'Un acertijo en el espejo'
"Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado, un esfuerzo total es una victoria completa." - Mahatma Gandhi.
El sonido de la persiana abriéndose la despertó antes
de que la propia luz de la mañana la sacara de sus sueños. Rachel se tapó los
ojos con una mano anticipando esa luz y no pudo ver cómo su madre se acercaba a
la cama y le retiraba las sábanas de encima. La chica hizo un sonido de
sorpresa a la vez que descubría sus ojos oscuros.
-El desayuno está servido. No te ha sonado el
despertador porque ha habido un corte eléctrico, se supone que lo repararán
pronto.-le dijo su madre mientras se dirigía a la puerta de la habitación para
salir, se detuvo ahí, apoyada en el marco y le dedicó una sonrisa-Buenos días,
Rachel.
-Buenos días, mamá-logró sonreír pese al sueño.
Su madre era una mujer muy joven, la más joven de
todas las madres de gente de su edad. Demasiado, decían algunos. Rachel pensaba
que no deberían juzgar a su madre por su edad, deberían hacerlo por vastos
conocimientos sobre las matemáticas. Su hija estaba asombrada, aunque esperaba
alcanzar su nivel algún día, por el momento procuraba asistir a varias clases
de matemáticas a la semana, aunque se pasaba el horario lectivo metida en
clases de física. Encontraba esa ciencia mucho más apasionante que las demás.
Se levantó y se puso las zapatillas para ir al baño.
El piso era pequeño porque sólo vivían las dos. Tenían una cocina diminuta, un
baño pequeño, un pasillo estrecho… Y un enorme salón que ocupaba la mayor parte
de la superficie del piso.
La habitación de Rachel tenía las paredes de color
azul cielo y la madera de los muebles también era azulada, así como las sábanas
y las cortinas. La cama era individual y el armario no era excesivamente
grande, pero el dormitorio contaba con un gran escritorio provisto de un
potente ordenador, una estantería repleta de libros y una pizarra blanca de
tres metros de ancho por cuatro de alto, cubierta de dibujos de planos
inclinados y vectores.
Rachel le echó un vistazo antes de salir, repasando
las fórmulas que había incluido antes de acostarse. Parecían correctas, pero
aún no eran suficientes para resolver el complejo problema que le había
planteado su madre y que estaba anotado en un post-it amarillo pegado en la
propia pizarra. Los retos intelectuales eran algo habitual entre ellas, una
forma de ejercitar su mente activamente a cualquier hora del día.
Se quitó la ropa al entrar al baño y sonrió al
encontrar un problema escrito en el espejo con pintalabios rojo.
“Con los dígitos: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9.
¿De qué maneras puedes colocar los signos de suma y resta entre los
números para que den como resultado el número
100?”
Lo
leyó varias veces hasta estar segura de que no se le escapaba un detalle antes
de entrar en la ducha. Empezó a probar rápidamente combinaciones, y en menos de
cinco minutos ya estaba envuelta en la toalla y dibujando signos “+” y “-“entre
los números del espejo. Hallando una sencilla solución que implicaba la mayoría
de números de una cifra: 12 + 3 - 4 + 5 + 67 + 8 + 9. Una vez hecho eso, fue
con paso rápido a su habitación para vestirse. Se puso una camisa blanca y unos
vaqueros, y su jersey favorito: uno gris con rayas de diversos colores. En el pelo no se hizo nada, se lo había
secado un poco con la toalla y decidió dejar que siguiera secando por sí mismo,
tampoco hacía demasiado frío fuera. Entró a la cocina y se sentó a la mesa,
dónde la esperaba una rosquilla y un tazón de leche con cacao.
-He
resuelto el problema del baño, no era difícil-le informó a su madre con una
sonrisilla de suficiencia mientras partía un trozo de rosquilla y lo metía en
su tazón.
-Será
que eres demasiado inteligente para mis tontos problemas-su madre le sonrió
desde el otro lado de la mesa, dónde estaba haciendo lo mismo que Rachel.
-Nadie
es demasiado inteligente, mamá, cuánta más inteligencia, mejor-la corrigió
antes de meterse la rosquilla en la boca-Siempre hay que querer más, no somos
abnegados-añadió con la boca llena.
-¿Cuántos
signos has empleado para resolver el problema?-le preguntó su madre, desviando
a Rachel de su línea de pensamiento y haciéndola reflexionar hasta recordarlo.
-Cinco
positivos y uno negativo, el negativo en el cuatro-respondió con la imagen del
espejo perfectamente dibujada en su cabeza.
-Pues
se puede conseguir con tres, por si quieres más-su madre se rió entre dientes
antes de terminar de desayunar con rapidez y llevar sus cosas al lavavajillas-Aprovecha
tus clases, nos vemos a la hora de cenar.
Observó
cómo su madre desaparecía por la puerta con su melena castaña oscura ondeando
tras de sí. El pelo de Rachel era más claro, probablemente herencia de su
padre, pero no podía saberlo. No conocía a su padre, ni a sus abuelos, ni a
tíos… No tenía familia aparte de su madre. Bueno, había hecho sus cálculos y
tenía que tenerla, era poco plausible que todos estuvieran muertos cuando ella
sólo tenía dieciséis años, pero aún no había podido investigar sobre el tema
tanto como le gustaría. Además cuando lo hacía sentía como si estuviera traicionando
a su madre, que siempre le había dado todo lo que necesitaba.
Llevó
sus cosas al lavavajillas una vez hubo terminado. Cogió su bolso con sus
libretas y libros y salió en dirección a la parada de autobús. Cuando era más
pequeña su madre la llevaba en coche, pero ya hacía unos años que cogía el
transporte público. No le importaba, además así sabía que su madre podía llegar
antes a casa por las noches y ella no tenía que cenar sola.
Cuando
llegó a la parada había allí dos chicos más que vivían en la misma calle que
ella: Gina y Benjamin, hermanos. Ambos vivían dos pisos por debajo de Rachel.
Gina era una chica con el pelo claro y muy delgada, con todos los huesos del
cuerpo marcados bajo su pálida piel. Era dos años menor que Rachel, por ello
nunca habían mantenido una conversación, tenían niveles intelectuales muy
distintos. Benjamin, sin embargo, era de la edad de Rachel, era un chico alto y
fuerte, con el pelo rubio oscuro y los ojos grandes y azules. Con él había
hablado varias veces, era un chico atento y despierto; incluso habían trabajo
juntos en un proyecto sobre la gravedad en todos los planetas del sistema solar
y sus consecuencias que les había dado fama entre los trabajadores del centro
de astronomía.
-Buenos
días, Rachel-la recibió con una sonrisa educada, un tanto efusiva, pero ella no
percibió ese gesto.
-Hola,
Benjamin-levantó la mano levemente para saludarlo y se colocó a su lado.
-¿Qué
tal el fin de semana?-le preguntó él con interés.
-Interesante,
he estado repasando unos artículos que publicaron la semana pasada sobre la
influencia de la presencia de corriente eléctrica en las personas, es decir, de
las consecuencias de nuestra exposición a los cables. Creo que han exagerado un
poco los resultados, he encontrado incluso errores en sus cálculos. Tengo un
artículo rebatiéndolo casi terminado, supongo que lo enviaré esta noche si por
la tarde le añado los últimos detalles. ¿Y tú?-a Rachel nunca le importaba
hablar demasiado, y se entusiasmaba con facilidad cuando llevaba a cabo un ejercicio
intelectual. Además, Benjamin le prestaba toda su atención, por lo que estaba
verdaderamente interesado en lo que le contaba.
-Espero
recibir una copia de tu artículo lo antes posible. Últimamente la gente hace
cualquier cosa por hacer como que descubre algo importante… He mirado la
semanal y la mayoría son artículos que destacan fallos de otros anteriores.-se
encogió de hombros, parecía realmente decepcionado con no encontrar nada nuevo.
Cada
mes salían seis ejemplares de la revista Discovers: cuatro ejemplares
semanales, uno a mitad de mes y uno a final de mes que reunía los
descubrimientos más importantes de ese mes en particular. Era la revista con
mayor distribución entre la facción de erudición, puesto que mostraba estudios
que habían llegado a conclusiones. Rachel leía todos los ejemplares que
llegaban a sus manos, pero también hacía lo mismo con otras revistas en las que
publicaban investigaciones con errores a fin de que alguien lograra ayudar al
investigador u otras en las que se reunían artículos al azar. Lo que le
interesaba era aprender. Siempre aprender.
-Bueno,
quizás es que la gente se empeña tanto en corregir a los demás que no busca sus
propios objetivos-comentó Gina, haciendo que ambos se giraran hacia ella. Al
momento el color rosado subió a sus mejillas y bajó la vista al suelo.
-Yo
he estado trabajando con las propiedades del tolueno, redescubriéndolas en el
sótano-Benjamin habló mirando a Rachel, aunque parecía una respuesta a lo que
decía su hermana. Una afirmación de que él se preocupaba de buscar cosas nuevas
repasando las antiguas.
-Química…
Nunca ha logrado captar mi atención completamente.-admitió Rachel. Había
estudiado bastante sobre ese tema, pero lo suyo siempre había sido la física.
-Nunca
me has dejado intentar captar tu atención… Por la química, quiero decir-una
sonrisa titubeante se dibujó en la cara del joven-¿Puedes pasarte hoy por el
laboratorio B7? Después de mis progresos el fin de semana he preparado un
pequeño experimento, te invito a verlo.
-De
acuerdo, ¿a qué hora?-preguntó ella con curiosidad. El hecho de que no le
resultara apasionante, no quitaba que quisiera conocer cosas sobre ella.
Tampoco le encantaba la historia y se había leído un montón de libros sobre el
tema. Era importante saber un poco de todo, la ignorancia era la causa de la
mayoría de los problemas del mundo.
El
autobús llegó en ese momento y Gina fue la primera en entrar. Benjamin le hizo
un gesto para que pasara primero, por lo que entró. No miró al conductor y se
dirigió hacia el lugar dónde estaba sentada la niña, que tenía un asiento libre
al lado. Rachel prefirió no sentarse y se sujetó a una de las barras. Le
gustaba ir de pie en el autobús, le daba ideas para investigar. De hecho, su
primer interés por la física había surgido después de un frenazo brusco muchos
años atrás.
-¿A
las 12 te va bien? Me llevará un par de horas prepararlo todo-el rubio siguió
la conversación como si nunca hubiera sido interrumpida.
Se
agarró a la mis barra que Rachel, quedando a escasos centímetros de ella. El
autobús arrancó y él se desplazó sobre ella con el movimiento. Sintió el olor
fresco de su piel, la suavidad de la camisa verde del chico sobre la piel de su
brazo… Lo percibió todo. Y no sintió nada. Ni siquiera se ruborizó levemente,
como había visto hacer a otras chicas en situaciones similares. Rachel colocó
una mano en el hombro de Benjamin y lo ayudó a recuperar el equilibrio.
-Allí
estaré. Tengo previsto pasarme por unas clases de matemáticas, cuando salga me
tendrás dispuesta a observar tus avances. ¿B2 me habías dicho?-le preguntó para
confirmar.
-No,
B7, como la biotina, enemiga acérrima de la clara de huevo-la corrigió con una
sonrisa. Los ojos azules de él estaban turbados y algo de color había subido a
sus mejillas, pero Rachel se limitó a asentir sin fijarse en los detalles.
-No
sé si las sustancias químicas se odian entre ellas, Benjamin-comentó sonriendo
un poco burlona.
-Tú
sabes a lo que me refiero-de nuevo sonrió, y bajó la mirada hacia su mano
mientras lo hacía.
Rachel
sonrió disimuladamente. Podía entender por qué había tantas chicas interesadas
en su rubio vecino: sus ojos eran encantadores, tenía una sonrisa bonita,
rasgos inteligentes y un cuerpo bien formado. Pero eso era el exterior, se
suponía que la atracción era una cuestión más biológica que estética, aunque no
había leído demasiado sobre esos estudios.
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Y hasta aquí el primer capítulo. Espero que lo hayáis disfrutado un poco, un algo, no sé, que haya merecido la pena el rato que os haya llevado leerlo. A mí me ha gustado bastante escribirlo. Hay unos botones de valoración que pueden ser toqueteados.
Antes de comentar (otra cosa que estaría bien que hiciérais, necesito críticas destructivas para dejar de dar la lata) quería aclarar que sólo me he leído Divergente, por lo que estoy tirando de imaginación y quizás hay cosas que no encajen con Insurgente (no lo sé y no quiero saberlo hasta que lo lea, nada de spoilers, por favor).
Y... Eso. Tengo algún capítulo más escrito, iré subiendo uno a la semana si veo que le interesa a alguien; y si no, pues seguiré escribiendo y los almacenaré en el ordenador acumulando bytes de polvo.
Un saludo, es decir, OLA K ASEIS.
¡Hola!
ResponderEliminarEn la primera línea hay un par de laísmos. Cuando te refieres a una chica tienes que poner 'le', aunque sea femenino. Por ejemplo, cuando pones 'le retiraba las sábanas' entonces si que estaría bien.
Es una cosa que hacemos siempre mal los españoles xD
No lo digo en plan de malas, solo que yo también escribo y me gusta que la gente me diga fallos.
¡Un beso!
"El sonido de la persiana abriéndose la despertó antes de que la propia luz de la mañana la sacara de sus sueños. " Supongo que te refieres a este. Queda muy raro con el "le" :S Malditos españoles. De todas formas ese párrafo tiene algún fallo más.
EliminarMuchas gracias :)