25 de febrero de 2013

Renegade. Capítulo 11.


¡¡Hola!! Feliz lunes a todas/os. ¿Hay algún chico ya? ¿No? Jopé. Bueno, que hoy subo capítulo un poco tarde, es que se me había olvidado que era lunes al no tener clase y estar toda la tarde hablando de los Oscars.  [[Enhorabuena a Daniel, Jenn. Anne, Chris, Quentin y el largo etcétera.]] El título del capi tiene que ver con Daenerys Targaryen, sí, porque ella mola. Y hay alguna que otra parrafada, lo siento, no suelo ponerlas, soy más de diálogos (ejem, lalasa, ejem), pero en este capítulo era necesaria bastante narrativa. Espero que os guste :)
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'Sangre y fuego'

“En todas las actividades es saludable, de vez en cuando, poner un signo de interrogación sobre aquellas cosas que por mucho tiempo se han dado como seguras.” - Bertrand Russell



El corte estaba hecho y la sangre se acumulaba sobre la palma de su mano, que permanecía sobre las llamas, que amenazaban con quemarle la piel si no les daba su sangre, si no elegía de una vez.

La noche en una celda de espejos se le había hecho muy larga, apenas había conseguido dormir y las ojeras que había bajo sus ojos castaños la delataban. Se había puesto el vestido dorado, los zapatos oscuros y el cinturón negro; pero sin maquillar y despeinada no era un look tan favorecedor como había esperado al elegirlo unos días antes.

No había podido hablar con nadie, puesto que la habían llevado la última a la Ceremonia, cuando el discurso ya estaba empezando; y había visto a Samantha verter su sangre sobre el agua, atándose a Erudición, sin poder decirle que ella no haría lo mismo. No quería dejar a Samantha sola, le hubiera gustado gritarle que se trasladara con ella, pero sabía que eso no estaría bien, que era ella la que se tenía que arriesgar y no tenía que llevarse a nadie por el camino.

Abrió la mano y las gotas de sangre chisporrotearon levemente sobre el fuego, como si las llamas la rechazaran, como si supieran que su sangre no pertenecía ahí. Sabía que era algo absolutamente irracional, que era mentira, que su sangre era como la de los demás, pero no podía evitar tener esa sensación. Escuchó varios gritos ahogados, pero se contuvo a levantar la cabeza para ver de quién se trataba, al menos se contuvo hasta que ocupó su lugar junto a los osados. Había pocos trasladados a esa facción, ella era la tercera y la única chica, los otros dos eran de Verdad.

Levantó los ojos lentamente y buscó las caras de la gente que le preocupaba. Se encontró a Samantha con los ojos llenos de lágrimas y mirándola con un dolor que nunca había visto en ningún otro lugar, un dolor que le estrujó el corazón, un dolor físico. Había traicionado a su mejor amiga después de años de total confianza. Luego buscó a su madre y se topó con los ojos negros de Arden a su lado, que la miraban juzgándola como siempre, pero no expresaba nada. Y su madre tenía la cabeza gacha, por lo que no pudo encontrarse con sus ojos.

Seguían diciendo nombres y los jóvenes se distribuían a los diferentes grupos, la mayoría no cambiaba de Facción; Rachel podía ver perfectamente las caras y las expresiones de cada uno de ellos, pues los osados eran los más cercanos a los recipientes. Una cordial se cambió a Osadía, lo que sorprendió a todo el mundo. No era un cambio usual, puesto que los ideales de cada grupo eran bastante opuestos y siempre había problemas entre ellos; era como con Erudición y Abnegación, no solía haber traslados entre ambas. La rubia se encaminó hacia su nueva facción con la cabeza alta, quitándose la chaqueta naranja para dejar a la vista una camiseta de tirantes negra que dejaba ver sus brazos musculados y fuertes. La prenda naranja quedó tirada en el suelo mientras la sangre seguía cayendo sobre los diferentes recipientes. Rachel no podía dejar de mirar la tela naranja, parecía que la chica se la había quitado como si se tratara de algo que la atrapara, con seguridad. Sin embargo, Rachel se sentía más insegura que nunca. ¿Y si se había trasladado y no encontraba al chico? Se pasó las manos por el vestido amarillo con nerviosismo.

-Benjamin Baker-llamaron en ese momento y levantó los ojos para ver al rubio.

Benjamin. ¿Le dolía tener que separarse de él? Nunca habían sido nada, pero siempre había habido algo. Estaba guapo, como siempre. Llevaba una camisa de cuadros azules y amarillos, con los botones de arriba desabrochados de forma que se podía ver su pecho bien formado. El pelo liso y desordenado salía en todas la direcciones mientras aferraba el cuchillo con seguridad. Y mientras se cortaba la piel la miró, con esos ojos azules que parecían el cielo de una tarde de verano, y luego caminó hacia ella con seguridad, colocándose a su lado, con su brazo rozando el de ella.

Lo miró abriendo los ojos en exceso. ¿Realmente acababa de ocurrir eso? ¿Se había trasladado Benjamin Baker? Él no le devolvió la mirada, estaba ocupado en una discusión sin palabras con su familia. Rachel miró también a Erudición y volvió a toparse con Samantha. Estaba segura de que estaría pensando que Benjamin y ella habían tomado la decisión en conjunto, que la había traicionado. Quería decirle que no, que si tuviera que irse con alguien sería con ella sin lugar a dudas, pero la rubia estaba hablando con Dean, que le pasaba un brazo sobre los hombros con aire protector.

Samantha no le miró en el resto de la Ceremonia. Cuando ésta termina, el grupo negro en el que Rachel se encuentra inmersa empieza a moverse. Ella se queda quieta unos segundos, pero la mano de Benjamin se cierra sobre la suya y tira de ella, arrastrándola hacia las escaleras en una carrera inútil e ilógica. No tenían prisa, ¿por qué iban todos corriendo y gritando? Tras bajar unos pocos escalones los tacones la hicieron tropezar y estuvo a punto de caerse, pero la mano de Benjamin no se separó de la suya. Alguien la golpeó con un codo al pasar entre ambos, haciendo que sus manos se separasen. El rubio siguió corriendo con el grupo, mientras que ella se detuvo para dejar los tacones tirados en las escaleras y bajar descalza, tratando de recuperar el tiempo perdido previamente.

Cuando salieron por las puertas del edificio, Rachel ya se encontraba metida en el grupo. Notaba de vez en cuando las miradas de los chicos tatuados, aquellos que habían decidido quedarse en su Facción, unas miradas mucho más ardientes que aquellas a las que dejaba atrás. El fuego de Osadía ardía en la mirada de cada uno de aquellos jóvenes. Y en los de Rachel empezaba a prender aunque ella no fuera consciente, aquella carrera desenfrenada le había gustado más de lo que nunca admitiría, logrando incluso que se olvidara durante algunos segundos de lo que había dejado atrás. Los recuerdos de la tranquilidad del ejercicio de la mente regresaron con fuerza al ver el tren al que los Osados estaban saltando. Abrió mucho los ojos, quedándose quieta durante unos segundos, los suficientes como para recibir varios golpes por parte de aquellos que seguían corriendo y gritando a su alrededor. El corazón latía con fuerza bajo su pecho. Apenas quedaban ya personas en tierra, la mayoría se encontraba en los vagones cuando echó a correr.

Ley de la gravedad. Fuerza. Masa. Aceleración.  Las fórmulas que conocía se agolparon tras sus párpados, que había cerrado en cuanto sus pies se habían despegado del suelo, volando hacia el tren. Sus rodillas se estrellaron contra el suelo metálico y cayó hacia delante, quedando tirada. Sólo cuando sintió el frío contra su mejilla se atrevió a abrir los ojos. Estaba en el vagón, le había sobrado fuerza para entrar. Sonrió satisfecha sin siquiera pararse a pensar. En ese compartimento estaban los dos chicos que se habían trasladado desde Verdad y tres jóvenes que se reían estrepitosamente de otro que intentaba ponerse en pie cojeando… Osados. Sólo ellos podrían reírse del dolor ajeno.

Rachel se arrastró por el suelo hasta quedar con la espalda contra la pared, tenía la respiración un poco agitada, pero no tanto como el veraz más bajito, que parecía que no se iba a recuperar en la vida. La velocidad del tren iba aumentando por momentos, y el ruido del viento era ensordecedor. Rachel sólo podía escuchar de vez en cuando alguna palabra que provenía de los chicos que estaban al otro lado del vagón, acercándose al borde, separándose, dándose empujones amistosos… Haciendo justo lo que llevaban haciendo toda su vida.

¿Y ella? ¿Podría hacer algo de lo que había hecho con anterioridad? Sabía que las posibilidades de acercarse al Hexágono eran nulas para cualquiera que no perteneciera a Erudición, por lo que había perdido la mayor parte de sus posibilidades de seguir estudiando. No sabía ni siquiera si tendrían libros en Osadía. No sabía ni dónde estaba Osadía. Lo había perdido todo. Se tapó la cara con las manos para tratar de contener su miedo, sus dudas y su realidad; sabía que podía hacerlo. Era una cuestión mental y ella no solía tener problemas con las cosas que dependían de su mente. Estaba ya logrando la calma cuando sintió humedad y algo viscoso en las manos, acompañado de un grito colectivo en el vagón. Se descubrió los ojos con lentitud y se miró el dorso de las manos, manchado de sangre, así como su camiseta y el resto de la pared del vagón. Se incorporó y se cambió de pared, acercándose al chico más grande de Verdad, que también estaba manchado de sangre, aunque en menor medida que ella.

-¿Qué ha ocurrido?-preguntó Rachel sin dejar de mirarse las manchas de sangre en el vestido.

-Alguien se ha caído de otro vagón y se ha estrellado contra un poste junto a las vías…-le respondió el chico sin mirarla, manteniendo la vista fuera, aunque lo único que se podía ver era una mancha borrosa que pasaba a toda velocidad.

-Probablemente uno de los trasladados… Nosotros llevamos toda la vida en estos vagones, nadie se cae de forma estúpida-añadió uno de los iniciados que procedían de Osadía. Tenía el pelo en rastas y varios piercings por la cara.

El color huyó de la cara de Rachel al instante. Benjamin. Benjamin. Benjamin. Se lanzó hacia el borde del vagón de forma estúpida, pues era obvio que ya no iba a conseguir ver nada. Notó unos brazos en su cintura que tiraban de ella hacia atrás.

-Eso sería caerse de forma estúpida, muñeca-era el chico grande de Verdad, el que tenía la cara ligeramente salpicada de sangre.

Rachel se dejó arrastrar hacia atrás y apoyó su espalda en la pared junto al chico. Debía medir cerca de dos metros, y tenía los rasgos varoniles muy marcados para su edad, el pelo completamente negro bastante corto y los ojos castaños verdosos que desprendían una dulzura que no cuadraba con el resto de su aspecto.

-Soy Rachel, no una muñeca-le indicó ella mirándolo de reojo, aún preocupada por Benjamin.

Era poco probable que se tratase de la chica de Cordialidad, parecía tan segura al trasladarse… Aunque quizás todo hubiera sido una fachada, una cordial era lo que menos encajaría en los trenes, tendría muchas más posibilidades de caerse que alguien inteligente, como Benjamin.

-Yo soy Noah-se presentó el chico con una sonrisa leve, señaló con el pulgar al chico más pequeño que iba vestido de blanco y negro-Y él es Chris, mi mejor amigo.

Chris levantó una mano y asintió levemente en su dirección a modo de saludo, pero parecía aún cansado, y realmente asustado por la sangre que cubría a los otros chicos. Rachel le hizo un gesto de asentimiento, pero en ese momento la cara de Samantha aparecía por cada lugar del vagón.

“Mi mejor amigo.”
¿Y dónde estaba su mejor amiga?

Bajó la cabeza y se miró las manos, manchadas de sangre. No era la primera vez que se manchaba las manos de sangre. Recordó el momento en el que había conocido a Sam. Tuvo que parpadear para contener las lágrimas.

Notó la mano de Noah sobre su espalda.

-¿Estás preocupada por el chico que se trasladó contigo, no? ¿Es tu novio?-le preguntó observándola con esos ojos cálidos que encajaban con su tono a la perfección.

-Sí y no-respondió Rachel asintiendo levemente-El tren está disminuyendo la velocidad, tenemos que prepararnos para saltar.

Noah levantó una ceja como si no se creyera que pudiera percibir el ligero decremento, pero entonces vio como los chicos vestidos de negro se alineaban a unos metros del borde y fue a buscar a Chris, al que tuvo que arrastrar hacia el borde.

Para cuando los dos veraces se situaron en la fila, Rachel ya estaba colocada junto al chico del pelo verde.

-Hay un tejado, no hay mucho tiempo para saltar, así que no os lo penséis mucho o tendremos que prescindir de vuestra presencia en la iniciación-les advirtió con tono burlón.

Los ojos de los tres trasladados reflejaban su nerviosismo mientras localizaban la plataforma a la que tenían que saltar. El tren no había bajado tanto de velocidad como lo había hecho para que subieran. Estaban empezando su iniciación y les exigían un salto más complicado cada vez. ¿Era eso de lo que se iba a tratar todo? ¿De cerrar los ojos y lanzarse al vacío esperando encontrar suelo bajo los pies? No sabía si eso era lo que se esperaba de ellos, pero Rachel prefirió no mirar mientras su cuerpo volaba unos segundos antes de caer rodando sobre el tejado. Quedó mirando al cielo y recuperó el aire con lentitud. Su vestido se había rasgado por un lateral hasta la altura de su cadera, y tenía una rozadura considerable en el muslo, así como en uno de sus brazos.

-Vamos, muñeca, están todos ya en movimiento-Noah le tendió una mano mirándola burlón, Rachel aceptó su ayuda y se puso en pie.

Ambos corrieron para unirse al grupo. Uno de los Osados estaba explicando que había que saltar al vacío. Rachel miró a Noah, que no parecía realmente impresionado por lo que le pedían. Chris, a su lado, no parecía tener verdaderas intenciones de saltar de nuevo. Rachel miró alrededor tratando de localizar a Benjamin, pero no veía su rubia cabellera por ningún lado, lo que hizo que la preocupación le hiciera un nudo en la garganta. Por suerte, tampoco veía a la chica trasladada de Cordialidad, y según el chico del pelo verde podría haber caído cualquiera de ellos.

-¿Quién será el primero en saltar?-preguntó un hombre alto de piel oscura, que clavó sus negros ojos en el grupo de iniciados.

-Yo-una voz femenina sonó con fuerza y el grupo se abrió dejando pasar a la chica rubia que se había trasladado-Yo saltaré la primera.

El hombre asintió y la acercó a él, sacando una jeringuilla de un maletín y clavándosela en el cuello. La chica no titubeó un instante, caminó hacia el borde y desapareció en el vacío. Rachel no podía ver la altura a la que se enfrentaban puesto que estaba en la parte más alejada del grupo, pero estaba segura de que daría miedo. Varios saltaron tras la chica mientras Rachel intentaba calmar sus nervios, dejar de preocuparse, volverse valiente, loca o lo que fuera necesario para conseguir superar esa iniciación.

18 de febrero de 2013

Renegade. Capítulo 10.


Me ha salido un capítulo enorme :O Al final ya tuve que borrar trozos de la conversación porque no habría alma humana capaz de leérselo entero sin sufrir daños irreversibles (???) Bueno, espero que os guste lo que habéis elegido que pase, espero que la persona con la que se encuentra os parezca lo bastante interesante :) Muchas gracias por pasaros a leer, es genial tener gente a la que no le importe perder unos minutos en esto.

Muchas gracias a @DisorientedDuck, @_LaLa_SA, @dilzife, @NocillaMalefica, @Ariana_Ms04 y @imagineaspark por haber aguantado 10 capítulos :D Cada decena de capítulos os dedico uno, va. Aunque habrá tres decenas como muy mucho, que hasta ahora he ido lenta pero ahora voy a acelerar el ritmo. 
PD: Vuestros nombres de tuiter son rarunos, ¿eh?
PD2: La próxima vez os personalizo la dedicatoria ;)


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'Los reflejos de una sorpresa'

“En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven.” - Nicolás Maquiavelo


-Estoy faltando a una reunión importante para tener esta conversación contigo, Everdeen, por lo que me gustaría que acabásemos rápido. ¿De acuerdo? Mi tiempo es valioso, podría estar salvando a gente a la que quieres ahora mismo-los ojos oscuros de Arden se clavaron en los de Rachel mientras entraba en la habitación en la que estaba la chica.

La joven se encontraba sentada en una incómoda silla de plástico azul en una habitación con las paredes cubiertas de espejos y sin ningún mueble exceptuando la silla en la que estaba sentada. Los guardias la habían metido ahí unos minutos atrás y ella había estado intentando calmarse hasta que había visto al doctor entrar por la puerta. Arden era mucho más alto que ella y, al estar sentada, esa diferencia se incrementaba, haciéndola sentir demasiado pequeña como para poder argumentar algo. Demasiado pequeña para estar ahí.

-¿Gente a la que quiero? ¿Le ha pasado algo a mi madre?-Rachel se alarmó al momento y la primera persona en la que pensó fue en su madre, sin importar que hubieran discutido, su madre era la persona más importante en su vida.

-¿Puedes explicarme lo que ha ocurrido?-el tono de él era impasible, y no parecía que fuera a contestar ninguna pregunta hasta que no supiera lo que quería. Era una tortura. No le estaba haciendo daño pero la estaba torturando, dejando caer algo así para luego no decir nada más.

-Me han encerrado aquí-respondió Rachel mirándose las manos, que removía inquieta sobre su regazo. No dijo nada más y levantó la mirada para encontrarse con la del hombre, que esperaba impasible, estaba convencida de que podría estar en silencio durante horas mirándola hasta que no le dijera lo que quería-Violé la seguridad del sistema informático para acceder a información clasificada. Sobre mí. Tenía derecho a ver esos datos.

-Si era información que tenías derecho de conocer, ¿por qué no pediste permiso en lugar de verla ilegalmente?-Rachel odiaba la forma de expresarse del hombre, tan impersonal, como si supiera cada respuesta y su único interés fuera molestarla. Sabía que eso no era así, puesto que a ningún erudito se le ocurriría preguntar cosas que ya conociera; pero no lograba quitarse esa sensación mientras los ojos del hombre leían en los suyos.

-Por…-apretó los labios cortando la respuesta natural, la real, que no tenía tiempo como para esperar a la mañana del día siguiente, que no iba a volver a este lugar-Era demasiado importante como para esperar más.

Arden se limitó a levantar una ceja con aire interrogante. Era un maestro en el arte del silencio, como si no necesitara hablar para conseguir saber todo lo que quería. Rachel se humedeció los labios sin que él mudara la expresión.

-Quería saber quién es mi padre-admitió suspirando y echando la cabeza hacia atrás, observando su reflejo en el techo.

-¿Por qué?-el doctor seguía plantado delante de ella con las manos a la espalda y una pose que quería parecer relajada, pero ella percibía cierta tensión en él.

-Porque tengo dieciséis años y no sé quién es mi padre-Rachel se arrepintió al instante de haber pronunciado esas palabras, puesto que la cara de Arden dejó claro que no le gustaban las respuestas obvias. Tampoco sabía qué decirle sin revelar lo que iba a hacer a la mañana siguiente.

-Cuando quiero escuchar obviedades voy a los Niveles Superiores a escuchar las clases que les dan a los alumnos-los ojos de Arden la atravesaron de nuevo-Se supone que tienes una capacidad de razonamiento bastante elevada según los informes, acudes a clases de alto nivel y las aprovechas, varios profesores han dado informes positivos para incluirte en sus equipos después de la iniciación… No eres una estúpida, Everdeen, así que no me hables como si lo fueras.

-¡Discutí con mi madre porque no me lo quería decir! Solamente quería volver y demostrarle que no dependía de ella para saber las cosas. No ha sido lo más inteligente que he hecho en mi vida… Lo sé. Simplemente fue… El momento-admitió exaltándose al principio y sosegándose conforme seguía hablando.

Ni siquiera ella tenía claro si estaba diciendo la verdad. Sonaba a verdad, era cierto, sólo por ese motivo podría haber ido y meterse en ese lío, quizás lo de que no hubiera más días era sólo una excusa que se había dado a sí misma para atreverse. Se tapó la cara con las manos, intentando aclarar sus pensamientos.

-Pasarás la noche aquí y por la mañana te llevaremos nosotros a la Ceremonia. No sufrirás represalias posteriormente, pero no te puedes ir sin ningún castigo. El conocimiento no ha de ser utilizado para satisfacer el interés personal y egoísta, sino los intereses legítimos-concluyó el doctor.

Rachel alzó la cabeza de inmediato hacia él. No podía pasar su última noche en una celda, lejos de casa, no dormir en su cama, hablar con calma con su madre…

-No-protestó sin alzar la voz. Una queja que sabía que no llevaría a ninguna parte, una sílaba sin planear, fruto de la debilidad y la impotencia, del error que había cometido.

-Adiós, Everdeen-Arden se giró y salió, cerrando la puerta a su espalda, que quedó camuflada entre los cientos de Rachels que se reflejaban por todas partes.


El segundo reflejo de Rachel en la izquierda miraba fijamente al cuarto de la derecha, mientras que los del techo no miraban a nadie y los de sus pies parecían hundirse bajo el suelo. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que se había quedado sola, pero cada segundo se le hacía eterno en esa soledad conjunta. Ella y sus cien copias no se hacían compañía. Quería estar con su madre más que nada en el mundo, no haber sacado el tema, despedirse durante toda la noche, hacer que le prometiera que no la iba a olvidar aunque se fuera. Pero no podía. Le daban ganas de aporrear la pared de espejo hasta romperle la cara a su reflejo. Destrozarlo. Destrozarse por no ser como debería ser. Por no querer a quien debería querer. Por no estar donde debería estar.


Rachel abre los ojos de golpe y se encuentra con ella misma reflejada en el techo. Parpadea varias veces y se incorpora hasta quedar sentada en el suelo. Quedarse dormida en ese lugar había sido complicado y hubiera preferido no despertar hasta la hora de marcharse. Todavía estaba más desorientada temporalmente que antes de cerrar los ojos. Miró su muñeca desnuda y se prometió no salir nunca más sin reloj de casa… De casa.

-Nunca más saldré de casa, de hecho, porque no voy a volver-musitó.

No le importaba hablar sola. Estaban sus reflejos para escucharla. Un golpe sordo la sacó de sus pensamientos. No era la primera vez que lo escuchaba, de hecho, probablemente un ruido similar era lo que la había despertado. Se puso en pie con torpeza, esperando a que la puerta se abriera por alguna parte, puesto que era incapaz de saber por dónde había salido Arden. Todo era demasiado confuso en ese lugar.

Se colocó aproximadamente en el centro y miró a un punto concreto en el que podía ver, gracias a los reflejos, toda la sala. Recordaba haber encontrado todos los puntos de ese tipo antes de dormirse. Un espejo se resquebrajó, pero no pudo saber dónde, puesto que ahora todos parecían rotos, como si la sala fuera camino de desintegrarse con ella dentro. Otro golpe y los espejos resquebrajándose de nuevo, varios trocitos de espejo se desprendieron de la pared, de una de las paredes. Uno le golpeó el pie, lo que le permitió identificar la pared que estaba siendo golpeada. Apoyó su espalda contra la opuesta, sin saber qué debía esperarse. Al siguiente golpe un trozo mayor cayó, dejando una abertura en la pared de casi un metro de diámetro. Y había alguien asomado ahí, un nuevo reflejo que se unía a los suyos.

-Ven aquí-le pidió la chica que había al otro lado. Tenía la piel morena, al igual que el pelo, y los ojos levemente rasgados.

-¿Quién eres?-preguntó Rachel, despegándose de la pared pero sin acercarse. Por lo que podía ver a través del agujero, aquella chica, un poco mayor que ella, estaba encerrada en una celda similar a la suya.

-Una prisionera. Llevo aquí semanas, joder, necesito hablar con alguien-Rachel permaneció dónde estaba, el hecho de que llevara ahí semanas no hacía más que conseguir que la temiera. Ambas permanecieron unos segundos en silencio hasta que la chica volvió a hablar-He escuchado tu conversación, yo sé por qué la información sobre tu padre no estaba disponible.

Curiosidad. Rachel sintió el pinchazo como si fuera algo físico. Dio un par de pasos hacia la chica. Era consciente de que podía estar engañándola, por lo que se mantuvo a una distancia prudencial.

-¿Por qué no estaba disponible?-preguntó con un brillo en los ojos, deseosa de una respuesta.

-No puedo decírtelo ahora, no tenemos tiempo-la chica miró a su espalda como si esperara que un león se lanzara sobre ella-Tienes que hacer algo muy importante por mí, mira, esto es la mayor muestra de confianz…

-¿Por qué iba a hacer algo por ti? No te conozco de nada y estás aquí encerrada-la interrumpió Rachel cruzándose de brazos.

-¿Y por algo estaré aquí encerrada, no? ¿Eso es lo que te dice tu puta lógica? ¿Igual que tú estás aquí encerrada, no? Porque seguro que querer saber quién es tu padre es ilegal…-la desconocida se exaltó e hizo ademán de ir a lanzarse por el agujero para entrar, pero se contuvo en el último momento-Lo que tienes que hacer es ir a la sede de…

-No lo voy a hacer hasta que no me digas lo que sabes sobre mi padre-Rachel la interrumpió de nuevo.

-Si lo haces, sabrás lo que pasó con tu padre. Joder. No tenemos tiempo. ¿Cuánto crees que tardarán en conseguir abrir las puertas?

-¿No se pueden abrir?-Rachel miró alrededor, buscando la puerta, para detenerse casi al instante al darse cuenta de que estaba oculta.

-He roto la mía, y están conectadas entre sí. Si intentas abrir una maldita puerta, todas quedan bloqueadas-le explicó la chica, mirando de reojo hacia su espalda de nuevo.

-Claro, tiene sentido, así si alguien consiguiera salir no podría dejar salir a todos los que estuvieran encerrados… Es un buen método-asintió Rachel, admirando el mecanismo elaborado por su facción. Tenía el problema de lo que estaba ocurriendo ahora, pero no podía decir que no fuera una buena idea.

-Sí, apasionantemente inteligente-la chica puso los ojos en blanco unos segundos-¿Vas a escucharme de una puta vez?

Rachel la miró molesta, puesto que la burla era evidente en su voz cuando hablaba de la inteligencia. Decidió imitar al doctor Arden y limitarse a levantar una ceja.

-¿Te ha comido la lengua el puto gato o eso significa que vas a dejar de interrumpirme de una jodida vez?-la chica la miró esperando una respuesta, por lo que Rachel decidió que no era tan buena como Arden haciendo eso, o quizás es que esa chica no era capaz de interactuar correctamente.

-¿No puedes completar una frase sin decir un taco?-le preguntó, mirando alrededor al escuchar un sonido sordo. Alguien estaba intentando abrir la puerta como fuera.

-Hablo como me da la puta gana, y después de estar sufriendo jodidos interrogatorios ya sólo me sale esto, agradece que no esté insultándote como a esos jodidos cabrones-la chica tragó saliva después de la frase, y Rachel pudo ver el miedo en sus ojos. Dio un paso más hacia el agujero.

-Habla-le pidió con tono quedo. Su voz casi no se escuchó puesto que otro golpe fuerte retumbó en la sala, pero la chica asintió.

-Tienes que ir a la sede de Osadía y decirle a Amar que estoy aquí, tienes que decirle que están prep…-la chica se interrumpió cuando varios trozos de espejo volaron a su espalda y un guardia comenzó a entrar en la celda-¡Ayúdame a salir! ¡Ayúdame! ¡No quiero estar encerrada!-empezó a gritarle de repente, sin terminar de decirle lo que le estaba contando.

Rachel dio varios pasos atrás, intimidada, hasta que su espalda quedó contra la pared de espejo. Osadía. Amar. Decirle que están preparando algo. En la otra celda la chica ya yacía inconsciente en los brazos de unos de los guardias, el otro guardia aún portaba la jeringuilla que le habían clavado en la mano.


-¿No te dijo nada?

-Sólo que la sacara de allí-Rachel sacudió la cabeza levemente mientras respondía a la misma pregunta por cuarta vez.

Estaba sentada en una de las mesas del hall con el jefe de seguridad. Hacía unos minutos que la habían dejado salir de la destrozada celda. Miró la taza de café que le había ofrecido el hombre. Tenía el pelo rubio y los ojos azules, y sería un poco más mayor que su madre. Lo había visto más veces, puesto que siempre estaba en el edificio y los había acompañado en algunas de las visitas. Prefería sus preguntas antes que las de Arden, puesto que los ojos claros de Brian eran comprensivos y la calmaban. También hacía que se sintiera peor mintiéndole.

Pero se había dado cuenta de que si la chica, cuyo nombre no sabía, había dejado de hablarle de lo que tenía que hacer cuando los guardias habían entrado, era porque no quería que nadie supiera que había hablado con Rachel.

-Lamento lo que ha ocurrido. Pensábamos que a nadie se le ocurriría tratar de romper las paredes con su propio cuerpo. Se ha roto un brazo por dos sitios, y tiene una mano destrozada, también un hombro…-Brian parecía impresionado por lo que contaba. Y lo estaba. Ambos lo estaban. Que alguien aguantara tanto dolor se escapaba a su comprensión.

Ambos permanecieron unos segundos en silencio, cada uno interpretando lo que había ocurrido en su cabeza. Para Rachel era una seña de lo importante que era hablar con el tal Amar. Para Brian era la preocupación por lo que le habría ocurrido a la chica para hacerlo, él se encargaba de que todos los prisioneros tuvieran unas condiciones adecuadas: comida, agua, higiene… Aunque no podía evitarle el aislamiento, ni las sesiones de interrogatorios.

-¿Por qué estaba encerrada esa chica?-le preguntó Rachel después de darle un sorbo al café.

-Es confidencial-respondió él con rapidez, pero sin ser cortante.

-¿Lleva mucho encerrada?

-Confidencial.

-¿Cómo se llama?

-Confidencial-Brian levantó una comisura del labio-Y te aseguro que esa información no la podrás conseguir cambiando un par de protocolos de seguridad.

Rachel suspiró frustrada y volvió a centrarse en el café. Sabía que si la información estaba oculta era por algo, pero tenía dudas incluso de que el hombre que estaba sentado frente a ella lo supiera todo. Brian Krause no parecía un tipo capaz de consentir que les hicieran algo malo a los prisioneros, tenía un aspecto de salvador, de cuidar de cada persona que se pusiera a su alcance.

-¡Rachel!-la chica giró rápidamente al escuchar su nombre y se encontró a su madre, que se acercaba a ella con una bolsa en la mano. Bolsa que dejó caer al suelo para fundirse en un abrazo con su hija.-Lo siento, lo siento, no me habían avisado de nada, yo…

Estuvieron abrazadas y pidiéndose perdón durante un rato, hasta que ambas se separaron y se dedicaron una sonrisa cálida.

-Gracias por llamarme, Brian-su madre miró al hombre, que se limitó a asentir con una sonrisa. Luego miró a su hija y recogió la bolsa del suelo-Te he traído la ropa que habías elegido para que te puedas cambiar aquí. No puedes ir a casa, pero me quedaré contigo el resto de la noche.

-De hecho, no-una voz nueva se sumó a la conversación. Arden llegaba con su bata blanca ondeando y las miraba con sus ojos negros-Está cumpliendo su castigo, por lo que será llevada a una celda, tal y como dicen las normas-se giró hacia Brian mientras decía eso, recalcándolo para que el jefe de seguridad no dijera nada-Vamos, Everdeen, está todo listo arriba.

Rachel asintió entristecida. Se había hecho ilusiones de pasar todo el tiempo que pudiera con su madre. Volvió a abrazarla.

-Rachel, se llamaba Daario-le susurró su madre al oído mientras se abrazaban.

-Daario Davis-asintió Rachel, que había leído la información en el ordenador.

15 de febrero de 2013

Renegade. Capítulo 9-2.


Ganó muy claramente la opción roja (nadie quiere saber nada del padre de la muchacha), por lo que Rachel está atrapada. No he hecho un graaaan trozo porque es sólo el final del capítulo 9. El lunes en el capítulo 10 tendréis lo que habéis pedido, espero que os guste vuestro fic a la carta. Muchas gracias por vuestra participación y por seguir leyendo :)
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Ahí estaba. Lo tenía. Apagó el ordenador sin cuidado y se dirigió a la puerta con rapidez. Había dos guardias de seguridad en los últimos escalones, que la señalaron en cuanto la vieron salir. El corazón le latía con fuerza. Si la atrapaban no podría ir a casa y hablar con su madre. Probablemente la tuvieran retenida hasta la ceremonia de elección. No podía permitir que eso ocurriera.

Un posible mapa de la planta se perfiló en su cabeza gracias a lo que conocía sobre el edificio, los ascensores tenían que estar al final del pasillo y a la derecha. Si lograba llegar tendría fácil alcanzar la salida. No era una persona que cultivara su físico, pero tenía la suerte de ser delgada y rápida, por lo que mantuvo su ventaja con los guardias, ligeramente aumentada por el factor sorpresa.  Pulsó el botón de los ascensores y la puerta apenas tardó dos segundos en abrirse, tecnología puntera fruto del trabajo de su facción. Miró a los ojos a los guardias mientras apretaba el botón de la planta baja, no con aire desafiante, sino arrepentida. No le gustaba romper las reglas, robar, usar sus conocimientos para fines ilícitos.

Cuando se abrió la puerta del ascensor de nuevo, había otros dos guardias frente a ella, desarmados, pero bloqueándole la salida. No tenía intención de golpearles, por lo que intentó una carrera contra ellos, rogando poder pasar, aunque antes de que los brazos la rodearan y la sujetaran con fuerza, Rachel ya sabía que no lo iba a conseguir. No era tan estúpida como para pensar que las opciones desesperadas pudieran acabar en éxito, las cosas tenían que hacerse con calma si se deseaba ganar.

-La tenemos, Johan-el guardia que no la sujetaba habló por una emisora.

11 de febrero de 2013

Renegade. Capítulo 9.


Me gustaría empezar esto poniendo una gran noticia sobre Divergente, esa que se suponía que dirían hoy, pero no me parece una gran noticia, la verdad. Por lo que pensad mejor en el vídeo de NOW que se estrena esta noche. Aclaro que este capítulo tiene algo distinto que espero no os moleste. Muchas gracias por pasaros a todos (455 visitas hemos tenido ya por aquí) y FELIZ LUNES.
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'Volviendo al principio'

“Sólo dos legados duraderos podemos dejar a nuestros hijos: uno, raíces; otro, alas.” - Hodding Carter



-No tienes por qué ocultármelo.

-No tengo por qué contártelo-la voz de la mujer adulta replicó con dureza, como si la coraza que protegía la historia que no quería contar se hubiera extendido a su voz.

-Es parte de mí-insistió la voz más joven, con tono dolido, rogando una historia que no había escuchado nunca, su propia historia.

-Todo el mundo conoce lo que forma parte de él, Rachel, si no lo conoces, es que no es parte de ti-su madre tenía los brazos cruzados sobre el pecho en posición defensiva.

-¡Es mi padre! Por supuesto que forma parte de mí. Lo tengo en cada célula del cuerpo, no necesito conocerlo para que esté conmigo… ¿Tengo sus ojos? ¿Su nariz?...

-¡Cállate!-su madre estalló y la miró con el gesto desencajado. Lo que hizo que Rachel pensara que podía estar acertada en alguna de sus suposiciones.

Pero la joven erudita no quería tener que suponer nada. Su madre, que siempre le había dado todo lo que necesitaba, conocía la historia que ella quería escuchar, que necesitaba escuchar. Apenas había salido de la desastrosa cita con Benjamin cuando decidió que quería resolver esa cuestión. Si se trasladaba, no tendría más ocasiones de hablar con su madre, y su madre era la única persona que le podía decir la verdad sobre ese asunto.

Veinte minutos después ambas estaban en la misma habitación sin haber conseguido nada más que un silencio que ahora inundaba su casa. Las conversaciones entre esas paredes ya habían decrecido en las últimas semanas, pero nunca había sido nada tan tangible como en esos momentos. Los ojos verdes de su madre miraban directamente a los de Rachel, reprochándole su actitud sin palabras. La adolescente contuvo las palabras que se amontonaban sobre su lengua, algo que le costaba mucho, pues siempre le habían dicho que preguntara cualquier cosa, cualquier cosa menos lo que quería preguntar ahora. Al ver que la actitud de su madre no cambiaba, se dio la vuelta y se dirigió a la puerta, que abrió con rabia.

-¡Rachel! ¿Adónde vas?-escuchó la pregunta de su madre a su espalda, pero impidió que la persiguiera cerrando con un portazo.

Caminó en una dirección no del todo aleatoria, puesto que procuró no dirigirse a la zona de la gente sin facción. Por un lado, hubiera deseado ir allí y encontrarse con el chico pelirrojo; pero la razón le decía que eso era altamente improbable, por lo que sólo estaría perdiendo en tiempo. Y no tenía tiempo para perder, quedaban 12 horas para la Ceremonia de Elección y tenía que hacer muchas cosas antes de ese momento, cuando su sangre no caería sobre el cuenco de agua.

En el cielo comenzaban a asomar las primeras estrellas cuando Rachel Everdeen alcanzó la sede de Erudición. Sabía perfectamente cómo se llegaba, pero no la visitaba con asiduidad: había acompañado a su madre al trabajo en un par de ocasiones, había asistido a visitas guiadas por las instalaciones e iba allí cada nuevo curso para intentar que le dejaran hacer prácticas, pero ese era un lujo al que sólo podían acceder los mejores de entre los mejores, los que se iban a quedar en Erudición para siempre, los que se iniciarían vestidos de color azul y entre libros. Rachel siempre se había sentido indignada cuando rechazaban su solicitud, pues siempre había considerado que tenía que estar preparada para su futuro en la Facción… Ahora, ahora lo veía todo de forma diferente. ¿Qué hubiera ocurrido si quisiera trasladarse después de haber participado como miembro activo de su Facción? La decisión sería todavía más dura y complicada. Cuando pasó junto al mostrador agradeció mentalmente que sus solicitudes nunca hubieran sido aceptadas.

Sabía que había una sala con ordenadores con acceso a la base de datos de miembros de la Facción en el primer piso, por lo que se dirigió a las escaleras. No sabía qué información estaría disponible, teniendo en cuenta que cualquiera podría mirarla, pero esperaba que los progenitores fueran algo básico.

-Señorita Everdeen, ¿qué hace por aquí tan tarde? ¿Ha habido algún problema con sus pruebas?-apenas llevaba subidos diez escalones cuando un hombre la detuvo al pasar a su lado. Rachel lo examinó brevemente: calvo, con barba, rostro estrecho, ojos pequeños, boca fina, gafas sin montura… El doctor Arden, que la había atendido después de la explosión. No se sorprendió por el hecho de que la recordara, la buena memoria era algo digno de admirar, no algo que generara sospecha.

-Doctor Arden-Rachel inclinó levemente la cabeza a modo de saludo-No, ningún problema.-respondió con rapidez, antes de reflexionar sobre la pregunta-Doctor, ¿hay problemas en las pruebas habitualmente?

-De vez en cuando y cada vez más, de hecho, me dirijo a una reunión para hablar de esos problemas-respondió Arden mientras seguía subiendo las escaleras junto a Rachel.

-¿Para hablar sobre ellos o para solucionarlos? No deberían usarse unas pruebas que no funcionan bien del todo…-le recordó la chica, sin sentirse intimidada por la inferioridad en la que se encontraba frente al doctor.

Él era mayor, más alto, más fuerte, poseía más conocimientos, más información, más derechos, más reconocimiento, más poder… Y pertenecía a Erudición totalmente. O al menos eso era lo que le parecía a Rachel mientras hablaba con él.

-Tenemos que usar la mejor tecnología a nuestra disposición, pero que sea la mejor no quiere decir que sea perfecta, Rachel Everdeen-su respuesta fue fría, y un destello peligroso brilló en sus ojos negros-Pero espero contar con su colaboración a partir de mañana.

Rachel sintió que se le humedecían las palmas de las manos debido al escrutinio de Arden. Sentía como si le hubiera leído el pensamiento, como si supiera que no se iba a quedar en la Facción. Se las secó en el vestido, que seguía llevando desde la cita, con disimulo. También seguía calzada con las zapatillas. No había tenido tiempo para pensar más en sus pies.

-Colaboraré todo lo que pueda-la chica bajó los ojos al responder, aunque no fuera una veraz, tampoco era la mejor mentirosa del mundo.

¿Para qué quería mentir si podía decir siempre lo que pensaba? Rachel consideraba la facción de Verdad muy unida a Erudición por ese motivo, ambas buscaban un mundo en el que todos pudieran exponer sus intereses de forma razonada. Un científico no busca engañar, busca la verdad.

Arden le dedicó una leve sonrisa, tan breve que Rachel dudó sobre si había sido producto de su imaginación. El doctor continuó subiendo el siguiente tramo de escaleras sin esperarla, como si ya supiera el motivo por el que estaba ahí. Lo miró de reojo unos segundos antes de empezar a caminar por el pasillo en dirección a la sala que buscaba. Abrió la puerta y se encontró con la sala a oscuras, iluminada solamente por el brillo de las pantallas y la escasa luz que entraba por las paredes acristaladas. Siempre los estaban acusando de no cumplir la regla de ahorrar energía, pero los otros eran incapaces de entender que no podían leer a oscuras, que los ordenadores eran necesarios, que no se dedicaban simplemente a dormir como ellos. Los cerebros de la facción funcionaban noche y día para ayudar a la sociedad, y ellos, especialmente los abnegados, eran incapaces de verlo. Irónico, teniendo en cuenta que esas luces encendidas beneficiaban a todos con los descubrimientos que se producían gracias al trabajo constante. Rachel suspiró al sentarse en la silla frente al ordenador. No quería abandonar todo lo que conocía, todo en lo que creía, todo lo que era justo. Había estudiado a las otras facciones lo suficiente como para saber que ninguna tenía un objetivo tan vital y tan noble como en la que había nacido.

Parpadeó varias veces tratando de contener las lágrimas mientras tecleaba su nombre en el teclado para rastrear la información sobre ella misma que hubiera almacenada en el sistema. Una lágrima se resbaló por su mejilla y la apartó con rabia. Llorar era una de las cosas más irracionales del mundo, una reacción sin explicación fisiológica, algo completamente ilógico. Y ella lloraba demasiado, cada vez más, y eso no podía estar bien. Algo fallaba en ella, quizás realmente no perteneciera a Erudición.

Nombre: Rachel Everdeen
Fecha de nacimiento: 4/7/1996
Lugar de nacimiento: Chicago.
Residencia: Núcleo C3. Piso dos personas.
Nivel de estudios: Alto.
Grupo sanguíneo: B+
Color de pelo: Castaño claro.
Color de ojos: Marrón.
Estatura: 1,67 m.

Y así seguía una serie de datos objetivos sobre su persona que no le aportaban nada. ¿Por qué no estaban ahí los nombres de sus padres? Probó a teclear otro nombre, el de Benjamin, el primero que se le vino a la cabeza.

Nombre: Benjamin Baker.
Fecha de nacimiento: 27/11/1996
Lugar de nacimiento: Chicago.
Residencia: Núcleo C3. Piso cuatro personas.
Familiares: Johan Baker (padre), Elisabeth Baker (madre), Virginia Baker (hermana menor).
Nivel de estudios: Incorrecto.
Grupo sanguíneo: A+
Color de pelo: Rubio oscuro.
Color de ojos: Azul.

Padre. Madre. Hermana. Estaba ahí. ¿Por qué en su ficha no aparecía? Miró a ambos lados en busca de una cámara de seguridad, había dos. Sabía que podía hackear el sistema para tratar de acceder a datos más complejos, o al menos creía poder hacerlo. El problema era si sería lo bastante rápida como para que nadie se diera cuenta. Tendrían su imagen, pero eso no le importaba, mañana ya no estaría en la facción, mañana desaparecería para siempre.

Comenzó a teclear con rapidez para hacer aparecer varias pantallas que estaban ocultas. Introdujo diversos comandos en cada una de ellas, tecleando a una velocidad asombrosa. Había visto una vez cómo hacían lo que ella estaba haciendo, en una de las visitas guiadas; uno de los encargados lo hizo para demostrarles lo rápido que acudía la seguridad en caso de que alguien intentara hacerlo. Unos treinta segundos. Ahora que era de noche y había menos personal, Rachel esperaba contar con casi cincuenta. Miró a las cámaras de reojo, sabía que ya la estaban viendo. Así era cómo funcionaba el sistema: cuando se detectaba actividad ilícita se encendían las cámaras para que los encargados de seguridad pudieran saber quién era el culpable, se la identificaría gracias a la foto que había visto hacía unos segundos en su expediente, y después subirían con el material adecuado dependiendo de la peligrosidad aparente. Para cuando Rachel terminó de recordar cómo funcionaba el sistema de alarma, el ordenador estaba hackeado. No totalmente, desde luego, pues eso estaba al alcance de muy pocos, pero esperaba que lo suficiente como para acceder a esa información. No creía que el nombre de su padre fuera algo que se guardara con claves de alto nivel.

Ya llevaba más tiempo del que tenía. Escribió su nombre de nuevo en la pantalla correcta.


Le parecía que tardaba una eternidad en cargar.


Ahí estaba. Lo tenía. Apagó el ordenador sin cuidado y se dirigió a la puerta con rapidez. Había dos guardias de seguridad en los últimos escalones, que la señalaron en cuanto la vieron salir. El corazón le latía con fuerza. Si la atrapaban no podría ir a casa y hablar con su madre. Probablemente la tuvieran retenida hasta la ceremonia de elección. No podía permitir que eso ocurriera.

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Y aquí tengo un problema, que no afecta demasiado al desarrollo del fic, pero sobre el que no he podido decidirme. Tengo la opción de que consiga escapar y llegue a su casa, donde pueda discutir con su madre y descubrir la verdad sobre su padre O la opción de que la detengan y se encuentre con alguien (este alguien es obviamente relevante) en la celdaY como yo no sé decidirme por una de las opciones, os lo dejo a vosotros, esperando que tengáis alguna preferencia sobre lo que queréis leer.
Escribiré el trozo de capítulo con lo que decidáis el miércoles y lo publicaré el viernes, poniendo el siguiente capítulo el lunes como siempre.
Vuestra preferencia me la podéis dejar en un comentario (anónimo o no) o vía twitter (@aluapfdez) hasta el miércoles. 
No sé si finalizar con un "lamento no hacer una historia normal y que tengáis que trabajar" o "espero que os guste poder participar en el desarrollo del fic" (??) Que cada uno lea lo que más le pegue.
Un saludo y gracias por leer.


Estado de la votación:
-Azul 0
-Rojo 4'5

4 de febrero de 2013

Renegade. Capítulo 8.

'¿Quién se sorprende más?'

"La desesperanza está fundada en lo que sabemos, que es nada, y la esperanza sobre lo que ignoramos, que es todo." - Maurice Maeterlinck.



Cuando Rachel llegó al pasillo con las taquillas, éste estaba tan vacío como el comedor de la simulación. Había estado menos de diez minutos esperando junto a la poca gente que quedaba, no había ningún amigo suyo, pero no se veía capaz de irse a casa después de lo ocurrido. ¿Qué había pasado con esa estirada? ¿Desde cuándo los miembros de Abnegación hacían bromas pesadas? Apoyó la espalda contra las taquillas respirando con calma, esa maldita le había dado un susto de muerte. Si hubiera sido cierto que las pruebas señalaban en una dirección tan opuesta a su propia personalidad… ¿Hubiera hecho caso a los resultados o a sus propias creencias? Emitió un sonido de frustración. No podía creer que una estirada le hubiera tomado el pelo. Apretó los puños y golpeó las taquillas que había a su espalda, con fuerza, pero controlando para no hacerse daño.

Se dio la vuelta y abrió la taquilla con la llave que había apretado en uno de los puños. Ninguna sorpresa se iba a comparar con la que le había dado Danielle hacía un rato, pero era la primera vez que le regalaban flores. Sacó el ramo de girasoles y lo observó con calma. Girasoles. Era una planta original para regalar, siempre había visto rosas, tulipanes o flores con una belleza tradicional. Esas enormes flores amarillas, por otro lado, tenían una hermosura más difícil de apreciar. Una sonrisa se extendió por su cara con lentitud. No se sintió culpable por apreciar el aspecto del ramo antes que su intención, puesto que la estética también era una rama del conocimiento. Había también una nota:

“Cena bajo las estrellas. A las ocho. Planetario. ¿Mezclo bien el romanticismo con la ciencia? PD: La distribución de las semillas de los girasoles sigue una fórmula matemática relacionada con la proporción áurea, aunque supongo que ya lo sabrías. Benjamin.”

Rachel alzó ambas cejas sorprendida. Lo cierto es que no tenía ni idea de ese dato, miró las flores con renovada curiosidad, nunca se había planteado el estudio de la distribución de las semillas como algo serio que pudiera dar como resultado una fórmula; pero la naturaleza era sabia, era lógico que existieran patrones ocultos en su forma de hacer las cosas.

Su madre no estaba en casa, por lo que Rachel no tuvo nadie con quién comentar lo que había ocurrido en las pruebas o la cita a la que acudiría a continuación. Podría haber ido hasta casa de Samantha, pero no quería llegar tarde a la cena. Le dejó una escueta nota a su madre y se puso uno de los vestidos que había descartado para la Ceremonia de la Elección, era completamente negro y le llegaba hasta un poco por encima de las rodillas, parecía una mancha de tinta sobre su piel clara. Se dejó el pelo castaño claro suelto, con sus ondulaciones naturales decorándole la espalda. Decidió no maquillarse, de hecho, cuando estaba a punto de salir por la puerta se preguntó por qué demonios no llevaba unos vaqueros y una camiseta, pero no entró a cambiarse. Benjamin le había regalado flores, ella le regalaba su tiempo. Se miró en el espejo con ojos críticos, repasó las pecas que cubrían su nariz, las cejas un poco más oscuras que su cabello, el brillo ilusionado que alumbraba su mirada castaña… Benjamin. ¿Cómo había pasado esto en un día? Porque parecía que habían pasado siglos pero en realidad no hacía ni 24 horas que habían vuelto a hablarse.

Subió las escaleras al planetario con impaciencia, la puerta a la gran bola blanca estaba entreabierta. La empujó suavemente y vio a Benjamin colocando unas copas de cristal sobre una mesa improvisada en el centro de la sala. Rachel sonrió sin poder evitarlo, una ligera curva trazada con sus labios rosados, el rubio había puesto un par de velas rojas sobre la mesa, cubierta por un mantel oscuro. Empujó la puerta un poco más y entró en la sala. Benjamin llevaba puestos unos vaqueros negros, una camiseta del mismo color y una americana; sus ropas oscuras contrastaban con su piel clara, su pelo rubio y sus ojos azules. El negro era todo lo contrario a su vecino.

-Estás increíble, Rachel-se acercó a ella y cogió una de sus manos con la suya, con delicadeza-Y las zapatillas le dan un toque especial al vestido-añadió sonriendo de lado.

Rachel frunció el ceño sin entender. ¿Zapatillas? Pero si ella llevaba puestos unos zapatos azules con bastante tac… Abrió los ojos de par en par al ver que realmente llevaba puestas sus zapatillas de andar por casa, con una ratita dibujada. Cerró los ojos y volvió a abrirlos, pero ahí seguía su calzado. No entendía cómo se le podía haber olvidado algo así, siempre tenía una memoria excelente y no eran frecuentes olvidos por su parte.

-Quería estar cómoda-terminó por responder, levantando la mirada hasta encontrarse con el azul cielo de sus ojos-Ya sabes, vestido por el romanticismo y zapatillas para disfrutar cómodamente de la ciencia-improvisó mientras sus mejillas se teñían de color rojizo.

-La cena es muy científica, ¿sabes? He elegido un menú muy equilibrado tras leer varios libros sobre dietética-los dedos de Benjamin rozaron su mejilla con lentitud.

-No puedes elegir una cena equilibrada para ambos, tenemos necesidades muy diferentes-replicó Rachel y se mordió el labio para no sonreír con suficiencia.

-No he dicho que fuéramos a cenar lo mismo, Everdeen-Benjamin se acercó más a ella y sus dedos descendieron por su cuello con lentitud.

-Estás improvisando para no darme la razón, Baker-la chica seguía sujetando la mano de él con una de las suyas.

Recordó lo reconfortante que había sido estar con él antes de hacer las pruebas, esas pruebas que aún la mantenían confusa y no era capaz de sacarse de la cabeza. Y lo recordó porque ahora no era lo mismo. Lo sentía demasiado cerca, el calor de Benjamin se pegaba a su cuerpo pese a los centímetros de aire que había entre ellos.

-Yo te daría lo que tú quisieras, ¿lo sabes, verdad?-las cejas de él bajaron lentamente, para observarla con un aire de tristeza que logró conmoverla.

-¿Seguimos hablando del menú de la cena?-la pregunta de Rachel esperaba un “sí” tanto como ella había esperado un “erudición” al terminar la prueba.

Benjamin bajó la mirada a sus manos unidas y deshizo esa unión. La chica no hizo ningún comentario, había aceptado la cita, había venido, y ahora tendría que enfrentarse de una vez a lo que llevaba tiempo evitando. Él alzó sus manos y le sujetó la cara a Rachel con suavidad, obligándola a que lo mirara a los ojos. Los ojos marrones de ella se clavaron en los de él sin resistirse, con valor. No sabía cuáles eran sus motivaciones en ese momento: se sentía valiente por estar allí, cordial por intentar escucharle, abnegada por no querer hacerle daño, veraz porque no tenía intención de mentirle… ¿Pero dónde quedaba la erudición? ¿Dónde quedaba su inteligencia cuando frente a ella tenía esos ojos que le pedían más de lo que quería dar?

-Siempre me has dicho que no, Rachel. Ya sé que nunca te lo he dicho, ni siquiera ahora lo estoy haciendo, pero cada vez que llegamos a este punto yo veo el “no” pintado en tus ojos y me detengo, dejo que todo lo que tú sabes que siento por ti vuelva a hundirse en mi interior-la voz del chico era un susurro mientras seguía sujetando su cara-Pero va a seguir estando ahí. Lleva tanto tiempo ahí que es tan mío como mi nombre, incluso más, porque es algo que, de alguna forma, he elegido. Al principio pensé que había alguien más en tu vida, pero no hay nadie… Sabes lo que te voy a decir ahora, ¿no?

Los ojos de Rachel recorrieron el rostro del chico mientras escuchaba sus palabras, pero daba igual lo que intentara fijarse en su nariz bien formaba, en sus pómulos, en su mandíbula… Siempre volvía a sus ojos claros, que dejaban entrever la verdad en sus palabras. Negó con la cabeza, no estaba respondiendo a su pregunta, le estaba pidiendo que no continuara.

-¿No lo sabes?

-No lo digas-la respuesta de Rachel se solapó con la pregunta de él.

-Pero has venido. Si ibas a hacer lo mismo que siempre, no deberías haber venido. Es como si te gustara decirme que no una y otra vez-le recriminó él agarrando su cara con algo más de fuerza.

-No me diste opción, me dejaste una maldita nota con flores, ni siquiera me lo dijiste a la cara-protestó Rachel mientras colocaba sus manos sobre las de él, intentando que rebajara la presión, que le deformaba ya la cara creando una expresión grotesca.

-¿Me hubieras dicho que “no” si te lo hubiera dicho a la cara?-le preguntó él mirándola dolido.

-¡No lo sé!-exclamó ella mientras las lágrimas acudían a sus ojos como fruto del dolor de Benjamin.

No era capaz de entender nada de lo que estaba ocurriendo, no se entendía a sí misma. No era una persona insensible, pero el dolor de los otros no solía afectarla tanto, a no ser que se tratara de su madre o de Sam. Y ahora se encontraba perdida dentro de sus propios sentimientos.

Benjamin tiró de su cara y unió los labios de ambos, intentando besarla, pero sin que los labios de Rachel cedieran ni un instante. No quería nada con él. Nada de nada. Nunca había querido nada con Benjamin y el único motivo de que se hubiera confundido era que no quería estar sola el día previo a la Ceremonia de Elección. Y no quería estar sola porque quería elegir Erudición a la mañana siguiente sin pensar que estaba eligiendo esa vida rodeada de animales de compañía, sin amor romántico, a la que tanto temía. Quería no tener dudas sobre su facción. No quería pensar en ser una trasladada a otra facción a la que no pertenecería completamente, pues siempre sería una erudita.

Colocó sus manos en el pecho de él y lo empujó hacia atrás hasta que él cedió. Se quedaron a dos pasos de distancia, ambos con los brazos colgando a ambos lados del cuerpo y mirándose a los ojos. Dolor azul. Desesperación marrón. Rechazo celeste. Decisión miel.

Rachel abrió la boca un par de veces, tratando de encontrar algo que decirle, sin éxito. ¿Cómo iba a pensar en él cuando se acababa de dar cuenta de que su propio destino no iba a encajar con lo que siempre había pensado y querido? Había esperado a que las cosas cambiaran, a que llegara alguien diferente o a volverlo a ver a él; pero nada había ocurrido. No había podido confirmar sus sentimientos por el chico del pelo rojo, pero tampoco había encontrado a nadie por quien sentir lo mismo. Y si esperar no era suficiente, entonces tendría que actuar. Porque aunque no supiera mucho de aquel chico, sabía que el latido de su corazón era lo que sonaba en su cabeza en ese mismo instante.