31 de octubre de 2014

You broke my fucking heart.

Fascinación.

Podía confundirse con amor, cariño, respeto, miedo o un millón de cosas más. Pero no podía negar que era fascinación. Lo que había sentido cuando la había visto por primera vez, lo que sentía ahora.

Recordé aquel momento, cómo ella parecía atraer todas las miradas del bar sin ningún motivo. Tenía ese algo que hacía que quisieras ver más de lo que ya enseñaba su provocativa ropa. La primera vez que me habló decidí que quería verlo todo. Tenía esa voz tan oscura y sugerente, esa voz que parecía querer contar cientos de historias que me hubiera gustado protagonizar. Rebosaba confianza.

Su forma de moverse hacia mí, haciéndome sentir el centro de aquel bar sólo por recibir su atención. Mi sonrisa involuntaria al notar que lo hacía, que venía. Se puso tan cerca que su olor llenó mi alma. No recuerdo a que olía en aquel momento, ni siquiera puedo decir si era algo fresco o frutal, pero sí recuerdo preguntarme cómo habría conseguido oler de esa forma. Y deseé que fuera un suavizante o cualquier cosa que se pudiera imitar, pero sabía que no era así. Que era algo suyo. Especial.

Cuando mis ojos se encontraron con los suyos ya supe que no había escapatoria. Nunca había visto ese color, o quizás nunca lo había mirado de esa forma. Jamás me había topado con nada tan magnético.

Apenas llevábamos un minuto hablando y ya tenía la sensación de que podría estar así durante el resto de mi vida. Había un misterio en ella que quería descubrir, un secreto que quería que me contara… O no. No sabía lo que tenía, pero quería aprender. Estaba segura de que podría pasarme horas simplemente viéndola hacer cosas. Porque tenía algo en la forma de moverse, en la forma de mirar. No tenía ni idea de qué era pero estaba allí. Y yo era una persona muy curiosa. O quizás no. Quizás me convertí en una persona curiosa en ese momento, y quizás dejara de serlo cuando nos separamos. Puede que ella haya sido todo lo que me ha despertado tanto las ganas de aprender en mi vida.

Y sus palabras no me decepcionaron.

Lo que dijo sólo me confirmó que merecía la pena quedarme a escucharla el tiempo que hiciera falta.
Una sonrisa se dibuja en mi cara al darme cuenta de que eso sigue siendo cierto. Sigue siendo tan inevitable como siempre.

Y las palabras salen de mis labios. Sin más.


“I heart you too.”

Porque nunca había conocido a alguien con tanta facilidad para absorberme y conseguir que no me importara.

15 de octubre de 2014

Películas de miedo, camisetas y amor para toda la vida.

Hay gente a la que le dan miedo las películas de terror. Cierran los ojos, se tapan los oídos y sufren de verdad mientras lo ven. Les sudan las manos y se secan en el pantalón antes de coger las palomitas. Quizás están en ese cine sólo para que su mano roce otra mano en ese gesto. Quizás han ido porque todo el mundo iba. O quizás quieren dejar de tener miedo. De las películas o de otra cosa.

Sin embargo, yo no puedo evitar reírme cuando Freddy Krueger hace chistes verdes, cuando habla de un sueño húmedo mientras la chica está hundiéndose en la sangre que inunda el pasillo. Es un humor turbio. Oscuro. Creo que las películas de terror son otra forma de comedia, pero simplemente cuesta más reírse del negro que se tropieza escapando del asesino por el bosque que del chico que se cae enfrente del amor de su vida haciendo el ridículo. Y no sé por qué. No entiendo por qué intentamos ser tan correctos, por qué seguimos tantas normas: ríete en las comedias, llora con los dramas, di que "El club de la lucha" es muy buena aunque te confunda y que el final de "Quiéreme si te atreves" es malo porque no te confunde.

Y asústate con las de terror.
Mejor si gritas.
Ahí estaré yo para reírme.

Porque no me da miedo que un hombre con jersey a rayas se meta en mis sueños para matarme. Diciendo eso puedo parecer muy dura, pero no lo soy. A mí me dan miedo las canciones, especialmente cuando dicen que el amor verdadero es tan sólo el primero. Lo escucho y tiemblo. Lo pienso y me sudan las manos. No hay manera de sonreír al pensar en ello. Porque cuando me enamoré por primera vez no supe que no iba a tener más opciones. Simplemente pasó. Es como si eliges un día que camiseta ponerte y luego resulta que no te la puedes quitar en toda la vida. Sólo puedes ponerte otras encima, pero te quedarán raras, te sentirás incómoda con ellas porque tienes esa otra debajo. Esa tan bonita o tan cómoda o tan algo. Algo tiene que tener para que te la hayas puesto esa mañana. O quizás estabas borracha y era lo primero en el cajón; pero si estaba en el cajón era por algo también.

Y mi camiseta es preciosa.
Comparada con cualquier otra.
Cualquiera.
No he encontrado ninguna mejor.
Y ese es el problema.

Pero algún día quizás mi mano roce la suya al coger las palomitas. Y nos miraremos. Y entenderemos la vida. Y dejará de ser un problema que le vaya a querer para siempre.

O quizás no.