse con rapidez.
Una hora después estaba sentada en la camilla de la enfermería. Su madre había llegado hacía unos minutos y hablaba con el doctor. Rachel se miró los pies, que balanceaba lentamente. No sabía las consecuencias que podría tener su caída, ni siquiera sabía si había habido heridos… Nada. Y no había nada peor que no saber.

-¿Rachel? ¿Cómo te encuentras?-le preguntó el doctor, acercándose e iluminándole el ojo con una linterna.

-Bien-la chica hizo un esfuerzo para no guiñar el ojo, pues sabía que la luz tenía un objetivo más allá de fastidiarla.

-No parece que tengas nada grave, te he dado un par de puntos en la herida que he hiciste, y seguramente te salgan algunos moratones por el cuerpo-le explicó el doctor retirando la luz y señalando las rodillas de la chica.

-Ajá-Rachel asintió con lentitud, un poco atontada.

-¿Puedo llevarla ya a casa, doctor Arden?-su madre intervino acercándose y poniendo una mano sobre el hombro de Rachel.

-Por supuesto, ya se ha aclarado que le tiraron la caja y luego se tropezó, por lo que está exenta de responsabilidad. Es la segunda vez que ocurre desde que se ha dado permiso para fabricarlos, por lo que se revocará el permiso-el doctor se retiró con una sonrisa profesional.

-¿La segunda vez? No había escuchado nada-se sorprendió la señora Everdeen.

-El viernes a última hora hubo una explosión en un laboratorio, sin heridos.-explicó Arden sentándose tras su escritorio-Que tengan un buen día.

Rachel se bajó de la camilla y salió caminando junto a su madre. Por suerte no se cruzaron con demasiada gente mientras se dirigían a la parada del autobús. El hecho de que no fueran a tomar medidas contra ella no quería decir que todos fueran a estar de acuerdo con ello, pasaba siempre, no todos podían estar contentos con cada decisión aunque todas fueran tomadas desde la lógica.

El viaje en autobús fue silencioso y en cuanto llegaron a casa, Rachel se fue a la cama. Abrió el cajón inferior de su mesilla de noche y sacó la que había su lectura favorita desde que tenía memoria: un cómic de Superman muy antiguo.

-¿Rachel?-su madre se asomó, y al ver que no estaba intentando dormir entró en la habitación y se sentó a los pies de su cama-¿Qué hacías con explosivos, cariño? Es algo que nunca te ha atraído, son peligrosos.

-Estaba con Benjamin, los hicimos para conseguir unas entradas-respondió Rachel con apatía.

-¿Baker? ¿Ese chico que te ha invitado a decenas de citas?-su hija asintió para confirmarlo-Tenía entendido que no te gustaba ese chico-Rachel se encogió de hombros-¿Te gusta ahora?

-Es simpático.-alzó un hombro hasta rozar su oreja.

-Y guapo-su hija hizo un leve asentimiento en esta ocasión.-¿Hiciste los explosivos para poder estar con él?

-No-Rachel frunció el ceño sin comprender la dirección de los pensamientos de su madre-Podría estar con él cuando quisiera… Simplemente no me pareció mala idea, era química, similar a preparar algunas medicinas.

El timbre del piso sonó dos veces. La madre de Rachel se levantó y salió de la habitación. La chica se quedó pensativa, ¿realmente se madre pensaba que se pondría en riesgo por impresionar a un chico que no le gustaba? La idea no terminaba de encajarle, puesto que su madre sabía todo lo que se paseaba y lo que no por el corazón de la chica, y Benjamin Baker no era más que un amigo, un amigo que no quería ser sólo eso, pero un amigo.

-Es Benjamin. Le he dicho que no sabía si estabas despierta. ¿Quieres que lo deje entrar?-Rachel negó con la cabeza, en ese momento no le apetecía escuchar disculpas o que le echara la bronca por caerse o lo que fuera que Benjamin quisiera-Está bien.

Dos minutos después su madre volvía a estar apoyada en el marco de la puerta, observando cómo Rachel abría el comic y empezaba a leer. Había visto a su hija hacer lo mismo durante años, cada vez que le ocurría algo malo se refugiaba en aquellas páginas. Y desde hacía un año, era una lectura mucho más habitual. Notaba a Rachel muy cambiante, tan pronto estaba con el ánimo por las nubes y convencida de que podía conseguirlo todo, como la veía allí en silencio pasando páginas con lentitud.

-Cariño, ¿qué te ocurre? ¿Estás así por lo que ha ocurrido? Sabes que no fue culpa tuya, Rachel, si hubiese sido tu culpa te lo habrían dicho. Fue un accidente.-los ojos verdosos de su madre destilaban preocupación.

-El problema es que ni siquiera me importa lo que ha pasado, mamá. Es… Me quedé mirando mi sangre, no miré a los demás, me quedé pensando en mí…

-No eres una abnegada, es lógico que te preocupes por tus heridas, Rachel-la cortó su madre con tono dulce-Eso no te hace mala persona.

-No pensaba en mis heridas… Pensaba que lo triste que sería morirme sin que me hayan besado ni una sola vez. A todas las chicas que conozco las han besado alguna vez. Sam besó a Dean hace dos semanas… Y yo. Yo nada.-Rachel hizo una mueca para intentar que las lágrimas no empañaran su mirada.

-Dos semanas. Dos semanas no son tanto tiempo. Tienes dieciséis años, no creo que sea un problema no haber besado a nadie, cariño-su madre caminó hasta sentarse en la cama de nuevo-Tienes mucho tiempo por delante.

-¡Pero el problema no es ese, mamá! ¿No lo ves? Es que no hay nadie a quien quiera besar. ¡Nadie! Veo a decenas de chicos cada día y ninguno me interesa… He estado leyendo libros, mamá, es muy raro no sentir atracción por nadie cuando tienes mi edad, se supone que tengo las hormonas haciendo destrozos en mi organismo y ¡nada! No me imagino cómo será cuando pase la adolescencia. Seguramente me compre un gato y le de todo mi cariño o algo…-intentó no hacer un puchero sin éxito.

-Pues, por lo que me has contado otras veces, yo creo que sí que hay alguien a quien quieres besar.-replicó su madre con dulzura.

-Pero eso es… Una estupidez.

-El amor suele parecer una estupidez, hasta que ves sus frutos y te das cuenta de que algo tan positivo no puede ser estúpido, probablemente enamorarnos sea lo más inteligente que hacemos en nuestra vida, tan inteligente que ni siquiera tú eres capaz de comprenderlo-su madre le acarició la mejilla deshaciendo una lágrima.

-Una estupidez. Entonces probablemente esté enamorada-Rachel suspiró y provocó que su madre sonriera de forma alentadora.

-Eso es algo que debes de saber tú, no yo-volvió a acariciarle la mejilla y se levantó de la cama-Voy a preparar la comida, haré algo especial aprovechando que estamos las dos en casa.

-Gracias, mamá-musitó Rachel, aún pensativa.

Estúpido. Imposible. Irracional. Intenso. Más estúpido. Asintió lentamente mientras pensaba sobre ello. Sus ojos fueron a la página que buscaba siempre cuando el miedo a no poder querer a nadie la asaltaba. No sabía de quién era el comic, pero había dejado escrita una reflexión con rotulador rojo sobre una de las viñetas, en la que salía Superman mirando a Lois Lane desde la distancia. La mujer morena estaba rodeada por un círculo rojo y, junto a ella, ponía con letra clara: “Ella era la auténtica debilidad de Superman, el amor; pero también su fuerza, pues por ella rompería paredes de kryptonita.”

El amor era algo que no se buscaba, definitivamente. Y que podía surgir de tiempo juntos, como pasaba con algunas personas; o en minutos, como le había ocurrido a ella. Pero nadie podía decirle que aquello no había sido real, que no la había cambiado. Y no había sido “por el susto” o “por la edad”. Simplemente, diez meses atrás, se había enamorado.

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