13 de julio de 2013

Renegade. Epílogo.

'Un año después.'


Rachel se bajó de un salto del tren junto a un grupo de osados. Todos trabajaban en las vallas y regresaban a la sede. Se reían y se burlaban de un incidente que había tenido lugar esa misma mañana, cuando a uno de los veteranos se le había roto el pantalón.

-Es un gusto lo de poder volver antes de la hora de comer-comentó Nichole, que caminaba junto a Rachel.

Nichole, que se había iniciado con ella el año anterior, era una chica con el pelo negro como el petróleo y los labios rojos como la sangre, que la dotaban de un atractivo convencional.

-Yo a vosotras sí que os comía-comentó un chico moreno mordiéndose el labio levemente cuando pasaron junto a él al entrar. Nichole fue más rápida que Rachel y le dio un golpetazo en el hombro. Noah soltó una carcajada mientras se frotaba el lugar del golpe-Con vosotras vigilando siempre me siento seguro.

Rachel sacudió la cabeza y le dio también un manotazo a su amigo. Mientras que ella se había visto destinada en las vallas, para su alegría, pues no quedaba otro puesto cuando le tocó elegir; él se encargaba de la seguridad de la sede. Noah le pasó el brazo por los hombros y Rachel rodeó su cintura con familiaridad, se había acostumbrado a ir abrazada a él y ahora era un gesto que ambos hacían con naturalidad.

-Estáis otra vez en modo parejita-comentó Nichole riéndose.

-¿Envidia? Tengo otro brazo para ti si quieres-le dijo Noah abriendo su brazo para que la chica se abrazara.
 
Su proposición fue rechazada como siempre. Rachel había asistido a los múltiples intentos de Noah por seducir a la morena, y sentía lástima por él. Mientras que el chico le había hablado de un sentimiento hacia Nichole; ella se lo tomaba todo a broma. Y la erudita no sabía qué hacer para mediar entre ellos.


Mientras descendían, cada vez había mayor concentración de osados. Algunos del grupo se fueron quedando con conocidos que les ofrecían alcohol. Noah y Rachel perdieron a Nichole por el camino y, al llegar abajo, se alejaron un poco de la multitud.

-Tú que eres más alto, ¿has visto a Jake?-le preguntó Rachel a Noah, mientras ella misma se estiraba levemente.

-Es difícil distinguir a alguien entre toda esa gente, pero creo que no lo veo-comentó Noah, poniéndose de puntillas aunque eso no era necesario debido a su gran altura.

-Iré hasta su habitación entonces-Rachel se apartó de él con una leve sonrisa.

-Yo voy a ver si consigo algo de comer, no quiero beber con el estómago vacío-Noah se puso una mano sobre el estómago mientras sonreía-Nos vemos en el comedor.

Rachel asintió y se encaminó rumbo a la habitación de Jake Carstairs, donde había estado viviendo desde unas semanas después de convertirse oficialmente en miembro de la Facción de Osadía. Al principio se había ido con Arya a un cuarto para ambas, pero finalmente había aceptado la propuesta de Jake. Arya se había convertido en la embajadora de Osadía en Cordialidad, debido a que era la única trasladada que había de esa Facción, y también a que había podido elegir entre muchas opciones debido a su posición tras la Iniciación. Probablemente fuera la osada que menos tenía que ver con los cordiales, pero todo el mundo estaba satisfecho con ello. Rachel no tardó en llegar a la puerta de la habitación, la entreabrió sin hacer ruido y se asomó, encontrando a Jake dormitando sobre la cama. La chica entró en la habitación ignorándolo y se acercó a la cuna que había a un lado de la habitación. Nada más acercar su cara se encontró con los ojos azules más dulces que podían existir.

-Hola, mi amor-susurró mientras acariciaba con el índice la mejilla del bebé.

Rachel sonrió. El ruido de su cabeza se apagó, como siempre ocurría cuando estaba cerca del habitante de la cuna. Se inclinó y sacó al pequeño bebé, que hizo un gesto similar a una sonrisa mientras apoyaba la mejilla en su pecho.

-¿Vamos a comer, cariño?-le preguntó caminando hacia la cama.

Se subió la camiseta y se quitó el sujetador con habilidad, puesto que ya llevaba haciéndolo tres meses, y le dio el pecho con cuidado, sin dejar de observar la belleza de la piel sonrosada de su hijo.

Cuando se había enterado de que estaba embarazada lo primero que había sentido era un miedo terrible a sufrir el mismo rechazo que había sentido su madre. Luego el miedo a criarlo sola. Y después, después se había sentido feliz, asustada, esperanzada, todo a la vez. Desde que había nacido, todo era felicidad. O incluso antes, puesto que nadie la había rechazado, todos se habían mostrado dispuestos a ayudarla, incluso la madre de Jake, que era la que le había enseñado cómo llevar mejor el embarazo y a cuidar al bebé. Noah se había entusiasmado y se había convertido en su guardián, lo que había provocado que ahora siguieran caminando abrazados. Arya había escuchado sus miedos con paciencia y la había animado en los momentos oportunos. Y Jake… Él se había ofrecido a ser el padre.

Rachel sintió movimiento a su espalda pero siguió concentrada en lo que estaba haciendo. Jake se incorporó y se sentó a su lado. Ella lo miró y le sonrió, y él le devolvió la sonrisa.

-Has vuelto pronto, hoy-comentó Jake, con los ojos oscuros centrados en el bebé.

-Hay que darle la bienvenida a los nuevos-le recordó Rachel, suponiendo que a él se le había olvidado que ese día era en el que llegarían los nuevos iniciados a la facción.

-¿Hoy? ¿Ya llevas un año con nosotros?-preguntó Jake, levantando los ojos hacia ella y esbozando una sonrisa-Tenemos que celebrarlo.

-También hubo gente que entró aquí hace un año y ahora no puede celebrar nada-Rachel se mordió el labio y siguió mirando a su hijo.

El moreno se quedó en silencio y le dio un beso en el pelo, sin hacer ningún comentario. La puerta se abrió y ambos miraron para ver quién llegaba. Las visitas no los sorprendían, puesto que eran muy frecuentes. Una chica delgada, con el pelo fucsia y los labios morado intenso se acercó con una sonrisa que permitía ver todos sus dientes grandes y blancos.

-¿Cómo está el hombre más guapo de este agujero?-preguntó mirando al bebé con sus ojos verdes.

Él pareció notarlo porque se desprendió del pecho de su madre y tanteó con las pequeñas manos alrededor. La chica llevó un dedo a una de las manos del bebé, que se lo agarró con fuerza.

-¿Has echado de menos a la tita Arya?-preguntó ella mientras sacaba algo de su espalda, envuelto en papel de regalo-Te he traído una cosa de Cordialidad-siguió hablando con el bebé, que seguía firmemente sujeto a su dedo.

-¿Acabas de llegar?-le preguntó Jake.

-Ahora mismo, está todo a rebosar, ¿es así todos los años?-Arya lo miró de reojo, dejando el regalo sobre la cama y estirando los brazos para coger al hijo de Benjamin.

-¿No te acuerdas del año pasado?-Jake alzó ambas cejas cuando ella negó con la cabeza, entonces el chico miró a Rachel interrogante.

-Creo que todos teníamos otras cosas en la cabeza, yo acababa de ver…-Rachel frunció el ceño al recordarlo-Algo horrible por culpa del suero. Y… No creo que ninguno de los trasladados nos acordemos de eso.

-Pues sí, siempre hay mucha gente, todo el mundo menos los que tienen que trabajar-explicó Jake, colocando una mano en el muslo de Rachel y apretando con suavidad, tratando de animarla-Este año han cambiado la entrada, no habrá suero, será un salto normal-les explicó-Todos los años variamos un poco la Iniciación, la verdad. Intentamos que se perfeccione.

Las chicas asintieron, aunque Rachel discrepaba. Ella estaba convencida de que el objetivo de las iniciaciones era convertir a los jóvenes, de mentes maleables, en los estereotipos de cada Facción. En lugar de compartir sus pensamientos con ellos, cogió el regalo que Arya había dejado sobre la cama y la miró interrogante, ella le indicó con un gesto que la abriera y Rachel comenzó a rasgar el papel dorado. Dentro había una manta muy suave.

-Tiene bordado su nombre. La ha hecho mi abuela-informó Arya, dejando de ponerle caras al niño durante unos segundos-Yo tenía una igual de pequeña.

Rachel estiró la manta, de color amarillo huevo, y descubrió el bordado de color azul en la parte superior. “Sam”. Había decidido que su hija se iba a llamar como su mejor amiga, pero entonces había nacido varón. Como todo el mundo se había referido al bebé como Sam durante el embarazo, había decidido mantener el nombre y a su amiga.

-Es genial, Arya, gracias-asintió, llevándosela a la mejilla para deleitarse con su suavidad.

-No es nada. Tenemos que irnos ya. Zeke me dijo que estaban a punto de llegar-les dijo Arya mientras fruncía la nariz al recibir un manotazo del bebé.

Jake se puso en pie y tendió lo brazos hacia Arya, ella le cedió a Sam con una sonrisa. Le gustaba que Jake hiciera de padre pese a que Rachel lo hubiera rechazado como pareja. Rachel dobló la manta y la dejó sobre la cama antes de dirigirse a la puerta detrás de ellos.

La multitud era más ruidosa conforme se acercaban, pero Sam nunca se había irritado por el ruido, cosa que su madre agradecía. Miró a su hijo en brazos de Jake y sonrió mientras avanzaba, eran una familia extraña, pero nadie los juzgaba.  Arya le dio un toque en el hombro y se despidió para ir a encontrarse con los otros embajadores. Rachel asintió y siguió a Jake. Se metieron por varios pasillos, algunos de los cuales nunca había pisado. Al llegar al final de uno de ellos, descubrió que se encontraban varios metros por encima de la multitud, en un sitio más tranquilo. Asintió con una sonrisa cuando Jake la miró, y ambos se acercaron al borde para ver mejor. Ella pasó un brazo por la cintura de él y con la otra acarició el brazo de Sam.

En ese momento hubo un movimiento brusco y Cuatro salió a la vista de todos, llevando junto a él a una chica bajita. Rachel la observó con curiosidad, su ropa indicaba que procedía de Abnegación.


-¡Primera saltadora, Tris!-anunció. Rachel aplaudió como el resto y Jake sonrió, sin poder hacerlo al tener a Sam en brazos.

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Y así se acaba 'Renegade', cuando Tris empieza a dar la lata en Osadía. 

Quiero aprovechar esto para agradeceros a todas (creo que nos hemos mantenido sin público masculino durante estos casi siete meses) vuestra presencia. Cada comentario, cada tuit, o simplemente el hecho de pasaros por el blog y leerlo ha hecho que esta historia cobrara sentido. Si no fuera por vosotras, esto nunca habría existido del todo, tenedlo claro.

Sin Alba, que me obligó a empezarlo y a seguirlo; sin Clara, que me enseñó que se podían hacer fics muy buenos; sin Chispis, cuyos comentarios siempre me sacaban una sonrisa; sin Ari, autora del primer fic que leí y única fan de Benjamin; sin Batman, que seguro prefería que el protagonista fuera Alex Mercer; sin Shenia, que tiene el superpoder de ser la última que empezó a leer y la primera en leer los últimos capítulos; sin Ale, que es de letras y se lo lee sólo porque lo escribo yo; y sin los lectores anónimos, que tienen que existir.

Pero que este sea el final de Renegade, no significa que sea el fin del blog; y tampoco es el final de la historia de Rachel. Puede que haya una segunda parte después de que lea Allegiant, hay material suficiente para escribirla y puede que me atreva, ya veremos. Por el momento, estoy esperando la inspiración para escribir algo que pueda subir aquí.

Espero que la elección de abrir Renegade os haya cambiado un poco, como todas las que recordamos en la vida.

Mucho amor desde la maceta,
Un tulipán.

8 de julio de 2013

Renegade. Último capítulo.

'Divergente'

"Una sola elección puede transformarte."



En cuanto entró en su cuarto todo lo que le había ocurrido en los últimos días se convirtió en un ruido sordo en su cabeza, que la atontaba y le impedía pensar, pero era sólo ruido. No eran cosas concretas que podrían destrozarla. Un mecanismo de autodefensa.

-Lo siento, Rachel-los enormes brazos de Noah la rodearon nada más internarse unos pasos en la sala, y Rachel abrazó al gigante, agradeciendo el gesto.

El abrazo de Noah era reconfortante, hacía menos importante el ruido de su cabeza, el ruido de sus problemas. Otro brazo más delgado le pasó por la espalda y Rachel se dio cuenta de que Arya se había unido al abrazo. Sólo quedaban ellos tres del grupo de los trasladados, y ella iba a fallar la Iniciación. Esperaba que, por lo menos, ellos obtuvieran buenos resultados. Permanecieron unidos durante un rato, sin contar los segundos, que se escapaban a su alrededor, los mismos segundos que iban a tener que ahorrar mientras hacían la prueba. El que menos tardara conseguiría el mejor puesto, el más lento perdería.

Todo iba a ser cuestión de tiempo; las lágrimas, los golpes, la fuerza, la velocidad… Todo aquello que habían vivido no iba a servir de nada si no lograban ser más veloces que todos los demás. “No tiene sentido” masculló la parte más erudita de Rachel en un lugar de su cabeza. “Es arriesgado” insistió. “Los daños psicológicos no se ven pero son peores que los que te puedas hacer en una caída, no sabes lo que puede aparecer en la simulación” la voz iba sonando en un tono más y más bajo. “¿Podrás seguir siendo tú después de esto?” fue la última protesta de la Rachel erudita antes de desaparecer de su cabeza. Rachel sintió como si, de repente, hubiera perdido algo muy importante. Pero no tuvo tiempo de preocuparse por eso, porque Cuatro dio un par de golpes en el marco del cuarto para llamar su atención. Los ojos del instructor se clavaron en Rachel, arropada por Noah y Arya.

-Es la hora-dijo simplemente, y se dio la vuelta.

-¿Ni siquiera nos va a dar ánimos?-protestó Noah, manteniendo un brazo sobre los hombros de Rachel de forma protectora-Tenía esperanzas de que el último día intentara sonreír o algo.

-La esperanza es lo último que se pierde-comentó Arya, intentando sonar burlona. Se mantuvo al otro lado de Rachel, pero deshaciendo el abrazo completamente-Y menos mal, porque sin esperanza ninguno hubiéramos llegado hasta aquí.

-Yo no tengo esperanza de nada. Lo único que espero es que me atropelle el tren cuando me echen de aquí-dijo Rachel en tono monótono, empujada por el ruido de su cabeza.

-No seas tonta, eso es para los cobardes. ¿Qué mérito tiene morir? Lo que hacen los valientes es vivir. Tienen claro que les van a pasar cosas malas y pese a eso quieren seguir vivos-le dijo Noah, haciendo una frase parecida a la que ella había pronunciado tiempo atrás.

-Yo no soy valiente, Noah-Rachel sacudió la cabeza levemente y el chico no hizo preguntas. Arya cogió su mano, mordiéndose levemente el labio pero sin hacer comentarios.

Caminaron en silencio, unidos como si fueran amigos, cosa de la que Rachel no estaba segura. ¿Qué la unía a Noah? Apenas unos momentos juntos. ¿Y a Arya? Poco más, incluyendo hechos más desagradables. Y, sin embargo, en ese momento eran todo lo que tenía.

-¿Sabes qué? Yo creo que eres valiente, Rachel-le dijo Arya un poco después-Por la forma en la que miras, cómo te enfrentas a los retos, como superas las pérdidas, tu forma de ayudarme…

-De ayudarnos-la interrumpió Noah.

-Me estáis haciendo sentir una abnegada, y eso es un insulto-masculló Rachel, haciéndose la remolona pero agradeciendo las palabras de sus acompañantes.

Ese paseo le recordó al Día de las Visitas, cuando los cinco habían caminado juntos, o al menos en el mismo grupo. Benjamin había encabezado a los chicos sin mirar atrás ni abrir la boca. Arya había ido junto a la pared, sumida en un completo mutismo. Noah y Rachel iban juntos tras Benjamin, hombro con hombro, intentando apoyarse mutuamente. Chris había cerrado el grupo, murmurando palabras que sonaban a una explicación de su traslado. Y ahora eran tres. En un determinado cruce se encontraron con los otros iniciados, los que habían nacido en la Facción. No eran un grupo muy numeroso pero, aun así, sumaban más de diez en total. Y sólo diez podían entrar en Osadía. A Rachel no le parecía algo muy lógico; por lo que había visto, los osados sólo permanecían en la Facción hasta los cuarenta o cincuenta años; lo que quería decir que, como mucho, había unos 500 osados, mientras que en otras facciones sobrepasaban el millar.

Llegaron a las salas de las simulaciones pero pasaron de largo, rumbo al Paisaje del Miedo. Sólo habían estado ahí un par de veces, los entrenamientos solían tener lugar en las otras salas. Rachel tenía claro que prefería ser consciente de que lo que ocurría no era real. Cuatro los esperaba un poco antes, apoyado en una pared, les hizo una seña para que se acercaran y los tres lo hicieron.

-Durante la Iniciación se ha intentado que dominéis tanto vuestras emociones como vuestro cuerpo, y en esta última prueba debéis combinar las habilidades físicas de la primera etapa con el dominio mental de la segunda-explicó bajo los fluorescentes del techo. Rachel intentó buscar a Eric, pero el otro grupo de iniciados no estaba a la vista-Ahora tenéis que pasar lo más deprisa posible por vuestro Paisaje del miedo delante de un tribunal con los líderes de Osadía-“Eric estará ahí, me va a juzgar un asesino” pensó Rachel-Esta prueba determinará la clasificación de la tercera etapa.

Rachel frunció el ceño, ni siquiera recordaba haber visto la clasificación de la etapa anterior. ¿Habría sido la peor con las simulaciones?

-Como ya sabéis, hay dos formas de superar cada obstáculo: calmaros lo suficiente o enfrentaros a vuestro miedo, lo que hará que la simulación siga adelante-los chicos asintieron-Las veces que os hemos dejado practicar, sólo os enfrentabais a dos miedos almacenados de un miembro de la Facción, ahora tendréis que hacer frente a todos los que tengáis. La media es de unos diez o quince.

Le parecía un número excesivo y se refugió más en Noah, que mantuvo su abrazo. Quería tener miedo, preocuparse, pero lo cierto era que… No lo sentía. Le daba igual lo que ocurriera ahí dentro, no le importaba ser la última o la primera, sólo quería moverse, hacer cosas. Estar quieta escuchando a Cuatro lo único que hacía era que el ruido de su cabeza cobrara forma y se transformara en voces que no quería recordar en ese momento. “Pero esto no está en tu mano”-le había recriminado Benjamin-“No voy a dejar que te mueras.” Rachel cerró los ojos con fuerza, intentando que la voz del rubio volviera a mezclarse con las otras.

-Vamos-dijo escuetamente y señaló hacia una puerta.

Al entrar en la sala, lo primero que vieron fue a varias personas con cables en la cabeza. “Eric.” Su rostro está totalmente inexpresivo, por lo que Rachel dedujo que estaba observando una simulación. “Podría matar a Eric”. La afirmación hace que ella misma se sorprenda. Tras tragar saliva, sus ojos recorrieron el resto de la sala: los otros iniciados ocupaban un par de filas de sillas, pero quedaban varias vacías en la parte de atrás. Los tres trasladados caminaron hacia ellas y se sentaron. Un cuarto de hora después, Cuatro se puso en pie y los miró:

-Trasladados, pasaréis por la última prueba en orden, según vuestro puesto en la clasificación: Rachel, serás la primera; después irá Noah y la primera en la clasificación cerrará la prueba-les explicó con tono serio.

Rachel se levantó y se dirigió a Cuatro, que la llevó a que Eric le clavara la aguja con el suero en el cuello. Apretó los dientes para no quejarse, puesto que sabía que él le había hecho daño a propósito.

-Buena suerte, Everdeen-la sonrisa estiró sus labios formando una mueca burlona en la cara del chico que, acto seguido, la empuja hacia el cuarto.


Once miedos. Los ojos color miel de Rachel recorrieron su alrededor esperando encontrarse con el miedo número doce, pero la habitación que la rodeaba era diferente. Era el cuarto en el que había entrado empujada por Eric. Una pequeña sonrisa de alivio se dibujó en sus labios, aunque desapareció en cuanto las voces regresaron a su cabeza. Se preguntó si alguna vez dejaría de escuchar eso, si alguna vez podría volver a pensar como lo hacía antes. No importaba. Cuatro entró para sacarla de la habitación de hormigón y la guió hasta su silla en silencio.

-Lo has hecho bien-le susurró Arya, pasándole un brazo por el hombro tal y como había hecho Noah anteriormente. Noah, que en ese instante se estaba enfrentando a sus miedos.


Dos horas después, los tres trasladados estaban en un banquete lleno de osados borrachos riéndose a carcajadas. Su silencio y sus miradas preocupadas creaban una burbuja a la que nadie se había acercado durante la comida. Ni siquiera Jake.

-Todo el mundo ha estado entre los diez y los quince minutos, salvo uno de los chicos que estuvo casi media hora-dijo Noah, intentando hablar sobre cualquier cosa que lo relajara-Creo que tenemos posibilidades.

Las chicas asintieron sin decir nada. Arya estaba sentada sobre una mesa comiendo un trozo de pan. Rachel estaba junto a ella con los brazos cruzados a la altura del pecho, tensa. Tres jóvenes vestidos de negro y con algún tatuaje se acercaron a ellas, hablaban en susurros entre ellos y una de las chicas se reía de vez en cuando. Noah los miró con curiosidad cuando se pararon frente a ellos.

-Hola… Eh… Yo…-empezó el chico, que frunció el ceño al notar que se trababa al hablar-Arya. Quería regalarte esta magdalena-le tendió una magdalena con un corazón rojo dibujado encima.

La chica con pelo soltó una carcajada y la otra, con la cabeza rapada, sacudió la cabeza visiblemente divertida. El chico mantuvo la magdalena tendida hacia Arya.

-Vamos, cógela, es por una…-empezó el joven, pero una de las chicas le dio un puntapié en el trasero, silenciándolo-Cógela.

Tanto Noah como Rachel miraron a Arya, que se limitaba a seguir pellizcando trozos de pan para llevárselos a la boca, ignorando al chico.

-Sabía que no lo iba a conseguir-la chica de pelo moreno dio un saltito, parecía sobreexcitada, como si se hubiera tomado demasiado café.

-¿Cuántos años tenéis?-les preguntó Noah.

-15-respondió la chica con la cabeza rapada, alzando una ceja con un piercing de forma retadora-¿No aceptáis magdalenas de personas menores que vosotros?

Noah miró a sus compañeras, sin saber qué decir. Durante su estancia en la Facción ninguno se había relacionado con gente que no estuviera implicada en la Iniciación, exceptuando a Rachel. Por lo que todos parecían sorprendidos de que tres chicos decidieran acercarse a ellos en ese momento. Antes de que hicieran nada, un osado se acercó y cogió por la oreja al chico.

-¿Estás molestándoles?-le acusó mientras el otro se sujetaba a su brazo, tratando de liberar su cartílago-Uriah, están nerviosos, no es la hora de hacer tus apuestillas.

El chico protestó, pero el otro le soltó la oreja y le dio un empujón para sacarlo de allí. Las dos chicas lo siguieron y se lanzaron sobre él. Rachel los observaba con curiosidad.

-Perdonad a mi hermano-les dijo el otro chico-Soy Zeke, pero ya nos conoceremos mejor cuando estéis más relajados. La clasificación saldrá en unos minutos-les sonrió y se fue, mezclándose entre la gente.

Rachel lo siguió con la mirada unos segundos. Quinientas personas. Sólo quinientas y le quedaban tantas caras por conocer. Aunque la de Zeke le era familiar, lo había visto comer con Cuatro y con Jake en alguna ocasión.

Un micrófono chirrió en alguna parte y el ruido de la sala fue disminuyendo, aunque no el que Rachel llevaba incorporado en la cabeza. Se colocó una mano en la cabeza, presionando para intentar aminorarlo sin éxito.

-Este año el grupo de iniciados es pequeño, y el de nuevos miembros es un poco más pequeño-era la voz de Eric, por lo que Rachel prefirió no buscar el origen del sonido con la mirada-Me gustaría darles la enhorabuena a los diez elegidos-empezaron a sonar golpes por doquier, lo que hizo que Rachel alzara la mirada para encontrarse con que los osados estaban golpeando con sus manos en las mesas. La chica joven de pelo moreno de antes estaba saltando encima de una silla entre risas, a poca distancia de ella, mientras que Uriah, el muchacho, golpeaba sus puños contra el tablero al igual que el resto de la Facción.

-Creemos en la valentía. Creemos en la acción. Creemos en liberarnos del miedo y en adquirir las habilidades necesarias para eliminar el mal en nuestro mundo, de modo que el bien pueda prosperar y florecer-era otro hombre el que pronunció esas palabras, pero Rachel no lo identificó-Si vosotros también creéis en esas cosas, os damos la bienvenida.

Los puñetazos aumentan, acompañados de varios gritos. Rachel seguía con la mirada clavada en el trío de jóvenes que el año que viene iban a estar en la misma situación que ella. No parecían preocupados, sólo se molestaban por hacer el mayor ruido posible.

-Mañana, en su primer acto como miembros, nuestros diez mejores iniciados elegirán su profesión en el orden en que hayan quedado clasificados-Eric retomó la palabra-No voy a haceros esperar más, detrás de mí podéis ver la clasificación.

2-Arya.
7-Noah.
8-Rachel.

Los otros no le importaban, apenas los conocía. Sin pensarlo, Rachel se encontró dando golpes en la mesa, para luego ser abrazada por Arya, por Noah, por desconocidos. Le ofrecieron bebida y la aceptó. Estaba dentro. Hacía mucho que no deseaba ser osada pero, en ese momento, mientras Noah la alzaba en los aires mientras ella sostenía una botella de cerveza, cayó en la cuenta de que no podía ser otra cosa. Todos los pasos que había dado desde que había dejado caer su sangre en el fuego la habían cambiado, la habían cambiado irremediablemente. No era sólo ese dolor en la cabeza que probablemente no desaparecería jamás, no se trataba simplemente de esa sensación de inmunidad que había alcanzado tras todas esas pérdidas, ni tampoco era cuestión de su cuerpo fuerte y rápido… Era todo. Era ella. Ella era una osada. Era una osada porque había decidido serlo. Se tiró la cerveza por encima mientras Noah la bajaba. Miró la cara del enorme Noah, no parecía más peligroso que un niño con una pistola de agua, tenía unos enormes músculos y sabía usarlos, pero su sonrisa declaraba que su dueño siempre estaba en son de paz.

Rachel retrocedió unos pasos para salir del bullicio y acabó por salir del comedor. Se encontró con Arya, que estaba apoyada en la pared de fuera.

-Lo hemos conseguido-le dijo la chica sin mirarla.

Arya. Con sus ojos rasgados que delataban peligro, sus diferentes muestras de agresividad, su locura… Se quitó un mechón de pelo rosa de la frente y la miró esbozando una mueca que pretendía ser una sonrisa.

-¿Te largaste de Cordialidad porque no eras capaz de sonreír en condiciones?-le preguntó Rachel, notando el calor del alcohol recorrer su cuerpo.

-No, me fui porque quería ser peluquera-respondió ella con la sonrisa más ancha, más real.

Rachel se llevó una mano al pelo, que ya había crecido bastante desde el incidente que había tenido con la otra chica. Se rio mientras lo hacía. Y se sintió culpable por reírse.

-Puedes sentirte bien-le señaló Arya, que se había dado cuenta del gesto de Rachel-Ya has llorado, ya has estado en silencio… Parecer un fantasma en pena no va a hacer que extrañes menos al rubio.

La morena asintió y trató de componer de nuevo una sonrisa. Benjamin. Claro, nadie sabía lo de Sam. Eric había cumplido su palabra y se había deshecho del cadáver sin que nadie se enterara. Sintió la rabia extenderse desde su pecho al pensar en él.

-¿Rachel?-Arya ladeó la cabeza sin dejar de mirarla-¿Estás bien? ¿Quieres ir a la enfermería?

-Prefiero un psicólogo, pero no me van a dar la opción-Rachel se encogió de hombros-Además ya he estado bastante en la enfermería para el resto de mi vida.

-Pensaba que ibas a plantearte coger enfermería como profesión-comentó Arya.

-No-negó Rachel sin planteárselo. En realidad, no había dedicado ni un minuto a pensar en lo que haría en el futuro-Con mi posición me tocará trabajar fuera de la sede. Y no hay nada que me apetezca más…

-Iría contigo pero, ya sabes, peluquería-bromeó Arya sonriendo.

Y entre bromas caminaron por la sede vacía de Osadía. Su casa.

Nunca había pensado que su casa sería en un sitio como ese, subterráneo, sin libros. Echaba de menos los libros. Recordó la habitación de Eric, con aquellas obras llenas de conocimientos en cajas. Pero no podía refugiarse allí. Su casa no era precisamente su refugio, y no lo sería mientras Eric estuviera allí, impune.

Cuando se quedó sola, entró a la sala de entrenamiento y cogió una de las pistolas con intención de disparar un par veces, pero estaban descargadas. La miró unos segundos y empezó a desmontarla, movida por la curiosidad de descubrir su mecanismo.

Se había equivocado. No era una osada. Tampoco quería serlo. Era una erudita atrapada para siempre en un lugar en el que no habría más que tristeza y un ruido en su cabeza. Una lágrima se deslizó por su mejilla y se la quitó con el dorso de la mano.


Su elección la había transformado, pero no había borrado lo que siempre había sido.



THE END

1 de julio de 2013

Renegade. Capítulo 25.

'I always was.'


The snakes, they are slithering in
Chasing me to my end
I can't say where that is
I'm running again
Oh, when I get there
It won't be far enough
I'm a renegade
It's in my blood

– Paramore.


La bala había entrado en la cabeza de Sam por la zona del prefrontal derecho, introduciéndose en su cerebro y saliendo por la zona trasera, salpicando el suelo y a Rachel de sangre, hueso y masa cerebral. Los brazos de Rachel temblaron unos segundos pero logró retener el peso de Sam. Miró a Eric unos segundos y después a Sam de nuevo. El agujero quedaba grotesco en su pálido rostro y sus ojos azules miraban al infinito sin vida. Rachel gimió. Sentía un dolor en el pecho, como si le estuvieran arrancando el corazón con unas tijeras oxidadas, destrozándolo todo alrededor. Y quería que desapareciera. Quería dejar de sentir ese dolor tan intenso. Quería pensar. No podía pensar. Se inclinó para dejar el cuerpo de su amiga en el suelo y se llevó ambas manos a la cabeza, presionándosela, intentando hacer desaparecer a todos los muertos que la asaltaban desde sus recuerdos. Sólo había muerte.

-La única forma de que vuelvas a ser la que eras, de que vuelvas a venir a mi habitación a relajarte, de que actúes con lógica… Es esta. Que veas a dónde te lleva lo que sientes, lo que duele. No merece la pena-Eric habló con tranquilidad mientras se guardaba la pistola en la parte de atrás del pantalón-Tienes que darte cuenta de que no tiene sentido.

Rachel permanecía con los ojos fijos en la cara de Samantha. Un par de lágrimas cayeron sobre la mejilla de Sam y ella las retiró con el pulgar, acariciando su piel. Después acercó la mano temblando a sus ojos, para cerrarle los párpados. Contuvo un sollozo. La sangre trazaba líneas torcidas sobre la cara de su mejor amiga, intentó limpiarla con la camiseta, pero sólo consiguió emborronar su rostro con sangre.

-Yo me encargaré del cadáver-Eric dio un par de pasos hacia ella-Tenemos tiempo para deshacernos de ella mientras todos están pendientes de Benjamin.

-Eres un hijo de puta-masculló Rachel sin mirarlo.

-¿Qué?-preguntó Eric, deteniéndose para mirarla con el ceño fruncido.

-¡Eres un maldito hijo de puta!-le gritó y se levantó para lanzarse sobre él, con los puños por delante.

Logró darle un par de golpes y luego se retorció mientras él intentaba detenerla. Nunca jamás había usado ese insulto para referirse a nadie, pero la ira la consumía. La había engañado, había jugado con ella para luego dispararle en la cabeza a Sam. Eric había intentado que mataran a Arya, había matado a Thomas y a Amar. Eric era todo lo malo que se le podía ocurrir. Le clavó las uñas en la mejilla en un descuido de él y recibió una bofetada fuerte como pago por su atrevimiento. El chico se puso en pie y la miró desde arriba.

-Ni se te ocurra volver a ponerme una mano encima-se llevó una mano a la mejilla, que sangraba bastante, lo que le resultó satisfactorio a una confusa Rachel-Porque todo el mundo que tú tocas acaba muerto.

Rachel gimió. Estaba con la espalda apoyada en la pared, encogida sobre sí misma. Sabía que Eric había dicho eso sólo para herirla. Lo sabía. Pero aun así… Aun así no pudo evitar el dolor que la recorrió. Su cabeza estaba anestesiada, pero su cuerpo sufría cada golpe tanto psíquico como físico.

Eric esbozó una sonrisa de satisfacción al ver que había conseguido herirla y se miró la sangre de la mano con la que había tapado la herida. Se la limpió en el pantalón y se dirigió al cadáver de Sam, al que cogió sin mucha delicadeza.

-Déjala-gimió Rachel, incorporándose con la ayuda de la pared-No… No tienes derecho a hacer esto. Eres un…

-¿Asesino? La hubieran ejecutado de todas formas-Eric la miró con sus ojos casi negros-Y soy el responsable de la nueva regla de no admisión, por lo que tengo todo el derecho del mundo.

-¿A dónde la vas a llevar?-le preguntó Rachel separándose de la pared y encogiéndose ligeramente, preparada para lanzarse contra él de nuevo.

-A un vertedero-respondió Eric sin expresar nada en su voz-Es el mejor sitio, una vez analizadas todas las posibilidades.

Rachel se lanzó contra él, pero la bota de Eric impactó en su hombro, haciéndola caer hacia atrás con un ruido sordo y un grito de dolor. Eric la dejó tirada y desapareció con Sam. Rachel se arrastró hacia él, haciendo caso omiso del dolor que eso le causaba en el brazo. Apenas había recorrido un par de metros cuando se desmayó.


Había escuchado a alguien gritar su nombre, pero sus ojos no se habían abierto y su mente tampoco, por lo que se había quedado en una anécdota. Una anécdota que quería olvidar. Quería olvidarlo todo. Volvió a escuchar la misma voz y sintió una extraña calidez en el pecho, frunció el ceño molesta, sin abrir los ojos. La voz repitió su nombre y ella tuvo que abrir los ojos, porque algo en esa urgencia con la que le llamaban le hacía imposible no responder. Lo primero de lo que se dio cuenta fue de que ya no estaba en el pasillo en el que… No estaba en el pasillo. Se encontraba en una cama que no le era desconocida y Jake estaba sentado a su lado.

-Lo siento, Rachel-le dijo él, mirándola como si quisiera reparar todo lo que le había ocurrido. La miró con esos ojos de color chocolate que podían conseguir que ella lo olvidara todo.

Rachel asintió y notó las lágrimas inundando sus ojos. Miró al techo para intentar no llorar. Había perdido, no sabía cuándo había empezado el juego pero estaba claro que ella era la derrotada, el destino la había destrozado.

-¿Puedo hacer algo para que te sientas mejor?-le preguntó Jake, sin hacer ningún gesto hacia ella, simplemente observándola con compasión.

Ella por fin pudo contener el llanto y bajó la mirada hacia él. No tenía buena cara, aparte de algún corte, también parecía muy cansado y mucho mayor.

-Volviste de Erudición y querías hablar conmigo. Sólo conmigo-“no con Benjamin, que ya nunca jamás volverá a hablar ni a escuchar nada”-¿Era importante?

No sabía por qué preguntaba eso. Quizás porque era algo frío, información, Christie; cosas que no tenían que ver con ella, cosas que no servirían para machacar más la ruina que era emocionalmente.

-¿Quieres hablar de eso ahora? No es agradable, Rachel-Jake hizo un gesto de fastidio, pero lo hizo de la misma forma que lo podía haber hecho su madre. Viejo. Jake era viejo.

-¿Hay algo agradable en mi vida, Jake?-le preguntó ella, tan rota por dentro que no se le notó en la voz, los sonidos eran incapaces de transmitirlo.

Jake se acercó a ella en la cama, colocando una mano en la mejilla y acercándose su rostro para posar con suavidad sus labios sobre los de ella. Quería ayudarla, sabía que debía hacerlo, que aquello era culpa suya.

-Es tarde para esto-murmuró Rachel contra sus labios, sin separarse pero sin corresponderle el beso-Y no es el momento. No sé si lo sabes, pero se han muerto dos amigos míos hace… Joder.

-Te quiero, Rachel-Jake se apartó para mirarla.

-También es tarde para eso, Jake-Rachel desvió la mirada hacia el otro lado de la habitación.

No había nada interesante allí, aquella pared reflejaba el silencio como todas las demás de la habitación. Le daban ganas de taparse los oídos como una niña pequeña, o de gritar. Cualquier cosa menos el silencio, el silencio era lo que proporcionaban los muertos, y ella no quería pensar en muertes. Pasados unos minutos Jake se levantó y salió de la habitación, pero ella mantuvo la mirada perdida en aquella pared. ¿Era el silencio de Benjamin el que escuchaba? ¿O era el de Sam? Thomas también había dejado un gran silencio a su partida, tan notorio como su parloteo mientras vivía. ¿Era el silencio de Thomas? Metió la cabeza entre las piernas, tapándose las orejas con las rodillas y abrazando su cuerpo. Escuchó el latir de su corazón y todo fue mejor. Había algo vivo en la habitación, aunque no fuera ella, aunque fuera sólo la sangre recorriendo su cuerpo.

La puerta volvió a abrirse y alguien dejó algo sobre la cama y luego se fue, aunque se quedó en la puerta. La curiosidad tiró de Rachel para que mirara, porque sabía que no era Jake, no olía a Jake. Se encontró a Teresa Carstairs mirándola con la duda pintada en la cara.

-Mi hijo me dijo que te diera eso-señaló una carpeta azul, el objeto que había dejado encima de la cama-Mira, niña, sé que no estás pasando por un buen momento, pero deja a mi Jacob tranquilo. Él tampoco está bien: ha perdido la confianza de sus jefes, se ha enterado de la muerte de Christie, ha descubierto muchas cosas que no querría saber, ese chico ha muerto por su culpa…

-Jake no… No fue su culpa-Rachel sacudió la cabeza. Si alguien tenía la culpa de que Benjamin estuviera muerto era ella, no le cabía ninguna duda.

-No hay nadie inocente, sólo distintos grados de responsabilidad-y con esa frase salió por la puerta sin dirigirle otra mirada.

Así que esa era la madre de Jake. Estuvo unos minutos trazando parecidos físicos entre ambos, luego se preguntó cuántas veces se la habría cruzado sin saberlo. La madre de Jake. La que lo había hecho el hombre que era, la que lo había alejado de ella. No. Ella misma lo había alejado, lo había alejado por lo que el propio Jake había dicho: “Te acostaste con él. ¿Tardaste mucho desde que me fui? Dime que al menos esperaste un par de días antes de decidir que ya no me querías. Eres una niña. Lo has demostrado.” No quería ser una niña otra vez.

Sus dedos se toparon con la carpeta por casualidad. La miró y tiró de una de las gomas que la mantenían cerrada. No había más de cincuenta páginas dentro, y esas cincuenta páginas podían resolver muchas de sus preguntas. Tiró de la otra goma y abrió la carpeta. Lo primero que encontró fue una foto suya en el dentista… No, en la prueba de aptitud.

El informe sobre su prueba estaba realizado en tres partes diferentes, todas escritas por la misma persona, que se identificaba por las siglas J. M. La primera parte incluía una reflexión de esa persona sobre lo importante que era el seguimiento de esa prueba. Era una reflexión con múltiples referencias a otros documentos que Rachel desconocía. La segunda parte era una descripción detallada de la simulación, de cada reacción de Rachel durante ella, incluyendo sus constantes vitales. Parecía un documento científico de gran calidad, y era completamente fiel a lo que había ocurrido. Algo sorprendente teniendo en cuenta que nadie debería poder conocer los resultados de la prueba. Pero en ese informe, además de la descripción, se incluían los resultados. La tercera parte estaba compuesta por un conjunto de anotaciones más informales:

“Tal y como estaba planeado, G. D. le dijo a la sujeto que sus resultados indicaban que pertenecía a la Facción de Abnegación. La reacción del sujeto indica que no presenta ninguna inclinación de ese tipo, de hecho, le pareció sumamente desagradable (ver 2305A y 1152D). Tampoco pareció darse cuenta de que su tía era la encargada de hacerle la prueba, por lo que estamos más cerca de confirmar la hipótesis de que desconoce sus orígenes (ver 5554B).”

¿Su tía? Rachel intentó hacer memoria, pero no fue capaz de recordar la cara de la abnegada que le había hecho la prueba. Retrocedió páginas hasta encontrar la foto, pero la mujer de gris aparecía cortada por la cintura y de espaldas. Ni siquiera sabía que tuviera una tía. Una tía abnegada. Frunció el ceño. Su madre nunca le había hablado de su familia, por lo que desconocía totalmente si tenía hermanos, y más aún si alguno de ellos se había trasladado a Abnegación; aunque también cabía la posibilidad de que las ropas grises fueran un disfraz, que fuera una erudita. Eso tendría sentido, porque así podrían controlar mejor el experimento. Porque eso era lo que había sido su prueba de aptitud: un experimento.

Siguió pasando hojas y descubrió que estaban desordenadas. Dedicó casi media hora a ordenar las páginas cronológicamente: era una recopilación de diferentes escenas de su vida. En todo momento se referían a ella como “el sujeto” y analizaban su actitud esperando algo. Tras una lectura superficial no le quedaba claro el motivo del experimento. Entonces miró las páginas del informe que trataban sobre su padre y todo cobró sentido.

“Divergente”. No existía una definición clara de la palabra aunque parecía que era la causa de todo lo escrito sobre ella y sobre su padre. Daario Davis había sido divergente. Quedaba claro que era uno de los primeros casos documentados, de que había sido trasladado de Abnegación a Erudición, y de que habían encontrado irregularidades en sus pruebas, puesto que no eran concluyentes. Se detallaba la decisión de retirarlo de la Iniciación y estudiarlo aparte, pero no había ningún artículo referido a lo que había ocurrido en esos estudios, ni siquiera se dejaba claro si se habían llevado a cabo.

Dejó el montón sobre su padre a un lado y retomó la lectura del suyo. Había vuelto a llegar a la página de su prueba de aptitud, la última. No le costó mucho deducir en esa ocasión que G. D. era su tía por parte paterna. D de Davis. Y, dado que su padre había sido un trasladado, probablemente fuese una abnegada real.

Había muchos datos en aquellas hojas y, al menos, tres personas implicadas muy directamente: V.R., P.R. y J. M. Las tres personas que firmaban alguno de los informes. V era la que había redactado aquellos referidos a Daario Davis, su padre; y parecía muy interesado en la divergencia. P se había encargado de los primeros años de vida de Rachel, y era el que más escéptico parecía en sus escritos respecto al hecho de que la divergencia pudiera ser heredable. J, por otro lado, había escrito los informes desde hacía unos cinco años, y no dejaba entrever nada entre líneas. Todo lo que J escribía estaba basado en razonamientos firmes, no había nada personal.

Rachel miró la colección de papeles de nuevo y volvió a leerlos, repasándolos con curiosidad creciente. Se dio cuenta de que faltaban algunas páginas; también de que la investigación era confidencial. El hecho de que las páginas eran fotocopias había quedado claro desde el principio.

Mucha información.

El exceso de información hacía que se concentrara más todavía. Rachel estaba totalmente inmersa en los documentos que le había proporcionado Jake, tratando de encontrar nuevas preguntas, y también respuestas a las que ya se había formulado.

¿Quiénes eran los autores de los informes? ¿Por qué había tanto interés en los divergentes? ¿Qué relación tenía un examen de matemáticas de Rachel con un informe sobre su comportamiento social? ¿Qué implicaba ser divergente? ¿Era algo meramente referido a los resultados no concluyentes o iba acompañado de comportamientos característicos? ¿Era una enfermedad? Se levantó de la cama y rebuscó en los cajones de Jake hasta encontrar un cuaderno y un bolígrafo. Al cuaderno le faltaban la mayoría de las páginas, pero no le importó. Empezó a plasmar lo que le parecía más importante a modo de esquema. No supo cómo, pero se quedó dormida durante su tarea.


Rachel parpadeó varias veces al despertarse un tiempo después. Se incorporó levemente y descubrió que los papeles no estaban. Abrió mucho los ojos y se lanzó fuera de la cama, pese a que sabía que si alguien se los había llevado no tendría por qué seguir cerca de ella. Tardó varios segundos más en darse cuenta de que no estaba sola en la habitación: Jake estaba de pie junto a una silla, en la que había depositado una bandeja con comida, y tenía la carpeta en su mano.

-Te habías dormido encima de ellos, pensé que sería mejor recogerlos antes de que sufrieran algún desperfecto, aunque te has babado encima de un par de páginas-le informó, consciente de que ella miraba los papeles con alivio.

Rachel asintió y se sentó en la cama, puesto que se había mareado con su rápida incorporación. Había soñado con su tía, personas con siglas dibujadas en la cara y una cárcel para divergentes. Una locura. Estaba frotándose los ojos cuando se detuvo de repente. Jake notó la brusquedad del gesto y la miró fijamente acercándose.

-¿Pasa algo, Rachel?-le preguntó con algo de preocupación filtrándose en su voz.

-Divergentes-murmuró ella como respuesta.

Todo lo que le había dicho Sam acababa de encajar en la historia. Sintió una punzada en el pecho al pensar en su amiga, pero no dejó que la afectara. Toda la gente con la “D” en el expediente, todos aquellos que estaban encarcelados… Eran divergentes. ¿Lo eran? Frunció el ceño. No tenía sentido. O sí. Probablemente era lo que le había ocurrido a su padre.

-¿Qué sabes de los divergentes?-le preguntó Jake con cautela. Él mismo había seleccionado los papeles que había metido en la carpeta y había tenido cuidado de que no hubiera demasiadas referencias a esa palabra.

-Son la clave-le dijo Rachel señalando a la carpeta-Alguien encierra a los divergentes para hacerles experimentos. No sé cuál es el objetivo de la investigación puesto que faltan muchos datos ahí, pero tiene que ser algo importante-miro a Jake y captó algo raro en su mirada, reflexionó unos segundos antes de volver a hablar-¿Christie era divergente?

-No puedes hablar con nadie de los divergentes, Rachel; su existencia es un secreto-aclaró él, y esperó a que ella asintiera antes de seguir hablando-Y sí, era divergente.

-¿Qué es ser divergente?-preguntó ella entonces, era un dato importante que se le escapaba-He releído varias veces los papeles, pero no queda claro. Faltan muchos papeles.

Jake pareció dudar antes de responder y, cuando parecía que iba a hacerlo, lo que hizo fue mover la silla con la comida hacia la cama, para que Rachel pudiera alcanzarla. Ella ni siquiera bajó la mirada para ver lo que había, sus ojos color miel estaban esperando una respuesta.

-Es peligroso saber estas cosas, Rachel-como siempre, sus ojos decían que no mentía-¿Por qué no comes algo mientras hablamos?

Esa pregunta hizo que la chica mirara por primera vez lo que le había traído: patatas fritas, ensalada, barritas de pescado y tarta de chocolate. Cogió uno de los palos de pescado rebozado y se lo llevó a la boca, masticando lentamente y volviendo a mirarlo.

-Una persona divergente es aquella que no pertenece claramente a una Facción, sino que es apta para dos de ellas-le explicó él. Rachel cogió otra barra de pescado para que él siguiera hablando-Y son un problema para el sistema actual, por lo que se está investigando cómo hacer que no ocurra.

No parecía que fuera a decir nada más, por lo que Rachel asintió lentamente. Unió ese dato a los que ya tenía en su cabeza, pero no apareció ninguna bombilla con una conexión extra. Aun así, era algo muy importante.

-¿Cómo conseguiste estos informes?-le preguntó, cambiando el tema.

-Entré en Erudición. Era imposible acceder a las copias informáticas por lo que busqué las físicas, sabía que tenían que existir puesto que es bastante arriesgado tener una copia sólo en la red. Las conseguí cuando fui a buscar a Christie, también había cosas sobre ella en los papeles-le explicó-Me sorprendió que te investigaran a ti, puesto que no eres divergente, pero luego leí lo de tu padre y… Bueno.

-¿Eso significa que tienes más documentos aparte de los de la carpeta?-le preguntó Rachel y casi se dibujó una sonrisa en sus labios, casi.

-Sí, claro. Elegí los que tenían que ver contigo para dejártelos-le señaló la bandeja y ella cogió un puñado de patatas para llevárselas a la boca-Pero me faltan páginas. Tuve que salir corriendo de allí y algunas se quedaron en la fotocopiadora, otras se me cayeron mientras escapaba.

-¿Por qué hiciste fotocopias?-preguntó Rachel frunciendo el ceño. Era obvio que eso le había tenido que llevar mucho tiempo, y había sido muy arriesgado hacerlo.

-Se suponía que iba a ser una intrusión no detectada, que nadie sabría que alguien había entrado… Pero algo salió mal y me pillaron-respondió él, frotándose el cuello.

Rachel Everdeen asintió lentamente. Hizo una lista mental con las preguntas que quería hacerle a Jake y trató de ordenarlas por orden de importancia, no sabía cuándo él se iba a cansar de ser interrogado y debía seguir ciertas prioridades.

-¿Puedo leer los otros informes?-le preguntó.

Entonces tres golpes rápidos sonaron en la puerta y Jake hizo una mueca. Posó los papeles sobre su mesilla de noche y se acercó a la entrada. Abrió apenas una rendija y masculló un par de palabras a la persona que estaba al otro lado, que no era visible para Rachel. Volvió a cerrar y la miró desde allí.

-Son confidenciales. Estos te los he traído porque hablan explícitamente de ti, pero conseguir que te dejen ver los otros me llevará más tiempo-Jake recogió la bandeja y se quedó con ella entre las manos. Apartó la silla con un pie hasta volver a colocarla en su sitio.

-¿Quiénes son los otros?-Rachel levantó una ceja.

-No puedo decírtelo.

-Pero…

-Ya hablaremos de esto en otro momento. Ahora tienes que irte-Jake parecía cansado de nuevo. Había sido algo súbito, mientras hablaban había estado normal y ahora… Hundido.

-¿Irme?-Rachel frunció el ceño. ¿Iba a echarla de allí para no responder a más preguntas?

-La última prueba de la Iniciación, es hoy, en unos minutos-le explicó él.

La chica se sorprendió. Intentó hacer memoria, pero los recuerdos no eran una buena compañía. Se levantó casi sin darse cuenta y se quedó mirando a Jake unos segundos antes de irse hacia la puerta.

-Estuviste mucho tiempo inconsciente y ahora has dormido más de diez horas-le explicó él, notando la confusión en el rostro de Rachel.

Ella asintió y bajó el picaporte, abriendo la puerta lentamente. En cuanto vio el pasillo sintió cómo se desmoronaba y las lágrimas acudieron a sus ojos, que tuvo que cerrar con fuerza. Intentó pensar en los divergentes, en su padre, en los secretos. Trató de razonar consigo misma: “no es el mismo pasillo, no es ese pasillo”. Apretó los dientes y volvió a abrir los párpados una vez que estuvo segura de que las lágrimas no se deslizarían por su mejilla.

-Tienes que ir al cuarto de los Iniciados. Iréis todos juntos-le indicó Jake desde su espalda.

“Benjamin, no. Chris, no. Thomas, no.” Pensó ella, pero no lo dijo en voz alta. Pronunciarlo haría que todo fuera más real, o esa era la sensación que tenía. Una sensación estúpida de una criatura no racional. Cerró los ojos y vio la sonrisa de Eric. Volvió a abrirlos al instante.

Tomó aire y salió de la habitación. Dio un par de pasos y se detuvo para ver si Jake la seguía, al girarse descubrió que el chico seguía dentro de su cuarto con la bandeja en las manos.

-¿Cuántos años tienes?-le preguntó, sin que la frase fuera demasiado procesada antes de salir por sus labios. Le dieron ganas de darse un cabezazo contra la pared, lo que tampoco era muy lógico. Tragó saliva intentando contener todos esos pensamientos que no deberían aparecer en su cabeza.

-¿Importa?-preguntó él.

No tenía el brillo divertido en los ojos, ni sus labios sonreían. No existía ya esa fuerza que tiraba de ella hacia él como al principio. Le faltaba todo.


-No, la verdad es que no importa-Rachel sacudió la cabeza y echó a andar rumbo a su cuarto.

Le dolía el hombro, el pecho y la cabeza. En parte se debía a la pelea con Eric, en parte a la postura que había adoptado para dormir y, también, a todo lo que arrastraba. Toda la muerte que arrastraba. “Todo lo que tocas acaba muerto” había dicho Eric. Ojalá pudiera darle un abrazo antes de irse de la Facción. Porque tenía asumido que no iba a pasar la prueba en ese estado.

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Holi. Aquí Paula. Este capítulo ha sido bastante más largo que la media, pero necesitaba explicar demasiadas cosas. Espero que con lo dicho aquí quede resuelta toda la intriga, lo espero de verdad porque, ahora que estoy escribiendo el final, me da miedo pensar en que queden cosas sin resolver. Ya sólo queda un capítulo y el epílogo. El capítulo 26 no creo que ocupe más de dos páginas de Word, podría haberlo añadido en este pero ya sería excesivo. Respecto al epílogo, puede que sea algo más largo.

Ya hace siete meses que empecé con la historia y, la verdad, me muero de ganas de acabarla. Me encanta subir los capítulos cada lunes, saber que estáis ahí leyéndolos y que merece la pena; pero quiero acabar. Nunca he acabado nada en mi vida, supongo que ese es uno de los motivos.

Quería haceros una pequeña pregunta que no estáis obligadas a responder. El caso es que cuando acabe el fic no sé que haré con el blog. ¿Hay algún tema sobre el que queráis leer un fic? Yo tengo algunas ideas muy flojas, y no me convence ninguna. No os aseguro que vaya a escribirlo, pero quiero tener propuestas. Lo que probablemente suba aquí serán historias que tengo empezadas en el ordenador y que no tienen final (y no me acuerdo de lo que iba a pasar). Con tantas visitantes que escriben genial, quizás alguna pueda continuarlos.

Y eso. La despedida ya la hago en el Epílogo. Muchas gracias por todo.

PD: He estado leyendo Millenium. Creo que se nota un poco en el capítulo, lo siento.