10 de junio de 2013

Renegade. Capítulo 22.

'Kiss and tell.'

“La amistad no es algo que aprendas en la escuela. Pero si no has logrado entender el concepto de amistad, realmente no has aprendido nada.” - Muhammad Ali




Tres días después. Rachel salió de la ducha envuelta en una toalla, con la que caminó hasta el espejo. Se miró los mechones de pelo que se le pegaban al rostro, le había crecido un poco, lo suficiente para estropear el corte, aunque eso no era lo que le preocupaba, teniendo en cuenta que sólo quedaban dos días para la prueba final, en la que se iba a decidir su futuro. Se quitó la toalla del cuerpo para secarse el pelo frotándose rápidamente. Su desnudez permitía ver el gran cambio que el ejercicio había supuesto para su cuerpo, y también algunas marcas rojizas repartidas por su anatomía, fruto de… Su primera vez. Suspiró al pensar en ello. No había sido su momento más brillante, pero tampoco se arrepentía del todo. No se le ocurría nadie mejor que el rubio para eso. Bueno… Volvió a cubrirse con rapidez mientras un gesto de dolor asomaba a su rostro. Ni rastro de Jake.


Uno de los otros iniciados le toco ligeramente el hombro al pasar corriendo a su lado en dirección al comedor. Rachel sonrió un poco. Le gustaba sentir que, poco a poco, sí que iba convirtiéndose en parte de la facción que había elegido. Ya se escuchaba el jolgorio de la comida cuando una mujer de su altura se interpuso en su camino. Rachel frunció el ceño. No recordaba haber visto antes a la mujer: mulata, con el pelo negro como la tinta, tatuajes cubriéndole toda la piel a la vista salvo la cara, ojos como el carbón, y ropa de cuero negro ajustadas a su musculado cuerpo.

-Rachel Everdeen-la mujer la miró afilando la mirada-¿Sabrías defenderte si te atacara ahora?

La chica se puso en guardia y retrocedió un par de pasos al ver cómo la mujer desenfundaba un cuchillo. Rachel no tenía ningún arma, y seguramente no tanta experiencia combatiendo como ella.

-Relájate, niña, iba a darte el cuchillo. ¿No se supone que Jacob te dijo que tenías que protegerte? No te veo protegiéndote, muchacha-le ofreció el arma por el mango-¿O no crees que estés en peligro?

-Sinceramente, no tengo miedo a nada de lo que me pueda ocurrir-le dijo Rachel rechazando el arma y recuperando la compostura.

-Ese “sinceramente” ha sido de todo menos sincero, niña. ¿No te das cuenta que te vi antes? Tenías esa mirada asustadiza que tienen todos… “No tengo miedo a nada” JA-dijo poniendo voz chillona para imitar a la chica, en un gran contraste con su voz grave-Le tienes tanto miedo a todo que no sé cómo harás para pasar la prueba…

Rachel tragó saliva, enfureciéndose. Que una desconocida le dijera que no estaba a la altura no era agradable para alguien que siempre había estado a la altura. Aunque lo que habían esperado de ella en Erudición era muy distinto a lo que querían ver los osados.

-¿Quién eres?-le preguntó con los ojos ardiendo.

-¿No me he presentado, niña?-la mujer esbozó una sonrisa blanca contra su oscura piel-Teresa Carstairs.

-No necesito que nadie me proteja de peligros inexistentes, Teresa-le espetó Rachel rodeándola para entrar en el comedor.

Una vez dentro, cogió su bandeja y se sirvió su comida favorita de forma abundante. Procuraba comer de forma equilibrada y con abundantes proteínas para llevar mejor el entrenamiento, pero cuando estaba de mal humor no pensaba en dietas. Dejó caer su bandeja frente a Benjamin con un golpe, provocando que las patatas fritas se esparcieran por toda su comida, incluyendo la tarta de chocolate.

El rubio la miró con curiosidad, pero ella negó con la cabeza, indicando que no le apetecía hablar del tema. Comió en silencio hasta que una palabra llamó su atención: Jake. Alguien lo había mencionado, miró alrededor con todo el disimulo que pudo. No consiguió nada y terminó mirando a Benjamin, que comía ajeno a ello. Benjamin se comportaba como su novio desde que se habían acostado: la abrazaba siempre que podía, trataba de besarla y había dormido en su cama. Lo demás era igual que siempre, salvo que las malas caras ante las menciones a Jake eran más frecuentes.

La mesa se fue vaciando lentamente, hasta que sólo quedaron un par de osados jóvenes más y ellos dos. Baker ya había llevado su bandeja, pero estaba esperando por ella, que comía con lentitud pasmosa, tratando de retrasar su entrada en la simulación. Esa tarde sería la última vez que practicaran, y no le apetecía demasiado enfrentarse a sus miedos.

-Rachel, ¿puedes venir un momento?-la chica levantó la vista y se encontró con Cuatro, que parecía tan sereno como siempre.

-Claro, ahora recojo est…-se interrumpió al ver que Benjamin le recogía la bandeja y se la llevaba, Rachel rodeó la mesa y se colocó junto a su monitor-Gracias Ben-le dijo al rubio cuando regresó.

Cuatro echó a andar y ambos lo siguieron sin hacer preguntas. Benjamin cogió la mano de la chica en el transcurso del trayecto, sin que ella supiera cómo evitarlo sin parecer que lo rechazaba. Pero quería rechazarlo. Finalmente, les abrió una puerta e hizo un gesto para que entraran, mirando a Benjamin con ambas cejas alzadas.

Dentro estaba Jake.

Rachel se llevó la mano al cuello para no llevarla hacia él. Estaba sentado en una silla, tenía una mano vendada y un corte en la mejilla, ya cerrado. Sus ojos color chocolate la miraron con interés, como si no hubiera nada más en el mundo. Rachel bajó la mirada, rompiendo el contacto. Le daban ganas de gritarle, pero se sentiría pequeña y estúpida si le echaba en cara una mirada. Una respiración en su cuello le recordó que Benjamin estaba ahí.

-Te dije que me trajeras a Rachel, Cuatro-dijo Jake. Sonaba cansado, como si hubiera perdido parte de su alegría natural. Y también parecía mayor, o quizás eso sólo se debía a que Rachel ahora se fijaba en eso más que antes.

-Estaban juntos, no pensé que fuera un problema-Cuatro tenía los brazos cruzados y se apoyaba de forma tranquila en la pared, como si la tensión que había en la sala fuera inexistente. Rachel no podía evitar sentir cierta envidia de esa fachada, más en ese momento en el que los latidos de su propio corazón le impedían pensar.

-¿Podéis iros, Cuatro? Tú y el chico-pidió Jake sin mirar a Benjamin.

Cuatro asintió y salió de la sala, dejando la puerta abierta. Rachel no necesitó mirar hacia atrás para saber que Benjamin seguía ahí. No podía adivinar qué expresión tenía, pero podía ver la de Jake, que parecía cansado.

-Benjamin, por favor-musitó Rachel sin apartar sus ojos de los de Jake, aunque el chico no la miraba, parecía concentrado en sus nudillos.

-¿Por qué quieres que me vaya? ¿No confías en mí, Rachel? Después de todo lo que ha pasado creo que me he ganado tu confianza-no sonaba tan dolido como quería parecer, de hecho, a Rachel le sonó casi como una amenaza. “Si me voy, se lo digo” eso era lo que la chica escuchaba por debajo de las palabras de Benjamin.

-Confío en ti. Pero Jake no tiene por qué hacerlo, Ben-ella seguía mirando al moreno, que no parecía tener intención de intervenir.

-No veo a Jake decir nada-comentó Benjamin, enfadado y celoso. Esos dos adjetivos superaban con mucho al “dolido”.

-Ya te ha dicho que salgas-le recordó la chica, volviéndose ligeramente para ver la cara del rubio. Que estaba crispado y con los ojos fijos en Jake.

-A mí no me ha dicho nada-los ojos azules la atravesaban como si no existiera.

Rachel percibió un movimiento brusco y se giró a tiempo para detener a Jake, que se había levantado e iba directo hacia Benjamin. Las manos de la chica se apoyaron en su pecho, notando el latido acelerado de su corazón.

-Lárgate-le ordenó Jake, mirándolo con furia.

-De acuerdo, nos vamos-Benjamin tiró de Rachel, que estaba algo perdida en ese momento. Las peleas de chicos siempre se le antojaban irracionales.

-Ella se queda-Jake cogió un brazo de la chica.

Rachel cerró los ojos recordando la última vez que había estado en esa situación. Benjamin le estaba hablando de sentimientos, pero se había ido con Jake para que éste rompiera cualquier cosa que hubiese entre ambos. Lo inteligente sería dejar a Jake e irse con Benjamin, ahorrarse más golpes. Pero la curiosidad estaba aliada con la atracción que el chico ejercía sobre ella: no sólo quería quedarse con él porque era Jake, razón de sobra para no moverse; también quería saber lo que había ocurrido en Erudición con Christie.

-Benjamin, me quedo-giró la cara hacia él y sacudió el brazo para que la liberara.

-No puedes hacer esto, Rachel, joder. Pareces una cría, decide de una vez lo que quieres, porque no puedes estar acostándote conmigo y luego mandándome a la mierda cada vez que se presenta este imbécil-Benjamin no soltó el brazo de la chica, aunque tampoco la agarraba con fuerza-Te quiero y lo sabes, pero no voy a aguantar esto. No puedo aguantar esto-el dolor relucía en sus ojos, clavándose en Rachel. Era exactamente el mismo dolor que lo había torturado en el paisaje del miedo; el dolor que ella parecía destinada a causarle.

-¿Te has acostado con él?-Jake liberó el brazo de Rachel y la miró interrogante, pero ella estaba mirando a Benjamin-¿Rachel?

-Sí, lo ha hecho. En el fondo sabe lo que quiere-respondió Benjamin para después llevar una mano a la mejilla de ella-En el fondo, sabes que me quieres a mí.

Jake pasó junto a ellos y atravesó la puerta abierta, con más vigor del que había mostrado sentado en la silla. Cuatro lo sujetó antes de que diera tres pasos, pero el moreno se sacudió para soltarse.

-Jacob, no puedes irte-le advirtió Cuatro, con el cuerpo tenso, listo para lanzarse sobre Jake y detenerlo de nuevo.

El chico negó con la cabeza y echó a correr. Cuatro hizo lo mismo, persiguiéndolo; al igual que Rachel, y Benjamin detrás de ella. Cuatro lo alcanzó y le tiro del hombro, pero el hombre lo miró e hizo que el instructor se detuviera, dejándolo correr. Rachel, sin embargo, siguió dando un paso tras otro a la carrera, bordeando el abismo sin miedo a caer, con toda su atención fijada en el hombre que estaba delante. Se cruzaban con otros osados, sin llamar la atención de ninguno, una carrera era lo más normal del mundo. Escuchó cómo Benjamin se tropezaba con algunas personas, pero no giró la cabeza ni bajó el ritmo.

El aire fresco la golpeó en la cara cuando salieron fuera, y vio como Jake saltaba a un vagón del tren que estaba pasando en ese momento. Los últimos vagones estaban llegando y ella aún estaba demasiado lejos para saltar. Gimió haciendo un último esfuerzo y saltó del tejado cerrando los ojos. Sus piernas encontraron el suelo metálico, por el que se deslizó hasta parar contra la pared. Suspiró aliviada. Cuando miró hacia fuera vio a Benjamin, con las manos en las rodillas y mirando al tren impotente.  “No puedo aguantar esto” le había dicho. “No aguantes, olvídame” pensó ella antes de perderlo de vista.


La moto de Rachel derrapó en el asfalto levantado de la zona abandonada de la ciudad. Llevaba bastante rato persiguiendo a Jake, pero el chico no había mirado hacia atrás ni una sola vez. Ni en el granero, de dónde había salido apenas un minuto antes que ella. Ni en el campo, por dónde lo había seguido a todo gas. Y mucho menos en la ciudad. Parecía dispuesto a perderla y estaba a punto de conseguirlo. La moto hizo un par de toses ahogadas y se paró. Rachel volvió a intentar arrancarla hasta en tres ocasiones, pero no había gasolina. Se bajó y echó a correr en la dirección en la que se había ido Jake, girando a la izquierda justo para ver cómo el chico desaparecía por otra esquina a la derecha. Corrió en dirección a esa esquina, pero al girarla se tropezó con algo, y mantuvo equilibrio a duras penas, gracias a su agilidad adquirida en los entrenamientos. Tragó saliva al pensar que se estaba saltando su último entrenamiento antes de la prueba final. De hecho, tenía la prueba final en dos días y estaba lo bastante lejos como para no poder regresar a tiempo si no encontraba a Jake u otro medio de transporte.

Gimió al darse cuenta de su situación. Y otro gemido respondió al suyo a su espalda. Rachel se giró y vio qué era con lo que había tropezado: una pierna ennegrecida, entre jirones de tela y con restos de sangre a su alrededor. Siguió levantando la mirada, buscando al rostro que acompañaba a esa pierna: palidez absoluta, delgado, ojos enormes de color azul oscuro y el pelo rubio ceniza sucio y enredado. Varias heridas pequeñas surcaban el cuerpo de la abandonada. De Sam.

El mundo dio un vuelco conforme Rachel clavaba sus rodillas en el suelo junto a la chica y le cogía la cara entre las manos. Los ojos se llenaron de lágrimas. “Mi culpa, es mi culpa, la dejé sola” se repitió sin dejar de mirar los ojos de su mejor amiga.

-Rach… Me duele-musitó Sam, entrecerrando los ojos como si le costara mucho tenerlos abiertos.

-Tranquila, ¿vale?-los ojos de erudita de la chica examinaron el cuerpo de su amiga con rapidez, lo más preocupante era la pierna, que no parecía tener cura.

-Rach-musitó la rubia de nuevo-Rach. Detrás de ti. Cuidado.


Rachel se quedó paralizada al escuchar los pasos a su espalda. Apretó los dientes recordando lo que le había ocurrido años atrás, pero echó al miedo de su cuerpo. Todo era diferente ahora. Se incorporó y adoptó una posición de defensa con rapidez. No pensaba dejar que nadie la alejara de Samantha Jones.

2 comentarios:

  1. ¿¡PERO QUÉ…!?¿¡HOLA!? ¿¡TULI!? ¡¡TENGO UN CORAZONCITO DE MAZAPÁN QUE SANGRA, SABES!! ¡¡Y SANGRA MUCHO CUANDO ESCRIBES COSAS ASÍ CON FINALES ASÍ Y CONVERSACIONES MASCULINAS ASÍ!! ¡¡JOPÉ, NO ES JUSTO!!
    Maldita.
    Jum.
    Ahora mismo no sé cómo estoy. No puedo decirte si me siento feliz por la vuelta de Jake, triste por el pobre Ben, o muda, sorda y de todo por el final. Es todo muy raro y muy… ah, jopé.
    Como siempre, voy por partes, analizando cada detalle que me ha llamado la atención.
    COMO POR EJEMPLO RACHEL. A VER, HIJA MÍA, QUERIDA, MUJER DE LA VIDA. NO PUEDES TIRARTE A SEMEJANTE MONOSIDAD Y LUEGO SOLTAR PERLITAS TIPO 'No aguantes. Olvídame'. ES QUE ESO ES POTENCIALMENTE DESTRUCTIVO PARA BEN, PARA MÍ, PARA EL RESTO DE RENEGADES Y PARA EL MUNDO A NIVEL GLOBAL.
    No puedo.
    Y luego lo de decirle a Jake que se han acostado. A ver. CHICOS CELOSOS, CACA. BEN TIERNO, BIEN. Así es la cosa.
    Por cierto, Cuatro es un 10. No lo digo por el personaje en sí, sino porque lo estás clavando. En serio.
    Y AHORA LA PARTE CRUEL. LA PARTE DESTRUCTIVA. LA PARTE 'no voy a tirar el móvil por la ventana porque es caro'. ¿¡CÓMO QUE SAM ESTÁ AHÍ, MEDIO MUERTA, HECHA UN GUIÑAPO!? ¡¡QUE SE LLAMA SAM, HOMBRE, QUE LOS PERSONAJES LLAMADOS 'SAM' (de Samantha o Samuel, ojo, que Samwell Tarly, caca) ESTÁN DESTINADOS A HACER GRANDES COSAS VIVOS!! ¡¡Y SANOS!! Ah. No puedo.
    Y verás ahora. El señor/señora (dejémoslo en criatura) Detrás De Ti Pasos A Tu Espalda va a darle a Rach con una piedra en la cabeza, se la va a llevar al algún barranco y la va a arrojar como si fuese un saco. Te veo perfectamente capaz de escribir eso. Jum.
    CASI PREFERÍA QUE VICT… QUE RACHEL ENTREGASE SU CUERN… QUE RACHEL SE SACRIFICASE POR BENJAMIN Y KIRTASH. DIGO BEN Y JAKE. JOPÉ. AHORA SÍ APRUEBO LA TEORÍA DE SHENIA.
    No puedo esperar hasta el Lunes. Es superior a mí. ES DEMASIADO TIEMPO ESPERANDO. Y DEMASIADO LARGO. Y AJFBDKFBQLF me indigno con el mundo. Caca.
    Pero por otro lado esta es la recta final. Y eso es peor.
    ¿¡POR QUÉ, TULIPAULA!? ¿¡POR QUÉ!? ¿¡QUÉ TE HA HECHO EL MUNDO A TI PARA HACERNOS ESTAS COSAS!? Ay.

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    1. Acepto todas las culpas por la pelea de chicos celosos, está un poco forzada, pero necesitaba que Jake echara a correr para que Rachel corriera. So... Culpable. Ha quedado chapucero. Chicos celosos, caca.

      Cuatro procuro que no salga más que lo imprescindible para no meter la pata, no soy como usted que tratas a los personajes de Suzanne con maestría.

      Je. Memorias de Idhún. Je, je.

      Si yo te contara lo que me ha hecho el mundo, para empezar llevo mi primera semana de vacaciones enferma, luego está lo de Finnick, lo de Kestra, lo de Tonks... A LOT.

      <4

      PD: No he visto nada nuevo en tu blog esta semana.

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