30 de enero de 2013

Renegade. Capítulo 7.


'La habitación del pánico.'

“No tratéis de guiar al que pretende elegir por sí su propio camino.” -William Shakespeare.


“El dentista”. Fue el primer pensamiento que apareció en la cabeza de Rachel tras cruzar el pasillo de espejos. ¿Iban a decirles a qué facción debían ir dependiendo de la forma de sus dientes? Era imposible porque, en tal caso, la prueba no la haría un abnegado, necesitarían a gente de erudición.

Se fijó un poco más en la silla que la esperaba en el centro de la sala. Estaba ligeramente reclinada y, al lado, había un ordenador. Al lado del ordenador estaba una mujer vestida de gris. Rachel levantó los ojos examinando al abnegado lentamente y se detuvo en la jeringuilla que portaba en la mano. ¿Iba a inyectarle algo? ¿Anestesia? ¿Realmente iba a ser una operación bucal? ¿Se había lavado los dientes esa mañana? Se secó la palma de la mano en la pernera del pantalón. El miedo volvía a superar a la curiosidad en la lucha que se desarrollaba en el interior de la señorita Everdeen. Se acercó a la silla, puesto que era obvio que era lo que se esperaba de ella. ¿Había ordenadores en la consulta del dentista? No era capaz de recordarlo. Lo pasaba realmente mal en cada visita y después procuraba olvidar lo que había ocurrido.

-Hola, mi nombre es Danielle y estoy aquí para hacerte la prueba. Te aseguro que no te producirá ningún dolor. ¿Podrías sentarte?-la abnegada se dirigió a ella con un tono comedido, que nunca jamás llamaría la atención sobre cualquier otro sonido.

La chica le hizo caso y se sentó, quedando ligeramente recostada, pero en una postura nada relajada. En su cabeza hacía planes para escapar si intentaba meterle algo en la boca; si apenas confiaba en los expertos de erudición para esa tarea, nunca jamás dejaría que lo hiciera una estirada. La mujer empezó a colocarle unos cables, Rachel observó el proceso atentamente, mirando de vez en cuando los espejos que cubrían la pared de la sala para contemplar la escena. La abnegada se separó de ella y la miró a los ojos unos segundos. Rachel levantó una ceja, pues ese contacto visual era extraño procediendo de alguien que se suponía que buscaba no llamar la atención. No se relacionaba habitualmente con estirados, pero sabía que siempre mantenían la cabeza gacha. La mujer pareció darse cuenta de lo que estaba haciendo y se giró con rapidez, tendiéndole una botella sin establecer contacto visual con ella.

-Tienes que beberte esto-le indicó.

Rachel cogió el recipiente que le ofrecía y lo observó. No era de ningún color, pero tampoco era completamente transparente. Se lo acercó a la nariz y no notó ningún olor fuertemente químico. Hizo el ademán de meter un dedo para seguir haciendo pruebas, pero la mano de la estirada se interpuso, tapando el vaso.

-Tienes que bebértelo-insistió, con tono suave.

-¿Pero qué es?-le preguntó Rachel mirándola a la cara, pero sin encontrarse con los ojos de la mujer. No esperaba una respuesta técnica, pero al menos una ligera indicación que le sirviera por el momento.

-No lo puedes saber-le respondió, y sus ojos se encontraron unos segundos.

-Odio las sorpresas-Rachel apartó la mano de Danielle con brusquedad y se llevó el vaso a los labios, cerrando los ojos para analizar el sabor con mayor precisión.

Era un sabor dulce, aunque no demasiado, como si hubieran intentado hacer que supiera bien añadiendo azúcar, pero no la suficiente como para ocultar completamente lo que había por debajo… Algo parecido a… Una pila alcalina. Tenía sabor a pila dulce. Rachel frunció el ceño ante esa conclusión antes de abrir los ojos. Esperaba encontrarse a la mujer con alguna prueba, pero no estaba ahí. De hecho, ni siquiera estaba en la misma habitación. Miró alrededor sin reconocer la estancia, pero entonces se dio cuenta de que se trataba del comedor, era difícil situarse en él cuando estaba vacío.

“Elige el queso o el cuchillo.”

Una voz surgió de la nada, pero Rachel ni se molestó en girarse para ver de dónde provenía. Sabía que esa voz no venía de ningún lado, había venido de un lugar diferente, de su propia cabeza. Miró la cesta que había sobre la mesa. En ella estaban los dos objetos que la voz había mencionado. Rachel dio un paso hacia ella mientras en su mente se creaban hipótesis sobre el objetivo de la elección; era la prueba, y ella quería ser erudita, era erudita. Y los eruditos sabían que la conjunción “o” interpretada desde el punto de vista lógico permitía elegir una opción, la otra o ambas al mismo tiempo. Su mano izquierda se cerró sobre el queso mientras con la derecha asía el cuchillo. Esperaba que la misma voz le dijera que era apropiada para la facción de erudición, pero no pasó nada.

Miró los objetos que tenía en la mano. ¿Debía decir algo sobre ellos? ¿Cortar un trozo de queso? ¿Por qué no especificaban lo que había que hacer en la prueba? De hecho, no sabía qué demonios le había hecho el líquido. ¿Un somnífero? Ni con el más potente de ellos podría haberla dormido tan rápido, o quizás sí. No sabía demasiado de somníferos, era algo que debía estudiar cuando volviera a casa. Un ladrido hizo que volviera a la realidad, o al comedor, mejor dicho. Se giró con rapidez, pues en esa ocasión sabía que el ladrido era algo externo. Y ahí estaba un perro negro babeante y amenazante que avanzaba hacia ella con rapidez. Demasiada.

La erudita se subió a la mesa con rapidez, aunque eso no sería de utilidad, habría servido de algo si el origen del peligro fuera una serpiente, pero no cuando se trataba de un Canis Lupus Familiaris. Se bajó por el otro lado y corrió pasando por encima de la siguiente mesa, que volcó, haciendo que se cayera al otro lado. El cuchillo que llevaba en la mano se quedó a centímetros de su ojo. Tragó saliva. Los ladridos al otro lado de la mesa eran ensordecedores.

Miró el cuchillo. ¿Podría herir al perro sin que le ocurriera nada a ella? Era improbable.

Miró el queso. Los perros comían queso. Eso creía. Cortó el queso a la mitad con el cuchillo y le lanzó el trozo. Tuvo efecto, y la atención del animal se centró rápidamente en la comida. La chica suspiró con alivio y gateó por el suelo hasta llegar a la siguiente mesa, dónde se subió para observar el panorama. ¿La prueba iba a consistir en diversos intentos de asesinato por parte de animales furiosos? Eso no le parecía muy inteligente, por lo que no podía ser así.

-¡Perrito, ven perrito!-una nueva voz hizo acto de presencia.

Rachel giró la cabeza para encontrarse a una niña pequeña que estaba en una de las esquinas de la sala llamando al perro. Por lo menos eso confirmaba su teoría de que no todo serían intentos para matarla. ¿Qué le podía hacer una niña? El perro se volvió hacia la pequeña y se volvió agresivo de nuevo, Rachel no lo dudó y lanzó el otro trozo de queso al otro lado de la sala. Logró llamar de nuevo la atención del animal, que se dirigió hacia la comida.  La morena caminó hacia la niña, para llevársela de la sala antes de que el perro volviera a enfadarse.

-¿Por qué tienes un cuchillo en la mano?-le preguntó la niña, parecía asustada.

-Es para cortar el queso-respondió Rachel mirando unos segundos el filo brillante del arma, era un cuchillo de combate y lo sabía, pero la niña estaría más tranquila sin esa información.

-Parece un cuchillo de hacer pupa…-insistió la pequeña, que se pegaba contra la pared.

-Pero no lo es-replicó Rachel llegando hasta ella y cogiéndole la mano. Había una puerta unos cuantos metros a la derecha. Si la alcanzaban podrían alejarse del perro feroz definitivamente.

-No quiero ir contigo, llevas un cuchillo. Tíralo-protestó la niña mirándola con los grandes ojos empañados en lágrimas.

-No puedo tirarlo, podría ser útil-Rachel dio un tirón de la niña para que se moviera, el chucho había terminado de comerse el queso y las miraba fijamente.

-¡Me dan miedo los cuchillos!-la niña empezó a sollozar.

El perro se había girado hacia ellas y comenzaba a enseñarles los dientes. No había tiempo para pataletas de crías y no estaba dispuesta a abandonar su única arma, por lo que Rachel tiró de la niña contra su voluntad para ponerla a salvo tras la puerta. Una vez que la hubo cerrado a su espalda todo desapareció.



Volvía a estar en la silla del dentista. Parecía que hubieran pasado horas. Se miró ambas manos y comprobó que no tenía un cuchillo ni tampoco una mano blandita y rechoncha. Parpadeó un par de veces con el miedo a que todo desapareciera y que el escenario se convirtiese en una batalla campal. Tragó saliva y miró la espalda de la abnegada, que hacía algo en una de las máquinas, también se observó a sí misma en los espejos. No parecía agitada, de hecho, se sorprendió al darse cuenta de que no lo estaba. Por el contrario, estaba completamente concentrada en repasar lo que había ocurrido y encontrarle un sentido. No era una alucinación, estaba claro. Ni un sueño, ni nada aleatorio era…

-Ya tengo los resultados de la simulación-la estirada se giró alzando levemente las comisuras de los labios; una simulación, eso era, el líquido debía de haber afectado de alguna forma a su cerebro, de una manera controlable. Rachel empezó a pensar en neurotransmisores, pero la siguiente palabra de la mujer, de Danielle, la dejó en blanco-Abnegación.

Comenzó a sentir un zumbido en sus oídos. Aquello tenía que ser un error. ¿La prueba señalaba hacia abnegación? Pensó en lo que había hecho: huir del perro la alejaba de osadía, mentirle a la niña sobre el cuchillo impedía que la clasificaran como veraz, elegir imponer su voluntad y tirar de la niña borraban la posibilidad de pertenecer a Cordialidad… ¿Qué había hecho para que se descartara Erudición?

-Es imposible-dijo cuando recuperó la palabra-Cogí el cuchillo y el queso, eso es un signo de egoísmo, no puede haber salido ese resultado. Habrás hecho algo mal.

-Eres una chica inteligente. Y fría.-Danielle parecía en ese momento un témpano de hielo, sus ojos marrones no desprendían ningún tipo de calidez al unirse a los de Rachel.

-Una chica de Erudición-recalcó Rachel apretando los puños.

-Cierto, el resultado es Erudición-le mostró un impreso y la chica lo leyó rápidamente para constatar que así era-Fuera de aquí-le dijo antes de que Rachel pudiera hacer ninguna pregunta. Y tenía muchas. ¿Por qué la mentira? ¿Por qué ese cambio de comportamiento? Pero el tono de la estirada no admitía discusión y, aunque no lo admitiría, Rachel no quería enfrentarse a ella, le daba miedo.

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¡Síiiii! Las pruebas por fin, sólo me han llevado casi dos meses de fic (?) Como siga a este ritmo, la muchacha elige facción en agosto... Pasando por alto el bajo ritmo que lleva la historia, el cual pretendo incrementar a partir del capítulo 11, más o menos, espero que la prueba no haya sido muy chapucera. Era una de las dos partes de la historia más complicadas de redactar y espero haberlo hecho dignamente.

Recuerdo que se agradecerían comentarios, una opinión de clic o una mención en mi twitter (@aluapfdez) si leéis esto y os gusta o pensáis que es muy mejorable, o queréis hacer una petición (sí, se aceptan peticiones, de momento no he hecho caso a ninguna, pero en capítulos posteriores se tendrán en cuenta).

Después de recuperar el ritmo, vuelvo a publicar los lunes (maravillosos días en los que estaré de 9 a 19 en la facultad, pero eso no es culpa vuestra).

Un saludo y gracias por pasaros :)

27 de enero de 2013

Renegade. Capítulo 6.

¡Feliz lunes a todos! :D :D Vale, ya sé que es domingo y que se me ha ido el día de subir capítulo. Es que ha sido mi última semana de exámenes y es algo estresante, además os he dejado 'Now', no podéis quejaros. El siguiente no creo que lo suba mañana porque igual os saturo y no sois capaz de soportar tanto tostón, pero tampoco puedo decir qué día subiré. ¿El miércoles? Los miércoles son bonitos también. 
¡Hola patito! Me dijiste que querías leer algo del chico de pelo rojo pues... Espero que te guste igualmente.
Gracias a todos por pasaros por aquí, desde que he puesto el coso de las visitas me he dado cuenta de que esto es 'sagerao para lo que escribo, seguro que hay ALGUIEN haciendo trampas para añadirme visitas y subirme el ánimo. Gracias, mi ego te lo agradece.

No olvidéis que podéis demostrar vuestra existencia mediante comentarios. Si eso os da la chapa hay cinco botoncitos de evaluación, un clic no cuesta nada. Y si blogger os da grimilla, siempre os quedará tuiter para decirme algo.

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'Una oportunidad.'

“Si añades un poco a lo poco y lo haces así con frecuencia, pronto llegará a ser mucho.” - Hesíodo



Ese lunes por la mañana, cuando Rachel fue a ducharse, se encontró de nuevo con el mismo acertijo que había tenido que resolver unas semanas atrás: “1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9. Pon tres signos entre ellos para que sumen cien.” Rezaba la letra de su madre sobre el espejo. Lo miró con desgana, en una hora estaría sentada esperando su turno para que le hicieran la prueba, y no era algo que le resultara alentador. No era miedo lo que sentía al tener que enfrentarse a ello, era el desconocimiento. Pese a llevar toda la vida en la facción en la que se preparaba la prueba, apenas tenía información sobre ella, estaría igual de expuesta que el resto de los jóvenes, y Rachel prefería tener siempre una información capaz de dar a las cosas un giro a su favor.

Echó más jabón de la cuenta, haciendo que se formara tanta espuma que parecía un muñeco de nieve. Sonrió levemente mirando su mano. Jabón, resultado de la saponificación, reacción química entre un  hidróxido de sodio o de potasio y algún ácido graso, tanto de origen animal como vegetal. Fabricado principalmente en los laboratorios de Erudición, aunque también en Cordialidad. La sonrisa se mantuvo en el rostro de Rachel, no era una sonrisa abierta, simplemente tenía los labios ligeramente curvados, pero mostraba satisfacción. Y estaba satisfecha, reducir los objetos a datos con tanta facilidad la hacía sentir más erudita que nunca.

Se aclaró y se envolvió en una toalla de color azul. Volvió a mirar el espejo mientras se secaba. Suponía que lo que su madre había pretendido al escribir eso ahí era que se sintiera más erudita, pero eso sólo funcionaría si era capaz de resolverlo. Dejó la toalla a un lado y comenzó a vestirse mientras probaba diferentes combinaciones a gran velocidad: la suma daba 45, por lo que al menos una cifra debería ser de dos cifras, o una de tres y las otras restando… Una Rachel con el pelo mojado ligeramente ondulado, gafas con la pasta azul, una camisa azul cielo y una falda azul marino fue la que, tras pintarse los labios, dibujó dos signos de resta y uno de suma en el espejo: 123 - 45 - 67 + 89 = 100. Hizo un círculo alrededor del 100 orgullosa de haberlo hecho.

Su madre no la esperaba en la cocina, Rachel consultó el reloj y comprobó que era su culpa, se había tomado el aseo con demasiada lentitud. Engulló el desayuno y salió por la puerta en dirección a la parada del autobús, donde descubrió que no era la única que se había tomado las cosas con más calma de lo habitual pese al señalado día.

-Buenos días, Benjamin-lo saludó situándose al lado de él.

El rubio llevaba el pelo cubriéndole parcialmente el rostro como siempre, y llevaba unos pantalones negros con un jersey azul celeste, un poco más oscuro que el de la camisa de Rachel. Pero los ojos de él seguían tan claros como siempre cuando la miró bajo las pestañas rubias.

-Hola, Rachel-alzó un poco la comisura del labio y la miró como si quisiera decirle algo más, pero se quedó en una mirada.

¿Cuánto tiempo llevaba sin encontrarse con su vecino? Rachel frunció ligeramente el ceño, pensativa. Lo cierto era que no lo había visto desde la explosión, ni siquiera se lo había cruzado en las escaleras. Ambos se habían estado evitando, pero ahora la situación no era incómoda, quizás sólo necesitaba estar un tiempo sin pensar en caídas por las escaleras y explosivos, y ese tiempo había pasado.

-¿Crees que llegaremos a tiempo?-le preguntó Rachel mirando el reloj y luego mirándolo a él de nuevo.

Benjamin pareció sorprenderse un poco por el hecho de que ella le hablara con normalidad, pero se repuso con rapidez y se encogió de hombros.

-¿Qué puede pasar si no llegamos? ¿Elegiríamos sin más?-preguntó bajando lentamente los hombros-No me parece algo tan malo… Es decir, cada uno sabe lo que es, no es necesario que te lo diga una prueba.

-Uno puede estar equivocado-respondió Rachel tras meditarlo unos segundos. Si esas pruebas no tuvieran alguna utilidad, no se harían; eso era lo que la lógica le decía.

-Las pruebas pueden estar equivocadas también-replicó él ladeando una sonrisa, como si supiera lo que ella le iba a responder a continuación.

-Esas pruebas son obra de los mejores de nuestra facción, Benjamin, si se da algún error en ellas… Probablemente se deba a los estirados que se encargan de aplicarlas-asintió con convencimiento.

Él se limitó a poner los ojos en blanco. Rachel levantó una ceja interrogante, sin comprender por qué él no intentaba rebatir sus palabras. Normalmente, siempre que mantenía una conversación de ese tipo con alguien, cada uno exponía sus argumentos hasta llegar a un acuerdo. Pero su vecino no parecía dispuesto a ese tipo de enfrentamiento.

-¿No vas a decir nada?-le preguntó Rachel finalmente, cansada de esperar.

-Sería inútil, prefiero quedarme en silencio a estar discutiendo-la respuesta fue breve, y la cara de él seguía mostrando simpatía.

-¿Estás insinuando que no soy una persona razonable y, por tanto, sería inútil discutir conmigo?-el ceño de Rachel volvió a fruncirse y lo miró mal. Le parecía bastante ofensivo considerarla irracional.

-No. Simplemente, no me apetece hacer eso ahora, lo de probar mi capacidad de razonamiento… Se supone que eso ya lo van a comprobar en la prueba-le respondió él, sin mirarla en esta ocasión-Probablemente la conclusión es que soy un ceporro.

El rostro de la chica se relajó. Había metido la pata, puesto que lo único que ocurría era que él no quería arriesgarse a perder una discusión justo antes de llegar a las pruebas; pero ese hecho era mucho más llevadero para ella que pensar que cualquiera la creía estúpida. Se dejó llevar por un impulso y cogió la mano de Benjamin con una de las suyas.

-No vamos a llegar tarde, Rachel, las pruebas son después de comer. Antes de hacerlas podrás disfrutar del ambiente del instituto, como llevan haciendo los otros durante años. Lo sabrías si te hubieras acercado a los Niveles Superiores más a menudo.

Las palabras de Benjamin parecían dirigidas a reconfortarla, al igual que el gesto de ella había buscado animarlo a él.

-No eres un ceporro-Rachel lo miró de reojo, justo antes de que sus ojos marrones empezaran a seguir al autobús que se acercaba a la parada-Aunque hay veces en las que me parece que intentas serlo.

-Te aseguro que esas veces son involuntarias, soy así-una amplia sonrisa se extendió por la cara de Benjamin mientras la dejaba entrar primero en el autobús, sin soltar su mano.


Samantha se encontraba sentada al lado de Rachel en una de las mesas del comedor, pinchando un trozo de carne y observándolo unos segundos antes de metérselo en la boca y masticarlo con lentitud, como si temiera que fuera a estallarle entre los dientes. Rachel la observaba de reojo, después de haberse terminado su bandeja. Al contrario que Sam, nunca había tenido problemas con la comida, por lo que su primer menú en el comedor desde hacía siglos no había resultado desagradable.

-Estoy segura de que esta carne es de… Murciélago-Samantha arrugó el rostro después de tragarse el trozo que sostenía en el tenedor hacía unos segundos.

-Si fuera carne de murciélago, tendrían que cazar al menos a seis murciélagos por estudiante, y no son animales tan fáciles de cazar, Sam-replicó Rachel rodando los ojos.

-Seguro que los acumulan durante todo el año para darlos el día de las pruebas, para que tengamos que comerlos todos-propuso su amiga mientras cogía otro trozo de carne y lo miraba con desconfianza de nuevo.

-Qué pena que no hayamos estudiado aquí. Podríamos haber encontrado el sótano oscuro lleno de cadáveres de murciélago en una de nuestras investigaciones-se burló Rachel.

-Los guardarán en congeladores. Es murciélago, no murciélago podrido, probablemente los conserven de alguna forma, y la congelación me parece el método más adecuado-comentó el chico que estaba sentado frente a Rachel, Dean.

Acababa de llegar y no tenía bandeja, probablemente habría comido en otro lugar y ahora se acercaba para estar con Sam. Lo único que dejó sobre la mesa fueron un par de libros con las tapas verdes.

-Entonces tú también opinas que son murciélagos, ¿no?-le preguntó Samantha arqueando una ceja. Una sonrisa coqueta se dibujó en sus labios y dejó de poner muecas mientras comía.

-¿Acaso hay alguien que lo dude?-preguntó él mirándola y sonriendo de forma algo estúpida. Dean era un chico con el pelo castaño claro bastante corto, las cejas poblabas sobre unos ojos verde pálido y rasgos afilados.

Rachel miró a ambos lados de la mesa, con cautela, pero todos entendieron la broma y nadie se puso a presentar argumentos sobre la imposibilidad de ese hecho. Dean y Samantha siguieron hablando de ello con tono cariñoso y ella decidió llevar su bandeja para dejar la mesa despejada. Cuando regresó la pareja seguía en las mismas, por lo que alargó la mano hasta uno de los libros de Dean: ‘Técnicas de cirugía cerebral. VI. Corteza prefrontal.’

En cuanto lo abrió, la chica de la izquierda hizo un comentario sobre un supuesto error grave en el libro. Rachel se colocó las gafas y le prestó atención tratando de seguir su línea de pensamientos; la chica le presentó detalladamente lo expuesto en el capítulo erróneo y lo que ella consideraba que debería poner. Dean, que parecía atontado hablando con Sam, se irguió en la silla y se apresuró a llevarle la contraria, asegurando que el libro estaba correcto. Rachel añadió un pequeño comentario a favor de la chica, Joanne; y otra chica de más a la izquierda intervino para apoyar a Dean.

El debate se extendió por la zona cercana de la mesa como si fuera pólvora. Todos tenían algo que aportar a las conclusiones que se iban sacando, y hablaban ordenadamente, escuchándose, pero rebatiendo sin dudar los argumentos ajenos.

Las bandejas fueron desapareciendo de la mesa, y algunos de los chicos comenzaron a traer sus propios libros, probablemente sacándolos de sus taquillas. La tensión había desaparecido de la mayoría de los ocupantes de la mesa. La espera era mucho más relajada si sus mentes estaban trabajando. Las conversaciones no se apagaron ni cuando comenzaron a llamar a gente para hacer las pruebas, pero Rachel dejó de prestar atención a las teorías sobre funciones neuronales al sentir dos manos sobre sus hombros.

Giró la cabeza hacia arriba y se encontró con los ojos azules de Benjamin.

-¿Dónde te habías metido, Baker?-le preguntó Dean, haciendo que los ojos de su vecino no se encontraran con los de ella-Te necesitaba aquí para explicarles qué sustancias químicas inhiben a la corteza prefrontal y los escasos efectos que producen-recalcó la palabra ‘escasos’ mirando a Joanne, que en ese momento hacía un esquema de los neurotransmisores que deberían intervenir en la anulación de la actividad.

-Estaba sacando las cosas de mi taquilla, hoy es el último día para vaciarlas. Último día de instituto-respondió Benjamin mostrando el tirante de una mochila negra que llevaba colgada a la espalda.

-Pero si apenas has venido una semana… No puedes tardar tanto en vaciarla, no te he visto en toda la comida-insistió Dean cruzándose de brazos-¿Algo que añadir? Los períodos temporales no cuadran, Baker.

-He comido. No te preocupes, mamá-Benjamin le respondió sin retirar las manos de los hombros de Rachel.

Era un contacto reconfortante, lo que confundía a Rachel. Hacía unos días era un chico más y ahora, tras una simple conversación, parecía que algo había cambiado para ambos. Quizás durante todos los años de amistad habían acabado creando algo sin darse cuenta, quizás ese algo necesitaba una caída por las escaleras para aparecer en escena… Intentó racionalizar la sensación y las conclusiones le llevaron a pensar que lo que ocurría es que ambos necesitaban sentirse seguros. Y estar juntos les daba seguridad. Eran un buen equipo, un equipo explosivo. Pero no eran una pareja, aunque pudieran parecerlo.

Llamaron a una nueva tanda de jóvenes para pasar la prueba, los elegidos de Erudición fueron Dean Granger y Samantha Jones. Rachel apretó la mano de su amiga cuando ella se levantó. Esperaba que todo le fuera bien.

Casi todos los chicos habían sido llamados y, tras permanecer un rato en el comedor, habían salido en dirección a sus casas. Rachel no había podido hablar con su mejor amiga porque, según le había contado Dean, había tenido un problema en la prueba y se había tenido que ir a casa. El chico había salido satisfecho, pero no había podido decirles nada. Si para el resto de las facciones el secretismo de las pruebas era un fastidio, para los eruditos era una tortura. No poder saber nada, no poder hablar de ello… Rachel estaba deseando iniciarse en su facción para poder debatir sobre lo que fuera que le esperaba al otro lado de esas puertas.

-Nadie sabe lo que hay dentro de esas salas hasta que entra a hacer la prueba. Estuve hablando con los chicos del instituto y por lo visto son diez habitaciones que sólo se utilizan para esto-le comentó Benjamin, bajándola de su nube.

El rubio se había sentado a su lado tras salir de su prueba, y había permanecido un rato en silencio mirándola. También retenía una de las manos de Rachel entre las suyas. Rachel se preguntaba sobre su comportamiento, no podía evitarlo, pero tampoco quería preguntar directamente temiendo que dejara de comportarse así. Ya haría que se alejara más tarde si era necesario, por un día no iba a pasar nada.

-No entiendo por qué tanto misterio. Tener información sobre las pruebas no debería hacer que fallaran y, si es así, obviamente necesitan ser mejoradas-comentó Rachel frustrada.

-¿Por qué no eres capaz de apreciar el factor sorpresa? Enfrentarse a lo desconocido me parece interesante-dijo Benjamin acariciando su antebrazo con las puntas de los dedos.

-No es algo desconocido, es decir, lo es ahora. Pero en cuanto lo veamos dejará de serlo… Como todas las sorpresas. Me parecen una pérdida de tiempo.

-Es emocionante no saber lo que te espera-insistió él con una sonrisa perfilada en el rostro.

-Sí, estoy emocionadísima, ¿no me ves?-Rachel lo miró con los ojos entrecerrados-Es frustrante, no emocionante.

Él se limitó a morderse el labio levemente. Como si… Tuviera una sorpresa. Rachel frunció el ceño, esperaba que no se tratara de eso. Estaba a punto de preguntarle algo, pero se contuvo.

-Es normal que lo veas de otra forma ahora que ya has hecho la prueba y sabes lo que hay-le dijo en lugar de la pregunta que se había formado en su mente.

Benjamin abrió la boca para responder, pero en ese momento llamaron a una nueva tanda de chicos, y el nombre de Rachel por fin apareció. La chica se puso en pie con decisión, las ganas de saber a qué se iba a enfrentar habían acabado por derrotar al miedo. No había nada más fuerte que la curiosidad.

-Buena suerte, Rachel-Benjamin se levantó a la vez que ella y le puso una pequeña llave en la mano-Es de mi taquilla, cuando salgas de la prueba habrá una sorpresa dentro… Dale una oportunidad a la emoción-acarició la mejilla de ella con la palma de la mano.

-Si la prueba me sale mal, será por culpa de la frustración que estás generando en este momento, Benjamin Baker-fueron las últimas palabras de Rachel, que se giró hacia la sorpresa que estaba a punto de ser desvelada.

El abnegado que se encargó de acompañarla hasta la sala parecía confundido por la sonrisa de la chica, aunque la futura iniciada no le prestó atención. Nunca le prestaba atención a la gente vestida de gris.

22 de enero de 2013

NOW!

 

 Ya sé que el capítulo 6 debería estar aquí desde ayer, pero no está. Lo cierto es que ya lo tengo escrito, pero ando un poco liada como para ponerlo aquí. Espero poder subirlo antes del fin de semana. Disculpad las molestias si alguien las tiene.



Si alguien ve publicidad subliminal sobre gente perfecta y música perfecta en esta entrada, probablemente debería dejar de escuchar 'Now' en bucle (si es que hay alguien capaz de hacer eso).

A todos los fans de la banda, espero que os haya gustado la canción nueva, a mí me ha molado el nuevo estilo. Es decir, mis canciones favoritas siguen estando en los discos viejos (o en el Single's Club) pero 'Now' me parece un gran tema. He leído por ahí quejas porque "ya no suenan como antes", desgraciadamente eso es lo que ocurre con los buenos grupos. Si buscas algo que suene siempre igual prueba a comprarte la discografía de David Bisbal. Pero esto es Paramore. E incluso dentro de Riot (que es el disco favorito de la mayoría), se pueden encontrar graaaandes diferencias. Y si todo es igual, es probable que 'When it rains' lo cante un grupo diferente al Paramore que yo conozco. O que 'Fences' sea de otra banda. No sé, cada canción es diferente y especial y por eso es mi grupo favorito.

Y después de esta reflexión, feliz Martes a todos.


14 de enero de 2013

Renegade. Capítulo 5.

'Un culo imponente.'

“Si la juventud es un defecto, es un defecto del que nos curamos demasiado pronto.” - James Russell 




-Entonces, ¿con medias o sin medias?-le preguntó Samantha.

La rubia estaba en la habitación de Rachel, colocándose un vestido azul pálido bastante corto, que dejaba ver sus pálidas y delgadas piernas. Rachel se encontraba tirada bocaabajo en la cama, sosteniendo la cabeza con las manos y observando a su amiga. Ese era el quinto vestido que se probaba, y aún quedaban seis más en el montón.

-No me gusta ese vestido, ya te he dicho que prefería el más oscuro-le dijo Rachel mientras señalaba al montón de los que su amiga había desechado.

-Pero con el oscuro parezco aún más blanca de lo que soy-protestó Sam mientras se acercaba al montón y recuperaba el favorito de su amiga.

-La palidez es atractiva-Rachel se encogió de hombros levemente.

-Y me lo dice la que describe al hombre de sus sueños como un chico de tez morena y pelo rojo-los ojos azules de la chica rodaron burlones.

-¿No se suponía que el hombre de mis sueños era Benjamin, según tu sabia opinión?-repuso Rachel sonriendo levemente.

-Creo que Benjamin es un chico explosivo… ¿Lo pillas? ¡Explosivo! Porque hicisteis explotar aquello en medio del Hexágono… Sois… La bomba juntos-la chica se dobló sobre sí misma riéndose a carcajadas.

Rachel intentó protestar al principio, diciéndole que era un tema sobre el que no se debía bromear, pero finalmente sucumbió y empezó a reírse, contagiada por la risa chillona de su amiga. Habían pasado dos semanas desde el accidente y todo se había normalizado: sus compañeros dejaban de decir “Boom” cuando ella pasaba a su lado y habían dejado de fingir tropezarse con ella en las escaleras. Pero no hablaba con Benjamin desde ese día, tras rechazarlo cuando apareció en casa, el rubio no había vuelto a dar señales de vida y había estado asistiendo a los Niveles Superiores en lugar de ir al Hexágono.  Ni siquiera se habían cruzado en las escaleras del edificio, y no se había atrevido a preguntarle nada a su hermana Gina.

-Me voy a volver a probar el oscuro, pero sólo porque tú eres una chica que sabe lo que hay que hacer para llamar la atención, aunque eso implique rodar por las escaleras-volvió a reírse entre dientes mientras se sacaba la tela de color pálido.

La morena puso los ojos en blanco y mantuvo una sonrisa en su rostro. Era imposible no pasárselo bien con Samantha, una chica que siempre estaba dispuesta a hacer chistes sobre cualquier cosa que se le pasara por la cabeza. Por eso llevaban casi dos horas eligiendo la ropa para la Ceremonia de la Elección sin mirar el reloj. La ropa no era la prioridad de ninguna de las chicas, pero a Samantha se le había ocurrido que sería una buena forma de pasar la tarde del domingo. El lunes tendrían lugar las pruebas de aptitud, y el martes tomarían la decisión que marcaría el rumbo de sus vidas. Ambas habían estado nerviosas toda la semana, como la mayoría de los jóvenes de dieciséis años, lo único que sabían de las pruebas es que no te podías preparar para ellas, y que podían cambiar tu elección aunque no quisieras.

-¿Y bien? ¿Me hace parecer más inteligente?-preguntó Samantha dando una vuelta sobre sí misma con el ajustado vestido.

Mientras que el de color pálido tenía vuelo, este se adhería a sus formas. Rachel sonrió satisfecha al verla vestida así e ignoró su pregunta. Lo de cuestionarse la propia inteligencia era algo que todos llevaban haciendo la última semana, la mayoría habían cambiado el Hexágono por los Niveles Superiores para contrastar su nivel con las otras facciones. Las dos chicas no estaban incluidas en ese grupo. Era más fácil sentirte inteligente cuando asistías a clases por debajo de tu nivel, aunque era algo que iba contra los principios de la facción. Pero en esos días era más importante recuperar la confianza en uno mismo que alcanzar nuevos conocimientos, por lo que habían asistido a clases básicas en el Hexágono.

La puerta de la habitación se abrió y entró su madre con una bandeja de plástico blanco. Se la dejó sobre el escritorio y miró a Samantha, asintiendo con una sonrisa.

-Me gusta cómo te sienta ese vestido-se acercó a ella y le colocó mejor el bajo, estirando una parte que se había arrugado ligeramente.

-Gracias, señora Everdeen. Debería ver el de Rachel, lo he elegido yo-Samantha se mostró realmente satisfecha con el cumplido y Rachel supo que ya se había decidido por ese vestido. El estilo de su madre era reconocido por la mayoría de sus compañeras, por lo que la rubia no iba a llevarle la contraria.

Rachel cambió su postura y se bajó de la cama, caminando hasta la bandeja que su madre había dejado sobre la mesilla: chocolatinas y tostadas con mermelada. Una dulce merienda. Cogió una de las tostadas y le dio un mordisco. Iba a darle el segundo cuando Samantha se la quitó de las manos y mordió para llevarse un pedazo.

-Pruébate el vestido antes de que estés demasiado gorda como para que te entre-le dijo tapándose la boca llena con una mano mientras hablaba.

-Yo nunca jamás estaré gorda-Rachel le sacó la lengua y fue a su montón de vestidos, en cuya cima estaba el que había elegido para la ocasión.

Era un vestido corto de varios tonos de amarillo, llevaba un cinturón negro que hacía que se le ajustara a la cintura, dando la forma deseada. Tenía una cremallera en la parte delantera, que llevaba subida de forma que reducía considerablemente el escote. Aunque Samantha se empeñaba en bajársela de forma que le viera el sujetador; por suerte, no lo hizo con su madre delante. Sacó los zapatos de tacón oscuros y se los puso también, tenían plataforma y tacón, lo que hacía que pareciera bastante más alta y sus piernas se estilizaran notablemente. Miró a su madre esperando su reacción. Rachel no solía vestirse de esa forma, todos los vestidos eran préstamo de una tienda, que se los había dejado a las chicas para que se los probaran en casa.

-Te ves mayor con esa ropa-su madre se acercó y le colocó el pelo con cariño.

-¿Y guapa también?-preguntó Rachel mordiéndose el labio con suavidad.

-Una mujer preciosa-su madre le dio un beso tierno en la frente.

Samantha se dedicó a comer de la bandeja mientras la madre y la hija se fundían en un abrazo. Eso ya le tocaría a ella más tarde. Se sentía fuera de lugar, pero tampoco iba a echar a correr tirándoles el vestido encima ni nada por el estilo.

-Bueno, cariño, me voy abajo que estoy preparando una tarta para esta noche-acarició de nuevo la cabeza de su hija.

-¿Una tarta?-Rachel alzó ambas cejas con sorpresa.

-Sí, algo dulce antes de las pruebas-su madre se dio la vuelta y salió con su forma de caminar característica, como si desfilara para que todos lo disfrutaran.

Rachel ladeó la cabeza observando a su madre y Samantha hizo lo mismo. Finalmente soltó un gran suspiro y le dio un gran mordisco a la chocolatina que tenía en la mano. La morena la miró interrogante.

-Nunca conseguiremos mover el culo como tu madre, eso es un hecho-Sam volvió a suspirar y Rachel soltó una carcajada.

-No me puedo creer que le estuvieras mirando el culo a mi madre-le lanzó uno de los cojines que había sobre la cama, estrellándoselo en la cara.

-Tiene un culo imponente, no como la cosa huesuda que tienes tú-replicó mientras recogía el cojín para lanzárselo de vuelta a su amiga.

-Pensaba que te interesaba más el culo de Dean-Rachel esquivó el cojín que atravesó la habitación hasta caer sobre la pila de vestidos de Samantha.

-Menudo culazo-puso una cara de babosa absoluta, lo que hizo que ambas soltaran una carcajada sin poder evitarlo.

Se estuvieron riendo por un largo rato, hasta que terminaron mirándose a los ojos con sendas sonrisas enormes y los ojos brillantes.

-Te quiero, Rach-la rubia avanzó dos pasos hacia su amiga y la abrazó con fuerza.

-Mira que eres tonta, no te pongas así-Rachel la estrujó entre sus brazos con cariño. Claro que la quería, no se imaginaba una semana entera sin su mejor amiga.

-No quiero quedarme entre los abandonados y no poder verte más-sollozó Samantha, enterrando su cara pálida en el cabello rizado de Rachel.

-Eso no va a pasar. Ninguna va a fallar en la iniciación, y si una falla la otra irá a verla. Vamos a ser amigas para siempre, Sammie-Rachel tragó saliva tras pronunciar esas palabras, con la voz algo rota al final.

En realidad sí que tenía miedo, como Samantha, como todos. Nadie quería ser el que se quedaba sin facción, pero todos eran conscientes de que a alguno le iba a tocar.

-Para siempre-repitió Rachel dándole un beso encima de la oreja.

Samantha se separó y se secó las lágrimas de la cara con el dorso de la mano, a la vez que Rachel hacía lo propio con las pocas que se le habían escapado.

-Menos mal, porque si no fuera tu amiga no podría observar las posaderas de la señora Everdeen con tanta frecuencia-la voz de Sam sonaba aún algo rota, pero la broma surtió efecto y Rachel se rió entre dientes antes de tirar a su amiga sobre la cama y hacerle cosquillas.

-¡El vestido! ¡Ay! ¡El vestido!-las quejas no funcionaron y las carcajadas se derramaron por toda la casa.

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Hola, lectores/as. Quizás debería poner sólo lectoras puesto que ningún hombre ha dado señales de leerme. (?) Soy consciente de que en este capítulo la historia no avanza, pero aún así es mi capítulo favorito de los que he escrito, porque permite que conozcáis cómo es la relación que mantienen Sam y Rachel. 
La semana que viene (SALE EL SINGLE DE PARAMORE POR LO QUE ES UNA SEMANA MUY ESPECIAL)  tendréis otro capítulo. En el siguiente ya son las pruebas, que sé que se están retrasando (:
En serio, ¿no os encantan los lunes?
Muchas gracias por pasaros :3

PD: Si hay algún hombre que sé señales de vida, también me sirven chicas fans de Juego de Tronos, que sé que tenéis mucho de masculino en el cerebro, porque en otro caso no entenderíais la saga :P

7 de enero de 2013

Renegade. Capítulo 4.


Nuevo Lunes. Nuevo capítulo. No estoy muy charlatana hoy, así que os lo dejo aquí y listo. Espero que os guste, aunque es del que menos orgullosa estoy hasta el momento... Quizás es porque quería que fuera más. Gracias por leer.
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'Muy gracioso. Muy guapa.'

“A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.” -Oscar Wilde.




10 meses antes.

Los cereales flotaban sobre la leche y Rachel se dedicaba a hundirlos con la cucharilla, cogiendo alguno de vez en cuando con la misma y llevándoselo a la boca. Se había preparado para ir a clase, como de costumbre, aunque su madre le había dicho que se quedara en la cama. Lo cierto es que la cabeza le seguía doliendo pese a la medicación que se había tomado. Hundió de nuevo todos los cereales en la taza, y trató de coger sólo uno cuando volvieron a flotar. Sonrió levemente al conseguirlo y se llevó la cuchara a la boca. Se iba a aburrir mortalmente toda la mañana si estaba así. Ya había comprobado que su dolor de cabeza no le permitía ponerse a leer ni realizar cualquier tarea intelectual, esa era la causa de que llevara casi un cuarto de hora jugando con sus cereales. Recogió una buena cucharada de ellos y se los llevó a la boca, no crujían, a ella le gustaban crujientes, aunque sabía que después de tanto tiempo a remojo era imposible que estuvieran duros.

-Esto es un tostón-hinchó los mofletes tras darle un trago a la taza y dejarla vacía. La llevó al lavavajillas y lo encendió al ver que estaba ya casi lleno.

Dio varios paseos por la casa, colocó la ropa recién planchada, se lavó los dientes… Pero el aburrimiento era máximo. Y no había nada peor para alguien de su facción que el aburrimiento, esa sensación de estar perdiendo el tiempo que podía usar para adquirir nuevos conocimientos. Suspiró después de sacar los playeros de debajo de la cama. Se iría a dar un paseo. Se calzó y le dejó una nota a su madre, por si volvía antes que ella, cosa que realmente dudaba, puesto que no planeaba estar fuera más de una hora o dos.

“Voy a dar un paseo. Si no he llegado cuando leas esto, probablemente llegue en un par de minutos. Rachel.”

Cerró la puerta con llave y bajó las escaleras, empezando a despejarse un poco sólo con la idea de salir a tomar el aire. Saludó a su vecina de abajo, que justo salía de casa, y bajaron el resto de los pisos con una conversación formal. Una vez abajo, se despidió de ella y echó a andar sin rumbo, en la dirección contraria al Hexágono, no quería acabar entrando en el edificio puesto que le había prometido a su madre que descansaría.


Miró el cartel de la calle, medio caído sobre la fachada del edificio: “Dr Gold St.”, por ahí ya había pasado, pero no sabía desde qué dirección. Miró el reloj con frustración, lleva más de media hora perdida. Entre tanto edificio derruido, piedras por el suelo, charcos de agua de desagüe… Todo le parecía absolutamente igual. Y le daba miedo preguntar indicaciones a alguien, estaba en la zona de los abandonados, aquellos que se habían quedado sin facción tras las pruebas de iniciación.  Y les temía. No podía evitarlo: era gente que no tenía nada, nada por perder tampoco. Había escuchado historias sobre lo que podían hacer por conseguir algo de valor… Llevaba esquivándolos todo lo que podía, cosa que contribuía a que no encontrara la salida de la zona, puesto que había muchas calles por las que no podía pasar.

Apoyó la espalda en la pared y se dejó caer hasta el suelo, pensando que sería mejor pararse a reflexionar que seguir dando vueltas. Ella sabía salir, el problema era que estaba nerviosa. Cogió una piedra y empezó a escribir líneas en el suelo para concentrarse. La mejor solución sería seguir una línea recta en cualquier dirección, antes o después acabaría llegando a la civilización. Pero eso ya lo había intentado antes y había sido imposible cuando trataba de esquivar a los habitantes de la zona. Lanzó la piedra al otro lado de la calle, frustrada. Tenía que haber una estrategia para salir de allí aparte de la línea recta.

-¿Estás de mal humor, niñita?-una voz encima de ella la sobresaltó, no había escuchado que nadie se acercara.

Negó con la cabeza mientras analizaba al hombre, era como todos en aquel lugar: tenía la piel oscura, sucia y arrugada; los ojos turbios, el pelo negro sucio y enmarañado, la camiseta sudada se le pegaba al cuerpo delgado, tenía el rostro enjuto y los dientes ennegrecidos.

-Entonces podemos hablar un rato, estoy algo… Aburrido-el hombre pasó por delante de ella y se sentó a su lado, estirando las piernas hacia delante y rozando su brazo con el de ella.

Rachel trató de no removerse ante el contacto, que le parecía muy incómodo. Su estómago se encogió y las manos le empezaron a sudar. Notaba el peligro como si le estuviera soplando en la nuca.

-¿Qué haces aquí? ¿De qué facción te han echado?-le preguntó el hombre observándola desde muy cerca.

La chica intentó contener la respiración para que no le entraran arcadas. El aliento del hombre era lo peor que había olido en toda su vida, incluso peor que el más maloliente producto químico que se hubiera encontrado en un laboratorio.

-De ninguna, aún no he elegido-respondió Rachel, acto seguido se pasó la lengua por los labios resecos.

-¿Cuántos años tienes?-su aliento la golpeó de nuevo y Rachel giró la cabeza hacia el otro lado, notó el brazo del hombre pasando sobre sus hombros y se impulsó bruscamente hacia delante, quedando en pie.

Se planteó si debía echar a correr, y en el tiempo que estuvo procesando la idea, él se levantó y le pasó un brazo sobre el pecho, reteniéndola y sujetándole los brazos contra el cuerpo. Acto seguido la tiró al suelo. Rachel gritó sorprendida e interpuso sus manos para no golpearse la cabeza contra el suelo. Se quedó confundida y, antes de poder reaccionar, el hombre le tiró de un pie arrastrándola un par de metros por el asfalto. Después le dio la vuelta para dejarla boca arriba.

-Dame tu reloj-le ordenó mirándola con rabia.

Rachel se llevó los dedos a la correa y trató de desabrocharla con dedos temblorosos, incapaz de hacerlo.  Sollozó y volvió a intentarlo. Consiguiéndolo, se quitó el reloj y se lo ofreció con una mano temblorosa al hombre, que lo cogió y se lo guardó en el bolsillo con una sonrisa torcida. La observó tirada en el suelo durante unos instantes.

-¿Tienes algo más de valor para darme?-le preguntó inclinándose sobre ella, Rachel negó con la cabeza mientras las lágrimas se derramaban por sus mejillas-No eres consciente del valor de lo que tienes…-negó con la cabeza-¿Sabes lo que es no tener nada?-gritó enfurecido y le dio una patada a la chica a la altura de la rodilla, haciendo que Rachel gritara y se encogiera sobre sí misma-¿Tener que dormir en el suelo y depender de esos estirados?-volvió a golpearla con el pie, en esta ocasión en la espalda-¿Recibir tu mirada de asco?

Rachel gimoteó y gateó tratando de alejarse de él, pero él le pisó un tobillo, haciéndolo mucho daño e impidiéndole la huida.

-¿A dónde quieres ir? ¿A casa? No es en esa dirección… Maldita cría. Más te vale cambiarte de facción si ni siquiera eres capaz de aprenderte un mapa. ¿Sabes lo que me sabía yo? Cada calle, cada esquina, el plano de cada edificio, los arquitectos, los materiales… Todo. Todo. Y estoy aquí.-levantó el pie con el que la pisaba y le dio un tirón de una mano, como si buscara incorporarla-Pero no hay segundas oportunidades… ¡Nunca las hay! Para nadie porque…

Se escucharon pasos a la carrera y el abandonado fue derribado por una figura oscura. Rachel se encogió sobre sí misma llevándose las manos al tobillo herido. Se lo había roto, estaba casi segura de que estaba roto.

A su espalda, un chico con el pelo rojo brillante y completamente vestido de negro golpeaba en repetidas ocasiones al hombre que la había agredido. En menos de un minuto, el otro yacía en el suelo sin conocimiento. El chico entonces se acercó a Rachel, que ya se había girado hacia ellos, y le tocó el hombro delicadamente.

-¿Estás bien?-la voz de él era grave, un poco áspera.

Rachel se quedó mirándolo a los ojos oscuros, incapaz de responder. Sus manos seguían aferradas al tobillo y de vez en cuando se convulsionaba debido al llanto.

-No llores, ya está todo arreglado.-la mano de él le acarició el brazo con suavidad.

Rachel despegó sus ojos de los suyos y le recorrió el rostro con lentitud: tenía la nariz bien formada y los labios carnosos, la piel morena… Y el pelo largo liso de un rojo intenso, un poco por debajo de los hombros. Le quedaba antinatural. Luego observó sus ropas negras: la camiseta ajustada sin mangas y los pantalones largos decorados con tachuelas. Un osado. Eso explicaba que tuviera un pelo tan extraño, los osados solían llamar la atención con su apariencia todo lo que podían, salvo por el color de sus prendas, casi tan discreto como el de los estirados.

-¿Puedes levantarte?-le preguntó él tras esperar un tiempo prudencial sin que ella hablara.

Rachel se colocó hasta quedar sentada, comprobando con miedo que no era capaz de mover el pie como quería, quedando éste en una postura extraña. Se echó a llorar de nuevo, debido por una parte al dolor y por otra a la visión de su extremidad de esa forma. Él hizo una mueca, entendiendo lo que ocurría.

-Te voy a coger en brazos y te llevo a casa-le dijo y la sujetó contra su cuerpo, con cuidado de no tocar el tobillo herido, para levantarla a continuación.

La chica miró la cara de él de nuevo, parecía mayor que ella. No sabía si mucho o poco, pero definitivamente mayor. Él la miró expectante, tendría que hablar para decirle algo, estaba claro.

-Erudición. ¿Me llevas a nuestro barrio?-la interrogación le salió casi de forma involuntaria.

-Por supuesto-él asintió levemente y empezó a caminar-Tienes la cara manchada de lágrimas. Eso no te sienta demasiado bien.

-Debo dejar de llorar mientras me dan una paliza porque es poco estético-murmuró Rachel mientras se llevaba una mano a la cara para secarse las lágrimas.

Él se rió con suavidad y Rachel sintió el temblor de su pecho al soltar el aire para reírse. Le gustó la sensación. Hacer reír a alguien era muy diferente de lo que había vivido unos momentos atrás, y de lo que vivía siempre. No era especialmente graciosa, su humor no triunfaba en su facción. Era una satisfacción extraña el haberlo conseguido.

-Me llamo Rachel-se presentó mirándole la barbilla, que en ese instante se interponía entre los ojos de ambos.

-Yo no me llamo Rachel-respondió él y bajó sus ojos para encontrarse con los de ella, su mirada era divertida, los ojos levemente entrecerrados y derrochando simpatía. Eran unos ojos extremadamente expresivos.

-Muy gracioso-ella frunció el ceño, olvidándose por un segundo de sus dolores para centrarse en la molestia que le ocasionaba una pregunta sin respuesta.

-Muy guapa-dijo él, imitándola exageradamente, frunciendo tanto el ceño que toda su cara quedó arrugada mientras la observaba.

En esa ocasión fue Rachel la que se rió con suavidad entre sus brazos. Después se quedaron en silencio mientras él la llevaba por las calles de la ciudad. No pasó mucho rato hasta que la chica empezó a reconocer algún detalle, no debía estar demasiado lejos de casa cuando se habían encontrado… Menos mal que se habían encontrado.

-Gracias por lo de antes-Rachel intentó buscar los ojos color café del osado, pero no tuvo suerte, puesto que él mantenía la vista unos metros por delante.

-¿Por qué?-la pregunta le parece extraña a Rachel, y espera unos segundos para ver si añade algo más.

-Por salvarme-respondió finalmente.

-De nada, Rachel-los labios del chico pronunciaron su nombre acariciándolo de una forma diferente a la habitual.

-¿Por qué iba a estar dándote las gracias si no era por eso?-la curiosidad venció a la chica, como siempre.

-Gracias por mi sonrisa, por mi forma de sujetarte, por llegar a tiempo… Pero supongo que eso último se incluye en lo de salvarte-se encogió de hombros, alzándola levemente a ella sin que pareciera que el peso le importara.

-Se incluye-asintió ella desviando la mirada hacia los brazos fuertes que la sujetaban.

-¿Y la forma de sujetarte? Yo creo que te gusta bastante y no se incluye en salvarte-los ojos de él la buscaron de nuevo.

El rubor se subió a las mejillas de la quinceañera, que se encontraba muy cómoda entre los brazos del desconocido. El ingenio desapareció y decidió no contestarle, desviando la mirada hacia otro lugar por encima de la cabeza de él.

-¿Sin comentarios?-el osado siguió insistiendo, y Rachel lo miró entre divertida y molesta, era obvio que no quería hablar del tema.

Se sentía tonta en sus brazos, y era una situación tan novedosa como lo había sido arrancarle una carcajada momentos antes. Quizás fuera porque él pertenecía a esa facción con la que ningún erudito se relacionaba. Y menos ella, que apenas asistía a las clases del instituto. Se arrepintió por primera vez de pasar sus días en el Hexágono, porque se dio cuenta por primera vez de que las otras facciones podían resultar interesantes. Quizás los sinceros no fueran tan bruscos, los cordiales tan ilusos y los osados tan irracionales, quizás incluso los abnegados no fueran tan manipuladores. Nunca se había dado la oportunidad de comprobarlo. Podría empezar a ir, pero sabía que no se iba a encontrar con ese osado, era evidente que ya no asistía a clases.

Giraron una esquina y Rachel escuchó a su madre llamándola, con tono aliviado. ¿Cuánto tiempo había estado perdida? Tenía que haber sido un largo rato para que a su madre le diera tiempo a volver a casa y preocuparse.

-Creo que mi apasionante monólogo llega a su fin-comentó el chico, parecía que bajo su broma se ocultaba una tristeza auténtica.

-Yo también he hablado-Rachel le llevó la contraria. Tampoco había estado tan callada, simplemente no había respondido a sus preguntas incómodas de osado.

-No has respondido a las partes más interesantes de la conversación-el chico seguía caminando hacia la madre de Rachel mientras hablaba.

-Estoy muy cómoda en tus brazos-admitió ella con rapidez, viendo por el rabillo del ojo que su madre ya tendía los brazos hacia ella.

-Me hubiera gustado probar tus labios-le susurró él sin mirarla mientras la bajaba.

Su madre le pasó un brazo bajo los hombros y el chico se separó de Rachel, perdiendo el contacto con él por primera vez desde que le había tocado el hombro minutos atrás. El interior de Rachel protestó, como si le faltara algo.

Lo miró intentando saber algo más de él a través de sus ojos. ¿Estaba jugando con ella al decirle eso? Era varios años mayor, no podía querer besarla. Besarla. Nadie había querido nunca besarla, o al menos nadie se lo había dicho tan claramente. Pero, por supuesto, lo de soltarlo así era muy típico de la facción vestida de negro.

Más gente empezó a rodearla, por lo visto su madre había movilizado a medio vecindario para buscarla, y todos parecían felices de haberla encontrado. Le dedicaban palabras amables, pero no se prodigaban con el contacto físico. Se encontraba cómoda entre personas que eran capaces de decirlo todo con palabras. Aunque esas personas no la hicieran sentir como el chico del pelo rojo brillante, que había desaparecido del lugar sin que ella se diera cuenta.