27 de enero de 2013

Renegade. Capítulo 6.

¡Feliz lunes a todos! :D :D Vale, ya sé que es domingo y que se me ha ido el día de subir capítulo. Es que ha sido mi última semana de exámenes y es algo estresante, además os he dejado 'Now', no podéis quejaros. El siguiente no creo que lo suba mañana porque igual os saturo y no sois capaz de soportar tanto tostón, pero tampoco puedo decir qué día subiré. ¿El miércoles? Los miércoles son bonitos también. 
¡Hola patito! Me dijiste que querías leer algo del chico de pelo rojo pues... Espero que te guste igualmente.
Gracias a todos por pasaros por aquí, desde que he puesto el coso de las visitas me he dado cuenta de que esto es 'sagerao para lo que escribo, seguro que hay ALGUIEN haciendo trampas para añadirme visitas y subirme el ánimo. Gracias, mi ego te lo agradece.

No olvidéis que podéis demostrar vuestra existencia mediante comentarios. Si eso os da la chapa hay cinco botoncitos de evaluación, un clic no cuesta nada. Y si blogger os da grimilla, siempre os quedará tuiter para decirme algo.

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'Una oportunidad.'

“Si añades un poco a lo poco y lo haces así con frecuencia, pronto llegará a ser mucho.” - Hesíodo



Ese lunes por la mañana, cuando Rachel fue a ducharse, se encontró de nuevo con el mismo acertijo que había tenido que resolver unas semanas atrás: “1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9. Pon tres signos entre ellos para que sumen cien.” Rezaba la letra de su madre sobre el espejo. Lo miró con desgana, en una hora estaría sentada esperando su turno para que le hicieran la prueba, y no era algo que le resultara alentador. No era miedo lo que sentía al tener que enfrentarse a ello, era el desconocimiento. Pese a llevar toda la vida en la facción en la que se preparaba la prueba, apenas tenía información sobre ella, estaría igual de expuesta que el resto de los jóvenes, y Rachel prefería tener siempre una información capaz de dar a las cosas un giro a su favor.

Echó más jabón de la cuenta, haciendo que se formara tanta espuma que parecía un muñeco de nieve. Sonrió levemente mirando su mano. Jabón, resultado de la saponificación, reacción química entre un  hidróxido de sodio o de potasio y algún ácido graso, tanto de origen animal como vegetal. Fabricado principalmente en los laboratorios de Erudición, aunque también en Cordialidad. La sonrisa se mantuvo en el rostro de Rachel, no era una sonrisa abierta, simplemente tenía los labios ligeramente curvados, pero mostraba satisfacción. Y estaba satisfecha, reducir los objetos a datos con tanta facilidad la hacía sentir más erudita que nunca.

Se aclaró y se envolvió en una toalla de color azul. Volvió a mirar el espejo mientras se secaba. Suponía que lo que su madre había pretendido al escribir eso ahí era que se sintiera más erudita, pero eso sólo funcionaría si era capaz de resolverlo. Dejó la toalla a un lado y comenzó a vestirse mientras probaba diferentes combinaciones a gran velocidad: la suma daba 45, por lo que al menos una cifra debería ser de dos cifras, o una de tres y las otras restando… Una Rachel con el pelo mojado ligeramente ondulado, gafas con la pasta azul, una camisa azul cielo y una falda azul marino fue la que, tras pintarse los labios, dibujó dos signos de resta y uno de suma en el espejo: 123 - 45 - 67 + 89 = 100. Hizo un círculo alrededor del 100 orgullosa de haberlo hecho.

Su madre no la esperaba en la cocina, Rachel consultó el reloj y comprobó que era su culpa, se había tomado el aseo con demasiada lentitud. Engulló el desayuno y salió por la puerta en dirección a la parada del autobús, donde descubrió que no era la única que se había tomado las cosas con más calma de lo habitual pese al señalado día.

-Buenos días, Benjamin-lo saludó situándose al lado de él.

El rubio llevaba el pelo cubriéndole parcialmente el rostro como siempre, y llevaba unos pantalones negros con un jersey azul celeste, un poco más oscuro que el de la camisa de Rachel. Pero los ojos de él seguían tan claros como siempre cuando la miró bajo las pestañas rubias.

-Hola, Rachel-alzó un poco la comisura del labio y la miró como si quisiera decirle algo más, pero se quedó en una mirada.

¿Cuánto tiempo llevaba sin encontrarse con su vecino? Rachel frunció ligeramente el ceño, pensativa. Lo cierto era que no lo había visto desde la explosión, ni siquiera se lo había cruzado en las escaleras. Ambos se habían estado evitando, pero ahora la situación no era incómoda, quizás sólo necesitaba estar un tiempo sin pensar en caídas por las escaleras y explosivos, y ese tiempo había pasado.

-¿Crees que llegaremos a tiempo?-le preguntó Rachel mirando el reloj y luego mirándolo a él de nuevo.

Benjamin pareció sorprenderse un poco por el hecho de que ella le hablara con normalidad, pero se repuso con rapidez y se encogió de hombros.

-¿Qué puede pasar si no llegamos? ¿Elegiríamos sin más?-preguntó bajando lentamente los hombros-No me parece algo tan malo… Es decir, cada uno sabe lo que es, no es necesario que te lo diga una prueba.

-Uno puede estar equivocado-respondió Rachel tras meditarlo unos segundos. Si esas pruebas no tuvieran alguna utilidad, no se harían; eso era lo que la lógica le decía.

-Las pruebas pueden estar equivocadas también-replicó él ladeando una sonrisa, como si supiera lo que ella le iba a responder a continuación.

-Esas pruebas son obra de los mejores de nuestra facción, Benjamin, si se da algún error en ellas… Probablemente se deba a los estirados que se encargan de aplicarlas-asintió con convencimiento.

Él se limitó a poner los ojos en blanco. Rachel levantó una ceja interrogante, sin comprender por qué él no intentaba rebatir sus palabras. Normalmente, siempre que mantenía una conversación de ese tipo con alguien, cada uno exponía sus argumentos hasta llegar a un acuerdo. Pero su vecino no parecía dispuesto a ese tipo de enfrentamiento.

-¿No vas a decir nada?-le preguntó Rachel finalmente, cansada de esperar.

-Sería inútil, prefiero quedarme en silencio a estar discutiendo-la respuesta fue breve, y la cara de él seguía mostrando simpatía.

-¿Estás insinuando que no soy una persona razonable y, por tanto, sería inútil discutir conmigo?-el ceño de Rachel volvió a fruncirse y lo miró mal. Le parecía bastante ofensivo considerarla irracional.

-No. Simplemente, no me apetece hacer eso ahora, lo de probar mi capacidad de razonamiento… Se supone que eso ya lo van a comprobar en la prueba-le respondió él, sin mirarla en esta ocasión-Probablemente la conclusión es que soy un ceporro.

El rostro de la chica se relajó. Había metido la pata, puesto que lo único que ocurría era que él no quería arriesgarse a perder una discusión justo antes de llegar a las pruebas; pero ese hecho era mucho más llevadero para ella que pensar que cualquiera la creía estúpida. Se dejó llevar por un impulso y cogió la mano de Benjamin con una de las suyas.

-No vamos a llegar tarde, Rachel, las pruebas son después de comer. Antes de hacerlas podrás disfrutar del ambiente del instituto, como llevan haciendo los otros durante años. Lo sabrías si te hubieras acercado a los Niveles Superiores más a menudo.

Las palabras de Benjamin parecían dirigidas a reconfortarla, al igual que el gesto de ella había buscado animarlo a él.

-No eres un ceporro-Rachel lo miró de reojo, justo antes de que sus ojos marrones empezaran a seguir al autobús que se acercaba a la parada-Aunque hay veces en las que me parece que intentas serlo.

-Te aseguro que esas veces son involuntarias, soy así-una amplia sonrisa se extendió por la cara de Benjamin mientras la dejaba entrar primero en el autobús, sin soltar su mano.


Samantha se encontraba sentada al lado de Rachel en una de las mesas del comedor, pinchando un trozo de carne y observándolo unos segundos antes de metérselo en la boca y masticarlo con lentitud, como si temiera que fuera a estallarle entre los dientes. Rachel la observaba de reojo, después de haberse terminado su bandeja. Al contrario que Sam, nunca había tenido problemas con la comida, por lo que su primer menú en el comedor desde hacía siglos no había resultado desagradable.

-Estoy segura de que esta carne es de… Murciélago-Samantha arrugó el rostro después de tragarse el trozo que sostenía en el tenedor hacía unos segundos.

-Si fuera carne de murciélago, tendrían que cazar al menos a seis murciélagos por estudiante, y no son animales tan fáciles de cazar, Sam-replicó Rachel rodando los ojos.

-Seguro que los acumulan durante todo el año para darlos el día de las pruebas, para que tengamos que comerlos todos-propuso su amiga mientras cogía otro trozo de carne y lo miraba con desconfianza de nuevo.

-Qué pena que no hayamos estudiado aquí. Podríamos haber encontrado el sótano oscuro lleno de cadáveres de murciélago en una de nuestras investigaciones-se burló Rachel.

-Los guardarán en congeladores. Es murciélago, no murciélago podrido, probablemente los conserven de alguna forma, y la congelación me parece el método más adecuado-comentó el chico que estaba sentado frente a Rachel, Dean.

Acababa de llegar y no tenía bandeja, probablemente habría comido en otro lugar y ahora se acercaba para estar con Sam. Lo único que dejó sobre la mesa fueron un par de libros con las tapas verdes.

-Entonces tú también opinas que son murciélagos, ¿no?-le preguntó Samantha arqueando una ceja. Una sonrisa coqueta se dibujó en sus labios y dejó de poner muecas mientras comía.

-¿Acaso hay alguien que lo dude?-preguntó él mirándola y sonriendo de forma algo estúpida. Dean era un chico con el pelo castaño claro bastante corto, las cejas poblabas sobre unos ojos verde pálido y rasgos afilados.

Rachel miró a ambos lados de la mesa, con cautela, pero todos entendieron la broma y nadie se puso a presentar argumentos sobre la imposibilidad de ese hecho. Dean y Samantha siguieron hablando de ello con tono cariñoso y ella decidió llevar su bandeja para dejar la mesa despejada. Cuando regresó la pareja seguía en las mismas, por lo que alargó la mano hasta uno de los libros de Dean: ‘Técnicas de cirugía cerebral. VI. Corteza prefrontal.’

En cuanto lo abrió, la chica de la izquierda hizo un comentario sobre un supuesto error grave en el libro. Rachel se colocó las gafas y le prestó atención tratando de seguir su línea de pensamientos; la chica le presentó detalladamente lo expuesto en el capítulo erróneo y lo que ella consideraba que debería poner. Dean, que parecía atontado hablando con Sam, se irguió en la silla y se apresuró a llevarle la contraria, asegurando que el libro estaba correcto. Rachel añadió un pequeño comentario a favor de la chica, Joanne; y otra chica de más a la izquierda intervino para apoyar a Dean.

El debate se extendió por la zona cercana de la mesa como si fuera pólvora. Todos tenían algo que aportar a las conclusiones que se iban sacando, y hablaban ordenadamente, escuchándose, pero rebatiendo sin dudar los argumentos ajenos.

Las bandejas fueron desapareciendo de la mesa, y algunos de los chicos comenzaron a traer sus propios libros, probablemente sacándolos de sus taquillas. La tensión había desaparecido de la mayoría de los ocupantes de la mesa. La espera era mucho más relajada si sus mentes estaban trabajando. Las conversaciones no se apagaron ni cuando comenzaron a llamar a gente para hacer las pruebas, pero Rachel dejó de prestar atención a las teorías sobre funciones neuronales al sentir dos manos sobre sus hombros.

Giró la cabeza hacia arriba y se encontró con los ojos azules de Benjamin.

-¿Dónde te habías metido, Baker?-le preguntó Dean, haciendo que los ojos de su vecino no se encontraran con los de ella-Te necesitaba aquí para explicarles qué sustancias químicas inhiben a la corteza prefrontal y los escasos efectos que producen-recalcó la palabra ‘escasos’ mirando a Joanne, que en ese momento hacía un esquema de los neurotransmisores que deberían intervenir en la anulación de la actividad.

-Estaba sacando las cosas de mi taquilla, hoy es el último día para vaciarlas. Último día de instituto-respondió Benjamin mostrando el tirante de una mochila negra que llevaba colgada a la espalda.

-Pero si apenas has venido una semana… No puedes tardar tanto en vaciarla, no te he visto en toda la comida-insistió Dean cruzándose de brazos-¿Algo que añadir? Los períodos temporales no cuadran, Baker.

-He comido. No te preocupes, mamá-Benjamin le respondió sin retirar las manos de los hombros de Rachel.

Era un contacto reconfortante, lo que confundía a Rachel. Hacía unos días era un chico más y ahora, tras una simple conversación, parecía que algo había cambiado para ambos. Quizás durante todos los años de amistad habían acabado creando algo sin darse cuenta, quizás ese algo necesitaba una caída por las escaleras para aparecer en escena… Intentó racionalizar la sensación y las conclusiones le llevaron a pensar que lo que ocurría es que ambos necesitaban sentirse seguros. Y estar juntos les daba seguridad. Eran un buen equipo, un equipo explosivo. Pero no eran una pareja, aunque pudieran parecerlo.

Llamaron a una nueva tanda de jóvenes para pasar la prueba, los elegidos de Erudición fueron Dean Granger y Samantha Jones. Rachel apretó la mano de su amiga cuando ella se levantó. Esperaba que todo le fuera bien.

Casi todos los chicos habían sido llamados y, tras permanecer un rato en el comedor, habían salido en dirección a sus casas. Rachel no había podido hablar con su mejor amiga porque, según le había contado Dean, había tenido un problema en la prueba y se había tenido que ir a casa. El chico había salido satisfecho, pero no había podido decirles nada. Si para el resto de las facciones el secretismo de las pruebas era un fastidio, para los eruditos era una tortura. No poder saber nada, no poder hablar de ello… Rachel estaba deseando iniciarse en su facción para poder debatir sobre lo que fuera que le esperaba al otro lado de esas puertas.

-Nadie sabe lo que hay dentro de esas salas hasta que entra a hacer la prueba. Estuve hablando con los chicos del instituto y por lo visto son diez habitaciones que sólo se utilizan para esto-le comentó Benjamin, bajándola de su nube.

El rubio se había sentado a su lado tras salir de su prueba, y había permanecido un rato en silencio mirándola. También retenía una de las manos de Rachel entre las suyas. Rachel se preguntaba sobre su comportamiento, no podía evitarlo, pero tampoco quería preguntar directamente temiendo que dejara de comportarse así. Ya haría que se alejara más tarde si era necesario, por un día no iba a pasar nada.

-No entiendo por qué tanto misterio. Tener información sobre las pruebas no debería hacer que fallaran y, si es así, obviamente necesitan ser mejoradas-comentó Rachel frustrada.

-¿Por qué no eres capaz de apreciar el factor sorpresa? Enfrentarse a lo desconocido me parece interesante-dijo Benjamin acariciando su antebrazo con las puntas de los dedos.

-No es algo desconocido, es decir, lo es ahora. Pero en cuanto lo veamos dejará de serlo… Como todas las sorpresas. Me parecen una pérdida de tiempo.

-Es emocionante no saber lo que te espera-insistió él con una sonrisa perfilada en el rostro.

-Sí, estoy emocionadísima, ¿no me ves?-Rachel lo miró con los ojos entrecerrados-Es frustrante, no emocionante.

Él se limitó a morderse el labio levemente. Como si… Tuviera una sorpresa. Rachel frunció el ceño, esperaba que no se tratara de eso. Estaba a punto de preguntarle algo, pero se contuvo.

-Es normal que lo veas de otra forma ahora que ya has hecho la prueba y sabes lo que hay-le dijo en lugar de la pregunta que se había formado en su mente.

Benjamin abrió la boca para responder, pero en ese momento llamaron a una nueva tanda de chicos, y el nombre de Rachel por fin apareció. La chica se puso en pie con decisión, las ganas de saber a qué se iba a enfrentar habían acabado por derrotar al miedo. No había nada más fuerte que la curiosidad.

-Buena suerte, Rachel-Benjamin se levantó a la vez que ella y le puso una pequeña llave en la mano-Es de mi taquilla, cuando salgas de la prueba habrá una sorpresa dentro… Dale una oportunidad a la emoción-acarició la mejilla de ella con la palma de la mano.

-Si la prueba me sale mal, será por culpa de la frustración que estás generando en este momento, Benjamin Baker-fueron las últimas palabras de Rachel, que se giró hacia la sorpresa que estaba a punto de ser desvelada.

El abnegado que se encargó de acompañarla hasta la sala parecía confundido por la sonrisa de la chica, aunque la futura iniciada no le prestó atención. Nunca le prestaba atención a la gente vestida de gris.

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