24 de junio de 2013

Renegade. Capítulo 24.

'Gone.'

“Tanto el amor como el odio causan profundas heridas, pero las del amor dejan hermosas cicatrices” – Anónimo.



Rachel cerró los ojos con fuerza, rezando porque al volver a abrirlos descubriera que estaba en una simulación especialmente larga. Que todo fuera mentira desde… Desde que su sangre había caído chispeando en el fuego. Y al abrir los ojos todo había mejorado. Jake se había lanzado en plancha hacia el borde para sujetar a Benjamin y, sorprendentemente, lo había conseguido. La agilidad de Jake había vencido a la gravedad, aunque ahora se encontraba en una posición incómoda y se deslizaba también hacia el hueco.

-Benjamin, tienes que balancearte-le pidió Jake, mientras trataba de aferrarse a algo para impedir que su cuerpo se cayera también.

Rachel no pudo escuchar si el rubio respondía algo. Seguía arrodillada frente a Sam, que permanecía tirada en el suelo. Jake se desplazó varios centímetros más hacia el abismo, una pierna del chico ya estaba colgando. Ella intentó ponerse en pie pero le temblaban las piernas.

-Balancéate para caer en el piso de abajo, Benjamin-gritó Jake, con las venas del cuello extremadamente marcadas, así como todos los músculos de los brazos-No puedo agarrarte mucho más tiempo.

El cuerpo de Jake seguía moviéndose por el suelo sin que él pudiera evitarlo, su otra pierna cayó por debajo del borde y sus dedos se aferraron a la tierra del camino. Estaba a punto de caerse cuando una mujer llegó corriendo y se tiró al suelo, agarrando la camiseta de Jake y tirando de él hacia arriba, permitiendo que el chico ganara un par de centímetros.

-Niña, ¿qué haces ahí parada? Ven a ayudar-le increpó la mujer, mirándola unos segundos mientras seguía tirando de Jake, que ya tenía una de las piernas en el camino de nuevo.

Se trataba de Teresa Carstairs y su voz tuvo la fuerza para que Rachel se pusiera en pie y pasara junto al cuerpo de su amiga para sujetar la pierna de Jake y tirar de él hacia arriba. Las rodillas de la chica estaban en el borde y no pudo evitar echar una mirada hacia abajo. Benjamin estaba agarrado con ambas manos al antebrazo de Jake, y miraba hacia arriba con desesperación. Había muchos metros de caída antes de llegar abajo. Varios osados estaban en el piso de abajo, esperando para intentar cogerlo si se caída. Jake se deslizó hacia abajo pese a la fuerza de las mujeres.

-¡Balancéate!-le pidió Jake.

-Me estoy resbalando-Benjamin trataba de cerrar sus manos con fuerza sobre el brazo de Jake, pero el agarre cada vez tenía menos fuerza.

-Te cogerán-le dijo Jake, intentando tirar de sí mismo y de él hacia arriba-Sólo tienes que balancearte un poco y soltarte.

Benjamin se columpió ligeramente y, antes de lograr el impulso suficiente, sus manos se soltaron del antebrazo de Jake. El cuerpo del rubio cayó hacia abajo, donde varios osados estiraron los brazos para intentar cogerlo, pero los pies el chico apenas rozaron el camino antes de precipitarse al vacío. Rachel cerró los ojos antes de que llegara al agua embravecida.  Notó movimiento y vio como la mujer tiraba de Jake, consiguiendo subirlo completamente. Rachel se dejó caer, quedando sentada en el suelo, pero entonces se acordó de Sam y gateó hasta su amiga, que se había incorporado un poco, hasta quedar sentada con la espalda apoyada en la pared.

-¿Benjamin?-preguntó la rubia, pero Rachel negó con la cabeza antes de ocultar la cara en su hombro durante unos segundos, sin dejar que ninguna lágrima escapara de sus ojos-Lo siento, Rachel, ha sido culpa mía. No debería estar aquí, debería estar en Erudición.

-No… No digas tonterías-murmuró Rachel separándose para mirarla a los ojos-Si no se permite la entrada de gente Sin Facción, estoy segura de que la seguridad en Erudición hubiera sido más difícil aunque…

“Aunque Benjamin seguiría vivo”. Si hubieran ido en la otra dirección, buscando los buenos médicos, podrían haber muerto los tres. Pero los tres habrían perecido intentando conseguir algo que querían. Ahora era Benjamin el que había dejado de respirar. Su dulce vecino rubio. El erudito que le había dado su primer beso. El osado con el que había tenido su primera vez. La persona que le había dicho que la quería. Baker.

-No lo entiendes, Rach-Sam suspiró y buscó la mano de su amiga-No fallé la Iniciación, yo me fui. Si me hubiera quedado nada de esto habría ocurrido-la chica hizo un puchero-Sólo tenía que haberme quedado allí. Estar callada. Estudiar. Pero… Tú no estabas y quería saber por qué te habías ido.

Rachel miró la mano de Sam, que apretaba la suya. Se mordió el labio, sin saber que decir, cómo intervenir. Lo único que tenía en la cabeza eran las caras de Chris, de Thomas, de Benjamin, de todo lo que había perdido en unas semanas.

-Investigué lo que había ocurrido el día antes de la Iniciación, supuse que tenía que haber pasado algo, que no me habrías dejado sin más-narró Sam, con su tono bajo y sus ojos buscando a los de Rachel sin éxito-Tu padre. Descubrí que era lo que habías consultado antes de irte, que te habían encerrado por hacerlo. Había un montón de documentos clasificados: tu estancia en la celda, los otros encerrados, los motivos… Tu padre. Parecía que todo tenía el acceso restringido.

Rachel miró a su espalda, pero nadie se estaba fijando en ellas. Todos habían bajado a intentar recuperar el cuerpo de Benjamin. Era el momento perfecto para coger a Sam en brazos y llevarla a la enfermería, pero se veía incapaz.

-No sabía mucho de las claves, por lo que empecé a estudiar sobre ello, haciendo mi trabajo de Iniciación sobre los sistemas de seguridad informáticos-siguió explicando Sam-Poco a poco, pude ir abriendo algunos archivos sin que se dieran cuenta. Descubrí el incidente en tu celda, y algunos nombres de la gente que estaba encerrada en ese pasillo. Al buscar sus nombres descubrí que todos tenían la misma etiqueta en sus fichas, una D.

-¿Una D? ¿Y qué significa una D?-le preguntó Rachel, con ese tirón de la curiosidad que la había llevado a tantos descubrimientos a lo largo de su vida.

-Tardé en encontrarlo. Todas las fichas tenían partes muy restringidas, cosas que podía consultar con relativa facilidad en mi caso o en el de otros compañeros. Estuve peleándome con ellas durante varios días, hasta que al final decidí dejarlo. Me había olvidado del objetivo principal y decidí retomarlo. Quería saber por qué te habías ido y…-dejó de hablar e hizo un gesto de dolor.

Rachel miró la pierna de Sam.

-Luego… Luego hablamos de eso-le dijo Rachel, y le costó mucho decirlo-Ahora tenemos que centrarnos en tu pierna.

Se incorporó y cogió a Sam en brazos, tirando de ella hacia arriba para ponerse en pie. Dio dos pasos hacia la salida pero entonces alguien tosió a su espalda.

-¿Adónde crees que vas?

Le resultó imposible no estremecerse ante la pregunta de Eric, con una amenaza tan clara que no era capaz de imaginar cómo había estado tanto tiempo ciega respecto al chico. Permaneció dándole la espalda, planteándose echar a correr hacia la enfermería.

-No hagas tonterías, Rachel. Te estoy apuntando con una pistola y no quiero más osados muertos por ahora-le advirtió Eric, dando un paso hacia ella.

-Si no quieres más osados muertos no entiendo por qué me apuntas con un arma-le dijo Rachel girándose con Sam todavía en brazos.

Eric llevaba puesta una camiseta negra de tirantes con una cazadora de cuero del mismo color. Los vaqueros oscuros se ajustaban a sus piernas, al igual que las botas que llevaba. Y sonreía. Le sonreía de forma tranquilizadora, aunque sus ojos dejaban ver la falsedad del gesto.

-Necesita un médico, Eric, déjame llevarla a la enfermería-le pidió Rachel-Por favor.

-Te perdiste la charla que dimos antes sobre la entrada de gente en nuestra sede. El castigo es la muerte, Rachel-el chico no había bajado la pistola y no parecía querer hacerlo-Su muerte y tu muerte. Es la mayor estupidez que has hecho nunca-Eric hizo una pausa y miró al techo unos segundos-Me pones en una situación complicada.

-Sólo tienen que mirarle la pierna, joder. Luego nos iremos y no tendrás que volver a vernos jamás-Rachel tomó la decisión conforme hablaba. No podía pedir que dejaran a Sam en Osadía, por lo que ella se iría. Viviría con el resto de abandonados, conduciría trenes, lo que fuera necesario para que Sam siguiera viva y tuviera ropa y comida.

-Ambas sabríais como entrar. Esa es una información demasiado valiosa. Tú eres demasiado valiosa para dejar que te vayas-enfatizó sus palabras con la pistola, haciendo que Rachel retrocediera un par de pasos-Entra. No quiero que te vean.

-¿Por qué?-preguntó Rachel obedeciendo y alejándose del camino para acercarse al chico.

-Buena pregunta-Eric sonrió de forma apagada-Aunque con la información que tienes deberías poder responderte a ti misma-se quedó unos segundos en silencio, mirándola, esperándola a que llegara a alguna conclusión-¿No? Quizás te he sobrevalorado.

-¿Quieres dejar de jugar conmigo? ¿Crees que me merezco que me tengan resolviendo enigmas mientras me apuntan con una pistola? No hace ni una semana que una de las mejores personas que he conocido en Osadía se cayó ahí abajo, y acabo de ver como Benjamin muere de la misma forma. Tengo a mi mejor amiga moribunda en los brazos y a alguien que consideraba un amigo amenazando con matarme-le gritó Rachel, mientras un par de lágrimas de rabia caían por sus mejillas-Estoy al límite de un ataque de nervios, Eric, así que deja de juzgar si soy inteligente o no y habla claro de una maldita vez.

-Supongo que puedo resumirlo de forma que puedas entender la situación: tengo que matarte-Eric parecía más vulnerable, como si tuviera realmente un dilema por la situación-Pero tú no deberías morir.

Rachel soltó el aire de golpe. Sorprendida. ¿Y si se había equivocado con Eric? ¿Y si tanto Benjamin como Jake habían propiciado que pensara mal de él? Los ojos de él volvían ser el helado pozo negro de siempre, pero ella sabía que no se había imaginado esa vulnerabilidad.

-Ayúdame a curarla, Eric-le pidió Rachel-Si de verdad quieres salvarme otra vez, ayúdame y me iré.

-No voy a dejar que te vayas-aclaró Eric, volviendo a su postura amenazante.

-Eric, por favor, si te importo lo más mínimo…-empezó Rachel, pero él la interrumpió.

-Sabes que tengo que matarte, y no lo he hecho todavía. Ni tengo intención de hacerlo, y no te imaginas la de problemas que me puede acarrear eso ¿Te preguntas si me importas? ¿A ti qué te parece?-el tono de él era completamente frío, opuesto a sus palabras.

-Yo… No…-Rachel miró a Sam, que tenía los ojos cerrados y temblaba ligeramente en sus brazos-Entonces ayúdame.

-Te estoy ayudando. Si no fuera por mí ya te habrían visto decenas de personas y no podrías librarte de ser castigada. Eres la primera infractora y serías usada como ejemplo-recitó Eric como si fuera algo que se había repetido muchas veces-Se podría alegar que no estabas en la reunión, pero no conocer una regla no exime de cumplirla. Además, no tienes permitido hacer ese tipo de excursiones siendo una iniciada.

-Deja que me vaya. Puedes decir que dejé la Iniciación, que renuncié-le pidió Rachel-Pero antes tenemos que curar a Sam.

-No “tenemos” que hacer nada antes. No estás en situación de negociar: yo tengo la pistola, tú has roto las normas, es tu amiga la que se está muriendo… ¿Qué puedo perder yo?-le preguntó él mirándola fijamente.

-A mí­-respondió Rachel tras unos segundos de reflexión.

Eric se sonrió y la miró divertido. No había sido la respuesta correcta. Rachel se había lanzado a la única opción que veía y había fallado.

-No me importas en el sentido en el que le importabas a Benjamin, Rachel; y el simple hecho de que hayas pensado eso rebaja la idea que tenía de ti-su sonrisa se había vuelto burlona-¿Dónde está la lógica? ¿Cuándo has dejado de actuar basándote en ella? Lloras. Bebes. Follas. Sufres. Te equivocas. Te arriesgas sin pensar en las consecuencias… Eso no es propio de alguien como tú-la acusó él, acercándose más sin desviar el cañón del arma de su frente.

Rachel se quedó en silencio, mordiéndose los labios para contener el llanto. Eric le había hecho daño con cada de sus palabras, mostrando de forma irrebatible que ella no era la persona que creía ser, la persona que siempre había querido ser.

-Y todo por los sentimientos-Eric sacudió la cabeza decepcionado-Pero pese a todo eso no puedo dejar que mueras. Tengo la esperanza de que vuelvas a ser la chica que eras antes y voy a ayudarte.

-¿Vas a ayudarme? ¿De verdad?-Rachel lo miró con esperanza.

-No sé por qué te sorprende tanto-Eric asintió y bajó lentamente la pistola-Ya lo he hecho más veces.


-Gracias Eric, much…-entonces él apretó el gatillo.


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A ver, no ha sido a propósito. Me refiero a lo del principio, no quería jugar con los sentimientos de nadie, simplemente así es como lo ponía en mi guión. Mi guión ponía que Benjamin tenía que morir cuatro veces, y CUATRO veces la ha palmado el rubio. 4. Viene en el nombre del blog, así que no os ha podido pillar por sorpresa (?) Y...  ¡¡Dos capítulos!! Dos capítulos que están sin escribir porque... *redoble de tambores* He perdido mi guión D: Sólo me acuerdo de lo que tenía que poner en el Epílogo (spoiler: hay epílogo). Pero no sé si había contado el Epílogo como capítulo. ¿Queda un capítulo y el epílogo? ¿Dos capítulos y el epílogo? Nobody knows. 

Bueno, mucho amor para vosotr@s :D

17 de junio de 2013

Renegade. Capítulo 23.

'Clostridium perfringens'

"La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene." - Jorge Luis Borges.



Sus músculos se relajaron al instante al ver a Jake, que estaba cubierto de polvo como si se hubiera caído de la moto.  Se sujetaba la mano vendada con la otra mientras miraba alternativamente a Rachel y a Sam. Pese a haber estado corriendo detrás de él sólo para… ¿Qué? ¿Llevarse otro rechazo? Ahora no tenía ningún interés en el chico, y probablemente fuera la primera vez que eso ocurría desde que lo había conocido.

Volvió a arrodillarse junto a Sam y empezó a quitarle los trozos de tela de la pierna, que se mezclaban con la sangre y la carne ennegrecida de manera preocupante. Su amiga le tendió una navaja, que probablemente llevaba guardada en el bolsillo. Rachel la miró para sonreírle alentadoramente, aunque nada era alentador. Parecía que la pierna estaba en ese estado hasta un poco por encima de la rodilla, donde había una franja de carne rojiza.

-¿Qué le ha pasado?-Jake se puso en cuclillas a su lado, posando una mano en la mejilla de Sam-Tiene fiebre.

Rachel lo miró para alertarlo de que no hablara delante de ella, pero Sam se había quedado inconsciente. Rachel cogió la cara de la chica entre sus manos, comprobando que realmente ardía.

-Sam. Sam, despierta. Sam. Soy Rachel, tienes que abrir los ojos, Sam. ¿Me oyes?-le habló sin provocar ninguna reacción en su rostro-Tiene mucha fiebre, ¿no?-Rachel miró a Jake con la preocupación brillando en sus ojos.

-Probablemente se deba a lo de la pierna, parece una infección importante-Jake se quitó la camisa negra, quedándose en camiseta de tirantes-Habrá que hacer un torniquete-empezó a rasgar la prenda, pero Rachel lo detuvo poniendo una mano en las suyas.

-No servirá de nada, es una bacteria, necesita ir a un hospital-tragó saliva y se pasó la lengua por lo labios, le sorprendía lo serena que se estaba manteniendo. Pero lo hacía por Sam.

-No podemos ir a Erudición, los osados no son bien recibidos allí-le dijo Jake, Rachel lo miró de reojo, preguntándose qué habría ocurrido en su intento de encontrar a Christie-Tenemos antibióticos en Osadía, seguro que pueden ayudarla.

-Es gangrena, Jake, necesita una intervención quirúrgica además de antibióticos y en Osadía no van a poder hacerlo-Rachel acarició la mejilla de la rubia con suavidad.

-Rach, han prohibido la entrada de gente sin Facción a cualquiera de las sedes. Podemos intentar colarla en Osadía, pero en cualquier otro sitio… A no ser que lo intentemos en Abnegación, pero está lejos de esta zona-le explicó Jake.

-Osadía también está lejos-replicó ella. Estaba convencida de que llevarla a la facción de aquellos que se dedicaban a investigar era la opción adecuada-Vamos a Erudición.

Sam hizo un ruido similar a un gemido y ambos la miraron. La chica tenía los ojos azules entreabiertos y buscaba a Rachel con una de sus manos. Rachel cogió la mano de su amiga para que dejara de tantear en el aire.

-Vamos a Osadía-murmuró Sam, apretando con suavidad la mano de Rachel-Por favor.

-Voy a por gasolina y mi moto-dijo Jake levantándose. El chico salió corriendo y Rachel lo miró por encima de su hombro.

Se alegraba de que el chico estuviera ahí, porque ella no hubiera podido hacer nada por Sam sin gasolina. Sam le tiró de la mano y Rachel la miró, sintiéndose culpable al instante por prestar atención a algo que no fuera su amiga enferma.

-Rachel… ¿Quién es?-le preguntó abriendo los ojos un poco más.

-¿Jake? Es… Un chico de Osadía-respondió Rachel. Si era sincera consigo misma, no podía decir nada más, no en la situación en la que estaba en ese momento.

-Somos amigas, ¿sabes? Puedes contarme lo que quieras-la voz de la rubia era débil, pero había seguridad en sus palabras.

-Ya sé que puedo contar contigo, pero ahora no es el momento-Rachel apretó con suavidad la mano de Sam y miró por encima de su hombro, buscando a Jake.

-¿No es el momento porque me estoy muriendo o porque no tienes claro qué tienes con él?

-No te estás muriendo-le dijo Rachel con fiereza.

El sonido del motor de una moto interrumpió a Samantha, que ya estaba abriendo la boca para replicarle a Rachel, o para insistir en el tema de Jake, o quizás sólo para avisarla de que Jake se había acercado y estaba detrás de ellas sin que se hubieran dado cuenta. El moreno había encendido el motor sólo para llamar su atención.

-Creo que lo mejor es que venga conmigo en la moto. Iremos despacio para que puedas alcanzarnos, ¿conoces bien el camino?-le preguntó Jake, acercándose a ellas y agachándose para coger a Sam en brazos con seguridad, tal y como había hecho con la propia Rachel años atrás-Tienes la gasolina ahí mismo-señaló con su cabeza al vehículo en el que había llegado la chica, junto al cuál había una pequeña garrafa mediada-¿Rachel? ¿Puedes soltarla?

Rachel miró sorprendida su propia mano, que permanecía aferrada a la de Sam pese al cambio de posición. Se soltó y acarició levemente el brazo de su amiga, que le sonrió de forma tranquilizadora. Rachel se quedó quieta unos segundos, comprobando que Jake podía conducir mientras llevaba a su amiga. Como no hubo ningún accidente, se acercó a la garrafa de gasolina.


Los tres jóvenes estaban subidos al tejado del granero, con Sam en los brazos de Jake. Rachel no podía despegar los ojos color miel de la pierna ennegrecida, cuyo olor probablemente sería insoportable en una habitación cerrada. Tomó aire. Conocía la gangrena relativamente bien, y tenía mucho miedo a conocerla mejor que el personal sanitario de su futura Facción. En Osadía eran expertos en traumatología, pero flaqueaban en otros asuntos.

-Se ha vuelto a quedar inconsciente-comentó Jake, interrumpiendo sus pensamientos y haciendo que la chica levantara la vista hasta sus profundos ojos del color del caramelo-¿Es por la pierna?

-Creo que es por la fiebre-murmuró Rachel, acercándose para poner una mano en la frente de Sam-¿Estás seguro de que podrás saltar al tren con ella en brazos?

-Pude saltar con las motos, tu amiga pesa mucho menos-le respondió sin mirarla.

-Se llama Sam-apuntó Rachel sin apartar sus ojos del pálido rostro de la chica-Es la mejor persona que he conocido nunca. Ella era capaz de hacerme reír siempre, hacía parecer las cosas más bochornosas divertidas. La he echado de menos. La he echado demasiado de menos como para que ahora ocurra esto, Jake.

Las lágrimas empezaban a llenar sus ojos y se pasó el dorso de la mano para apartarlas. La ausencia de Sam era algo que había tenido clavado en su corazón durante toda su Iniciación, y había salido a la luz en las simulaciones. Y verla así. A una persona que siempre estaba llena de vitalidad, a alguien que no dejaba de sonreír… Se quitó más lágrimas con las puntas de los dedos.

-Rach, vamos a llegar a Osadía-la seguridad que le transmitía su voz hizo que Rachel asintiera-Y, si es necesario, dispararé a alguien para que Sam reciba atención médica.

-¿Será necesario?-Rachel levantó los ojos para encontrarse con los de él.

-Es posible. No quiero que te asustes si ocurre algo, ¿de acuerdo? Si cualquiera se interpone, yo me encargo. Tú tendrás que llevar a Sam a la enfermería-los ojos de Jake la acariciaron-No debería haberme ido corriendo antes, yo…

-Si no te hubieras ido, ella estaría aún tirada en la calle-le interrumpió Rachel-Creo que salir corriendo ha sido lo mejor que has hecho desde que te conozco.

-Te salvé la vida una vez-le recordó Jake.

-Comportándote como un crío vas a salvar otra-le dijo ella, dejando que un poco del enfado que tenía con él se filtrara en sus palabras.

-Te acostaste con él. ¿Tardaste mucho desde que me fui? Dime que al menos esperaste un par de días antes de decidir que ya no me querías-Rachel lo miró y negó con la cabeza, levemente avergonzada por su actitud-Eres una niña. Lo has demostrado.

-Perdone, señor maduro que escapa corriendo de los problemas que podrían afrontarse con una conversación clara. Discúlpeme usted por ser tan infantil-el tono sarcástico de ella era agresivo, lo que sorprendió a Jake.

-Lo siento, ¿vale? No debería haberte dejado así. Entrar en Erudición era peligroso y no quería que te quedaras esperando por mí si me pasaba algo, quería borrar los vínculos entre nosotros-Jake, como siempre, parecía sincero. Pero Rachel no se lo creía.

-Jake, déjalo. Viene el tren-le dijo ella con dureza.

El chico apretó la mandíbula pero no dijo nada. Se preparó para saltar y Rachel hizo lo mismo. Habían acordado previamente que ambos saltarían al tercer vagón. Cuando llegó el momento adecuado, ambos surcaron el aire durante unos segundos para acabar dentro del vagón. Una vez allí, Rachel se acercó a ellos, sujetando la mano de Sam, que recuperó la consciencia unos segundos después. Nadie dijo ninguna palabra y el silencio era ligeramente tenso, acompañado solamente del olor de la pierna de Sam y el ruido del tren corriendo por los raíles.

El viaje fue tan corto como de costumbre, y Jake se puso en pie con Sam en brazos un poco antes de llegar. Rachel los imitó, sin soltar la mano de Sam hasta el momento de saltar. La chica cayó de rodillas sobre el suelo, rompiendo los pantalones oscuros, pero no le importó. Miró a Jake, que la miraba esperando a que se pusiera en pie. Parecía preocupado. Rachel se levantó y tendió las manos hacia Jake, pidiéndole que le dejara llevar a su amiga. Con los saltos no se había visto capaz, pero descender por un camino cercano a un abismo le parecía algo sencillo.

-No hace falta, Rachel, puedo llevarla-Jake usó un tono educado para decirlo, cosa que la molestó sin saber por qué. Estaban enfadados, no tenía que ser amable.

-Es tu plan. Dijiste que yo me encargaba de llevarla a la enfermería y tú de los obstáculos-le recordó ella, manteniendo los brazos alargados hacia él.

Jake bajó la mirada hacia Sam y se la colocó en los brazos con cuidado, dejando caer el peso lentamente sobre ella. Samantha siempre había sido ligera, pero estaba más delgada que nunca, y Rachel estaba más fuerte que nunca; por lo que la maniobra fue un éxito.

El joven avanzó primero y Rachel lo siguió en la penumbra que cubría la entrada. La única osada que estaba haciendo guardia acabó en el suelo con los ojos cerrados antes de poder decir nada.

-¿Qué estás haciendo? Ni siquiera sabías qué iba a hacer-le reprochó Rachel sin alzar mucho el tono de voz por miedo a que la escucharan y descubrieran el cuerpo de la chica.

-Rachel, está completamente prohibida la entrada de gente sin facción desde esta misma mañana. ¿Por qué crees que han puesto un guardia ahí? Nunca ha habido seguridad, siempre han bastado las cámaras-señaló una de las cámaras que controlaban el lugar.

-¿Nos están viendo ahora?-se alarmó Rachel, dándole la espalda a la cámara para ocultar el cuerpo de Sam con el suyo propio.

-Sólo Cuatro-respondió él manteniendo el tono bajo y adentrándose en Osadía.

Se movieron bien coordinados por el pasillo. Había algunas personas un poco más abajo, por lo que se detuvieron en uno de los pisos superiores, esperando a que se fueran. Sabía que no iban a demorarse, puesto que nadie estaba demasiado tiempo quieto en Osadía. Por si acaso subían, se metieron en uno de los pasillos que salían del principal, pero se quedaron en la entrada, a un paso del camino y a escasos metros de una caída mortal.

-¿Ya os habéis reconciliado?-preguntó Benjamin detrás de ellos. Rachel se giró hacia él y el rubio abrió los ojos demasiado al ver a Sam-¿Qué hace ella aquí? ¿No debería estar en Erudición?-preguntó mientras se acercaba, haciendo una mueca ante el olor a putrefacción-¿Qué le ha pasado?

-Ha tenido un accidente, necesita un médico-le respondió Rachel.

-¿Y por qué no la han curado allí? Los recursos son bastante superiore… ¿Ha fallado la Iniciación?-los ojos azules de él se desplazaron de Rachel a la rubia con ansiedad-No puedes hacer eso. Justo después de que os fuerais nos han dado una charla diciendo que no se admite la presencia de nadie ajeno al sistema de facciones.

-Es Sam, no voy a dej…-empezó Rachel, hablando con firmeza pese a no levantar la voz.

-Cualquiera que ayude a que entren será castigado con la muerte-la interrumpió Benjamin, sentenciando la discusión, o eso esperaba el rubio.

-No nos van a ver y es una causa humanitaria-Rachel abrazó a Sam contra su pecho en un gesto protector.

-Si lo han prohibido tan terminantemente es por algo, Rach, puede que tenga algo contagioso o yo que sé. Además, es imposible que no te vean, los médicos te tienen que ver-Benjamin se interpuso de forma que les cerraba el paso.

-Apártate, Ben-le pidió Rachel, aunque pareció una orden.

-No voy a dejar que te juegues la vida-el rubio tragó saliva, consciente de lo que significaban también sus palabras. Quería dejar a Samantha morir. No lo hacía por maldad y se sentía culpable pero, simplemente, era incapaz de verse en el funeral de Rachel.

-No es una decisión tuya-le aclaró ella, avanzando hacia él con la esperanza de que se apartara. Pero Benjamin era un muro sólido en esos momentos-Benjamin, voy a hacer todo lo que esté en mi mano para ayudar a la persona que me ha hecho feliz durante la mayor parte de mi vida.

-Pero esto no está en tu mano-le recriminó él, sin moverse y procurando no mirar a Sam, que observaba la discusión en silencio-No voy a dejar que te mueras.

Rachel embistió contra él, intentando que se tambaleara para poder salir. Cada segundo que perdía hablando con Benjamin era un segundo que Samantha podía necesitar. Por mucho que tratara de autoconvencerse de que la iba a ayudar, era consciente de que era algo muy complicado. Como mínimo perdería la pierna y aun así no podría asegurarse de que sobreviviera. Pero el rubio pareció leerle la mente y contrarrestó su embestida con un ligero empujón, que hizo que Rachel perdiera el equilibrio y acabara en el suelo, con Sam encima. La rubia gimió y las lágrimas le llenaron los ojos tras golpearse la pierna.

-¡¿Qué haces?!-le gritó Rachel, sin poder contenerse pese a saber que una pelea atraería a los osados como las abejas a la miel.

-Salvarte la vida, no voy a dejar que…-empezó Benjamin, sin moverse de su sitio, siendo interrumpido por un empujón de Jake, que se había mantenido al margen observando.

El rubio lanzó un puñetazo hacia Jake, que lo esquivó con agilidad. Habían salido al camino y estaban enganchados por el cuello mientras se golpeaban con las piernas y los puños que tenían libres.  Rachel se incorporó y volvió a coger a Sam entre sus brazos.

-Todo va a salir bien-le susurró mirando sus enormes ojos-Tiene que salir bien.

-Rachel, te quiero-sollozó Sam, hundiendo la cara en la camiseta de su amiga.

-Yo tamb…-Rachel interrumpió la frase porque se quedó sin aire.

La pelea se había detenido fuera. Podía ver la espalda de Jake, que seguía en posición de ataque. Pero sus ojos no se fijaron en él, sino en Benjamin. Benjamin la miraba con los azules llenos de pánico mientras caía hacia atrás. Sus pies, con unas zapatillas deportivas desgastadas, no estaban tocando el suelo, por lo que no podía detenerse. Rozaron levemente la arena al llegar al borde, pero no lo suficiente como para evitar el foso, la caída. La gravedad tiró de él hacia abajo y Rachel sólo pudo articular un “no” con los labios, una negación que apenas fue acompañada de un sonido porque ella seguía sin aire en sus pulmones.


Pero un susurro no podía detener una caída.


10 de junio de 2013

Renegade. Capítulo 22.

'Kiss and tell.'

“La amistad no es algo que aprendas en la escuela. Pero si no has logrado entender el concepto de amistad, realmente no has aprendido nada.” - Muhammad Ali




Tres días después. Rachel salió de la ducha envuelta en una toalla, con la que caminó hasta el espejo. Se miró los mechones de pelo que se le pegaban al rostro, le había crecido un poco, lo suficiente para estropear el corte, aunque eso no era lo que le preocupaba, teniendo en cuenta que sólo quedaban dos días para la prueba final, en la que se iba a decidir su futuro. Se quitó la toalla del cuerpo para secarse el pelo frotándose rápidamente. Su desnudez permitía ver el gran cambio que el ejercicio había supuesto para su cuerpo, y también algunas marcas rojizas repartidas por su anatomía, fruto de… Su primera vez. Suspiró al pensar en ello. No había sido su momento más brillante, pero tampoco se arrepentía del todo. No se le ocurría nadie mejor que el rubio para eso. Bueno… Volvió a cubrirse con rapidez mientras un gesto de dolor asomaba a su rostro. Ni rastro de Jake.


Uno de los otros iniciados le toco ligeramente el hombro al pasar corriendo a su lado en dirección al comedor. Rachel sonrió un poco. Le gustaba sentir que, poco a poco, sí que iba convirtiéndose en parte de la facción que había elegido. Ya se escuchaba el jolgorio de la comida cuando una mujer de su altura se interpuso en su camino. Rachel frunció el ceño. No recordaba haber visto antes a la mujer: mulata, con el pelo negro como la tinta, tatuajes cubriéndole toda la piel a la vista salvo la cara, ojos como el carbón, y ropa de cuero negro ajustadas a su musculado cuerpo.

-Rachel Everdeen-la mujer la miró afilando la mirada-¿Sabrías defenderte si te atacara ahora?

La chica se puso en guardia y retrocedió un par de pasos al ver cómo la mujer desenfundaba un cuchillo. Rachel no tenía ningún arma, y seguramente no tanta experiencia combatiendo como ella.

-Relájate, niña, iba a darte el cuchillo. ¿No se supone que Jacob te dijo que tenías que protegerte? No te veo protegiéndote, muchacha-le ofreció el arma por el mango-¿O no crees que estés en peligro?

-Sinceramente, no tengo miedo a nada de lo que me pueda ocurrir-le dijo Rachel rechazando el arma y recuperando la compostura.

-Ese “sinceramente” ha sido de todo menos sincero, niña. ¿No te das cuenta que te vi antes? Tenías esa mirada asustadiza que tienen todos… “No tengo miedo a nada” JA-dijo poniendo voz chillona para imitar a la chica, en un gran contraste con su voz grave-Le tienes tanto miedo a todo que no sé cómo harás para pasar la prueba…

Rachel tragó saliva, enfureciéndose. Que una desconocida le dijera que no estaba a la altura no era agradable para alguien que siempre había estado a la altura. Aunque lo que habían esperado de ella en Erudición era muy distinto a lo que querían ver los osados.

-¿Quién eres?-le preguntó con los ojos ardiendo.

-¿No me he presentado, niña?-la mujer esbozó una sonrisa blanca contra su oscura piel-Teresa Carstairs.

-No necesito que nadie me proteja de peligros inexistentes, Teresa-le espetó Rachel rodeándola para entrar en el comedor.

Una vez dentro, cogió su bandeja y se sirvió su comida favorita de forma abundante. Procuraba comer de forma equilibrada y con abundantes proteínas para llevar mejor el entrenamiento, pero cuando estaba de mal humor no pensaba en dietas. Dejó caer su bandeja frente a Benjamin con un golpe, provocando que las patatas fritas se esparcieran por toda su comida, incluyendo la tarta de chocolate.

El rubio la miró con curiosidad, pero ella negó con la cabeza, indicando que no le apetecía hablar del tema. Comió en silencio hasta que una palabra llamó su atención: Jake. Alguien lo había mencionado, miró alrededor con todo el disimulo que pudo. No consiguió nada y terminó mirando a Benjamin, que comía ajeno a ello. Benjamin se comportaba como su novio desde que se habían acostado: la abrazaba siempre que podía, trataba de besarla y había dormido en su cama. Lo demás era igual que siempre, salvo que las malas caras ante las menciones a Jake eran más frecuentes.

La mesa se fue vaciando lentamente, hasta que sólo quedaron un par de osados jóvenes más y ellos dos. Baker ya había llevado su bandeja, pero estaba esperando por ella, que comía con lentitud pasmosa, tratando de retrasar su entrada en la simulación. Esa tarde sería la última vez que practicaran, y no le apetecía demasiado enfrentarse a sus miedos.

-Rachel, ¿puedes venir un momento?-la chica levantó la vista y se encontró con Cuatro, que parecía tan sereno como siempre.

-Claro, ahora recojo est…-se interrumpió al ver que Benjamin le recogía la bandeja y se la llevaba, Rachel rodeó la mesa y se colocó junto a su monitor-Gracias Ben-le dijo al rubio cuando regresó.

Cuatro echó a andar y ambos lo siguieron sin hacer preguntas. Benjamin cogió la mano de la chica en el transcurso del trayecto, sin que ella supiera cómo evitarlo sin parecer que lo rechazaba. Pero quería rechazarlo. Finalmente, les abrió una puerta e hizo un gesto para que entraran, mirando a Benjamin con ambas cejas alzadas.

Dentro estaba Jake.

Rachel se llevó la mano al cuello para no llevarla hacia él. Estaba sentado en una silla, tenía una mano vendada y un corte en la mejilla, ya cerrado. Sus ojos color chocolate la miraron con interés, como si no hubiera nada más en el mundo. Rachel bajó la mirada, rompiendo el contacto. Le daban ganas de gritarle, pero se sentiría pequeña y estúpida si le echaba en cara una mirada. Una respiración en su cuello le recordó que Benjamin estaba ahí.

-Te dije que me trajeras a Rachel, Cuatro-dijo Jake. Sonaba cansado, como si hubiera perdido parte de su alegría natural. Y también parecía mayor, o quizás eso sólo se debía a que Rachel ahora se fijaba en eso más que antes.

-Estaban juntos, no pensé que fuera un problema-Cuatro tenía los brazos cruzados y se apoyaba de forma tranquila en la pared, como si la tensión que había en la sala fuera inexistente. Rachel no podía evitar sentir cierta envidia de esa fachada, más en ese momento en el que los latidos de su propio corazón le impedían pensar.

-¿Podéis iros, Cuatro? Tú y el chico-pidió Jake sin mirar a Benjamin.

Cuatro asintió y salió de la sala, dejando la puerta abierta. Rachel no necesitó mirar hacia atrás para saber que Benjamin seguía ahí. No podía adivinar qué expresión tenía, pero podía ver la de Jake, que parecía cansado.

-Benjamin, por favor-musitó Rachel sin apartar sus ojos de los de Jake, aunque el chico no la miraba, parecía concentrado en sus nudillos.

-¿Por qué quieres que me vaya? ¿No confías en mí, Rachel? Después de todo lo que ha pasado creo que me he ganado tu confianza-no sonaba tan dolido como quería parecer, de hecho, a Rachel le sonó casi como una amenaza. “Si me voy, se lo digo” eso era lo que la chica escuchaba por debajo de las palabras de Benjamin.

-Confío en ti. Pero Jake no tiene por qué hacerlo, Ben-ella seguía mirando al moreno, que no parecía tener intención de intervenir.

-No veo a Jake decir nada-comentó Benjamin, enfadado y celoso. Esos dos adjetivos superaban con mucho al “dolido”.

-Ya te ha dicho que salgas-le recordó la chica, volviéndose ligeramente para ver la cara del rubio. Que estaba crispado y con los ojos fijos en Jake.

-A mí no me ha dicho nada-los ojos azules la atravesaban como si no existiera.

Rachel percibió un movimiento brusco y se giró a tiempo para detener a Jake, que se había levantado e iba directo hacia Benjamin. Las manos de la chica se apoyaron en su pecho, notando el latido acelerado de su corazón.

-Lárgate-le ordenó Jake, mirándolo con furia.

-De acuerdo, nos vamos-Benjamin tiró de Rachel, que estaba algo perdida en ese momento. Las peleas de chicos siempre se le antojaban irracionales.

-Ella se queda-Jake cogió un brazo de la chica.

Rachel cerró los ojos recordando la última vez que había estado en esa situación. Benjamin le estaba hablando de sentimientos, pero se había ido con Jake para que éste rompiera cualquier cosa que hubiese entre ambos. Lo inteligente sería dejar a Jake e irse con Benjamin, ahorrarse más golpes. Pero la curiosidad estaba aliada con la atracción que el chico ejercía sobre ella: no sólo quería quedarse con él porque era Jake, razón de sobra para no moverse; también quería saber lo que había ocurrido en Erudición con Christie.

-Benjamin, me quedo-giró la cara hacia él y sacudió el brazo para que la liberara.

-No puedes hacer esto, Rachel, joder. Pareces una cría, decide de una vez lo que quieres, porque no puedes estar acostándote conmigo y luego mandándome a la mierda cada vez que se presenta este imbécil-Benjamin no soltó el brazo de la chica, aunque tampoco la agarraba con fuerza-Te quiero y lo sabes, pero no voy a aguantar esto. No puedo aguantar esto-el dolor relucía en sus ojos, clavándose en Rachel. Era exactamente el mismo dolor que lo había torturado en el paisaje del miedo; el dolor que ella parecía destinada a causarle.

-¿Te has acostado con él?-Jake liberó el brazo de Rachel y la miró interrogante, pero ella estaba mirando a Benjamin-¿Rachel?

-Sí, lo ha hecho. En el fondo sabe lo que quiere-respondió Benjamin para después llevar una mano a la mejilla de ella-En el fondo, sabes que me quieres a mí.

Jake pasó junto a ellos y atravesó la puerta abierta, con más vigor del que había mostrado sentado en la silla. Cuatro lo sujetó antes de que diera tres pasos, pero el moreno se sacudió para soltarse.

-Jacob, no puedes irte-le advirtió Cuatro, con el cuerpo tenso, listo para lanzarse sobre Jake y detenerlo de nuevo.

El chico negó con la cabeza y echó a correr. Cuatro hizo lo mismo, persiguiéndolo; al igual que Rachel, y Benjamin detrás de ella. Cuatro lo alcanzó y le tiro del hombro, pero el hombre lo miró e hizo que el instructor se detuviera, dejándolo correr. Rachel, sin embargo, siguió dando un paso tras otro a la carrera, bordeando el abismo sin miedo a caer, con toda su atención fijada en el hombre que estaba delante. Se cruzaban con otros osados, sin llamar la atención de ninguno, una carrera era lo más normal del mundo. Escuchó cómo Benjamin se tropezaba con algunas personas, pero no giró la cabeza ni bajó el ritmo.

El aire fresco la golpeó en la cara cuando salieron fuera, y vio como Jake saltaba a un vagón del tren que estaba pasando en ese momento. Los últimos vagones estaban llegando y ella aún estaba demasiado lejos para saltar. Gimió haciendo un último esfuerzo y saltó del tejado cerrando los ojos. Sus piernas encontraron el suelo metálico, por el que se deslizó hasta parar contra la pared. Suspiró aliviada. Cuando miró hacia fuera vio a Benjamin, con las manos en las rodillas y mirando al tren impotente.  “No puedo aguantar esto” le había dicho. “No aguantes, olvídame” pensó ella antes de perderlo de vista.


La moto de Rachel derrapó en el asfalto levantado de la zona abandonada de la ciudad. Llevaba bastante rato persiguiendo a Jake, pero el chico no había mirado hacia atrás ni una sola vez. Ni en el granero, de dónde había salido apenas un minuto antes que ella. Ni en el campo, por dónde lo había seguido a todo gas. Y mucho menos en la ciudad. Parecía dispuesto a perderla y estaba a punto de conseguirlo. La moto hizo un par de toses ahogadas y se paró. Rachel volvió a intentar arrancarla hasta en tres ocasiones, pero no había gasolina. Se bajó y echó a correr en la dirección en la que se había ido Jake, girando a la izquierda justo para ver cómo el chico desaparecía por otra esquina a la derecha. Corrió en dirección a esa esquina, pero al girarla se tropezó con algo, y mantuvo equilibrio a duras penas, gracias a su agilidad adquirida en los entrenamientos. Tragó saliva al pensar que se estaba saltando su último entrenamiento antes de la prueba final. De hecho, tenía la prueba final en dos días y estaba lo bastante lejos como para no poder regresar a tiempo si no encontraba a Jake u otro medio de transporte.

Gimió al darse cuenta de su situación. Y otro gemido respondió al suyo a su espalda. Rachel se giró y vio qué era con lo que había tropezado: una pierna ennegrecida, entre jirones de tela y con restos de sangre a su alrededor. Siguió levantando la mirada, buscando al rostro que acompañaba a esa pierna: palidez absoluta, delgado, ojos enormes de color azul oscuro y el pelo rubio ceniza sucio y enredado. Varias heridas pequeñas surcaban el cuerpo de la abandonada. De Sam.

El mundo dio un vuelco conforme Rachel clavaba sus rodillas en el suelo junto a la chica y le cogía la cara entre las manos. Los ojos se llenaron de lágrimas. “Mi culpa, es mi culpa, la dejé sola” se repitió sin dejar de mirar los ojos de su mejor amiga.

-Rach… Me duele-musitó Sam, entrecerrando los ojos como si le costara mucho tenerlos abiertos.

-Tranquila, ¿vale?-los ojos de erudita de la chica examinaron el cuerpo de su amiga con rapidez, lo más preocupante era la pierna, que no parecía tener cura.

-Rach-musitó la rubia de nuevo-Rach. Detrás de ti. Cuidado.


Rachel se quedó paralizada al escuchar los pasos a su espalda. Apretó los dientes recordando lo que le había ocurrido años atrás, pero echó al miedo de su cuerpo. Todo era diferente ahora. Se incorporó y adoptó una posición de defensa con rapidez. No pensaba dejar que nadie la alejara de Samantha Jones.

3 de junio de 2013

Renegade. Capítulo 21.

'Brighter than anyone else'

"So this is how it goes.  Well I, I would have never known. And if it ends today, I'll still say that you shine brigther than anyone" -  Paramore

 

Rachel miró a los profundos ojos azules de Benjamin, que esperaba una respuesta. Una respuesta que ella no tenía, que le faltaba. ¿Qué decir? Sin mentirle, ni siquiera podía prometerle que no la iba a perder. La decepción se iba dibujando en la cara del rubio mientras los segundos pasaban sin una respuesta.

-Rachel, al fin te encuentro-Jake los interrumpió.

La chica se giró frunciendo el ceño sorprendida. No se esperaba que Jake estuviera todavía en la sede, y mucho menos que la fuera a encontrar allí. Los chicos se miraron unos segundos.

-Está hablando conmigo-Benjamin se interpuso entre Jake y Rachel, de forma que ésta sólo podía verle la espalda y la nuca, donde su pelo rubio se arremolinaba levemente.

-Te la devolveré en unos minutos. No interrumpiría si no fuera importante-le respondió Jake rodeándolo y cogiendo la mano de Rachel-Ven, por favor.

La chica empezó a rodear a Benjamin casi sin ser consciente de lo que estaba haciendo. Era Jake, con su voz levemente ronca, su mano caliente, sus ojos color caramelo… Y también era un método de retrasar una frase que no era capaz de decir. El rubio cogió su otro brazo antes de que diera el siguiente paso.

-Rachel, esto es muy importante-le dijo acariciando su piel con el pulgar mientras sus ojos le suplicaban.

Y esa era la historia de sus últimas semanas. Benjamin intentando retenerla, puesto que era el primero que había tenido algo con ella. Jake tirando en otra dirección, intentando arrancarla de lo último que la unía a su pasado en Erudición. Dos chicos completamente opuestos, sí. Y siendo tan opuestos era normal que ella no tuviera dudas.

-Lo de Jake es urgente, luego te busco, ¿vale?-Rachel tiró levemente del brazo sin que él la soltara.

-Pero si ni siquiera sabes lo que quiere-le recriminó liberándola para hacer un gesto de frustración.

-Claro que lo sé-le contradijo ella.

-¿Qué es entonces?-le preguntó él encarándose un poco con ella.

Jake tiró de ella separándola del rubio y poniéndose entre ambos. Benjamin hizo ademán de apartarlo con una mano, que Jake retuvo antes de que se acercara a su pecho.

-Ni se te ocurra tocarme-le advirtió con un tono frío.

En esa ocasión fue Rachel la que tiró de él, separándolo de Benjamin. Y poniéndose entre ambos. Cambiando las posiciones de nuevo. La tensión entre los tres estaba creciendo y ella se sentía responsable de ello, por no saber decir claramente que quería estar con Jake y que cada vez que besaba a Benjamin se estaba equivocando.

-Me voy con Jake, luego nos vemos, ¿vale, Ben?-sin esperar una respuesta empujó ligeramente a Jake para que empezara a caminar.

-No, no vale-murmuró el rubio visiblemente molesto, cruzando los brazos sobre el pecho y sacudiendo la cabeza.

Pero fue ignorado. Rachel se fue con Jake, caminando detrás del chico sin hacer preguntas hasta que él se detuvo frente a la puerta de su habitación y le hizo un gesto para que entrara delante. La chica abrió la puerta y pasó. Todo estaba igual a como había estado esa mañana, cuando se habían despertado juntos. Parecía que había pasado mucho tiempo, pero no habían sido más que unas horas.

-¿Por qué sigues aquí, Jake?-le preguntó ella dándole la espalda y caminando hacia la cama con lentitud-Pensaba que te habías largado corriendo, como no te vi en el funeral.

-Estuve hablando con ciertas personas, no quiero que te pase nada mientras no estoy-le respondió él quedándose a su espalda.

-¿Pasarme algo?-Rachel no se contuvo y se giró para mirarlo, Jake la observaba mientras se pasaba un objeto brillante de una mano a la otra.

-Todo esto es peligroso, Rach. Mira lo que le ha pasado a Christie, a Amar o a Thomas; no es ninguna tontería-le advirtió él-Mientras no estoy procura no hablar con nadie de Christie, ni de tu padre, ni de tu prueba. Nada.

-¿Qué tienen que ver mi padre y mi prueba con todo esto?-preguntó ella dando un paso hacia él.

-Todavía no lo tengo claro, pero más vale prevenir-le respondió él, sin moverse.

-¿Me estás ocultando algo?-insistió ella. Le parecía extraño que él se tomara tantas molestias para protegerla si no sabía ni siquiera si estaba en riesgo.

-Sí, Rachel, pero no necesitas saberlo-le respondió él soltando el aire-Además eso no es exactamente de lo que quería hablart…

-Pero es lo que yo quiero escuchar. Jake. Por favor. Quiero saber lo que piensas, lo que pasa. No puedes irte y dejarme aquí sin saber nada-lo interrumpió ella.

-Quería hablarte de nosotros, Rachel-la cortó él dejando caer sus brazos a ambos lados de su cuerpo-Lo de esta noche, no puede volver a pasar.

Rachel intentó articular un “¿Qué?”, pero no le salió el sonido. Él no parecía estar bromeando, tenía el semblante serio y sus ojos le decían que no estaba jugando, que eso era así.

-Fue un error mío besarte, no debería haber pasado. Y quería dejarte claro eso antes de irme. No tienes que esperarme, no tenemos nada, no vamos a tenerlo-las palabras eran duras, y su tono carecía de la calidez habitual-No es por ti, ni por mí. Quiero que sepas que… Sé lo que pasa entre tú y yo, lo que ha pasado desde aquella vez que te vi allí perdida. Lo sé, y es real. Pero no va a pasar nada.

-¿Estás diciendo esto sólo por si no vuelves? ¿Es una despedida o es la verdad?-le preguntó ella, con los ojos ardiendo pero sin lágrimas.

-Es la verdad, Rachel. No te mentiría en algo así. No debería haber hecho lo que hice-Jake sacudió la cabeza y bajó la mirada, realmente arrepentido.

-¿Por qué? ¿Es por no haberte dicho antes lo de Christie? Lo siento, ¿vale? No estaba segura. Pero eso no tiene que hac…-Rachel apretó los puños, sintiéndose impotente al no saber qué hacer o decir.

-Es por mi familia, Rachel. He estado hablando con mi madre por lo de Christie y… Me ha dicho lo que dicen por ahí, me ha pedido que me aleje de ti. Y me ha dado razones para hacerlo. Soy mucho mayor que tú. Al ser de Erudición te comportas como una persona adulta, más madura, pero sólo tienes dieciséis años-le explicó él mirando el objeto que tenía en una de las manos: un cuchillo-Eres demasiado pequeña para mí. Y eso no va a cambiar nunca, siempre existirá esa diferencia. No es algo que se pueda solucionar…

Ella frunció el ceño y lo miró de una forma diferente a como lo había hecho otras veces. Se fijó en sus rasgos, ¿tan mayor era? No. Seguía teniendo un rostro juvenil. Le salían algunas arrugas junto a los ojos cuando sonreía, pero ahora no estaba sonriendo.

-Adiós, Jake-Rachel se dio la vuelta y salió del cuarto pasando lo más lejos posible del joven moreno.

No quería hablar con él. Se lo había dejado muy claro, mucho más claro de lo que ella había podido dejárselo jamás a Benjamin. Nunca sería nada de Jake. Nada. Jamás. Apenas había dado dos decenas de pasos cuando empezó a llorar. Las lágrimas se deslizaron por su rostro con la misma dulzura que lo habían hecho los labios de Jake la noche anterior. Y ahora sólo quedaban las lágrimas.

Llegó a su habitación como pudo y se dejó caer sobre su cama. El ruido de un cristal rompiéndose y alguien maldiciendo la hizo levantar la mirada levemente, para encontrarse con Noah, al que se le acababa de caer un vaso al suelo. Los trozos de cristal dejaban adivinar perfectamente lo que había sido el objeto, pero el chico no lo estaba mirando. Tenía una botella llena de un líquido dorado y se la acercó a los labios, dándole un trago largo. Bajó la botella y se limpió con el antebrazo lo que le había caído por la cara, aunque parte ya había goteado hasta su camisa negra. Sus ojos se encontraron con los Rachel. Unos verdosos enturbiados por el alcohol, otros color miel bañados en lágrimas.

-Rach, ¿cóm… cómo estás?-a Noah le costaba hablar, pero se acercó a la cama y se sentó al lado de ella, sin soltar la botella-¿Quieres algo? Ayuda… Muchísimo-se tambaleó lentamente mientras le tendía la botella-Es… Es… Wees… Whisky.

Noah se llevó una mano a la cara, cubriéndosela. Rachel se estiró y cogió la botella, sentándose sobre la cama para poder beber. Nunca había tomado alcohol en su vida, jamás. Ingerir algo que mermara sus capacidades era algo que se le antojaba estúpido. Pero el dolor era una buena excusa para las estupideces. Se llevó el morro a los labios y le dio un trago.

-Tenía un vaso pero… Puf. Ahora ya no… no funciona-Noah tiró de la botella para recuperarla-Es bueno que estés aquí… Para despedi… Despedirme.

-¿Te vas?-le preguntó Rachel, que seguía haciendo muecas por el calor que había llenado su garganta al ingerir el elixir dorado.

-Voy a hacer lo mismo que Thomas. Saltar. Los osados saltamos, eso es lo que hacemos. Saltar sin pensar en nada más…-pegó la botella a sus labios de nuevo-Y soy un osado-parte del líquido se salió de nuevo.

-Los osados hacen otras cosas. Proteger a los que no pueden defenderse, divertirse, correr… Jugar con la gente-las lágrimas volvieron a llenar los ojos de la chica.

-Nadie protegió a Chris, ni a ti, ni a Arya, ni a Thomas… Ninguno de nosotros se lo está pasando bien-se detuvo un momento para recuperar la postura recta-Correr no es una opción. La facción antes que la sangre. Voy a dejar mi sangre en ese abismo, Rachel.

-No, no vas a hacer esa estupidez. Sólo dices esto porque estás borracho-le cogió la botella y le dio un pequeño trago-Tú vas a ser un osado.

-Estoy borracho porque soy un cobarde que no pone… No puede saltar-cada vez que se tenía que corregir se notaba el esfuerzo que le costaba hablar.

-Saltar es para los cobardes. ¿Qué mérito tiene morir? Lo que hacen los valientes es vivir, tomar decisiones, equivocarse, llorar, sufrir… Tener claro que te va a pasar todo eso y aún así querer seguir vivo, eso sí es valentía-le dijo ella, acercándose de nuevo el whisky.

-¿Cómo puedo ser valiente cuando tengo miedo, Rachel?-los ojos turbios de él se clavaron en los suyos, exigiéndole una respuesta.

-Sólo se puede ser valiente cuando se tiene miedo. Y no tienes miedo a saltar, Noah, tienes miedo a seguir vivo. Ese es el miedo que te tiene que hacer valiente-le tendió la botella.

-¿Y tú? ¿A qué tienes miedo, erudita?-le preguntó él antes de llevarse la botella a los labios.

-No sé a lo que tengo miedo exactamente. Supongo que eso es lo que me da miedo-respondió ella poniéndose en pie. Mareándose levemente al hacerlo.

-¿Y cómo vas a ser valiente?-Noah miraba con un ojo por el agujero de la botella, vacía.

-Supongo que haciendo preguntas, atreviéndome-dio un par de pasos y se tropezó con la siguiente cama-Esto del alcohol hace efecto más rápido de lo que yo pensaba-se rió entre dientes-¿Por qué se mueven las cosas?


-Siento haberme ido antes así, fue un error, ¿sabes?-Rachel se apoyó en la pared para mantener el equilibrio.

-¿Estás borracha?

-Sí, pero no sé por qué-se rió de nuevo, una risilla tonta que no era habitual en ella-Y quería verte borracha. Porque tengo que decirte cosas y… Sobria no me salen nada bien.

-Te escucho. ¿Quieres sentarte?-le ofreció una de las sillas que había en la sala de lanzamiento de cuchillos-Te noto inestable.

-Inestable-Rachel se empezó a reír-Es una palabra graciosa, ¿no crees?-se acercó a la silla y se sentó en el borde, a punto de caerse. Por suerte él la sujetó.-Bien, quería hacerte una pregunta: ¿tú me quieres?

-Pensaba que eso ya estaba claro-le dijo él sin dejar de sujetar el brazo de la chica.

-Tendría que haberme traído la botella porque creo que he bebido poco-Rachel suspiró y miró los ojos de él, que la observaban con atención-¿Cuándo empezaste a quererme?-él levantó una ceja-Es una cosa seria, ¿vale?

-No sé. No recuerdo un momento exacto-admitió él-No hubo un día en que me levantara y me dijera a mí mismo: “Estás enamorado de Rachel Everdeen”.

-Entonces me voy-dijo ella lanzándose hacia delante.

Benjamin la sujetó por la cintura para evitar que cayera de cabeza contra el suelo. Una vez que la levantó se quedó abrazándola por detrás, apoyando la mejilla en su pelo.

-No te vayas-le pidió en un susurro.

-Dime cual era el miedo relacionado con el baño y puede que no me vaya-le instó Rachel con una sonrisa de suficiencia, como si hubiera planeado la conversación para llegar a ese punto, cosa que no era así.

-Eso es chantaje, Everdeen-protestó él, apartándose un mechón rubio de los ojos.

-¿Y bien?-Rachel retorció el cuello para mirarlo, quedando con su cara muy cerca de la del rubio.

-Tengo…-se mordió el labio, avergonzado-Miedoaquesalgauncaimáncuandoestoysentadoenelváter-lo dijo todo seguido, atropellándose.

-Eres muy mono cuando te pones rojo, Baker-Rachel se rió y le dio un beso en la mejilla. Intentó moverse sin éxito debido a que él la retenía-No sé qué demonios estoy haciendo, Ben…

-Me estabas preguntando desde cuándo te quiero-le recordó él en voz baja-Y yo te dije que no lo sabía. Pero te puedo decir cuánto te quiero, Rachel. Eres lo que más quiero en el mundo, te amo. Cada vez que pienso que puede que no seas para mí, mi vida pierde el sentido. Vivo por ti, por tus ojos, para tus ojos, de hecho. Todo lo que he hecho… No sé. Siempre he sabido que no era un erudito, cada cosa que estudiaba era para intentar estar contigo. Cada clase que soportaba era con la esperanza de encontrarte. No puedo decirte cuánto hace que te quiero, pero te juro que llevo haciéndolo más que cualquiera de esos hombres que ahora se quieren acercar a ti. Te quería cuando aún eras una enana a la que su madre tenía que coger en brazos para subirla en bus…

-Eso no fue hace mucho, Ben-lo cortó ella con una sonrisa divertida.

-Tardaste en crecer, pero desde que lo hiciste… Brillas. Da igual lo que hagas, con quién estés. Cada vez que te miro eres como el sol-confesó él llevando los labios al cuello de ella.

-¿Estás aprovechándote de una doncella borracha, Benjamin Baker?-le preguntó Rachel suspirando ante sus besos-Porque es exactamente lo que la doncella quiere que hagas.

El rubio tiró de la camiseta de ella hasta sacársela por la cabeza. Le dio la vuelta para mirarla antes de lanzarse a por sus labios mientras sus manos exploraban el cuerpo de la muchacha. La ropa fue cayendo progresivamente al suelo de la sala, que únicamente estaba iluminada por el brillo azulado de las dianas, que realzaba los ojos de Benjamin.

-Nunca he hecho esto-admitió él tumbado sobre ella en el suelo, ambos sobre el montón de ropa que había ido arrancando lentamente el uno del otro.

-¿Te estás arrepintiendo?-le preguntó ella mientras tiraba de su cara para besarlo de nuevo. Todo el daba vueltas, menos los ojos de él. Parecía como si ese azul fuese lo único que existía en el mundo, como si todo lo demás fueran fantasmas.

-¿Tú?-le preguntó él sin alejarse demasiado de sus labios.


“Hoy no” fue la respuesta que no llegó a salir de la boca de Rachel. 


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Consejo para las lectoras jóvenes: no bebáis, porque podéis meter la pata a lo Rachel. ¿El alcohol la aclara o la confunde? No se sae. Bien, bien. Un placer estar de vuelta con todas vosotras y con la nueva incorporación al club de lectura, una rusa o.O Me ha costado una vida y media escribir esto porque me había desacostumbrado, y es una pena porque era un capítulo para inspirarme. La semana que viene pasarán menos cosas y luego ya la recta final :)

PD1: 'Brighter' es la canción del capítulo; sin ella no lo habría acabado jamás.
PD2: Hay una frase de CdHyF para que os hagáis una idea de lo que puede pasarle a nuestros queridos personajes en próximos capítulos.

Muchas gracias por pasaros :D