Quarter Quell.
Sonó un cañonazo, que hizo que me
moviera con más rapidez al recordarme el peligro constante al que estaba
sometida.
Estar cubierta en sangre era una
situación extraña, parecía que a la Arena le había bajado la regla, lo que no
era excesivamente agradable. Esquivé un árbol palpando con las manos. La
inclinación del terreno me indicaba hacia dónde estaba la playa, que era el
mejor sitio para huir de este clima tan peculiar que me brindaban los
vigilantes, pero no. Tenía que ir a buscar a los desgraciados, tal y como me
habían encomendado. Exponiendo mi vida a cualquiera, puesto que no podía ver
casi nada, por salvar a Majara y Voltios. Por suerte, el odio hacia el
Capitolio era un buen impulso a hacer muchas cosas que me parecían
desagradables.
Me pareció ver una sombra
moviéndose, con la suficiente torpeza como para tratarse de uno de esos
tributos del distrito tres. Caminé en su dirección, cubriéndome los ojos con
una mano para evitar que la sangre nublara por completo mi visibilidad, aunque el
olor férreo empezaba a nublarme el cerebro… Se parecía demasiado al olor del
aliento de Snow.
…
Entrevista tras vencer los 71º
Juegos del Hambre.
Estaba vestida con un pantalón
corto que apenas era un pantalón y una camiseta marrón, me había negado a que
mi estilista hiciera nada conmigo. Había ganado los Juegos del Hambre, era una
vencedora, no tendría que hacer el ridículo jamás por nadie. Miré a Caesar
Flickerman mientras él hacía un repaso por “los mejores momentos de Johanna
Mason”, ni siquiera giré la cabeza para mirar a la pantalla. No iba a olvidar
ninguno de los cortes que había hecho con mi hacha para salir de allí, tampoco
necesitaba revivirlos unos días después de haberlos realizado. Después de
vencer.
-Bueno, has sido toda una
sorpresa, Johanna-Caesar se dirigió a mí con sus dientes blancos reluciendo en
contraste con el color artificial de su piel-He de admitir que me engañaste
antes de entrar, creí que estabas asustada; bueno, de hecho, todos lo creímos.
-Porque sois estúpidos-le dije
con una mirada desafiante.
La sonrisa se le quedó congelada
en el rostro durante unos segundos, pero luego soltó una carcajada, como si yo
no estuviera hablando en serio y fuera un chiste.
-¿Qué ha sido lo mejor de la
Arena? Una experiencia tan importante debe de tener muchas cosas para destacar,
pero si tuvieras que elegir una…-tras unos segundos en los que dejó que el
público se riera, el presentador volvió a centrar su atención en mí.
-Lo mejor era imaginarme que cada
tributo al que maté era un ciudadano del Capitolio-sonreí de forma sádica.
Quería asustarlos. Quería que no
se volvieran a acercar a mí jamás. Que me dejaran disfrutar de la libertad que
me había ganado, junto a mis padres y al resto de mi familia.
-Supongo que…-lo había dejado sin
palabras, había dejado al señor bocazas sin nada que decir, y apenas llevábamos
un minuto de entrevista-Nos odias a todos.
-Habéis tratado de asesinarme, es
normal que sienta un poco de… ¿disgusto es un buen eufemismo?-me burlé de él, mirándolo con rabia.
Si jamás había soportado nada
relacionado con el Capitolio, desde que mi nombre había salido en la Cosecha lo
único con lo que había fantaseado era con reducir cada una de sus estúpidas
casas y sus estúpidas caras a cenizas. O, por lo menos, no tener que verlas
nunca más.
-Admiramos tu sinceridad,
Johanna, y quiero que sepas que todos nosotros nos alegramos de que salieras
con vida de la Arena-varios miembros del público corroboraron esa frase con un
tímido aplauso-Salvo los fans de Cedric, supongo. Cuando os quedasteis los dos
solos en la Arena y fuisteis hacia el lago para la última batalla… Fue
realmente tenso.
-Una desgracia que el chico con
los dientes dorados del Distrito Uno no supiera que las hachas se pueden
lanzar-hice rodar mis ojos con antipatía.
Que el último tributo vivo
hubiera sido ese imbécil había hecho muy sencillo vencer. Pese a que ya había
matado a varios antes de enfrentarme a él, volví a hacerme la débil, huyendo de
él. Mientras se carcajeaba y me decía que antes o después me atraparía y me
haría varias cosas, le lancé un hacha con fuerza y se la clavé en el pecho.
Esperé sentada en una roca durante veinte minutos mientras se desangraba hasta
que sonó el cañonazo. Mi mentor, Blight, me había dicho que eso se había interpretado
como un acto de fría crueldad, no me había molestado en desmentirlo. Lo cierto
era que me daba miedo que si me acercaba a rematarlo, me clavara su espada.
-Bueno, por desgracia el tiempo
de la entrevista ha llegado a su fin-me puse en pie en cuanto pronunció esas
palabras, lista para irme sin decir nada más-Nos vemos en la Gira de la
Victoria, Johanna Mason. Disfruta de tu triunfo.
Y todos empezaron a aplaudir. Yo
simplemente me largué de allí pensando en escabullirme de volver nunca jamás.
…
Quarter Quell
Cogí a Voltios por la espalda, y
él se giró con brusquedad. Se quitó las gafas para limpiarlas con la camiseta,
lo que era tan estúpido que no entendía por qué merecía ser protegido. Bueno,
el plan. Él sabía más detalles de “el plan”. Mis instrucciones habían sido más
básicas: “Tú y Blight tenéis que proteger a los tributos del distrito tres y
llevárselos a Everdeen para que os acepte como aliados”, eso había sido todo
por parte de Haymitch. Por lo visto, el viejo borracho no había sido capaz de
hacer que la señorita Sinsajo actuara de forma lógica y quisiera aliarse
conmigo o con mi compañero de distrito.
-¿Dónde está Blight, Voltios?-le
pregunté, pasándome la mano por la boca a continuación para limpiarme la
sangre.
-Se chocó contra el campo
eléctrico, está muerto. El cañonazo sonó incluso antes de que lograra
alcanzarlo-me respondió mientras miraba sus gafas, llenas de sangre, antes de
volver a colocárselas.
-Vamos a buscar a Majara y
salimos de aquí, ya he tragado esta mierda sin querer-tiré de su brazo para que
me siguiera.
Había escuchado un cañonazo hacía
un rato, pero no me imaginaba que sería mi mentor el que había muerto. Noté una
sensación extraña en el pecho, una que pensaba que ya no tenía la capacidad de
sentir. Mi corazón se puso de luto automático, y los ojos me empezaron a arder,
pero no iba a dejar que llegara a más.
-¿Crees que es sangre de
verdad?-preguntó Beetee mientras caminábamos entre las diferentes plantas de la
selva.
-¿Crees que me importa?-le
pregunté mirándolo de reojo y soltando un bufido de satisfacción al ver a
Wiress a unos metros de nosotros.
Pero al acercarme noté que algo
no estaba bien, si ya normalmente parecía que estaba pirada, en esos momentos
parecía estar pasando por un ataque de ansiedad.
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Llevaba un tiempo sin publicar nada, pero después de ver la peli recordé por qué Johanna era mi personaje favorito de toda la saga y decidí hacer un pequeño fic sobre ella. Serán dos o tres partes, en un principio, y no contarán nada nuevo. Es un trozo del Vasallaje desde su punto de vista, mezclado con algunas escenas de su pasado. Espero que os guste.
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