Dedicado a Clara Duck.
8x02 Thomas.
Febrero 2013.
La tele estaba encendida y Pandora la miraba con atención
mientras comía unas palomitas. Era una película de dibujos animados sobre un
villano que adoptaba a tres niñas. De vez en cuando soltaba alguna risa y
miraba a Thomas, que estaba a su lado, con las largas piernas estiradas y
apoyadas sobre la mesa de cristal que había entre el sofá de cuero blanco y el
gran televisor de plasma. Thomas tenía su mano apoyada sobre el vientre
abultado de ella, y levantaba ligeramente la comisura del labio cuando su hijo
daba una patada.
-Me encanta esta película-le dijo Pandora, con la boca llena
de palomitas.
Thomas no contestó, estaba mirando a su mano y sonriendo.
-¿Has notado esa patada? Va a ser todo un campeón-comentó el
chico sin dejar de mostrar su blanca dentadura.
Pandora miró a la mano y luego al cuenco de palomitas, de
donde volvió a coger un puñado para llevárselas a la boca. Le gustaba el calor
que desprendía la mano de Thomas, no podía negarlo, pero odiaba que él sólo
viera el bebé en ella.
-¿Podemos salir a cenar hoy? Estoy muy hambrienta, Tomo-le
preguntó y lo miró de reojo.
-Tengo que asistir a una fiesta en Londres-le dijo él,
acariciando levemente su tripa antes de retirar la mano y ponerse en pie con
lentitud-Le diré a la señora Mellark que haga la compra antes de venir y te
haga una cena suculenta, ¿de acuerdo?
-Pero yo quiero cenar contigo…-protestó Pandora, haciendo un
puchero.
-Lo siento, Panda, es importante, los patrocinadores me han
pedido que vaya-Thomas miró el reluciente Rolex que adornaba su muñeca para
comprobar que tenía media hora para ducharse y vestirse-El domingo tendré todo
el día para estar con vosotros.
-Falta mucho para el domingo-Panda mantuvo el puchero con
insistencia.
-Merecerá la pena-Thomas se inclinó y le dio un beso en la
frente-¿Vas a ir a la guardería a buscar a Elisa o le pido a alguien que la
recoja?
-Es mi hija, iré yo misma-Pandora miró el reloj y se
incorporó con dificultades del sofá, puesto que la barriga de siete meses era
muy abultada-¿Puedo coger el Mercedes?
-Claro, yo me iré en el Mustang al aeropuerto-asintió él,
sonriéndole levemente-Voy a darme una ducha y preparar mis cosas.
…
Thomas se estiró el traje al salir de la limusina que lo
había llevado hasta el hotel. Había sido un detalle por parte de la marca
deportiva enviar ese coche a recogerlo al aeropuerto. Se había quitado la ropa
de viaje en el interior y ahora lucía un esmoquin negro con camisa blanca y
corbata. Todo hecho perfectamente a su medida.
Cuando años atrás había aceptado viajar a Harvard gracias al
consejo de un desconocido, que ahora era su manager, nunca pensó que llegaría
al punto en el que se encontraba ahora mismo. Había estudiado historia con
Pandora, pero seleccionando las asignaturas más dedicadas al arte; mientras que
la rubia se había convertido en una experta en conquistas y reconquistas. Tras
cuatro años compaginando los estudios con su carrera deportiva, ahora era un
corredor importante en los maratones de todo el mundo, incluso iba a participar
en los Juegos Olímpicos de Brasil.
Ya había tenido éxitos importantes en su segundo año de
carrera y había conseguido algunos ingresos con los que, antes de comprarse
nada para él, les había comprado a su madre y sus hermanos un nuevo piso en
Bristol, aunque no los visitaba muy a menudo. Ellos, sin embargo, si solían
aparecer de vez en cuando por su ático con vistas a Central Park.
En la entrada del hotel había extendida una alfombra roja y
varios fotógrafos estaban colocados a los lados, haciendo brillar sus flashes
ante cada persona que recorría el camino hacia la puerta del hotel. Thomas
caminó mirando al suelo, con una sonrisa divertida por lo extraño que le seguía
pareciendo todo aquello.
…
Elise era una niña de tres años, con el pelo negro y la piel
tostada permanentemente. Tenía unos vivaces ojos oscuros, iguales a los de su
padre. Pandora era incapaz de encontrar ningún rastro de sus propios genes en
la niña que había salido de su vientre.
-¿Señorita Pandora?-preguntó la señora Mellark en cuanto
ésta y la niña atravesaron la puerta de entrada-El señor Thomas ha llamado hace
un rato para comunicar que había llegado bien a Londres.
Pandora asintió mientras le quitaba el abrigo amarillo a
Elise y lo colgaba en el armario de la entrada. La niña sonreía mientras se
quitaba el agua de la cara.
-Hemoz ido a sena cosas de gordas-comunicó Elise mostrándole
una sonrisa enorme a la señora Mellark-Pero mami dice que puedo comer quezo.
¿Me daz quezo?
-Claro que sí, ven conmigo pequeña-la mujer, de unos
cincuenta años, le tendió su mano regordeta a la niña, que la agarró con
fuerza-¿Desea algo, señora?-le preguntó a Pandora levantando sus ojos verdes
hacia ella.
-Creo que iré a acostarme. La espalda me está matando-la
rubia se llevó una mano a la espalda, gesto que hacía casi permanentemente
desde las últimas semanas.
…
El salón de baile del hotel estaba lleno de personas
elegantemente vestidas. Thomas había saludado a unos y a otros durante un largo
rato, pero el cansancio le empezaba a hacer mella. Bostezó y miró a los invitados
desde el taburete en el que estaba sentado. No había nada interesante por allí.
Volvió a bostezar cuando, de repente, notó algo muy frío en la entrepierna.
Abrió los ojos y se puso en pie rápidamente, pisando a uno de los camareros que
lo miraba con los ojos muy abiertos.
-Lo siento, señor-el chico sacó un pañuelo largo y frotó en
el pantalón de Thomas, que se apartó al notar la mano del chico en sus partes
nobles-Oh, yo… No pretendía-las orejas del chico se estaban oscureciendo por
momentos-No soy gay ni nada de eso. Soy musulmán. No aceptamos esas cosas.
-La gente tiene libertad de decidir a quién querer-le dijo
Thomas quitándole el trapo de las manos y secándose él mismo-¿Tienes un
secador?
-Yo valoro mucho esa libertad, mi mejor amigo es homosexual,
de hecho-el camarero se irguió en su traje blanco-Es más famoso que
usted-declaró con orgullo.
-Ni siquiera sabes quién soy-replicó Thomas-¿Un secador, por
favor?
…
El camarero hindú se fumaba un porro con calma en el
callejón donde se encontraban los contenedores del hotel. La basura cara era
tan maloliente como la otra, cosa que Thomas ya había comprobado con
anterioridad. El atleta se encontraba sin pantalones, con la parte de arriba
del esmoquin, unos calzoncillos rojos, los calcetines y los zapatos; apoyado en
la pared junto al otro chico.
-Tienes piernas de atleta-comentó el camarero sonriendo,
ligeramente colocado y con la mirada algo perdida.
-¿Estás seguro de que el homosexual es tu amigo? Ya es la
quinta vez que me lo dices desde que estamos aquí-Thomas miró su móvil, dudando
sobre si debía llamar a alguien para que le trajera unos nuevos pantalones,
puesto que los suyos estaban secándose en el horno.
-Se llama Maxxie, es un bailarín gay muy importante-comentó
el chico con orgullo.
-¿Por qué recalcas tanto su sexualidad?-Thomas bajó hasta la
letra “K” al ver cómo el reloj llegaba a las 0:00.
-Soy un musulmán abierto de mente. También fumo, bebo,
follo… Follo todo lo que puedo-el chico se rió de nuevo, claramente ido.
-¿Cómo has dicho que te llamabas?-le preguntó Thomas, con el
dedo sobre el botón de llamar.
-Anwar-respondió él, con cara de felicidad.
-Bien, Anwar, ¿puedes entrar a vigilar mis pantalones? Es
San Valentín y me gustaría llamar por teléfono a mi novia-Thomas le sonrió
levemente.
-Oh, claro. Yo llamaré a Maxxie, aunque en Nueva York aún no
es San Valentín-Anwar asintió para sí mismo mientras entraba a la cocina-Seré
el primero.
…
Pandora miró el reloj digital que había sobre su mesilla de
noche y luego el del móvil, en el que había puesto la hora europea. Hacía años
que Thomas no la llamaba por San Valentín. Miró al techo y suspiró. Quizás
debería llamarlo ella.
…
-¿Thomas?-preguntó una voz femenina al otro lado del
teléfono, visiblemente sorprendida.
-Feliz Día de San Valentín-le dijo él, sin poder contener
una amplia sonrisa.
Le daba igual escuchar su voz todos los días, cada vez que
ella hablaba, y más cuando decía su nombre, la sonrisa se pintaba en su cara y
la felicidad llenaba su corazón.
-Pero si faltan muchas horas para eso-dijo ella, con una
sonrisa ladeada. Sujetaba el móvil con su pequeña mano y se miraba las uñas
moradas de la otra mientras hablaba, comprobando que estuvieran perfectas.
-Estoy en Londres, amor-le explicó él-Podemos vernos en unas
horas, cogeré un taxi hasta Bristol ahora mismo…-se miró las piernas desnudas-O
en un rato-frunció el ceño.
-Estoy en Nueva York, Thomas-ella hizo una mueca-Había
venido para darte una sorpresa, aprovechando que también tenía ciertos
compromisos laborales.
Thomas se quedó sin palabras. Ambos habían cruzado un océano
y se habían quedado en lados contrarios, tal y como les ocurría siempre.
-Llevamos meses sin vernos-dijo él, sin saber si era una
queja o no.
-¿Cuándo estarás de vuelta?-preguntó ella, mordiéndose el
labio, puesto que también estaba decepcionada por no poder encontrarse con él.
-El domingo-Thomas bajó la mirada hasta sus zapatos
brillantes, la tristeza cubría su rostro.
-Podemos cenar juntos, si quieres…-la chica siguió con los
dientes rozando su labio inferior mientras sacaba una agenda de su mesilla de
noche y la hojeaba-Estaré en Las Vegas. ¿Puedes cambiar el vuelo y venir hasta
aquí?
-Le había prometido a Pandora que cenaría con ella…
-Con ella puedes cenar cualquier otro día, Thomas-la forma
de convencerlo era arrolladora, no era por el tono, era que sus deseos eran
órdenes para él. Y el deseo de ella era estar con él.
-¿Y si le digo que venga?-propuso él, sin desviar la mirada
de sus zapatos. Alargó la mano y quitó una mancha de polvo de la puntera de uno
de ellos.
Al otro lado de la línea sólo se escuchó una respiración
regular.
-¿Katie?-insistió Thomas-Perdona, no estuvo bien proponerte
eso. Cenaré contigo y le diré a Pandora que puedo ir con ella cualquier otro
día-su novia mantuvo el silencio-Katie, te quiero.
-Thomas, lo siento. Es ya bastante duro saber que vives con
tu exnovia como para encima…-Katie miró al techo para contener las
lágrimas-Estoy sensible hoy. Lo siento.
-Vivo con ella pero sólo es una relación profesional,
Kat-Thomas caminó de forma nerviosa-Nada más.
-¡No creo que vayas a cenar con la señora Mellark o las
chicas de la limpieza!-le gritó Katie, que se arrepintió al instante y suspiró
al otro lado de la línea-¿Te sigue gustando Pandora?
-A mí sólo me gustas tú-el tono de Thomas parecía tan sincero
que logró que ella se relajara.
-En Bristol, cuando la conociste, te gustó al momento. Me
dijiste varias veces que la querías y no podías cambiar eso-Katie Fitch seguía
mordisqueándose el labio en cada silencio que guardaba-Fue amor a primera
vista.
-“Fue”, “fue” y lo importante es eso, que es pasado-Thomas
seguía caminando de un lado a otro del callejón-Katie, no recuerdo que fue lo
que pensé la primera vez que te vi. Quizás dudé si eras tú o Emily, pude pensar
que eras preciosa, o puede que no pensara nada. No te quise la primera vez que
te vi, pero te juro que te querré hasta la última vez que te vea.
Katie cerró los ojos y se secó las mejillas con el dorso de
la mano. Thomas notó que los suyos también se habían humedecido y parpadeó
varias veces.
-Te quiero-dijo ella finalmente, con simpleza. Sabía que no
le decía nada nuevo, que era obvio, pero pronunció las palabras y él sonrió, y
ella lo supo.
-Me muero de gan…-Thomas se interrumpió al escuchar gritos
dentro de la cocina.
-¿Thomas?-preguntó Katie tras un tiempo de espera
prudencial.
El chico empujó la puerta de la cocina y se encontró a Anwar
con sus pantalones en llamas en las manos, corriendo hacia el fregadero
mientras gritaba “¡fuego!”, haciendo que otros camareros entraran. Uno de los
chicos, el más joven, cogió una olla y la vació encima de Anwar, apagando el
fuego. Anwar se volvió hacia Thomas con una langosta decorando su cabeza y
chorreando.
-Katie, tengo que dejarte, luego te llamo-Thomas colgó y se
guardó el móvil en el bolsillo.
Frunció el ceño al ver al chico musulmán, pero finalmente
soltó una carcajada al ver cómo Anwar retiraba con cuidado una de las pinzas de
la langosta que rozaba su oreja, como si temiera que fuera a moverse después de
hervida.
-Señor atleta, espero que tenga otros pantalones o tendrá
que lucir piernas-Anwar sonrió también una vez que se deshizo del crustáceo.
-¿Qué tal esos blancos que llevas tú?-propuso Thomas
sonriendo también.