¿Cómo estás? Ya sé que, como siempre, no tienes un minuto para mí, pero no pierdo nada por preguntar. He estado pensando en ti esta mañana, mientras revisaba las estupideces que envié por Whatsapp mientras estaba borracho. ¿Te acuerdas de esos corazones que te mandaba a las cinco de la mañana y a los que casi nunca respondías?
Qué poco me has querido. Y qué lástima, porque esos ratos en los que estabas enamorada de mí fueron maravillosos. Supongo que parte de su encanto residía en la brevedad, en el poco tiempo que transcurría antes de que volvieras a darte cuenta de que lo nuestro era imposible, que yo era el chico con el que no podía ocurrir nada. ¿Y sabes por qué no ha pasado nada? Porque todo el mundo dijo que iba a pasar y te has empeñado en llevarles la contraria. Orgullosa. Y me daba igual porque los amores platónicos también son bonitos. Pero ya no eres ni eso, creo que eres un fantasma de mi pasado. Me sigo preguntando por ti, no lo dudes.
Pero las estupideces se las mando a otra.