27 de agosto de 2013

#skinsBURN Keep waiting.

Hola, queridísimos visitantes. Pongo esta entrada para que veáis que no me he olvidado de que tengo pendiente una entrada, ni mucho menos. Lo que pasa es que estoy teniendo unas semanas bastante intensas y no tengo tiempo (y los nervios no me dejan inspirarme).

Keep waiting, please.


12 de agosto de 2013

#skinsBurn 8x02 Thomas

Dedicado a Clara Duck.

8x02 Thomas.

Febrero 2013.

La tele estaba encendida y Pandora la miraba con atención mientras comía unas palomitas. Era una película de dibujos animados sobre un villano que adoptaba a tres niñas. De vez en cuando soltaba alguna risa y miraba a Thomas, que estaba a su lado, con las largas piernas estiradas y apoyadas sobre la mesa de cristal que había entre el sofá de cuero blanco y el gran televisor de plasma. Thomas tenía su mano apoyada sobre el vientre abultado de ella, y levantaba ligeramente la comisura del labio cuando su hijo daba una patada.

-Me encanta esta película-le dijo Pandora, con la boca llena de palomitas.

Thomas no contestó, estaba mirando a su mano y sonriendo.

-¿Has notado esa patada? Va a ser todo un campeón-comentó el chico sin dejar de mostrar su blanca dentadura.

Pandora miró a la mano y luego al cuenco de palomitas, de donde volvió a coger un puñado para llevárselas a la boca. Le gustaba el calor que desprendía la mano de Thomas, no podía negarlo, pero odiaba que él sólo viera el bebé en ella.

-¿Podemos salir a cenar hoy? Estoy muy hambrienta, Tomo-le preguntó y lo miró de reojo.

-Tengo que asistir a una fiesta en Londres-le dijo él, acariciando levemente su tripa antes de retirar la mano y ponerse en pie con lentitud-Le diré a la señora Mellark que haga la compra antes de venir y te haga una cena suculenta, ¿de acuerdo?

-Pero yo quiero cenar contigo…-protestó Pandora, haciendo un puchero.

-Lo siento, Panda, es importante, los patrocinadores me han pedido que vaya-Thomas miró el reluciente Rolex que adornaba su muñeca para comprobar que tenía media hora para ducharse y vestirse-El domingo tendré todo el día para estar con vosotros.

-Falta mucho para el domingo-Panda mantuvo el puchero con insistencia.

-Merecerá la pena-Thomas se inclinó y le dio un beso en la frente-¿Vas a ir a la guardería a buscar a Elisa o le pido a alguien que la recoja?

-Es mi hija, iré yo misma-Pandora miró el reloj y se incorporó con dificultades del sofá, puesto que la barriga de siete meses era muy abultada-¿Puedo coger el Mercedes?

-Claro, yo me iré en el Mustang al aeropuerto-asintió él, sonriéndole levemente-Voy a darme una ducha y preparar mis cosas.


Thomas se estiró el traje al salir de la limusina que lo había llevado hasta el hotel. Había sido un detalle por parte de la marca deportiva enviar ese coche a recogerlo al aeropuerto. Se había quitado la ropa de viaje en el interior y ahora lucía un esmoquin negro con camisa blanca y corbata. Todo hecho perfectamente a su medida.

Cuando años atrás había aceptado viajar a Harvard gracias al consejo de un desconocido, que ahora era su manager, nunca pensó que llegaría al punto en el que se encontraba ahora mismo. Había estudiado historia con Pandora, pero seleccionando las asignaturas más dedicadas al arte; mientras que la rubia se había convertido en una experta en conquistas y reconquistas. Tras cuatro años compaginando los estudios con su carrera deportiva, ahora era un corredor importante en los maratones de todo el mundo, incluso iba a participar en los Juegos Olímpicos de Brasil.

Ya había tenido éxitos importantes en su segundo año de carrera y había conseguido algunos ingresos con los que, antes de comprarse nada para él, les había comprado a su madre y sus hermanos un nuevo piso en Bristol, aunque no los visitaba muy a menudo. Ellos, sin embargo, si solían aparecer de vez en cuando por su ático con vistas a Central Park.

En la entrada del hotel había extendida una alfombra roja y varios fotógrafos estaban colocados a los lados, haciendo brillar sus flashes ante cada persona que recorría el camino hacia la puerta del hotel. Thomas caminó mirando al suelo, con una sonrisa divertida por lo extraño que le seguía pareciendo todo aquello.


Elise era una niña de tres años, con el pelo negro y la piel tostada permanentemente. Tenía unos vivaces ojos oscuros, iguales a los de su padre. Pandora era incapaz de encontrar ningún rastro de sus propios genes en la niña que había salido de su vientre.

-¿Señorita Pandora?-preguntó la señora Mellark en cuanto ésta y la niña atravesaron la puerta de entrada-El señor Thomas ha llamado hace un rato para comunicar que había llegado bien a Londres.

Pandora asintió mientras le quitaba el abrigo amarillo a Elise y lo colgaba en el armario de la entrada. La niña sonreía mientras se quitaba el agua de la cara.

-Hemoz ido a sena cosas de gordas-comunicó Elise mostrándole una sonrisa enorme a la señora Mellark-Pero mami dice que puedo comer quezo. ¿Me daz quezo?

-Claro que sí, ven conmigo pequeña-la mujer, de unos cincuenta años, le tendió su mano regordeta a la niña, que la agarró con fuerza-¿Desea algo, señora?-le preguntó a Pandora levantando sus ojos verdes hacia ella.

-Creo que iré a acostarme. La espalda me está matando-la rubia se llevó una mano a la espalda, gesto que hacía casi permanentemente desde las últimas semanas.


El salón de baile del hotel estaba lleno de personas elegantemente vestidas. Thomas había saludado a unos y a otros durante un largo rato, pero el cansancio le empezaba a hacer mella. Bostezó y miró a los invitados desde el taburete en el que estaba sentado. No había nada interesante por allí. Volvió a bostezar cuando, de repente, notó algo muy frío en la entrepierna. Abrió los ojos y se puso en pie rápidamente, pisando a uno de los camareros que lo miraba con los ojos muy abiertos.

-Lo siento, señor-el chico sacó un pañuelo largo y frotó en el pantalón de Thomas, que se apartó al notar la mano del chico en sus partes nobles-Oh, yo… No pretendía-las orejas del chico se estaban oscureciendo por momentos-No soy gay ni nada de eso. Soy musulmán. No aceptamos esas cosas.

-La gente tiene libertad de decidir a quién querer-le dijo Thomas quitándole el trapo de las manos y secándose él mismo-¿Tienes un secador?

-Yo valoro mucho esa libertad, mi mejor amigo es homosexual, de hecho-el camarero se irguió en su traje blanco-Es más famoso que usted-declaró con orgullo.

-Ni siquiera sabes quién soy-replicó Thomas-¿Un secador, por favor?


El camarero hindú se fumaba un porro con calma en el callejón donde se encontraban los contenedores del hotel. La basura cara era tan maloliente como la otra, cosa que Thomas ya había comprobado con anterioridad. El atleta se encontraba sin pantalones, con la parte de arriba del esmoquin, unos calzoncillos rojos, los calcetines y los zapatos; apoyado en la pared junto al otro chico.

-Tienes piernas de atleta-comentó el camarero sonriendo, ligeramente colocado y con la mirada algo perdida.

-¿Estás seguro de que el homosexual es tu amigo? Ya es la quinta vez que me lo dices desde que estamos aquí-Thomas miró su móvil, dudando sobre si debía llamar a alguien para que le trajera unos nuevos pantalones, puesto que los suyos estaban secándose en el horno.

-Se llama Maxxie, es un bailarín gay muy importante-comentó el chico con orgullo.

-¿Por qué recalcas tanto su sexualidad?-Thomas bajó hasta la letra “K” al ver cómo el reloj llegaba a las 0:00.

-Soy un musulmán abierto de mente. También fumo, bebo, follo… Follo todo lo que puedo-el chico se rió de nuevo, claramente ido.

-¿Cómo has dicho que te llamabas?-le preguntó Thomas, con el dedo sobre el botón de llamar.

-Anwar-respondió él, con cara de felicidad.

-Bien, Anwar, ¿puedes entrar a vigilar mis pantalones? Es San Valentín y me gustaría llamar por teléfono a mi novia-Thomas le sonrió levemente.

-Oh, claro. Yo llamaré a Maxxie, aunque en Nueva York aún no es San Valentín-Anwar asintió para sí mismo mientras entraba a la cocina-Seré el primero.


Pandora miró el reloj digital que había sobre su mesilla de noche y luego el del móvil, en el que había puesto la hora europea. Hacía años que Thomas no la llamaba por San Valentín. Miró al techo y suspiró. Quizás debería llamarlo ella.


-¿Thomas?-preguntó una voz femenina al otro lado del teléfono, visiblemente sorprendida.

-Feliz Día de San Valentín-le dijo él, sin poder contener una amplia sonrisa.

Le daba igual escuchar su voz todos los días, cada vez que ella hablaba, y más cuando decía su nombre, la sonrisa se pintaba en su cara y la felicidad llenaba su corazón.

-Pero si faltan muchas horas para eso-dijo ella, con una sonrisa ladeada. Sujetaba el móvil con su pequeña mano y se miraba las uñas moradas de la otra mientras hablaba, comprobando que estuvieran perfectas.

-Estoy en Londres, amor-le explicó él-Podemos vernos en unas horas, cogeré un taxi hasta Bristol ahora mismo…-se miró las piernas desnudas-O en un rato-frunció el ceño.

-Estoy en Nueva York, Thomas-ella hizo una mueca-Había venido para darte una sorpresa, aprovechando que también tenía ciertos compromisos laborales.

Thomas se quedó sin palabras. Ambos habían cruzado un océano y se habían quedado en lados contrarios, tal y como les ocurría siempre.

-Llevamos meses sin vernos-dijo él, sin saber si era una queja o no.

-¿Cuándo estarás de vuelta?-preguntó ella, mordiéndose el labio, puesto que también estaba decepcionada por no poder encontrarse con él.

-El domingo-Thomas bajó la mirada hasta sus zapatos brillantes, la tristeza cubría su rostro.

-Podemos cenar juntos, si quieres…-la chica siguió con los dientes rozando su labio inferior mientras sacaba una agenda de su mesilla de noche y la hojeaba-Estaré en Las Vegas. ¿Puedes cambiar el vuelo y venir hasta aquí?

-Le había prometido a Pandora que cenaría con ella…

-Con ella puedes cenar cualquier otro día, Thomas-la forma de convencerlo era arrolladora, no era por el tono, era que sus deseos eran órdenes para él. Y el deseo de ella era estar con él.

-¿Y si le digo que venga?-propuso él, sin desviar la mirada de sus zapatos. Alargó la mano y quitó una mancha de polvo de la puntera de uno de ellos.

Al otro lado de la línea sólo se escuchó una respiración regular.

-¿Katie?-insistió Thomas-Perdona, no estuvo bien proponerte eso. Cenaré contigo y le diré a Pandora que puedo ir con ella cualquier otro día-su novia mantuvo el silencio-Katie, te quiero.

-Thomas, lo siento. Es ya bastante duro saber que vives con tu exnovia como para encima…-Katie miró al techo para contener las lágrimas-Estoy sensible hoy. Lo siento.

-Vivo con ella pero sólo es una relación profesional, Kat-Thomas caminó de forma nerviosa-Nada más.

-¡No creo que vayas a cenar con la señora Mellark o las chicas de la limpieza!-le gritó Katie, que se arrepintió al instante y suspiró al otro lado de la línea-¿Te sigue gustando Pandora?

-A mí sólo me gustas tú-el tono de Thomas parecía tan sincero que logró que ella se relajara.

-En Bristol, cuando la conociste, te gustó al momento. Me dijiste varias veces que la querías y no podías cambiar eso-Katie Fitch seguía mordisqueándose el labio en cada silencio que guardaba-Fue amor a primera vista.

-“Fue”, “fue” y lo importante es eso, que es pasado-Thomas seguía caminando de un lado a otro del callejón-Katie, no recuerdo que fue lo que pensé la primera vez que te vi. Quizás dudé si eras tú o Emily, pude pensar que eras preciosa, o puede que no pensara nada. No te quise la primera vez que te vi, pero te juro que te querré hasta la última vez que te vea.

Katie cerró los ojos y se secó las mejillas con el dorso de la mano. Thomas notó que los suyos también se habían humedecido y parpadeó varias veces.

-Te quiero-dijo ella finalmente, con simpleza. Sabía que no le decía nada nuevo, que era obvio, pero pronunció las palabras y él sonrió, y ella lo supo.

-Me muero de gan…-Thomas se interrumpió al escuchar gritos dentro de la cocina.

-¿Thomas?-preguntó Katie tras un tiempo de espera prudencial.

El chico empujó la puerta de la cocina y se encontró a Anwar con sus pantalones en llamas en las manos, corriendo hacia el fregadero mientras gritaba “¡fuego!”, haciendo que otros camareros entraran. Uno de los chicos, el más joven, cogió una olla y la vació encima de Anwar, apagando el fuego. Anwar se volvió hacia Thomas con una langosta decorando su cabeza y chorreando.

-Katie, tengo que dejarte, luego te llamo-Thomas colgó y se guardó el móvil en el bolsillo.

Frunció el ceño al ver al chico musulmán, pero finalmente soltó una carcajada al ver cómo Anwar retiraba con cuidado una de las pinzas de la langosta que rozaba su oreja, como si temiera que fuera a moverse después de hervida.

-Señor atleta, espero que tenga otros pantalones o tendrá que lucir piernas-Anwar sonrió también una vez que se deshizo del crustáceo.


-¿Qué tal esos blancos que llevas tú?-propuso Thomas sonriendo también.

5 de agosto de 2013

#skinsBURN 8x01 Naomi.

¡Feliz lunes! Bienvenidos a esta entrada con tan extraño título. Al leer Naomi espero que hayáis pensado en Skins, porque eso significa que estáis en un buen sitio. Después de disfrutar con las dos primeras generaciones de Skins (la tercera la tengo pendiente), he visto Fire, Pure y Rise (hoy echan el último). Y los dos primeros me decepcionaron, cosa que con Cook no están haciendo. Y la decepción se hizo fic. Vi que no era la única que se quedaba con ganas de más y empecé a elaborar una idea en mi cabeza, varias ideas, nos merecemos una temporada más, eso está clarísimo. Y se me ocurrió una temporada entera, siguiendo la estructura habitual de la serie: un capítulo, un personaje. Al  ser por escrito da más problemas porque me tengo que centrar mucho más en cada personaje, pero espero que merezca la pena. 

Y... No sé. Aún no tengo claro si podré subir todas las semanas porque mi vida está en plan caótico y casi no escribo, pero he decidido poner el primer capítulo para que veáis que existe y que he hecho algo estas semanas. 

Por favor, os lo ruego: COMENTAD. Tanto en Twitter (¿con hastag para que los encuentre mejor? #skinsBURN mola como hastag XD) como aquí. Más que nada porque quiero saber qué os parece este capítulo, qué tendría que cambiar para los siguientes y eso.

PD: No aspiro a que se parezca en nada a la serie, que es genial por motivos que no puedo imitar.

8x01 Naomi.

Enero 2013.


La cama del hospital se había convertido en la única cosa fija en la vida de Naomi. Y Emily. Emily llevaba formando parte de su vida desde antes de conocerla, era la persona que la había hecho más feliz en su vida. Giró la cabeza para ver a su novia encogida a su lado, con la cabeza sobre su vientre. La mano de Emily sobre su piel era la mejor medicina para olvidar todo lo que iba mal en su vida. Había intentado beber, drogarse, salir, ignorar lo que le pasaba… Y la solución había estado al otro lado del océano, en Nueva York con su dulce Emily.

Naomi esbozó una sonrisa suave y acarició la mejilla de Emily con lentitud. Estaba mortalmente cansada y hasta el más mínimo movimiento le resultaba agotador, pero merecía la pena. Volvió a cerrar los ojos rezando por volver a despertarse al lado de ella una vez más.


Un celador empujó la silla de Naomi hacia su habitación. Acababa de recibir la quimio, aunque ya le habían dicho que no estaba haciendo el efecto deseado. Era la única oportunidad que tenía y quería intentarlo pese a todo el dolor. Rendirse a la muerte sería abandonar a Emily, hacerle daño, y eso era algo que no quería hacer nunca más.

Recordó todo lo que había vivido con ella mientras la silla rodaba. La primera vez que Emily la había besado. La primera vez que se habían visto. Sonrió débilmente al recordar aquella fiesta en casa de Pandora, en la que se había dado cuenta de todo lo que era Emily para ella. Las dudas, las veces que la había dejado tirada… Pero eso no contaba. Lo que importaban eran las veces que se habían cogido de la mano y se habían besado como si no hicieran falta las palabras.

El celador la colocó en la cama. La habitación estaba vacía, pero Emily llegaría en poco tiempo. Naomi lo sabía. Su vida en el hospital se estaba convirtiendo en una tortuosa rutina. Alguien llamó a la puerta justo después de que el celador saliera. Ella no hizo el esfuerzo de hablar, pero la puerta se abrió y una cabeza morena se asomó. Creyó que sería Effy, a la que llevaba un tiempo sin ver, pero se encontró con Dominic. Dibujó una pequeña sonrisa. Le había cogido cariño al chico en el poco tiempo que había pasado con él.

-Hola, Naomi-la saludó entrando y cerrando la puerta a su espalda-¿Cómo estás?

Ella se limitó a asentir levemente. Dominic no parecía tan jovial como de costumbre, lo que hizo que empezara a hacerse preguntas. Llevaba mucho sin ver a Effy. Demasiado. ¿Cuánto había pasado desde su última visita, en la que Naomi le había dicho que se iba a morir?

-Tengo que decirte algo sobre Effy-el chico se sentó en la esquina de la cama.

-¿Le ha pasado algo?-preguntó Naomi, con voz pastosa.

-Sí, pero no tienes que preocuparte, no es bueno en tu estado. Por eso no he venido antes, pero me sentía mal por no contártelo y…-Dominic se fue poniendo nervioso según hablaba.

-Dom…-lo interrumpió Naomi.

-Perdona-el chico se frotó las palmas de las manos en el pantalón-Effy está en la cárcel. La… Ayudé a obtener más beneficios en bolsa. Es ilegal y la han detenido. Ha hecho un trato para sacarme del asunto, pero ella va a pagarlo.

Naomi cerró los ojos y respiró lentamente, mientras trataba de asimilar lo que había ocurrido. Elisabeth Stonem siempre se había movido al borde de la legalidad desde que la había conocido, pero últimamente le había parecido que había asentado la cabeza. En lugar de eso, había cruzado totalmente la línea. Las lágrimas acudieron a sus ojos. No volvería a ver nunca más a Effy. Quizás le diesen un permiso para ir a su funeral, pero eso no serviría de nada. Los ojos azules de Effy, su oculta fragilidad… No debía estar en la cárcel. Ese no era su sitio.

-¿Se puede hacer algo para ayudarla?-le preguntó a Dom, abriendo los párpados y clavando sus aguados ojos claros en el chico.

-Nosotros no-el chico la miró, su gesto indicaba que lo estaba pasando mal-Tiene una buena abogada, una de las mejores, no sé cómo lo ha conseguido. Creo que la va a sacar pronto… Pero está en la cárcel.

-Joder. Joder. Effy-masculló Naomi, hundiéndose en la almohada.

Durante los meses que habían estado viviendo juntas, se habían unido bastante. Tenían discusiones de vez en cuando, pero había sido una buena época. Fiestas en casa, películas hasta las tantas, sesiones de limpieza que parecían conciertos…

-¿Puedo verla?-le preguntó a Dominic, aunque ya suponía cuál iba a ser la respuesta.

-No creo… Yo no he podido-el chico se pasó una mano por el pelo rizado.

-Me estoy muriendo, Dom. Necesito verla-le pidió Naomi.

La decisión no estaba en manos del amigo de Effy y ella lo sabía, pero no tenía a nadie más a quién pedírselo y esperaba que él intercediera por ella. Que hiciera algo, que la ayudara como había estado haciendo los días previos a su ingreso definitivo en el hospital. El móvil de Dominic sonó y el chico se lo sacó del bolsillo para leer un mensaje. Naomi no hizo ningún gesto, seguía con los ojos perdidos en el infinito.

-Naomi, me tengo que ir. Intentaré explicarle tu situación a la abogada de Effy-se levantó de la cama y se colocó la chaqueta marrón que llevaba puesta-Volveré pronto a verte.

Se dirigió hacia la salida y se giró después de abrir la puerta para mirarla, pero Naomi ya había cerrado los ojos y respiraba con lentitud, como si se hubiera dormido, aunque él sabía que no era así. Había estado más veces cuandoella se ponía en ese estado y los médicos le habían dicho que se debía al agotamiento. El agotamiento que le producía vivir.

...

Emily se mordió el labio levemente, apoyada junto a la puerta de la habitación de Naomi. Esa habitación en la que tantas lágrimas había derramado, en la que lo estaba perdiendo todo. Todo aquello que le había costado tanto conseguir, afianzar… Las discusiones con su hermana gemela, con sus padres, con la misma Naomi. Toda su relación. Todo eso se estaba muriendo sin que ella pudiera hacer nada. Cerró los ojos con fuerza y un par de lágrimas se deslizaron por sus mejillas.

-Señorita Fitch-la llamó una voz grave.

Ella se secó las lágrimas con el dorso de la mano y abrió los ojos para encontrarse con un estudiante de medicina que trabajaba con el doctor de Naomi. Era un hombre afroamericano joven, que se había mostrado muy compasivo, hablando con ella más de lo necesario tras enterarse de su situación.

-Doctor Fazer, ¿ha pasado algo con Naomi?-preguntó Emily, mirando por el cristal a su espalda. Su novia seguía tumbada en la cama con los ojos cerrados.

-No, pero tengo que hablar contigo. ¿Puedes venir al despacho un momento?-le preguntó él, mostrando levemente sus blancos dientes.

-Claro, doctor-Emily asintió y se separó de la pared para seguirlo.

-Puedes llamarme Ace, aún no soy un doctor-le dijo él mientras camina delante de ella por el pasillo del hospital.

-Yo seré Emily, entonces-ella asintió. Lo cierto era que se había sentido extraña con tanta formalidad en la forma de tratarse cuando, realmente, hablaban como los viejos amigos que no eran.


Naomi abrió los ojos al sentir que su cama se inclinaba. Notó unos brazos alrededor suyo antes de llegar a ver a Emily, que estaba enganchada a ella con fuerza. Cerró los ojos y respiró hondo, intentando disfrutar el momento al máximo. Emily se puso encima de ella a cuatro patas, sonriendo entre lágrimas. Naomi frunció el ceño sin comprender nada y miró al ayudante de su doctor, Ace Fazer, que se encontraba en la puerta con una amplia sonrisa.

-¿Qué ocurre, Ems?-preguntó desviando la mirada del joven para encontrarse con los ojos de Emily, ligeramente húmedos aún.

-Te vas a curar-Emily se inclinó hacia ella y le dio un beso en los labios, impidiendo que Naomi pudiera procesar la noticia correctamente-Hay un tratamiento que puede curarte-su boca fue dejando pequeños besos por la cara de Naomi, que la miraba sin mostrar demasiada alegría-¿No estás feliz?

Emily se incorporó sobre ella, quedando arrodillada con una pierna a cada lado de su cuerpo. Naomi miró a Ace, que las miraba con una sonrisa, sin parecer nada cohibido por la demostración de cariño que estaba teniendo lugar.

-¿Es verdad eso, doctor Fazer? ¿Lo ha hablado con mi médico?-le preguntó Naomi, notando que le costaba sacar la voz del cuerpo.

-Llámame Ace, por favor. Y sí, hay un tratamiento experimental en Estados Unidos. Ha funcionado en varios casos similares al tuyo y he conseguido que te admitan. Tú médico ha estado de acuerdo conmigo en que es la mejor opción-explicó él mientras daba un par de pasos hacia la cama-Podrás irte en dos días, hay un vuelo médico preparado. No te prometo una cura milagrosa, pero es una oportunidad, más de lo que tienes aquí.

Naomi miró a Emily, que la miraba uniendo las cejas levemente, aunque ese gesto no le restaba felicidad a su cara. Ace Fazer le estaba dando una oportunidad de seguir con ella un tiempo más. Puso una mano en la almohada y se empujó para incorporarse y atrapar la boca de Emily con la suya. Se besaron durante un rato. Cuando se separaron, el hombre seguía mirándolas con una blanca sonrisa destacando sobre su oscura piel.

-Es usted un pervertido, doctor-le acusó Naomi riéndose suavemente mientras se dejaba caer sobre la almohada con suavidad. Emily siguió su movimiento y apoyó la cabeza sobre su pecho. Él soltó una carcajada.

-Tendrás que firmar un par de autorizaciones, iré a buscarlas a mi despacho. Espero que estéis menos efusivas luego o no me haré responsable de mis miradas-Ace salió dejándoles la puerta cerrada.


Ambas se miraron y volvieron a besarse. Un amor como el suyo sólo necesitaba un poco de esperanza para volver a arder como el primer día.