27 de noviembre de 2013

Queen of Axes #2

Vuelta al distrito

Nada más bajarme del tren que me había llevado desde el Capitolio a mi hogar, lo primero que hice fue respirar hondo, dejar que el olor a la madera limpiara toda la artificialidad acumulada en mis pulmones durante tanto tiempo. Y después empecé a correr. Mis padres no habían ido a recibirme, por lo que supuse que el deficiente de nuestro alcalde no había dado el aviso de mi llegada. Corrí entre las calles y varios me miraron con sorpresa, algunos me reconocieron y me felicitaron, otros se asustaron. Para ellos era una vencedora, pero también una asesina cruel y despiadada, o eso me había dicho Blight. Llegué a la casa de madera en la que estaba viviendo desde pequeña y vi que faltaba la puerta, fruncí el ceño y me acerqué con lentitud al marco, asomando la cabeza al interior. Todo estaba bastante desordenado.

No pregunté “¿mamá?” porque me parecía demasiado estúpido. Simplemente entré y revolví entre las cosas, intentando averiguar lo que había pasado. Noté una presencia a mi espalda y vi una sombra alargada en el suelo, me giré con brusquedad y dispuesta a tirarme a su cuello, una costumbre de la Arena que probablemente tardaría mucho en quitarme.

-Hola, Mason-el chico moreno estaba apoyado en el marco de entrada y me miraba como si mi presencia fuera un chiste. Lo conocía, era el hermano del chico que había ido conmigo a la Arena, nunca me había caído bien, aunque eso tampoco era nada especial, puesto que no soportaba a ninguno de esos hombres que se comportaban como críos.

-¿Sabes dónde está mi madre?-le pregunté estirándome y ladeando la cabeza para mirarlo, era un chico atractivo un par de años mayor que yo, y un par de palmos más alto y más ancho.

-Con un poco de suerte, con mi hermano-me respondió con dureza.

Podría decir que se debió al momento o a todas las peleas en las que había participado en los últimos días, pero lo cierto es que nunca he sido buena controlando mis impulsos. Me lancé sobre él y lo atrapé pasando un brazo por su cuello, tirando hacia abajo hasta hacerlo caer al suelo. Nos revolcamos sobre el suelo de madera, hasta que quedé debajo de él en una posición de clara inferioridad.

-Viste cómo lo mataban y no hiciste nada-me recriminó. Me fijé en que tenía los ojos enrojecidos, lo que indicaba que había estado llorando a su hermano, o encendiendo un fuego de mala manera en su casa.

-No podía hacer nada, soy una chica débil y flojucha-apreté los dientes removiéndome levemente debajo de su cuerpo, sin conseguir liberarme.

-Ahora sí que no puedes hacer nada, ¿cómo crees que les sentaría que su campeona fuera asesinada nada más llegar a casa?-me preguntó mientras ponía una mano en mi cuello.

Puse mis manos en su muñeca, intentando alejarlo de mí. Mirándolo con la súplica grabada en mis ojos y boqueando, hasta que aflojó lo suficiente como para que pudiera respirar. Di una gran bocanada de aire.

-Gracias. Por favor, déjame ir-le rogué.

No escuché su respuesta ni a él le dio tiempo a llegar a pensarla. Le di un golpe certero en el abdomen con la rodilla, para luego golpearle la rodilla con el pie, haciendo que perdiera el equilibrio. Rodé con agilidad y me coloqué sobre él, poniendo una astilla afilada contra su cuello. Obviamente, jamás había estado en condiciones de matarme, hubiera podido darle la vuelta a la tortilla en cualquier momento, pero había usado la misma estrategia que en los juegos, y él se lo había creído tras verme asesinar a gente en directo.

-Dame un motivo para no clavarte esto en el cuello y dejar que te desangres sin poder gritar para pedir ayuda-le dije mientras presionaba la punta de madera contra su piel.

-No iba a hacerte nada, en serio-tenía la boca pegada al suelo, lo que distorsionaba su voz levemente.

-Si me dices dónde están mis padres, me plantearé no buscar un hacha y trocearte como si fueras leña para la chimenea-tiré un poco de su pelo, sin dejar de amenazarlo con la astilla.

-En la Aldea de los Vencedores, fueron trasladados allí después de que ganaras-la respuesta fue tan rápida que me hizo ladear una sonrisa.

Me puse en pie y lo dejé allí tirado, sin preocuparme por futuras venganzas por su parte. No tenía que temerle a nada, ya había hecho lo imposible, sólo me restaba disfrutarlo. Al salir de la casa recibí algunas miradas interrogantes, que ignoré. Quería ver a mi familia, no había nada en el mundo que deseara más que abrazar a mi madre y que ella terminara de convencerme de que todo podía salir bien; porque, por más que intentara convencerme de que no debía tener miedo, veía muchas amenazas.

...

Quarter Quell.

Casi cada dos pasos tenía que empujar a Majara para que no se hiciera una bola o se pusiera a andar con la mirada perdida en otra dirección, por lo que cada vez lo iba haciendo con mayor brusquedad, hasta llegar a tirarla al suelo. Voltios se agachó a ayudarla a levantarse antes de que yo lo hiciera, pero entonces se llevó una mano a la espalda y se cayó de frente, sobre ella. Di dos pasos corriendo para inclinarme a socorrerlo, tirando de él, pero sin que él pusiera mucho de su parte.

-¿Estás bien?-le pregunté con un poco de preocupación.

Lo habían herido en la Cornucopia al tratar de conseguir un alambre, y ni Blight ni yo habíamos podido llegar a tiempo. No se había quejado demasiado hasta el momento, pero la puñalada tenía que ser bastante dolorosa. No podía comprobar si sangraba mucho o poco porque todo su traje de tributo estaba lleno de líquido espeso y rojizo, al igual que el mío.

No obtuve respuesta, sólo una mirada angustiosa. Le pasé un brazo por la espalda, ayudándolo a incorporarse. Un paseo no era lo mejor en su estado, pero teníamos que salir de allí o acabaríamos ahogados en sangre. Con la otra mano tiré del brazo de Majara, que ya se había puesto en pie por su cuenta, pero caminaba en otra dirección.

-A la playa, nos vamos a la playa-le grité indicándole la dirección con un gesto de la misma mano con la que la había sujetado.


El Capitolio

No había podido evitar el recorrido por todos los distritos, en el que el Capitolio restregaba por la cara de los habitantes de Panem que los Juegos del Hambre seguían existiendo, y que no había ganado uno de los suyos. Era una forma de recordar la pérdida, la sumisión y el miedo; era una forma de utilizarme, lo que me desagradaba. Y había hecho mi última parada en el Capitolio, en la mansión del presidente Snow.

Me encontraba en su despacho, sentada encima de su mesa esperándolo. No iba a dejar de desafiarlo en ningún momento, nunca hasta que no me dejara ser libre de una vez. Tampoco pedía tanto.

-Señorita Mason, espero que estés cómoda-su voz a mi espalda hizo que una mueca de asco se pintara en mi rostro. Sangre. Ese hombre hablaba con sangre en la boca.

-Estaría mejor en mi casa-le respondí, girándome para mirarlo, aunque borrando la mueca. Era rebelde, pero mostrar repulsión hacia su persona… Aún no estaba lo suficientemente loca para ello.

-Mañana podrás amanecer en la Aldea de los Vencedores con todas las comodidades que te proporcionamos-me dijo con una sonrisa.

“Que me he ganado” le corregí en mi cabeza, pero eso no era lo que me importaba. Yo calculaba coger un tren esa misma noche y nadie me había informado de un cambio de planes. Snow no era estúpido y leyó la pregunta en mis ojos.

-Uno de los estilistas ha pedido disfrutar de tu compañía, será generoso con el pago, siempre lo es-me explicó. Aunque no era una explicación.

Por suerte, no necesitaba más datos. Aunque no me hubiera relacionado aún en exceso con los otros vencedores, cosa que haría en los siguientes juegos, sí que conocía a uno de ellos: Finnick Odair.

-No me importa el pago, no lo haré-le dije, intentando aparentar firmeza.

Lo cierto era que, aunque fuera una chica rebelde, apenas era una cría. Y no era estúpida, sabía el poder que tenía el presidente y su habilidad para conseguir que todo Panem bailara a su sádico ritmo.

-Es tu obligación. A las once en la habitación 223, la puerta estará abierta-abrió la puerta y me hizo un gesto para que saliera. Me puse en pie y caminé bastante rápido, pero cuando estuve a su lado me cogió del antebrazo para detenerme-No hagas estupideces.


Sus ojos eran hielo, su aliento sangre y luego estaban las rosas. Como si hubiera colocado flores para camuflar toda la mierda que había en su interior, todo el mal que había hecho en sus años como líder del país… Pero tanta suciedad no la tapaba un dulce perfume, apestaba incluso a través de la televisión, cuando lo veía en las comunicaciones desde mi hogar.


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Estoy segura de que he actualizado la historia antes de lo que esperábais. No es gran cosa, peeero es Johanna. Agradecería un comentario en este capítulo, con dos líneas me sobra, diciendo vuestra opinión sobre:

a) Personalidad de Johanna
b) Personalidad de Snow
c) Cosa loca con el chico de su distrito
d) Narración (cuentan que la hago rara en el mal sentido, por lo que si alguien me ayuda a arreglarla, podría escribir cosas mejores y todos saldríamos ganando.

Un abrazo desde la maceta :)

25 de noviembre de 2013

Queen of Axes #1

Quarter Quell.

Sonó un cañonazo, que hizo que me moviera con más rapidez al recordarme el peligro constante al que estaba sometida.

Estar cubierta en sangre era una situación extraña, parecía que a la Arena le había bajado la regla, lo que no era excesivamente agradable. Esquivé un árbol palpando con las manos. La inclinación del terreno me indicaba hacia dónde estaba la playa, que era el mejor sitio para huir de este clima tan peculiar que me brindaban los vigilantes, pero no. Tenía que ir a buscar a los desgraciados, tal y como me habían encomendado. Exponiendo mi vida a cualquiera, puesto que no podía ver casi nada, por salvar a Majara y Voltios. Por suerte, el odio hacia el Capitolio era un buen impulso a hacer muchas cosas que me parecían desagradables.

Me pareció ver una sombra moviéndose, con la suficiente torpeza como para tratarse de uno de esos tributos del distrito tres. Caminé en su dirección, cubriéndome los ojos con una mano para evitar que la sangre nublara por completo mi visibilidad, aunque el olor férreo empezaba a nublarme el cerebro… Se parecía demasiado al olor del aliento de Snow.


Entrevista tras vencer los 71º Juegos del Hambre.

Estaba vestida con un pantalón corto que apenas era un pantalón y una camiseta marrón, me había negado a que mi estilista hiciera nada conmigo. Había ganado los Juegos del Hambre, era una vencedora, no tendría que hacer el ridículo jamás por nadie. Miré a Caesar Flickerman mientras él hacía un repaso por “los mejores momentos de Johanna Mason”, ni siquiera giré la cabeza para mirar a la pantalla. No iba a olvidar ninguno de los cortes que había hecho con mi hacha para salir de allí, tampoco necesitaba revivirlos unos días después de haberlos realizado. Después de vencer.

-Bueno, has sido toda una sorpresa, Johanna-Caesar se dirigió a mí con sus dientes blancos reluciendo en contraste con el color artificial de su piel-He de admitir que me engañaste antes de entrar, creí que estabas asustada; bueno, de hecho, todos lo creímos.

-Porque sois estúpidos-le dije con una mirada desafiante.

La sonrisa se le quedó congelada en el rostro durante unos segundos, pero luego soltó una carcajada, como si yo no estuviera hablando en serio y fuera un chiste.

-¿Qué ha sido lo mejor de la Arena? Una experiencia tan importante debe de tener muchas cosas para destacar, pero si tuvieras que elegir una…-tras unos segundos en los que dejó que el público se riera, el presentador volvió a centrar su atención en mí.

-Lo mejor era imaginarme que cada tributo al que maté era un ciudadano del Capitolio-sonreí de forma sádica.

Quería asustarlos. Quería que no se volvieran a acercar a mí jamás. Que me dejaran disfrutar de la libertad que me había ganado, junto a mis padres y al resto de mi familia.

-Supongo que…-lo había dejado sin palabras, había dejado al señor bocazas sin nada que decir, y apenas llevábamos un minuto de entrevista-Nos odias a todos.

-Habéis tratado de asesinarme, es normal que sienta un poco de… ¿disgusto es un buen eufemismo?-me burlé de él, mirándolo con rabia.

Si jamás había soportado nada relacionado con el Capitolio, desde que mi nombre había salido en la Cosecha lo único con lo que había fantaseado era con reducir cada una de sus estúpidas casas y sus estúpidas caras a cenizas. O, por lo menos, no tener que verlas nunca más.

-Admiramos tu sinceridad, Johanna, y quiero que sepas que todos nosotros nos alegramos de que salieras con vida de la Arena-varios miembros del público corroboraron esa frase con un tímido aplauso-Salvo los fans de Cedric, supongo. Cuando os quedasteis los dos solos en la Arena y fuisteis hacia el lago para la última batalla… Fue realmente tenso.

-Una desgracia que el chico con los dientes dorados del Distrito Uno no supiera que las hachas se pueden lanzar-hice rodar mis ojos con antipatía.

Que el último tributo vivo hubiera sido ese imbécil había hecho muy sencillo vencer. Pese a que ya había matado a varios antes de enfrentarme a él, volví a hacerme la débil, huyendo de él. Mientras se carcajeaba y me decía que antes o después me atraparía y me haría varias cosas, le lancé un hacha con fuerza y se la clavé en el pecho. Esperé sentada en una roca durante veinte minutos mientras se desangraba hasta que sonó el cañonazo. Mi mentor, Blight, me había dicho que eso se había interpretado como un acto de fría crueldad, no me había molestado en desmentirlo. Lo cierto era que me daba miedo que si me acercaba a rematarlo, me clavara su espada.

-Bueno, por desgracia el tiempo de la entrevista ha llegado a su fin-me puse en pie en cuanto pronunció esas palabras, lista para irme sin decir nada más-Nos vemos en la Gira de la Victoria, Johanna Mason. Disfruta de tu triunfo.

Y todos empezaron a aplaudir. Yo simplemente me largué de allí pensando en escabullirme de volver nunca jamás.


Quarter Quell

Cogí a Voltios por la espalda, y él se giró con brusquedad. Se quitó las gafas para limpiarlas con la camiseta, lo que era tan estúpido que no entendía por qué merecía ser protegido. Bueno, el plan. Él sabía más detalles de “el plan”. Mis instrucciones habían sido más básicas: “Tú y Blight tenéis que proteger a los tributos del distrito tres y llevárselos a Everdeen para que os acepte como aliados”, eso había sido todo por parte de Haymitch. Por lo visto, el viejo borracho no había sido capaz de hacer que la señorita Sinsajo actuara de forma lógica y quisiera aliarse conmigo o con mi compañero de distrito.

-¿Dónde está Blight, Voltios?-le pregunté, pasándome la mano por la boca a continuación para limpiarme la sangre.

-Se chocó contra el campo eléctrico, está muerto. El cañonazo sonó incluso antes de que lograra alcanzarlo-me respondió mientras miraba sus gafas, llenas de sangre, antes de volver a colocárselas.

-Vamos a buscar a Majara y salimos de aquí, ya he tragado esta mierda sin querer-tiré de su brazo para que me siguiera.

Había escuchado un cañonazo hacía un rato, pero no me imaginaba que sería mi mentor el que había muerto. Noté una sensación extraña en el pecho, una que pensaba que ya no tenía la capacidad de sentir. Mi corazón se puso de luto automático, y los ojos me empezaron a arder, pero no iba a dejar que llegara a más.

-¿Crees que es sangre de verdad?-preguntó Beetee mientras caminábamos entre las diferentes plantas de la selva.

-¿Crees que me importa?-le pregunté mirándolo de reojo y soltando un bufido de satisfacción al ver a Wiress a unos metros de nosotros.


Pero al acercarme noté que algo no estaba bien, si ya normalmente parecía que estaba pirada, en esos momentos parecía estar pasando por un ataque de ansiedad.


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Llevaba un tiempo sin publicar nada, pero después de ver la peli recordé por qué Johanna era mi personaje favorito de toda la saga y decidí hacer un pequeño fic sobre ella. Serán dos o tres partes, en un principio, y no contarán nada nuevo. Es un trozo del Vasallaje desde su punto de vista, mezclado con algunas escenas de su pasado. Espero que os guste.

13 de octubre de 2013

#skinsBURN 8x04 Katie

Happy birthday Shenia, happy birthday cuchara, que te regalen dragones y te canten en ruski yasik (8) ¿Sabes que no sé decir "felicidades" en ruso pero sé decir "exposición", "tos" y "llegar tarde"? Qué duro, man (ese man en tu honor que no es de mi rollo). Espero que te lo pases genial y que cumplas muchos más. Y te dedico el capítulo. Y eso. No tengo muchas inspiración por eso he tardado tanto en subirlo. Amor desde la maceta para ti.

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8x04 Katie.

Abril 2013.


La luz que entraba por la pared acristalada del local era del color anaranjado del amanecer. El suelo blanco estaba impoluto, pero el camarero seguía pasando la fregona, ante la ausencia de clientes y la obligación de mantener el bar abierto. La puerta se abrió y el chico apartó la fregona y el cubo a una esquina y se colocó detrás de la barra, limpiándose las manos en su delantal azul.

-Buenos días, ¿qué desea?-le preguntó a la mujer que acababa de entrar.

-Un café, por favor.

El chico asintió y se puso a prepararlo dándole la espalda a la joven. Era una chica un poco más joven que él, con los ojos oscuros, el pelo color chocolate y la seriedad dibujada en sus facciones. Katie sacó el móvil de su bolsillo sin preocuparse por la impresión que le había causado al camarero y lo dejó sobre la barra. En ese momento el joven depositó una taza de café con su platito correspondiente, dos sobres de azúcar, un caramelo y una galleta pequeña. Katie no le echó el azúcar, lo prefería sólo, y le dio un par de vueltas con la cucharilla antes de probarlo.

-¿Turismo primaveral en Nueva York?-le preguntó el camarero, que permanecía frente a ella al otro lado de la barra.

-¿Ligarías conmigo?-le preguntó Katie, sin preocuparse por responder a su pregunta.

Había pasado la noche en casa de Thomas, con Pandora. Y no podía sacarse de la cabeza que tal vez él siguiera sintiendo algo por la rubia y la estuviera engañando. Él le había jurado mil veces que no, pero ella seguía teniendo dudas. Estaba segura de que si no estuviera tan claro que Elise, la hija de Pandora, no era de Thomas, hubiera tenido dudas también sobre ello. Y odiaba estar celosa, era un insulto para él y para ella.

-¿Eres inglesa?-le preguntó el camarero cuando consiguió recomponerse. Tenía una mano en la cabeza, peinándose y despeinándose el pelo ligeramente ondulado.

-Bristol-respondió Katie, pero no se dio por vencida-¿Te parezco atractiva?

-Yo… No sé qué debo responder-el camarero parecía realmente confundido y ella no lo entendía.

-He venido a ver a mi novio y está viviendo con su exnovia y… He salido corriendo por la mañana, me he perdido tres veces y he acabado en este bar. Necesito un poco de confianza para volver sin ponerme a gritarles-le dijo mirando al café. Obviamente se avergonzaba de decirlo, pero prefería hacerlo frente a un desconocido-Pensaba contárselo a mi hermana, pero no está despierta.

-Igual es por el cambio de horario, hace mucho que no voy a Europa, pero… ¿Será de madrugada allí?-el chico miró su reloj y luego contó con los dedos.

-Ella está aquí en Nueva York con su novia-señaló Katie. Seguramente ambas chicas estarían aun durmiendo y por eso Emily no daba señales de vida.

-¿Novia? Vaya…-alzó ambas cejas pero no parecía estar molesto ni considerar aquello como algo malo.

-Quizás debería preguntarle a Naomi si soy atractiva…

-¿Naomi es tu hermana?

-No, es su novia. ¿Cómo le voy a preguntar eso a mi hermana gemela?-Katie esbozó una pequeña sonrisa mirando al chico.

-¿Y de qué sirve preguntárselo a la pareja de alguien que es igual que tú?

-Me responderá que sí y me subirá el autoestima. Yo que sé-ella se mordió el labio levemente-Soy ridícula, ¿verdad, Anthony?-le preguntó leyendo el nombre que ponía en su delantal.

-¿Anthony?-el camarero frunció el ceño y bajó la vista-Ah, no es mío. Es que se me cayó una copa de vino encima y cogí el de un compañero.

-¿Y tú eres?-preguntó ella.

-Jen, todos me llaman Jen-respondió con una pequeña sonrisa-¿Con quién tengo el placer?

-Katie Fitch. ¿De dónde viene Jen? Me suena a Jennifer, pero supongo que no sea por eso-lo miró divertida, relajándose por un momento y olvidándose de Pandora.

Cuando el chico iba a responder, el teléfono de Katie empezó a sonar sobre la barra. Él lo señaló y ella lo cogió, alejándose varios pasos para hablar.


Naomi se despertó cuando Emily se sentó en la cama, agitando su ligero sueño. Se quedó mirando la espalda de su novia en silencio mientras ella hablaba por teléfono. Ambas vivían en una habitación de un piso compartido, todo lo que se podían permitir en la Gran Manzana con el sueldo de prácticas de Emily. Era pequeño y las paredes parecían de papel, pero estaban juntas y el tratamiento iba bien; por lo que no podía quejarse. Emily se levantó de la cama tras posar el móvil en la mesilla.

-¿Te vas sin decir nada dejándome tirada en la cama? Me siento utilizada, Fitch-Naomi se mordió el labio divertida después de hablar, observando cómo Emily se daba la vuelta con una sonrisa burlona.

-¿Qué quieres que te diga?-Emily se mordió la punta de la lengua mientras se inclinaba sobre la cama para quedar con la cara sobre la de ella.

-Lo guapa y viva que estoy, por ejemplo-alzó ambas manos para tirar de Emily y hacerla caer sobre ella. Sus labios no tardaron en encontrarse. La pasión entre ellas se había avivado desde que Naomi se había encontrado un poco mejor, era como si lo primero en mejorar hubiera sido su deseo, cosa de la que Emily no iba a quejarse.

-¿Te importa si seguimos después de comer?-le preguntó Emily separándose y haciendo un puchero.

-Ni siquiera es la hora de desayunar, ¿sabes lo que falta para comer?-le preguntó Naomi para luego impulsarse levemente y volver a atrapar su boca.

-Tengo que ir a buscar a Katie, come con nosotras-le explicó Emily, empujándola sobre la cama y sujetándola por los hombros para evitar un nuevo ataque, sin saber si su fuerza de voluntad bastaría para rechazarla tres veces.

-¿Y Thomas también?-interrogó asumiendo que no iba a haber sesión de sexo al amanecer.

-No lo creo, quería hablar sobre él-Ems hizo un gesto de tristeza. Se sentía mal por los problemas que tenía Katie con él, puesto que sabía que estaba locamente enamorada de Thomas, y se merecía ser feliz con él. Al menos tan feliz como lo era ella con Naomi, todo el mundo se merecía estar así.


Tras un par de cafés más, había llegado el relevo de Jen en el bar, y éste se había ofrecido a acompañar a Katie hasta el lugar en el que había quedado con su hermana, alegando que vivía cerca y le quedaba de camino.

-¿Te gusta Nueva York?-le preguntó él, en un intento claro de romper el silencio que había entre ellos mientras caminaban.

-Ni más ni menos que otro sitio-respondió ella encogiéndose de hombros levemente-¿Y a ti?

-No lo sé. Es diferente a los sitios en los que he estado-habló mientras se colocaba la bolsa de deporte que llevaba colgada del hombro.

-¿De dónde eres?-inquirió ella, mirándolo con curiosidad.

-Bristol-respondió él y, al ver que ella abría la boca indignada, siguió hablando cortándola-Y no te lo dije antes porque parecías bastante más interesada en que admitiera que quería lanzarme a tu cuello.

-No me suena tu cara –dijo Katie tras meditar unos instantes.

-Crucé el charco hace varios años, es normal. A mí tampoco me resultas familiar, me suena tu apellido, pero no sé de qué-admitió Jen, pensativo.

-“Get Fitch!”-Katie imitó la voz de su padre diciendo el eslogan del gimnasio. Ya hacía mucho que estaba cerrado y que sus padres vivían en una caravana junto a su hermano, por lo que decirlo la entristeció.

-¡El gimnasio!-Jen se rio asintiendo-Nunca lo pisé, pero tenía un amigo que iba bastante a menudo.

-Cerró hace unos años-le informó Katie, sintiéndose extraña por estar caminando en una ciudad a miles de kilómetros con un chico de su ciudad al que no había visto nunca-¿Tu apellido me sonaría si me lo hubieras dicho?

-Jenkins. Como puedes ver no me llaman Jen por ser el fan número uno de Jennifer Lawrence-señaló con una sonrisa ladeada-Pero no creo que te suene.

Ella hizo un repaso mental rápido por sus conocidos en Bristol, así como los diferentes locales, pero no identificó nada relacionado con el chico.

-Lo siento, pero nada-dijo finalmente-¿Y qué te trajo a Nueva York?

-Una chica delgada y rubia-los ojos de él se entristecieron al mencionarlo.

-¿No funcionó?

-Sí, funcionó. Todo fue perfecto-Jen no la miró mientras hablaba.

-¿Y entonces por qué hablamos en pasado?

-Eso me gustaría saber a mí-suspiró y marcó el inicio de un nuevo silencio entre ambos.

Katie decidió no insistir porque apenas conocía al chico de nada y se sentía como una entrometida. Pero, por otro lado, era obvio que Jen estaba estancado en algo que no había podido ser.

-Aquí nos separamos-sentenció Jen un par de calles más adelante-Sólo tienes que seguir recto y llegarás a Times Square.

-De acuerdo, gracias-Katie asintió y se quedó quieta. Finalmente le dio un abrazo al camarero-Suerte con tu rubia.

-Llevo meses sin verla, no creo que la suerte ayude mucho-le dijo él, aferrándose a ella y alargando el abrazo. Llevaba tanto tiempo sin recibir uno que no quería que terminara.

-Pues entonces pasa página. La chica que fue a sustituirte te comía con los ojos, Jen-le instó Katie, separándose de él para rebuscar en los bolsillos de su cazadora-Ten, son entradas para Broadway. Llévala e inténtalo.

-No puedo aceptarlas, supongo que serán para ir con tu novio-Jen volvió a empujar la mano de Katie hacia su bolsillo.

-No, son para mi hermana, pero puedo conseguir más. Soy la representante del bailarín principal de la obra-eso no era completamente cierto, pero le puso las entradas en la mano como si lo fuese-Acéptalas, Jen.

-Sid, en Bristol todos me llamaban Sid-le corrigió él guardándose el regalo en el bolsillo.

-Lleva a esa chica a ver el espectáculo, ¿de acuerdo? Y luego llévala a los camerinos, es una entrada VIP y os dejarán pasar-le sugirió Katie.

-Lo haré.

Ambos se quedaron en silencio unos segundos y él volvió a abrazarla.

-Eres preciosa, Katie. Y él tiene que saberlo, porque tú no te hubieras enamorado de un idiota-le susurró él antes de separarse.

-Buena suerte, Sid-se despidió ella mientras el chico se colocaba un gorro grisáceo antes de irse.


Naomi hundió la cuchara en la tarta de chocolate que se había pedido Emily de postre, puesto que su novia estaba ignorando el dulce manjar mientras miraba a su hermana, que se había levantado unos minutos antes para hablar por teléfono y parecía bastante molesta.

-Es la quinta llamada que recibe desde que estamos comiendo, no ha durado ni cinco minutos seguidos sentada con nosotras-comentó relamiéndose antes de volver a lanzar la cucharilla al postre de Emily.

-Está intentando conseguirnos entradas para Broadway, para ver el espectáculo de… Ese bailarín al que representa-le dijo Emily, frenando la cuchara de Naomi con la suya y mirándola con una sonrisa divertida-No voy a dejar que te pongas gorda, Campbell.

-Eso sería más fácil si hicieras ejercicio matutino conmigo-Naomi la miró con una sonrisa pícara antes de inclinarse para darle un beso en el cuello-¿Y no se suponía que había conseguido las entradas ayer?

Emily abrió la boca para responder, pero entonces su hermana se sentó de nuevo frente a ellas, con una sonrisa.

-Ya está, podréis disfrutar del gran Maxxie Oliver como Raoul en “El fantasma de la ópera”. Pero no son pases VIP, lo siento-les dijo. Las chicas iban a decir algo, pero el teléfono de Katie volvió a sonar, la chica suspiró antes de llevárselo a la oreja-¿Sí? ¿Qué? ¡¿Ahora?! Voy.

-¿Katie?-preguntó Emily sorprendida, pero su hermana cogió el bolso y se fue corriendo. La gemela miró a Naomi, que le devolvió la mirada sorprendida.


-Respira con calma-la enfermera que caminaba junto a la camilla llevaba insistiendo en eso desde que habían empezado a trasladarla a la sala de partos, como si fuera sencillo hacer eso mientras un bebé quiere nacer.

-¿Dónde está Thomas?-preguntó la rubia boqueando.

-Estoy aquí-respondió el chico con su acento francés, colocando una mano en su hombro sudoroso. Toda ella estaba cubierta de sudor desde hacía unos minutos.

-¿Eres el padre?-preguntó la enfermera mientras metía la camilla en la sala de partos.

-Sí.

-Entonces puedes pasar-la mujer sostuvo la puerta para que el chico entrara.


Dos hombres se interpusieron en la puerta, deteniendo a una mujer que no dejaba de lanzarse contra ellos para pasar. Ambos estaban vestidos de blanco y parecían muy decididos a impedirle el paso. Cosa que Katie no iba a permitir.

-Señorita, no puede pasar-insistió el más moreno de los chicos.

-Tengo derecho a estar ahí, es muy importante-la chica respondió, visiblemente de los nervios.

-¿Quién es esta?-preguntó una mujer, asomándose a la puerta.



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Espero que mi escasa inspiración no se note demasiado. Se nota mucho, soy consciente. Es que... Uf. Creo que tardaré mucho en subir otro capítulo si es que lo subo. Me dejé la fiebre por Skins en España.
Gracias por leer, igualmente :3

PD: ¿Sientes que no te has enterado de nada? ¿Por qué Katie quiere ir al parto de Pandora? ¿Thomas es el padre? Bueno, el 8x05 es el capítulo de Panda y ahí es donde quedarían las cosas claras. Love.

21 de septiembre de 2013

#skinsBURN 8x03 Effy.

¡Buenas a todas! Como prometí, he vuelto. He tardado un poco más de lo que esperaba, pero ahora volveré a subir un capítulo a la semana (o eso espero, que llevo una vida muy loca). Aprovecho la entrada para felicitar a @SaraCheerio, que cumple años hoy y ha colaborado en el capítulo :) Voy a escribir más cosas al final del capítulo, ahora os dejo leer, que espero que tengáis ganas después de tanta espera.

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8x03 Effy.

Marzo 2013.


Las manos delgadas hicieron con habilidad una coleta con la larga melena castaña. Los ojos azules de Effy siguieron con atención el proceso a través del espejo; una vez hecha, se quitó un par de mechones sueltos de los laterales. Suspiró al mirar hacia abajo y encontrarse con el mono naranja que llevaba puesto desde hacía tres meses. Había sido un alivio poder quitárselo para ir al juicio, pero ahora volvía a estar en prisión.

-¿Cómo ha ido todo, Eliza?-a su espalda apareció otra presa. Era una chica de espalda ancha y con el cuerpo muy musculado, fruto de varios años de encierro. Tenía la piel levemente cetrina y ojeras, lo que hacía que siempre pareciera enferma.

Effy se limitó a mirarla. No le caía mal. Era su compañera de celda y solía tratarla bien. Además le encantaba hablar; el tema favorito de Charlotte era Madison, un preso con el que se enviaba cartas a menudo y con el que tenía una especie de relación.


El hombre se mesó la barba blanca a un lado de la mesa, observando a las dos mujeres que se encontraban frente a él.

-¿Os importa si enciendo un puro?-preguntó el juez mientras abría el primer cajón de su escritorio.

-Estamos en su despacho, adelante-dijo la mayor de ambas, que vestía un traje de color gris con un corte elegante que, junto a su postura, le daba un aire muy autoritario pese a la suavidad de su voz.

El juez asintió y se encendió uno con un mechero plateado bastante caro, después ofreció la caja a ambas mujeres, que lo rechazaron con educación.

-Bien, vayamos al grano. Su cliente es culpable, claramente culpable; y el delito cometido exige una estancia en prisión inferior a seis años, puesto que lo que ha hecho se puede considerar un robo a gran escala, ¿entiende eso?-el juez miró a la mujer con el pelo más corto y rizado, que asintió con suavidad, por supuesto que sabía todo eso, era una de las mejores en su trabajo-Pero, como sé que habéis venido a recordarme, había un trato con Elizabeth Stonem según el cual la pena sería rebajada si hablaba sobre su jefe, el cerebro de la operación.

-Y lo ha hecho. Incluso hemos aportado pruebas de la cámara de seguridad en las que se ve claramente que estaba con ella en el momento en que se compraron las acciones ilegales-puntualizó Victoria, que era la que había negociado con Effy.

La chica no le había inspirado simpatía, casi desde que la había conocido la había visto como una amenaza para su posición, lo que en un inicio había parecido una estupidez puesto que Elizabeth era una simple recepcionista. No había sido hasta meses después cuando se había dado cuenta de lo acertado que había estado su instinto respecto a la joven. De todas formas, ahora era agente de la FSA y no podía dejarse llevar por su problema con Effy, debía ser profesional y hacer que cazaran al pez gordo: Jake, con el que, casualmente, también tenía alguna cuenta pendiente.

-Lo sé, Victoria, lo sé. Jacob Redfield tiene una orden de arresto por uso ilegal de informaciones financieras para su propio beneficio-el juez sacudió el puro sobre un elegante cenicero de marfil.

-Y eso es gracias a mi cliente-puntualizó la abogada, que se había mantenido en silencio mirando unos papeles.

-Pero no han pedido que la pena de Stonem sea reducida por coacción, lo único que se ha hecho es indicar que estaba con Redfield en el momento del delito y que él estuvo de acuerdo en realizarlo, pidiéndole a Stonem que lo hiciera-el juez clavó sus ojos claros en los verdosos de la abogada-Eso lo hace cómplice, pero no demuestra que él fuera el culpable.

La abogada se irguió en su asiento, dispuesta a responder de nuevo a lo que le decía el juez. Pues lo que estaba entendiendo era que la pena de Effy no sería rebajada.

-Hay un trato previo-recordó Victoria-Y se reducirá la pena. Yo me encargaré de hablar con la defensa para buscar una forma de que quede claro que Redfield es el responsable.

-La defensa está aquí y sabe perfectamente cómo hacer que Elizabeth sea exculpada-los ojos verdes miraron desafiantes a la agente del FSA.

-¿Y por qué no lo ha hecho entonces? ¡Lo de hoy ha sido una admisión de culpa en toda regla!-protestó el juez, moviendo las manos haciendo que motas de ceniza cayeran por la mesa.

-Porque… Mi cliente es un poco complicada-la abogada trató de sonreír levemente. Y tanto que era difícil, Effy se había negado a abrir la boca en las reuniones privadas, y cuando había salido al juicio la había sorprendido admitiendo la culpa y metiendo a Jake en el ajo con un discurso que parecía preparado desde hacía tiempo. Se sentía como si fuera abogada de Lisbeth Salander, sólo que peor. Al menos, Salander era inocente.


El patio de la cárcel era un cuadrado rodeado de muros de hormigón y con suelo de hormigón. Había algunas máquinas de ejercicio, un par de canastas envejecidas y algunos bancos de hormigón, en los que se podían leer cosas muy diversas, como había comprobado Effy en sus muchas horas muertas ahí sentada. Apagó su cigarrillo sobre ese mismo banco y se puso en pie cuando el reloj enorme que había en una de las paredes marcó las cinco. Caminó con su paso desgarbado hacia una de las paredes y se quitó uno de los feos zapatos, tras comprobar que ningún guardia le prestaba atención. Se sacó un papel del bolsillo del mono y lo metió dentro del zapato, asegurándose que estaba bien encajado. Acto seguido lo lanzó al otro lado del muro con un movimiento rápido.


Un coche negro de alta gama se desliza con suavidad por la carretera bajo la lluvia. Dentro, las manos de Victoria aferran con firmeza el volante mientras suena música disco. En el asiento de copiloto, la abogada se fumaba un cigarro mientras miraba por la ventanilla.

-Es el mes de marzo más lluvioso que he vivido-comentó, aunque no le incomodaba el silencio. Tenía que poner en orden sus pensamientos antes de llegar a la cárcel y hablar con Effy, o hablarle a Effy, si es que la chica seguía guardando su huelga de voz.

-¿Cuál es el plan con Elizabeth? Sé que eres una de las mejores y puedo confiar en que lo arregles, entiende que es Effy la que no me da confianza-Victoria habló manteniendo los ojos fijos en la carretera.

-Incapacidad, alegaré que ella no pudo cometer el delito porque no tenía acceso a las otras carteras, sólo Redfield podía acceder a ello-le respondió mientras seguía mirando al infinito.

-¿Sigue sin hablarte?

-Ni una palabra. Y he hablado con las encargadas de su pabellón y me han confirmado de que no le habla a nadie-explicó la abogada, dejando mostrar un deje de fastidio en su tono-Pero hoy va a hablar conmigo. Lo hará o me dejo de llamar Michelle Richardson.


-Stonem, ¿qué haces descalza?-una de las mujeres de seguridad se acercó a ella con los brazos en jarras, examinándola de la cabeza a los pies varias veces hasta clavar sus ojos en los de ella.

Justo en ese momento un zapato cayó del cielo, rebotando en el hombro de la guardia para quedar posado a los pies de Effy, que se lo puso sin agacharse, esbozando una pequeña sonrisa antes de volver a clavar sus ojos azules en los de la mujer.

-Está prohibido comunicarse con los presos masculinos de cualquier forma, Stonem-le recordó mientras la cogía del brazo y empezaba a tirar de ella-Y tienes visita. Así que vete a tu celda y haz lo que tengas que hacer. Te espero en el pasillo para esposarte.

Effy asintió y se dirigió con obediencia al cubículo que compartía con Charlotte, que no se encontraba allí en ese momento. Se sacó el zapato y de él extrajo un trozo de papel doblado, que contenía la respuesta de Madison a la carta de su compañera. Hacía varios días que le hacía el favor a su compañera de ir a “mandar el correo” puesto que ella estaba en la enfermería debido a una pelea. Guardó el papel debajo de su almohada para llevárselo luego. Se miró en el espejo unos segundos y se dirigió con presteza hacia la agente.


Michelle cogió dos tazas de café y las puso sobre la mesa. Después se sentó y le echó azúcar al suyo para removerlo con paciencia. La otra silla estuvo vacía durante unos segundos, hasta que Victoria se sentó a su lado y cogió su propio café, para beberlo directamente.

-Pensaba que veníamos a hablar con Effy-comentó.

Se encontraban en la sala de espera de la prisión, pero cuando les habían preguntado a quién venían a esperar, Michelle no había pronunciado el nombre de la muchacha cuyo caso tenía entre manos.

-No iba a decirme nada, por lo que prefiero intentarlo de otra forma-respondió la abogada, encogiéndose levemente de hombros antes de darle un sorbo al café.

-¿Por qué trabajas para ella? Sé de sobra que no tiene dinero suficiente para pagar tus servicios, y sus padres llevan años sin venir a Inglaterra, por lo que dudo que estén enterados de lo que ha ocurrido-Victoria siempre era directa, y a Michelle no le molestaba.

-Hay cosas que valen más que el dinero.


Effy se sentó en la silla de plástico y dejó que la agente la esposara la mesa antes de que la puerta se abriera. Suponía que Michelle querría echarle la bronca por lo que había hecho en el juicio, o quizás agradecerle que hubiera hablado. Pero no se esperaba para nada ver a Tony entrando con una sonrisa burlona. Su hermano se sentó en la silla frente a ella y se puso cómodo, observándola en silencio hasta que la guardia salió de la cama.


-¿Tan peligrosa eres como para que te esposen a la mesa?-le preguntó, divertido. A Tony siempre le había hecho gracia ver a otros en malos momentos, y eso no había cambiado con los años.

Ahora vestía mejor y llevaba el pelo más corto, y un poco de barba. Por lo demás, tampoco había cambiado mucho. Llevaba sin verlo casi un mes, pero tampoco era demasiado tiempo. Los Stonem ya no eran una familia desde hacía mucho tiempo, y Tony tenía una vida ocupada. Para algo era un representante de Asuntos Exteriores en la Unión Europea.

-Bueno, ¿cómo es la vida en prisión? ¿Se te ha caído el jabón en la ducha?-alzó una ceja de forma graciosa, lo que hizo que Effy ladeara una sonrisa. Tony se mordió el labio levemente-¿Te ha violado una tía con un enorme consolador?-su hermana bufó pero no hizo ningún comentario-Si hubiera pasado y te hubiera gustado, yo no diría nada. Has estado varios años viviendo con una lesbiana y te has mantenido en la acera correcta, comprendería que ahora sería una cuestión de necesidad.

La sonrisa en el rostro de Effy se ensanchó sin que la chica pudiera evitarlo. Maldito Tony. Todas las bromas que había tenido que aguantar cuando se había ido a vivir con Naomi y ahora esto; aunque podría comprender que él creyera que era lesbiana, el último novio del que le había hablado a su hermano había sido… Freddie. Y había pasado mucho tiempo. Bueno, y desde que se había ido a vivir con Naomi también.

-Supongo que serás la que más liga del bloque, con lo buena que tienes que ser en la cama. Porque seguro que Campbell te contó algún truquillo-insistió Tony, buscando el punto en que empezara a hablar. Recordaba a la perfección como había roto su anterior silencio con un “wanker” dirigido a él. Había tardado en recuperar esa parte de sus recuerdos, tan cercana al accidente, pero desde que lo había hecho no lo había vuelto a olvidar.

-En la única cosa que soy buena es en destruirme-le respondió su hermana, con los ojos azules clavados en los de él-Por eso estoy aquí y ni siquiera Chelle va a conseguir sacarme. Deberías decirle que dejara de perder el tiempo y se dedicara a casos más importantes.

-Michelle tiene un recurso en la manga, pero necesita que tú digas las palabras correctas, no que la ignores y hagas lo que te de la gana, Eff-Tony apoyó los codos en la mesa y la miró con seriedad, y la seriedad en los ojos de Tony era algo que hacía que todo el interior de Effy respondiera-Y tiene que hablar contigo, saber lo que piensa, que le cuentes lo que ocurrió exactamente. Así que se acabó esta ley del silencio.

-¿Estás dándome esta charla a cambio de un polvo o una mamada, Tony?-la chica rodó los ojos.

-Estamos casados y tenemos una vida sexual satisfactoria, no necesitamos chantajearnos para ello-le respondió él, con el deje de formalidad que usaba en su trabajo.

-La puta pareja perfecta intentando ayudar a la chica descarriada-Effy se escurrió en la silla lentamente, mirándolo molesta.

-No voy a dejar que te destruyas-la mirada de Tony era fiera.

-Ya estoy destruida.

-Te folló, te hizo creer que te amaba y te rompió el corazón. Es una putada. Pero ahora no te vas a pasar años en la cárcel por su culpa. Si tienes depresión, haré que te vea un psicólogo. Pero habla-su hermano parecía convencido de poder ayudarla, lo que hizo que ella sonriera con amargura. Iluso. Nadie había podido ayudarla nunca… Quizás Freddie. Con él había sido feliz.

“Perdí mi corazón hace mucho, ya nadie puede romperlo” pensó en decir, pero las palabras se quedaron en su mente. Junto a todo lo relacionado con Freddie.

-Vas a hablar con Michelle-sentenció Tony. Y Effy decidió que iba a hacerle caso. Quería que Jake se jodiera por lo que le había hecho, quería salir y ver a Naomi viva, quería drogarse hasta poder reírse a carcajadas de ella misma, quería vivir.

-Fucking wanker…


Tony sonrió con la satisfacción de quien siempre consigue lo que quiere.

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Y, como ya había adelantado. Escribo más aquí. Os dije que Sara (cumpleañera) había participado en el capítulo, aquí os voy a dejar su participación. Es una pequeña historia Naomily, porque supusimos que echaríais de menos a vuestra pareja favorita si estaba sin aparecer un capítulo entero. Aprovecho para pedir que hagáis lo mismo, participar. Me gustaría, por ejemplo, que alguien escribiera más sobre Anwar o sobre cómo puede ser el día a día de Michelle y Tony. O ideas vuestras. 

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La bombilla se fundió con un débil sonido eléctrico y Naomi se despertó sobresaltada.
- ¡Emily!- dice en un grito ahogado.
La chica que estaba apoyada en sus piernas se incorpora de golpe con expresión preocupada. 
- Naoms- dice, intentando calmarla-. No pasa nada- se levanta y se sienta cerca de su regazo-. Tranquila, Naoms. No pasa nada, estoy aquí. Estoy aquí-.
Tras un largo suspiro de alivio, Naomi decide posar su cabeza en la almohada de nuevo, delicadamente. Asiente débilmente y consigue estirar su mano para unirla a la de Emily.
- Se está muy tranquilo ahora- dice Emily, intentando relajar la situación-. Tampoco necesitábamos la bombilla. Queda poco para que amanezca-.
Las fuerzas de Naomi disminuían continuamente. Cada día se sentía más frágil. Incapaz de protegerse. Incapaz de proteger a Emily.

Abre los ojos de nuevo para mirar fijamente la cajetilla de tabaco que había en la mesilla, cerca del bolso de su novia.
- ¿Qué ocurre?- Emily sigue sus ojos y al percatarse niega rotundamente-. Naomi. Sabes que no puedes hacerlo. No podemos arriesgarnos- vuelve la vista a Naomi y ve que en su rostro hay dibujada una sonrisa-. Naoms...
- Uno por mi- su expresión de dolor se intensifica al pronunciar esas palabras-. Coge uno para...- pero un dedo de Emily la impidió continuar hablando. 
- Vale- dice haciéndola callar-. Lo haré- se levanta con cuidado de no rozar ningún aparato médico y saca un cigarro de la caja. Se sienta cerca de la ventana y tras encenderlo, mira a Naomi-. Este es por ti- intenta fingir una sonrisa sincera y le da una calada al cigarro, con cuidado de que el humo que desprendía no entrase en la habitación. 

Desde la camilla, Naomi la mira detenidamente. Intentando convencerse de que algún día, por lejano que fuera, ella podría sentarse con ella allí, sin preocupación alguna. Sólo ellas. Pero reprime una lágrima, al darse cuenta de que, probablemente, jamás se haría realidad.

Escrito por @SaraCheerio.

27 de agosto de 2013

#skinsBURN Keep waiting.

Hola, queridísimos visitantes. Pongo esta entrada para que veáis que no me he olvidado de que tengo pendiente una entrada, ni mucho menos. Lo que pasa es que estoy teniendo unas semanas bastante intensas y no tengo tiempo (y los nervios no me dejan inspirarme).

Keep waiting, please.


12 de agosto de 2013

#skinsBurn 8x02 Thomas

Dedicado a Clara Duck.

8x02 Thomas.

Febrero 2013.

La tele estaba encendida y Pandora la miraba con atención mientras comía unas palomitas. Era una película de dibujos animados sobre un villano que adoptaba a tres niñas. De vez en cuando soltaba alguna risa y miraba a Thomas, que estaba a su lado, con las largas piernas estiradas y apoyadas sobre la mesa de cristal que había entre el sofá de cuero blanco y el gran televisor de plasma. Thomas tenía su mano apoyada sobre el vientre abultado de ella, y levantaba ligeramente la comisura del labio cuando su hijo daba una patada.

-Me encanta esta película-le dijo Pandora, con la boca llena de palomitas.

Thomas no contestó, estaba mirando a su mano y sonriendo.

-¿Has notado esa patada? Va a ser todo un campeón-comentó el chico sin dejar de mostrar su blanca dentadura.

Pandora miró a la mano y luego al cuenco de palomitas, de donde volvió a coger un puñado para llevárselas a la boca. Le gustaba el calor que desprendía la mano de Thomas, no podía negarlo, pero odiaba que él sólo viera el bebé en ella.

-¿Podemos salir a cenar hoy? Estoy muy hambrienta, Tomo-le preguntó y lo miró de reojo.

-Tengo que asistir a una fiesta en Londres-le dijo él, acariciando levemente su tripa antes de retirar la mano y ponerse en pie con lentitud-Le diré a la señora Mellark que haga la compra antes de venir y te haga una cena suculenta, ¿de acuerdo?

-Pero yo quiero cenar contigo…-protestó Pandora, haciendo un puchero.

-Lo siento, Panda, es importante, los patrocinadores me han pedido que vaya-Thomas miró el reluciente Rolex que adornaba su muñeca para comprobar que tenía media hora para ducharse y vestirse-El domingo tendré todo el día para estar con vosotros.

-Falta mucho para el domingo-Panda mantuvo el puchero con insistencia.

-Merecerá la pena-Thomas se inclinó y le dio un beso en la frente-¿Vas a ir a la guardería a buscar a Elisa o le pido a alguien que la recoja?

-Es mi hija, iré yo misma-Pandora miró el reloj y se incorporó con dificultades del sofá, puesto que la barriga de siete meses era muy abultada-¿Puedo coger el Mercedes?

-Claro, yo me iré en el Mustang al aeropuerto-asintió él, sonriéndole levemente-Voy a darme una ducha y preparar mis cosas.


Thomas se estiró el traje al salir de la limusina que lo había llevado hasta el hotel. Había sido un detalle por parte de la marca deportiva enviar ese coche a recogerlo al aeropuerto. Se había quitado la ropa de viaje en el interior y ahora lucía un esmoquin negro con camisa blanca y corbata. Todo hecho perfectamente a su medida.

Cuando años atrás había aceptado viajar a Harvard gracias al consejo de un desconocido, que ahora era su manager, nunca pensó que llegaría al punto en el que se encontraba ahora mismo. Había estudiado historia con Pandora, pero seleccionando las asignaturas más dedicadas al arte; mientras que la rubia se había convertido en una experta en conquistas y reconquistas. Tras cuatro años compaginando los estudios con su carrera deportiva, ahora era un corredor importante en los maratones de todo el mundo, incluso iba a participar en los Juegos Olímpicos de Brasil.

Ya había tenido éxitos importantes en su segundo año de carrera y había conseguido algunos ingresos con los que, antes de comprarse nada para él, les había comprado a su madre y sus hermanos un nuevo piso en Bristol, aunque no los visitaba muy a menudo. Ellos, sin embargo, si solían aparecer de vez en cuando por su ático con vistas a Central Park.

En la entrada del hotel había extendida una alfombra roja y varios fotógrafos estaban colocados a los lados, haciendo brillar sus flashes ante cada persona que recorría el camino hacia la puerta del hotel. Thomas caminó mirando al suelo, con una sonrisa divertida por lo extraño que le seguía pareciendo todo aquello.


Elise era una niña de tres años, con el pelo negro y la piel tostada permanentemente. Tenía unos vivaces ojos oscuros, iguales a los de su padre. Pandora era incapaz de encontrar ningún rastro de sus propios genes en la niña que había salido de su vientre.

-¿Señorita Pandora?-preguntó la señora Mellark en cuanto ésta y la niña atravesaron la puerta de entrada-El señor Thomas ha llamado hace un rato para comunicar que había llegado bien a Londres.

Pandora asintió mientras le quitaba el abrigo amarillo a Elise y lo colgaba en el armario de la entrada. La niña sonreía mientras se quitaba el agua de la cara.

-Hemoz ido a sena cosas de gordas-comunicó Elise mostrándole una sonrisa enorme a la señora Mellark-Pero mami dice que puedo comer quezo. ¿Me daz quezo?

-Claro que sí, ven conmigo pequeña-la mujer, de unos cincuenta años, le tendió su mano regordeta a la niña, que la agarró con fuerza-¿Desea algo, señora?-le preguntó a Pandora levantando sus ojos verdes hacia ella.

-Creo que iré a acostarme. La espalda me está matando-la rubia se llevó una mano a la espalda, gesto que hacía casi permanentemente desde las últimas semanas.


El salón de baile del hotel estaba lleno de personas elegantemente vestidas. Thomas había saludado a unos y a otros durante un largo rato, pero el cansancio le empezaba a hacer mella. Bostezó y miró a los invitados desde el taburete en el que estaba sentado. No había nada interesante por allí. Volvió a bostezar cuando, de repente, notó algo muy frío en la entrepierna. Abrió los ojos y se puso en pie rápidamente, pisando a uno de los camareros que lo miraba con los ojos muy abiertos.

-Lo siento, señor-el chico sacó un pañuelo largo y frotó en el pantalón de Thomas, que se apartó al notar la mano del chico en sus partes nobles-Oh, yo… No pretendía-las orejas del chico se estaban oscureciendo por momentos-No soy gay ni nada de eso. Soy musulmán. No aceptamos esas cosas.

-La gente tiene libertad de decidir a quién querer-le dijo Thomas quitándole el trapo de las manos y secándose él mismo-¿Tienes un secador?

-Yo valoro mucho esa libertad, mi mejor amigo es homosexual, de hecho-el camarero se irguió en su traje blanco-Es más famoso que usted-declaró con orgullo.

-Ni siquiera sabes quién soy-replicó Thomas-¿Un secador, por favor?


El camarero hindú se fumaba un porro con calma en el callejón donde se encontraban los contenedores del hotel. La basura cara era tan maloliente como la otra, cosa que Thomas ya había comprobado con anterioridad. El atleta se encontraba sin pantalones, con la parte de arriba del esmoquin, unos calzoncillos rojos, los calcetines y los zapatos; apoyado en la pared junto al otro chico.

-Tienes piernas de atleta-comentó el camarero sonriendo, ligeramente colocado y con la mirada algo perdida.

-¿Estás seguro de que el homosexual es tu amigo? Ya es la quinta vez que me lo dices desde que estamos aquí-Thomas miró su móvil, dudando sobre si debía llamar a alguien para que le trajera unos nuevos pantalones, puesto que los suyos estaban secándose en el horno.

-Se llama Maxxie, es un bailarín gay muy importante-comentó el chico con orgullo.

-¿Por qué recalcas tanto su sexualidad?-Thomas bajó hasta la letra “K” al ver cómo el reloj llegaba a las 0:00.

-Soy un musulmán abierto de mente. También fumo, bebo, follo… Follo todo lo que puedo-el chico se rió de nuevo, claramente ido.

-¿Cómo has dicho que te llamabas?-le preguntó Thomas, con el dedo sobre el botón de llamar.

-Anwar-respondió él, con cara de felicidad.

-Bien, Anwar, ¿puedes entrar a vigilar mis pantalones? Es San Valentín y me gustaría llamar por teléfono a mi novia-Thomas le sonrió levemente.

-Oh, claro. Yo llamaré a Maxxie, aunque en Nueva York aún no es San Valentín-Anwar asintió para sí mismo mientras entraba a la cocina-Seré el primero.


Pandora miró el reloj digital que había sobre su mesilla de noche y luego el del móvil, en el que había puesto la hora europea. Hacía años que Thomas no la llamaba por San Valentín. Miró al techo y suspiró. Quizás debería llamarlo ella.


-¿Thomas?-preguntó una voz femenina al otro lado del teléfono, visiblemente sorprendida.

-Feliz Día de San Valentín-le dijo él, sin poder contener una amplia sonrisa.

Le daba igual escuchar su voz todos los días, cada vez que ella hablaba, y más cuando decía su nombre, la sonrisa se pintaba en su cara y la felicidad llenaba su corazón.

-Pero si faltan muchas horas para eso-dijo ella, con una sonrisa ladeada. Sujetaba el móvil con su pequeña mano y se miraba las uñas moradas de la otra mientras hablaba, comprobando que estuvieran perfectas.

-Estoy en Londres, amor-le explicó él-Podemos vernos en unas horas, cogeré un taxi hasta Bristol ahora mismo…-se miró las piernas desnudas-O en un rato-frunció el ceño.

-Estoy en Nueva York, Thomas-ella hizo una mueca-Había venido para darte una sorpresa, aprovechando que también tenía ciertos compromisos laborales.

Thomas se quedó sin palabras. Ambos habían cruzado un océano y se habían quedado en lados contrarios, tal y como les ocurría siempre.

-Llevamos meses sin vernos-dijo él, sin saber si era una queja o no.

-¿Cuándo estarás de vuelta?-preguntó ella, mordiéndose el labio, puesto que también estaba decepcionada por no poder encontrarse con él.

-El domingo-Thomas bajó la mirada hasta sus zapatos brillantes, la tristeza cubría su rostro.

-Podemos cenar juntos, si quieres…-la chica siguió con los dientes rozando su labio inferior mientras sacaba una agenda de su mesilla de noche y la hojeaba-Estaré en Las Vegas. ¿Puedes cambiar el vuelo y venir hasta aquí?

-Le había prometido a Pandora que cenaría con ella…

-Con ella puedes cenar cualquier otro día, Thomas-la forma de convencerlo era arrolladora, no era por el tono, era que sus deseos eran órdenes para él. Y el deseo de ella era estar con él.

-¿Y si le digo que venga?-propuso él, sin desviar la mirada de sus zapatos. Alargó la mano y quitó una mancha de polvo de la puntera de uno de ellos.

Al otro lado de la línea sólo se escuchó una respiración regular.

-¿Katie?-insistió Thomas-Perdona, no estuvo bien proponerte eso. Cenaré contigo y le diré a Pandora que puedo ir con ella cualquier otro día-su novia mantuvo el silencio-Katie, te quiero.

-Thomas, lo siento. Es ya bastante duro saber que vives con tu exnovia como para encima…-Katie miró al techo para contener las lágrimas-Estoy sensible hoy. Lo siento.

-Vivo con ella pero sólo es una relación profesional, Kat-Thomas caminó de forma nerviosa-Nada más.

-¡No creo que vayas a cenar con la señora Mellark o las chicas de la limpieza!-le gritó Katie, que se arrepintió al instante y suspiró al otro lado de la línea-¿Te sigue gustando Pandora?

-A mí sólo me gustas tú-el tono de Thomas parecía tan sincero que logró que ella se relajara.

-En Bristol, cuando la conociste, te gustó al momento. Me dijiste varias veces que la querías y no podías cambiar eso-Katie Fitch seguía mordisqueándose el labio en cada silencio que guardaba-Fue amor a primera vista.

-“Fue”, “fue” y lo importante es eso, que es pasado-Thomas seguía caminando de un lado a otro del callejón-Katie, no recuerdo que fue lo que pensé la primera vez que te vi. Quizás dudé si eras tú o Emily, pude pensar que eras preciosa, o puede que no pensara nada. No te quise la primera vez que te vi, pero te juro que te querré hasta la última vez que te vea.

Katie cerró los ojos y se secó las mejillas con el dorso de la mano. Thomas notó que los suyos también se habían humedecido y parpadeó varias veces.

-Te quiero-dijo ella finalmente, con simpleza. Sabía que no le decía nada nuevo, que era obvio, pero pronunció las palabras y él sonrió, y ella lo supo.

-Me muero de gan…-Thomas se interrumpió al escuchar gritos dentro de la cocina.

-¿Thomas?-preguntó Katie tras un tiempo de espera prudencial.

El chico empujó la puerta de la cocina y se encontró a Anwar con sus pantalones en llamas en las manos, corriendo hacia el fregadero mientras gritaba “¡fuego!”, haciendo que otros camareros entraran. Uno de los chicos, el más joven, cogió una olla y la vació encima de Anwar, apagando el fuego. Anwar se volvió hacia Thomas con una langosta decorando su cabeza y chorreando.

-Katie, tengo que dejarte, luego te llamo-Thomas colgó y se guardó el móvil en el bolsillo.

Frunció el ceño al ver al chico musulmán, pero finalmente soltó una carcajada al ver cómo Anwar retiraba con cuidado una de las pinzas de la langosta que rozaba su oreja, como si temiera que fuera a moverse después de hervida.

-Señor atleta, espero que tenga otros pantalones o tendrá que lucir piernas-Anwar sonrió también una vez que se deshizo del crustáceo.


-¿Qué tal esos blancos que llevas tú?-propuso Thomas sonriendo también.