'¿Quién se sorprende más?'
"La desesperanza está fundada en lo que sabemos, que es nada, y la esperanza sobre lo que ignoramos, que es todo." - Maurice Maeterlinck.
Cuando
Rachel llegó al pasillo con las taquillas, éste estaba tan vacío como el
comedor de la simulación. Había estado menos de diez minutos esperando junto a
la poca gente que quedaba, no había ningún amigo suyo, pero no se veía capaz de
irse a casa después de lo ocurrido. ¿Qué había pasado con esa estirada? ¿Desde
cuándo los miembros de Abnegación hacían bromas pesadas? Apoyó la espalda
contra las taquillas respirando con calma, esa maldita le había dado un susto
de muerte. Si hubiera sido cierto que las pruebas señalaban en una dirección
tan opuesta a su propia personalidad… ¿Hubiera hecho caso a los resultados o a
sus propias creencias? Emitió un sonido de frustración. No podía creer que una
estirada le hubiera tomado el pelo. Apretó los puños y golpeó las taquillas que
había a su espalda, con fuerza, pero controlando para no hacerse daño.
Se
dio la vuelta y abrió la taquilla con la llave que había apretado en uno de los
puños. Ninguna sorpresa se iba a comparar con la que le había dado Danielle hacía
un rato, pero era la primera vez que le regalaban flores. Sacó el ramo de
girasoles y lo observó con calma. Girasoles. Era una planta original para
regalar, siempre había visto rosas, tulipanes o flores con una belleza
tradicional. Esas enormes flores amarillas, por otro lado, tenían una hermosura
más difícil de apreciar. Una sonrisa se extendió por su cara con lentitud. No
se sintió culpable por apreciar el aspecto del ramo antes que su intención,
puesto que la estética también era una rama del conocimiento. Había también una
nota:
“Cena
bajo las estrellas. A las ocho. Planetario. ¿Mezclo bien el romanticismo con la
ciencia? PD: La distribución de las semillas de los girasoles sigue una fórmula
matemática relacionada con la proporción áurea, aunque supongo que ya lo
sabrías. Benjamin.”
Rachel
alzó ambas cejas sorprendida. Lo cierto es que no tenía ni idea de ese dato,
miró las flores con renovada curiosidad, nunca se había planteado el estudio de
la distribución de las semillas como algo serio que pudiera dar como resultado
una fórmula; pero la naturaleza era sabia, era lógico que existieran patrones
ocultos en su forma de hacer las cosas.
…
Su
madre no estaba en casa, por lo que Rachel no tuvo nadie con quién comentar lo
que había ocurrido en las pruebas o la cita a la que acudiría a continuación.
Podría haber ido hasta casa de Samantha, pero no quería llegar tarde a la cena.
Le dejó una escueta nota a su madre y se puso uno de los vestidos que había
descartado para la Ceremonia de la Elección, era completamente negro y le
llegaba hasta un poco por encima de las rodillas, parecía una mancha de tinta
sobre su piel clara. Se dejó el pelo castaño claro suelto, con sus ondulaciones
naturales decorándole la espalda. Decidió no maquillarse, de hecho, cuando
estaba a punto de salir por la puerta se preguntó por qué demonios no llevaba
unos vaqueros y una camiseta, pero no entró a cambiarse. Benjamin le había
regalado flores, ella le regalaba su tiempo. Se miró en el espejo con ojos
críticos, repasó las pecas que cubrían su nariz, las cejas un poco más oscuras
que su cabello, el brillo ilusionado que alumbraba su mirada castaña… Benjamin.
¿Cómo había pasado esto en un día? Porque parecía que habían pasado siglos pero
en realidad no hacía ni 24 horas que habían vuelto a hablarse.
Subió
las escaleras al planetario con impaciencia, la puerta a la gran bola blanca
estaba entreabierta. La empujó suavemente y vio a Benjamin colocando unas copas
de cristal sobre una mesa improvisada en el centro de la sala. Rachel sonrió
sin poder evitarlo, una ligera curva trazada con sus labios rosados, el rubio
había puesto un par de velas rojas sobre la mesa, cubierta por un mantel
oscuro. Empujó la puerta un poco más y entró en la sala. Benjamin llevaba
puestos unos vaqueros negros, una camiseta del mismo color y una americana; sus
ropas oscuras contrastaban con su piel clara, su pelo rubio y sus ojos azules.
El negro era todo lo contrario a su vecino.
-Estás
increíble, Rachel-se acercó a ella y cogió una de sus manos con la suya, con
delicadeza-Y las zapatillas le dan un toque especial al vestido-añadió
sonriendo de lado.
Rachel
frunció el ceño sin entender. ¿Zapatillas? Pero si ella llevaba puestos unos
zapatos azules con bastante tac… Abrió los ojos de par en par al ver que
realmente llevaba puestas sus zapatillas de andar por casa, con una ratita
dibujada. Cerró los ojos y volvió a abrirlos, pero ahí seguía su calzado. No
entendía cómo se le podía haber olvidado algo así, siempre tenía una memoria
excelente y no eran frecuentes olvidos por su parte.
-Quería
estar cómoda-terminó por responder, levantando la mirada hasta encontrarse con
el azul cielo de sus ojos-Ya sabes, vestido por el romanticismo y zapatillas
para disfrutar cómodamente de la ciencia-improvisó mientras sus mejillas se
teñían de color rojizo.
-La
cena es muy científica, ¿sabes? He elegido un menú muy equilibrado tras leer
varios libros sobre dietética-los dedos de Benjamin rozaron su mejilla con
lentitud.
-No
puedes elegir una cena equilibrada para ambos, tenemos necesidades muy
diferentes-replicó Rachel y se mordió el labio para no sonreír con suficiencia.
-No
he dicho que fuéramos a cenar lo mismo, Everdeen-Benjamin se acercó más a ella
y sus dedos descendieron por su cuello con lentitud.
-Estás
improvisando para no darme la razón, Baker-la chica seguía sujetando la mano de
él con una de las suyas.
Recordó
lo reconfortante que había sido estar con él antes de hacer las pruebas, esas
pruebas que aún la mantenían confusa y no era capaz de sacarse de la cabeza. Y
lo recordó porque ahora no era lo mismo. Lo sentía demasiado cerca, el calor de
Benjamin se pegaba a su cuerpo pese a los centímetros de aire que había entre
ellos.
-Yo
te daría lo que tú quisieras, ¿lo sabes, verdad?-las cejas de él bajaron
lentamente, para observarla con un aire de tristeza que logró conmoverla.
-¿Seguimos
hablando del menú de la cena?-la pregunta de Rachel esperaba un “sí” tanto como ella
había esperado un “erudición” al terminar la prueba.
Benjamin
bajó la mirada a sus manos unidas y deshizo esa unión. La chica no hizo ningún
comentario, había aceptado la cita, había venido, y ahora tendría que
enfrentarse de una vez a lo que llevaba tiempo evitando. Él alzó sus manos y le
sujetó la cara a Rachel con suavidad, obligándola a que lo mirara a los ojos.
Los ojos marrones de ella se clavaron en los de él sin resistirse, con valor.
No sabía cuáles eran sus motivaciones en ese momento: se sentía valiente por
estar allí, cordial por intentar escucharle, abnegada por no querer hacerle
daño, veraz porque no tenía intención de mentirle… ¿Pero dónde quedaba la
erudición? ¿Dónde quedaba su inteligencia cuando frente a ella tenía esos ojos
que le pedían más de lo que quería dar?
-Siempre
me has dicho que no, Rachel. Ya sé que nunca te lo he dicho, ni siquiera ahora
lo estoy haciendo, pero cada vez que llegamos a este punto yo veo el “no”
pintado en tus ojos y me detengo, dejo que todo lo que tú sabes que siento por ti vuelva
a hundirse en mi interior-la voz del chico era un susurro mientras seguía
sujetando su cara-Pero va a seguir estando ahí. Lleva tanto tiempo ahí que es
tan mío como mi nombre, incluso más, porque es algo que, de alguna forma, he
elegido. Al principio pensé que había alguien más en tu vida, pero no hay
nadie… Sabes lo que te voy a decir ahora, ¿no?
Los
ojos de Rachel recorrieron el rostro del chico mientras escuchaba sus palabras,
pero daba igual lo que intentara fijarse en su nariz bien formaba, en sus
pómulos, en su mandíbula… Siempre volvía a sus ojos claros, que dejaban
entrever la verdad en sus palabras. Negó con la cabeza, no estaba respondiendo
a su pregunta, le estaba pidiendo que no continuara.
-¿No
lo sabes?
-No
lo digas-la respuesta de Rachel se solapó con la pregunta de él.
-Pero
has venido. Si ibas a hacer lo mismo que siempre, no deberías haber venido. Es
como si te gustara decirme que no una y otra vez-le recriminó él agarrando su
cara con algo más de fuerza.
-No
me diste opción, me dejaste una maldita nota con flores, ni siquiera me lo
dijiste a la cara-protestó Rachel mientras colocaba sus manos sobre las de él,
intentando que rebajara la presión, que le deformaba ya la cara creando una
expresión grotesca.
-¿Me
hubieras dicho que “no” si te lo hubiera dicho a la cara?-le preguntó él
mirándola dolido.
-¡No
lo sé!-exclamó ella mientras las lágrimas acudían a sus ojos como fruto del
dolor de Benjamin.
No
era capaz de entender nada de lo que estaba ocurriendo, no se entendía a sí
misma. No era una persona insensible, pero el dolor de los otros no solía
afectarla tanto, a no ser que se tratara de su madre o de Sam. Y ahora se
encontraba perdida dentro de sus propios sentimientos.
Benjamin
tiró de su cara y unió los labios de ambos, intentando besarla, pero sin que
los labios de Rachel cedieran ni un instante. No quería nada con él. Nada de
nada. Nunca había querido nada con Benjamin y el único motivo de que se hubiera
confundido era que no quería estar sola el día previo a la Ceremonia de
Elección. Y no quería estar sola porque quería elegir Erudición a la mañana siguiente sin
pensar que estaba eligiendo esa vida rodeada de animales de compañía, sin amor romántico, a la que
tanto temía. Quería no tener dudas sobre su facción. No quería pensar en ser
una trasladada a otra facción a la que no pertenecería completamente, pues
siempre sería una erudita.
Colocó
sus manos en el pecho de él y lo empujó hacia atrás hasta que él cedió. Se
quedaron a dos pasos de distancia, ambos con los brazos colgando a ambos lados
del cuerpo y mirándose a los ojos. Dolor azul. Desesperación marrón. Rechazo
celeste. Decisión miel.
Rachel
abrió la boca un par de veces, tratando de encontrar algo que decirle, sin
éxito. ¿Cómo iba a pensar en él cuando se acababa de dar cuenta de que su
propio destino no iba a encajar con lo que siempre había pensado y querido?
Había esperado a que las cosas cambiaran, a que llegara alguien diferente o a
volverlo a ver a él; pero nada había ocurrido. No había podido confirmar sus
sentimientos por el chico del pelo rojo, pero tampoco había encontrado a nadie
por quien sentir lo mismo. Y si esperar no era suficiente, entonces tendría que
actuar. Porque aunque no supiera mucho de aquel chico, sabía que el latido de
su corazón era lo que sonaba en su cabeza en ese mismo instante.
ADÑLMSFÑLKSMFÑLKDMVF.
ResponderEliminarOk.
Esto ha sido muy.... muy yo ¬¬ DEJA QUE SE QUIERAN SIN DRAMA, LEÑE, QUE BENJAMIN ES MUY, MUY AMOR Y SLKNSFLKNSFLKNSF.
No, en serio, me da penica, porque es muy cuqui, con el ramo de girasoles (que ha sido muy original, debo decir), la cena, todo lo que dice.... Ains. Pero, claro, no iba a ser todo tan easy, ¿verdad? Eso solo queda para las canciones (megagenialesyestupendásticasdegrupossupermegaintergalácticamenteperfectosyfantabulosos)...
Yo apuesto porque hagan un trío con el pelirrojo (??????) Ok, tacha eso....
Y tengo muchas ganas de ver cómo se apaña Rachel en la cosa esa de elección que no me acuerdo de cómo se llama pero no tengo ganas de subir la flechita para buscarlo. Pobre, la confunden y así no se puede....
Y aquí te queda mi sarta de desvaríos y estupideces hasta el próximo capítulo (?)
Atentamente,
Una Galaxí Defender
PD: con respecto a lo de que pusiste como respuesta a mi comentario del capítulo anterior, prefiero decir que el amor de mis fics es más bien tipo ''Because loving you feels like a kick in the balls'' 8)
Pero... Pero... Si no hay draaaaama. Es un amor no correspondido en el que una de las partes es especialmente adorable (?) Te dejo escribir un spinoff con el trío, que esa es tu especialidad *cof cof*
ResponderEliminarPuess... Para la cosa esa de la Elección (si quieres saber cómo se llama, lo buscas e.e) aún faltan unos 3 capítulos calculo. Y eso que sólo va a ser una noche, será una noche muuuy intensa *guiño guiño codazo codazo*
Muchas gracias por el tiempo empleado en realizar este comentario :D
Una Renegada.