25 de noviembre de 2013

Queen of Axes #1

Quarter Quell.

Sonó un cañonazo, que hizo que me moviera con más rapidez al recordarme el peligro constante al que estaba sometida.

Estar cubierta en sangre era una situación extraña, parecía que a la Arena le había bajado la regla, lo que no era excesivamente agradable. Esquivé un árbol palpando con las manos. La inclinación del terreno me indicaba hacia dónde estaba la playa, que era el mejor sitio para huir de este clima tan peculiar que me brindaban los vigilantes, pero no. Tenía que ir a buscar a los desgraciados, tal y como me habían encomendado. Exponiendo mi vida a cualquiera, puesto que no podía ver casi nada, por salvar a Majara y Voltios. Por suerte, el odio hacia el Capitolio era un buen impulso a hacer muchas cosas que me parecían desagradables.

Me pareció ver una sombra moviéndose, con la suficiente torpeza como para tratarse de uno de esos tributos del distrito tres. Caminé en su dirección, cubriéndome los ojos con una mano para evitar que la sangre nublara por completo mi visibilidad, aunque el olor férreo empezaba a nublarme el cerebro… Se parecía demasiado al olor del aliento de Snow.


Entrevista tras vencer los 71º Juegos del Hambre.

Estaba vestida con un pantalón corto que apenas era un pantalón y una camiseta marrón, me había negado a que mi estilista hiciera nada conmigo. Había ganado los Juegos del Hambre, era una vencedora, no tendría que hacer el ridículo jamás por nadie. Miré a Caesar Flickerman mientras él hacía un repaso por “los mejores momentos de Johanna Mason”, ni siquiera giré la cabeza para mirar a la pantalla. No iba a olvidar ninguno de los cortes que había hecho con mi hacha para salir de allí, tampoco necesitaba revivirlos unos días después de haberlos realizado. Después de vencer.

-Bueno, has sido toda una sorpresa, Johanna-Caesar se dirigió a mí con sus dientes blancos reluciendo en contraste con el color artificial de su piel-He de admitir que me engañaste antes de entrar, creí que estabas asustada; bueno, de hecho, todos lo creímos.

-Porque sois estúpidos-le dije con una mirada desafiante.

La sonrisa se le quedó congelada en el rostro durante unos segundos, pero luego soltó una carcajada, como si yo no estuviera hablando en serio y fuera un chiste.

-¿Qué ha sido lo mejor de la Arena? Una experiencia tan importante debe de tener muchas cosas para destacar, pero si tuvieras que elegir una…-tras unos segundos en los que dejó que el público se riera, el presentador volvió a centrar su atención en mí.

-Lo mejor era imaginarme que cada tributo al que maté era un ciudadano del Capitolio-sonreí de forma sádica.

Quería asustarlos. Quería que no se volvieran a acercar a mí jamás. Que me dejaran disfrutar de la libertad que me había ganado, junto a mis padres y al resto de mi familia.

-Supongo que…-lo había dejado sin palabras, había dejado al señor bocazas sin nada que decir, y apenas llevábamos un minuto de entrevista-Nos odias a todos.

-Habéis tratado de asesinarme, es normal que sienta un poco de… ¿disgusto es un buen eufemismo?-me burlé de él, mirándolo con rabia.

Si jamás había soportado nada relacionado con el Capitolio, desde que mi nombre había salido en la Cosecha lo único con lo que había fantaseado era con reducir cada una de sus estúpidas casas y sus estúpidas caras a cenizas. O, por lo menos, no tener que verlas nunca más.

-Admiramos tu sinceridad, Johanna, y quiero que sepas que todos nosotros nos alegramos de que salieras con vida de la Arena-varios miembros del público corroboraron esa frase con un tímido aplauso-Salvo los fans de Cedric, supongo. Cuando os quedasteis los dos solos en la Arena y fuisteis hacia el lago para la última batalla… Fue realmente tenso.

-Una desgracia que el chico con los dientes dorados del Distrito Uno no supiera que las hachas se pueden lanzar-hice rodar mis ojos con antipatía.

Que el último tributo vivo hubiera sido ese imbécil había hecho muy sencillo vencer. Pese a que ya había matado a varios antes de enfrentarme a él, volví a hacerme la débil, huyendo de él. Mientras se carcajeaba y me decía que antes o después me atraparía y me haría varias cosas, le lancé un hacha con fuerza y se la clavé en el pecho. Esperé sentada en una roca durante veinte minutos mientras se desangraba hasta que sonó el cañonazo. Mi mentor, Blight, me había dicho que eso se había interpretado como un acto de fría crueldad, no me había molestado en desmentirlo. Lo cierto era que me daba miedo que si me acercaba a rematarlo, me clavara su espada.

-Bueno, por desgracia el tiempo de la entrevista ha llegado a su fin-me puse en pie en cuanto pronunció esas palabras, lista para irme sin decir nada más-Nos vemos en la Gira de la Victoria, Johanna Mason. Disfruta de tu triunfo.

Y todos empezaron a aplaudir. Yo simplemente me largué de allí pensando en escabullirme de volver nunca jamás.


Quarter Quell

Cogí a Voltios por la espalda, y él se giró con brusquedad. Se quitó las gafas para limpiarlas con la camiseta, lo que era tan estúpido que no entendía por qué merecía ser protegido. Bueno, el plan. Él sabía más detalles de “el plan”. Mis instrucciones habían sido más básicas: “Tú y Blight tenéis que proteger a los tributos del distrito tres y llevárselos a Everdeen para que os acepte como aliados”, eso había sido todo por parte de Haymitch. Por lo visto, el viejo borracho no había sido capaz de hacer que la señorita Sinsajo actuara de forma lógica y quisiera aliarse conmigo o con mi compañero de distrito.

-¿Dónde está Blight, Voltios?-le pregunté, pasándome la mano por la boca a continuación para limpiarme la sangre.

-Se chocó contra el campo eléctrico, está muerto. El cañonazo sonó incluso antes de que lograra alcanzarlo-me respondió mientras miraba sus gafas, llenas de sangre, antes de volver a colocárselas.

-Vamos a buscar a Majara y salimos de aquí, ya he tragado esta mierda sin querer-tiré de su brazo para que me siguiera.

Había escuchado un cañonazo hacía un rato, pero no me imaginaba que sería mi mentor el que había muerto. Noté una sensación extraña en el pecho, una que pensaba que ya no tenía la capacidad de sentir. Mi corazón se puso de luto automático, y los ojos me empezaron a arder, pero no iba a dejar que llegara a más.

-¿Crees que es sangre de verdad?-preguntó Beetee mientras caminábamos entre las diferentes plantas de la selva.

-¿Crees que me importa?-le pregunté mirándolo de reojo y soltando un bufido de satisfacción al ver a Wiress a unos metros de nosotros.


Pero al acercarme noté que algo no estaba bien, si ya normalmente parecía que estaba pirada, en esos momentos parecía estar pasando por un ataque de ansiedad.


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Llevaba un tiempo sin publicar nada, pero después de ver la peli recordé por qué Johanna era mi personaje favorito de toda la saga y decidí hacer un pequeño fic sobre ella. Serán dos o tres partes, en un principio, y no contarán nada nuevo. Es un trozo del Vasallaje desde su punto de vista, mezclado con algunas escenas de su pasado. Espero que os guste.

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