'Un culo imponente.'
“Si la juventud es un defecto, es un defecto del que nos curamos demasiado pronto.” - James Russell
-Entonces, ¿con medias o sin medias?-le preguntó Samantha.
La
rubia estaba en la habitación de Rachel, colocándose un vestido azul pálido
bastante corto, que dejaba ver sus pálidas y delgadas piernas. Rachel se
encontraba tirada bocaabajo en la cama, sosteniendo la cabeza con las manos y
observando a su amiga. Ese era el quinto vestido que se probaba, y aún quedaban
seis más en el montón.
-No
me gusta ese vestido, ya te he dicho que prefería el más oscuro-le dijo Rachel
mientras señalaba al montón de los que su amiga había desechado.
-Pero
con el oscuro parezco aún más blanca de lo que soy-protestó Sam mientras se
acercaba al montón y recuperaba el favorito de su amiga.
-La
palidez es atractiva-Rachel se encogió de hombros levemente.
-Y
me lo dice la que describe al hombre de sus sueños como un chico de tez morena
y pelo rojo-los ojos azules de la chica rodaron burlones.
-¿No
se suponía que el hombre de mis sueños era Benjamin, según tu sabia
opinión?-repuso Rachel sonriendo levemente.
-Creo
que Benjamin es un chico explosivo… ¿Lo pillas? ¡Explosivo! Porque hicisteis
explotar aquello en medio del Hexágono… Sois… La bomba juntos-la chica se dobló
sobre sí misma riéndose a carcajadas.
Rachel
intentó protestar al principio, diciéndole que era un tema sobre el que no se
debía bromear, pero finalmente sucumbió y empezó a reírse, contagiada por la
risa chillona de su amiga. Habían pasado dos semanas desde el accidente y todo
se había normalizado: sus compañeros dejaban de decir “Boom” cuando ella pasaba
a su lado y habían dejado de fingir tropezarse con ella en las escaleras. Pero
no hablaba con Benjamin desde ese día, tras rechazarlo cuando apareció en casa,
el rubio no había vuelto a dar señales de vida y había estado asistiendo a los
Niveles Superiores en lugar de ir al Hexágono.
Ni siquiera se habían cruzado en las escaleras del edificio, y no se
había atrevido a preguntarle nada a su hermana Gina.
-Me
voy a volver a probar el oscuro, pero sólo porque tú eres una chica que sabe lo
que hay que hacer para llamar la atención, aunque eso implique rodar por las
escaleras-volvió a reírse entre dientes mientras se sacaba la tela de color
pálido.
La
morena puso los ojos en blanco y mantuvo una sonrisa en su rostro. Era
imposible no pasárselo bien con Samantha, una chica que siempre estaba
dispuesta a hacer chistes sobre cualquier cosa que se le pasara por la cabeza.
Por eso llevaban casi dos horas eligiendo la ropa para la Ceremonia de la
Elección sin mirar el reloj. La ropa no era la prioridad de ninguna de las
chicas, pero a Samantha se le había ocurrido que sería una buena forma de pasar
la tarde del domingo. El lunes tendrían lugar las pruebas de aptitud, y el
martes tomarían la decisión que marcaría el rumbo de sus vidas. Ambas habían
estado nerviosas toda la semana, como la mayoría de los jóvenes de dieciséis
años, lo único que sabían de las pruebas es que no te podías preparar para
ellas, y que podían cambiar tu elección aunque no quisieras.
-¿Y
bien? ¿Me hace parecer más inteligente?-preguntó Samantha dando una vuelta
sobre sí misma con el ajustado vestido.
Mientras
que el de color pálido tenía vuelo, este se adhería a sus formas. Rachel sonrió
satisfecha al verla vestida así e ignoró su pregunta. Lo de cuestionarse la
propia inteligencia era algo que todos llevaban haciendo la última semana, la
mayoría habían cambiado el Hexágono por los Niveles Superiores para contrastar
su nivel con las otras facciones. Las dos chicas no estaban incluidas en ese
grupo. Era más fácil sentirte inteligente cuando asistías a clases por debajo
de tu nivel, aunque era algo que iba contra los principios de la facción. Pero
en esos días era más importante recuperar la confianza en uno mismo que alcanzar
nuevos conocimientos, por lo que habían asistido a clases básicas en el
Hexágono.
La
puerta de la habitación se abrió y entró su madre con una bandeja de plástico
blanco. Se la dejó sobre el escritorio y miró a Samantha, asintiendo con una
sonrisa.
-Me
gusta cómo te sienta ese vestido-se acercó a ella y le colocó mejor el bajo,
estirando una parte que se había arrugado ligeramente.
-Gracias,
señora Everdeen. Debería ver el de Rachel, lo he elegido yo-Samantha se mostró
realmente satisfecha con el cumplido y Rachel supo que ya se había decidido por
ese vestido. El estilo de su madre era reconocido por la mayoría de sus
compañeras, por lo que la rubia no iba a llevarle la contraria.
Rachel
cambió su postura y se bajó de la cama, caminando hasta la bandeja que su madre
había dejado sobre la mesilla: chocolatinas y tostadas con mermelada. Una dulce
merienda. Cogió una de las tostadas y le dio un mordisco. Iba a darle el
segundo cuando Samantha se la quitó de las manos y mordió para llevarse un
pedazo.
-Pruébate
el vestido antes de que estés demasiado gorda como para que te entre-le dijo
tapándose la boca llena con una mano mientras hablaba.
-Yo
nunca jamás estaré gorda-Rachel le sacó la lengua y fue a su montón de
vestidos, en cuya cima estaba el que había elegido para la ocasión.
Era
un vestido corto de varios tonos de amarillo, llevaba un cinturón negro que
hacía que se le ajustara a la cintura, dando la forma deseada. Tenía una
cremallera en la parte delantera, que llevaba subida de forma que reducía
considerablemente el escote. Aunque Samantha se empeñaba en bajársela de forma
que le viera el sujetador; por suerte, no lo hizo con su madre delante. Sacó
los zapatos de tacón oscuros y se los puso también, tenían plataforma y tacón,
lo que hacía que pareciera bastante más alta y sus piernas se estilizaran
notablemente. Miró a su madre esperando su reacción. Rachel no solía vestirse
de esa forma, todos los vestidos eran préstamo de una tienda, que se los había
dejado a las chicas para que se los probaran en casa.
-Te
ves mayor con esa ropa-su madre se acercó y le colocó el pelo con cariño.
-¿Y
guapa también?-preguntó Rachel mordiéndose el labio con suavidad.
-Una
mujer preciosa-su madre le dio un beso tierno en la frente.
Samantha
se dedicó a comer de la bandeja mientras la madre y la hija se fundían en un
abrazo. Eso ya le tocaría a ella más tarde. Se sentía fuera de lugar, pero
tampoco iba a echar a correr tirándoles el vestido encima ni nada por el
estilo.
-Bueno,
cariño, me voy abajo que estoy preparando una tarta para esta noche-acarició de
nuevo la cabeza de su hija.
-¿Una
tarta?-Rachel alzó ambas cejas con sorpresa.
-Sí,
algo dulce antes de las pruebas-su madre se dio la vuelta y salió con su forma
de caminar característica, como si desfilara para que todos lo disfrutaran.
Rachel
ladeó la cabeza observando a su madre y Samantha hizo lo mismo. Finalmente
soltó un gran suspiro y le dio un gran mordisco a la chocolatina que tenía en
la mano. La morena la miró interrogante.
-Nunca
conseguiremos mover el culo como tu madre, eso es un hecho-Sam volvió a
suspirar y Rachel soltó una carcajada.
-No
me puedo creer que le estuvieras mirando el culo a mi madre-le lanzó uno de los
cojines que había sobre la cama, estrellándoselo en la cara.
-Tiene
un culo imponente, no como la cosa huesuda que tienes tú-replicó mientras
recogía el cojín para lanzárselo de vuelta a su amiga.
-Pensaba
que te interesaba más el culo de Dean-Rachel esquivó el cojín que atravesó la
habitación hasta caer sobre la pila de vestidos de Samantha.
-Menudo
culazo-puso una cara de babosa absoluta, lo que hizo que ambas soltaran una
carcajada sin poder evitarlo.
Se
estuvieron riendo por un largo rato, hasta que terminaron mirándose a los ojos
con sendas sonrisas enormes y los ojos brillantes.
-Te
quiero, Rach-la rubia avanzó dos pasos hacia su amiga y la abrazó con fuerza.
-Mira
que eres tonta, no te pongas así-Rachel la estrujó entre sus brazos con cariño.
Claro que la quería, no se imaginaba una semana entera sin su mejor amiga.
-No
quiero quedarme entre los abandonados y no poder verte más-sollozó Samantha,
enterrando su cara pálida en el cabello rizado de Rachel.
-Eso
no va a pasar. Ninguna va a fallar en la iniciación, y si una falla la otra irá
a verla. Vamos a ser amigas para siempre, Sammie-Rachel tragó saliva tras
pronunciar esas palabras, con la voz algo rota al final.
En
realidad sí que tenía miedo, como Samantha, como todos. Nadie quería ser el que
se quedaba sin facción, pero todos eran conscientes de que a alguno le iba a
tocar.
-Para
siempre-repitió Rachel dándole un beso encima de la oreja.
Samantha
se separó y se secó las lágrimas de la cara con el dorso de la mano, a la vez
que Rachel hacía lo propio con las pocas que se le habían escapado.
-Menos
mal, porque si no fuera tu amiga no podría observar las posaderas de la señora
Everdeen con tanta frecuencia-la voz de Sam sonaba aún algo rota, pero la broma
surtió efecto y Rachel se rió entre dientes antes de tirar a su amiga sobre la
cama y hacerle cosquillas.
-¡El
vestido! ¡Ay! ¡El vestido!-las quejas no funcionaron y las carcajadas se
derramaron por toda la casa.
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Hola, lectores/as. Quizás debería poner sólo lectoras puesto que ningún hombre ha dado señales de leerme. (?) Soy consciente de que en este capítulo la historia no avanza, pero aún así es mi capítulo favorito de los que he escrito, porque permite que conozcáis cómo es la relación que mantienen Sam y Rachel.
La semana que viene (SALE EL SINGLE DE PARAMORE POR LO QUE ES UNA SEMANA MUY ESPECIAL) tendréis otro capítulo. En el siguiente ya son las pruebas, que sé que se están retrasando (:
En serio, ¿no os encantan los lunes?
Muchas gracias por pasaros :3
PD: Si hay algún hombre que sé señales de vida, también me sirven chicas fans de Juego de Tronos, que sé que tenéis mucho de masculino en el cerebro, porque en otro caso no entenderíais la saga :P
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