25 de febrero de 2013

Renegade. Capítulo 11.


¡¡Hola!! Feliz lunes a todas/os. ¿Hay algún chico ya? ¿No? Jopé. Bueno, que hoy subo capítulo un poco tarde, es que se me había olvidado que era lunes al no tener clase y estar toda la tarde hablando de los Oscars.  [[Enhorabuena a Daniel, Jenn. Anne, Chris, Quentin y el largo etcétera.]] El título del capi tiene que ver con Daenerys Targaryen, sí, porque ella mola. Y hay alguna que otra parrafada, lo siento, no suelo ponerlas, soy más de diálogos (ejem, lalasa, ejem), pero en este capítulo era necesaria bastante narrativa. Espero que os guste :)
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'Sangre y fuego'

“En todas las actividades es saludable, de vez en cuando, poner un signo de interrogación sobre aquellas cosas que por mucho tiempo se han dado como seguras.” - Bertrand Russell



El corte estaba hecho y la sangre se acumulaba sobre la palma de su mano, que permanecía sobre las llamas, que amenazaban con quemarle la piel si no les daba su sangre, si no elegía de una vez.

La noche en una celda de espejos se le había hecho muy larga, apenas había conseguido dormir y las ojeras que había bajo sus ojos castaños la delataban. Se había puesto el vestido dorado, los zapatos oscuros y el cinturón negro; pero sin maquillar y despeinada no era un look tan favorecedor como había esperado al elegirlo unos días antes.

No había podido hablar con nadie, puesto que la habían llevado la última a la Ceremonia, cuando el discurso ya estaba empezando; y había visto a Samantha verter su sangre sobre el agua, atándose a Erudición, sin poder decirle que ella no haría lo mismo. No quería dejar a Samantha sola, le hubiera gustado gritarle que se trasladara con ella, pero sabía que eso no estaría bien, que era ella la que se tenía que arriesgar y no tenía que llevarse a nadie por el camino.

Abrió la mano y las gotas de sangre chisporrotearon levemente sobre el fuego, como si las llamas la rechazaran, como si supieran que su sangre no pertenecía ahí. Sabía que era algo absolutamente irracional, que era mentira, que su sangre era como la de los demás, pero no podía evitar tener esa sensación. Escuchó varios gritos ahogados, pero se contuvo a levantar la cabeza para ver de quién se trataba, al menos se contuvo hasta que ocupó su lugar junto a los osados. Había pocos trasladados a esa facción, ella era la tercera y la única chica, los otros dos eran de Verdad.

Levantó los ojos lentamente y buscó las caras de la gente que le preocupaba. Se encontró a Samantha con los ojos llenos de lágrimas y mirándola con un dolor que nunca había visto en ningún otro lugar, un dolor que le estrujó el corazón, un dolor físico. Había traicionado a su mejor amiga después de años de total confianza. Luego buscó a su madre y se topó con los ojos negros de Arden a su lado, que la miraban juzgándola como siempre, pero no expresaba nada. Y su madre tenía la cabeza gacha, por lo que no pudo encontrarse con sus ojos.

Seguían diciendo nombres y los jóvenes se distribuían a los diferentes grupos, la mayoría no cambiaba de Facción; Rachel podía ver perfectamente las caras y las expresiones de cada uno de ellos, pues los osados eran los más cercanos a los recipientes. Una cordial se cambió a Osadía, lo que sorprendió a todo el mundo. No era un cambio usual, puesto que los ideales de cada grupo eran bastante opuestos y siempre había problemas entre ellos; era como con Erudición y Abnegación, no solía haber traslados entre ambas. La rubia se encaminó hacia su nueva facción con la cabeza alta, quitándose la chaqueta naranja para dejar a la vista una camiseta de tirantes negra que dejaba ver sus brazos musculados y fuertes. La prenda naranja quedó tirada en el suelo mientras la sangre seguía cayendo sobre los diferentes recipientes. Rachel no podía dejar de mirar la tela naranja, parecía que la chica se la había quitado como si se tratara de algo que la atrapara, con seguridad. Sin embargo, Rachel se sentía más insegura que nunca. ¿Y si se había trasladado y no encontraba al chico? Se pasó las manos por el vestido amarillo con nerviosismo.

-Benjamin Baker-llamaron en ese momento y levantó los ojos para ver al rubio.

Benjamin. ¿Le dolía tener que separarse de él? Nunca habían sido nada, pero siempre había habido algo. Estaba guapo, como siempre. Llevaba una camisa de cuadros azules y amarillos, con los botones de arriba desabrochados de forma que se podía ver su pecho bien formado. El pelo liso y desordenado salía en todas la direcciones mientras aferraba el cuchillo con seguridad. Y mientras se cortaba la piel la miró, con esos ojos azules que parecían el cielo de una tarde de verano, y luego caminó hacia ella con seguridad, colocándose a su lado, con su brazo rozando el de ella.

Lo miró abriendo los ojos en exceso. ¿Realmente acababa de ocurrir eso? ¿Se había trasladado Benjamin Baker? Él no le devolvió la mirada, estaba ocupado en una discusión sin palabras con su familia. Rachel miró también a Erudición y volvió a toparse con Samantha. Estaba segura de que estaría pensando que Benjamin y ella habían tomado la decisión en conjunto, que la había traicionado. Quería decirle que no, que si tuviera que irse con alguien sería con ella sin lugar a dudas, pero la rubia estaba hablando con Dean, que le pasaba un brazo sobre los hombros con aire protector.

Samantha no le miró en el resto de la Ceremonia. Cuando ésta termina, el grupo negro en el que Rachel se encuentra inmersa empieza a moverse. Ella se queda quieta unos segundos, pero la mano de Benjamin se cierra sobre la suya y tira de ella, arrastrándola hacia las escaleras en una carrera inútil e ilógica. No tenían prisa, ¿por qué iban todos corriendo y gritando? Tras bajar unos pocos escalones los tacones la hicieron tropezar y estuvo a punto de caerse, pero la mano de Benjamin no se separó de la suya. Alguien la golpeó con un codo al pasar entre ambos, haciendo que sus manos se separasen. El rubio siguió corriendo con el grupo, mientras que ella se detuvo para dejar los tacones tirados en las escaleras y bajar descalza, tratando de recuperar el tiempo perdido previamente.

Cuando salieron por las puertas del edificio, Rachel ya se encontraba metida en el grupo. Notaba de vez en cuando las miradas de los chicos tatuados, aquellos que habían decidido quedarse en su Facción, unas miradas mucho más ardientes que aquellas a las que dejaba atrás. El fuego de Osadía ardía en la mirada de cada uno de aquellos jóvenes. Y en los de Rachel empezaba a prender aunque ella no fuera consciente, aquella carrera desenfrenada le había gustado más de lo que nunca admitiría, logrando incluso que se olvidara durante algunos segundos de lo que había dejado atrás. Los recuerdos de la tranquilidad del ejercicio de la mente regresaron con fuerza al ver el tren al que los Osados estaban saltando. Abrió mucho los ojos, quedándose quieta durante unos segundos, los suficientes como para recibir varios golpes por parte de aquellos que seguían corriendo y gritando a su alrededor. El corazón latía con fuerza bajo su pecho. Apenas quedaban ya personas en tierra, la mayoría se encontraba en los vagones cuando echó a correr.

Ley de la gravedad. Fuerza. Masa. Aceleración.  Las fórmulas que conocía se agolparon tras sus párpados, que había cerrado en cuanto sus pies se habían despegado del suelo, volando hacia el tren. Sus rodillas se estrellaron contra el suelo metálico y cayó hacia delante, quedando tirada. Sólo cuando sintió el frío contra su mejilla se atrevió a abrir los ojos. Estaba en el vagón, le había sobrado fuerza para entrar. Sonrió satisfecha sin siquiera pararse a pensar. En ese compartimento estaban los dos chicos que se habían trasladado desde Verdad y tres jóvenes que se reían estrepitosamente de otro que intentaba ponerse en pie cojeando… Osados. Sólo ellos podrían reírse del dolor ajeno.

Rachel se arrastró por el suelo hasta quedar con la espalda contra la pared, tenía la respiración un poco agitada, pero no tanto como el veraz más bajito, que parecía que no se iba a recuperar en la vida. La velocidad del tren iba aumentando por momentos, y el ruido del viento era ensordecedor. Rachel sólo podía escuchar de vez en cuando alguna palabra que provenía de los chicos que estaban al otro lado del vagón, acercándose al borde, separándose, dándose empujones amistosos… Haciendo justo lo que llevaban haciendo toda su vida.

¿Y ella? ¿Podría hacer algo de lo que había hecho con anterioridad? Sabía que las posibilidades de acercarse al Hexágono eran nulas para cualquiera que no perteneciera a Erudición, por lo que había perdido la mayor parte de sus posibilidades de seguir estudiando. No sabía ni siquiera si tendrían libros en Osadía. No sabía ni dónde estaba Osadía. Lo había perdido todo. Se tapó la cara con las manos para tratar de contener su miedo, sus dudas y su realidad; sabía que podía hacerlo. Era una cuestión mental y ella no solía tener problemas con las cosas que dependían de su mente. Estaba ya logrando la calma cuando sintió humedad y algo viscoso en las manos, acompañado de un grito colectivo en el vagón. Se descubrió los ojos con lentitud y se miró el dorso de las manos, manchado de sangre, así como su camiseta y el resto de la pared del vagón. Se incorporó y se cambió de pared, acercándose al chico más grande de Verdad, que también estaba manchado de sangre, aunque en menor medida que ella.

-¿Qué ha ocurrido?-preguntó Rachel sin dejar de mirarse las manchas de sangre en el vestido.

-Alguien se ha caído de otro vagón y se ha estrellado contra un poste junto a las vías…-le respondió el chico sin mirarla, manteniendo la vista fuera, aunque lo único que se podía ver era una mancha borrosa que pasaba a toda velocidad.

-Probablemente uno de los trasladados… Nosotros llevamos toda la vida en estos vagones, nadie se cae de forma estúpida-añadió uno de los iniciados que procedían de Osadía. Tenía el pelo en rastas y varios piercings por la cara.

El color huyó de la cara de Rachel al instante. Benjamin. Benjamin. Benjamin. Se lanzó hacia el borde del vagón de forma estúpida, pues era obvio que ya no iba a conseguir ver nada. Notó unos brazos en su cintura que tiraban de ella hacia atrás.

-Eso sería caerse de forma estúpida, muñeca-era el chico grande de Verdad, el que tenía la cara ligeramente salpicada de sangre.

Rachel se dejó arrastrar hacia atrás y apoyó su espalda en la pared junto al chico. Debía medir cerca de dos metros, y tenía los rasgos varoniles muy marcados para su edad, el pelo completamente negro bastante corto y los ojos castaños verdosos que desprendían una dulzura que no cuadraba con el resto de su aspecto.

-Soy Rachel, no una muñeca-le indicó ella mirándolo de reojo, aún preocupada por Benjamin.

Era poco probable que se tratase de la chica de Cordialidad, parecía tan segura al trasladarse… Aunque quizás todo hubiera sido una fachada, una cordial era lo que menos encajaría en los trenes, tendría muchas más posibilidades de caerse que alguien inteligente, como Benjamin.

-Yo soy Noah-se presentó el chico con una sonrisa leve, señaló con el pulgar al chico más pequeño que iba vestido de blanco y negro-Y él es Chris, mi mejor amigo.

Chris levantó una mano y asintió levemente en su dirección a modo de saludo, pero parecía aún cansado, y realmente asustado por la sangre que cubría a los otros chicos. Rachel le hizo un gesto de asentimiento, pero en ese momento la cara de Samantha aparecía por cada lugar del vagón.

“Mi mejor amigo.”
¿Y dónde estaba su mejor amiga?

Bajó la cabeza y se miró las manos, manchadas de sangre. No era la primera vez que se manchaba las manos de sangre. Recordó el momento en el que había conocido a Sam. Tuvo que parpadear para contener las lágrimas.

Notó la mano de Noah sobre su espalda.

-¿Estás preocupada por el chico que se trasladó contigo, no? ¿Es tu novio?-le preguntó observándola con esos ojos cálidos que encajaban con su tono a la perfección.

-Sí y no-respondió Rachel asintiendo levemente-El tren está disminuyendo la velocidad, tenemos que prepararnos para saltar.

Noah levantó una ceja como si no se creyera que pudiera percibir el ligero decremento, pero entonces vio como los chicos vestidos de negro se alineaban a unos metros del borde y fue a buscar a Chris, al que tuvo que arrastrar hacia el borde.

Para cuando los dos veraces se situaron en la fila, Rachel ya estaba colocada junto al chico del pelo verde.

-Hay un tejado, no hay mucho tiempo para saltar, así que no os lo penséis mucho o tendremos que prescindir de vuestra presencia en la iniciación-les advirtió con tono burlón.

Los ojos de los tres trasladados reflejaban su nerviosismo mientras localizaban la plataforma a la que tenían que saltar. El tren no había bajado tanto de velocidad como lo había hecho para que subieran. Estaban empezando su iniciación y les exigían un salto más complicado cada vez. ¿Era eso de lo que se iba a tratar todo? ¿De cerrar los ojos y lanzarse al vacío esperando encontrar suelo bajo los pies? No sabía si eso era lo que se esperaba de ellos, pero Rachel prefirió no mirar mientras su cuerpo volaba unos segundos antes de caer rodando sobre el tejado. Quedó mirando al cielo y recuperó el aire con lentitud. Su vestido se había rasgado por un lateral hasta la altura de su cadera, y tenía una rozadura considerable en el muslo, así como en uno de sus brazos.

-Vamos, muñeca, están todos ya en movimiento-Noah le tendió una mano mirándola burlón, Rachel aceptó su ayuda y se puso en pie.

Ambos corrieron para unirse al grupo. Uno de los Osados estaba explicando que había que saltar al vacío. Rachel miró a Noah, que no parecía realmente impresionado por lo que le pedían. Chris, a su lado, no parecía tener verdaderas intenciones de saltar de nuevo. Rachel miró alrededor tratando de localizar a Benjamin, pero no veía su rubia cabellera por ningún lado, lo que hizo que la preocupación le hiciera un nudo en la garganta. Por suerte, tampoco veía a la chica trasladada de Cordialidad, y según el chico del pelo verde podría haber caído cualquiera de ellos.

-¿Quién será el primero en saltar?-preguntó un hombre alto de piel oscura, que clavó sus negros ojos en el grupo de iniciados.

-Yo-una voz femenina sonó con fuerza y el grupo se abrió dejando pasar a la chica rubia que se había trasladado-Yo saltaré la primera.

El hombre asintió y la acercó a él, sacando una jeringuilla de un maletín y clavándosela en el cuello. La chica no titubeó un instante, caminó hacia el borde y desapareció en el vacío. Rachel no podía ver la altura a la que se enfrentaban puesto que estaba en la parte más alejada del grupo, pero estaba segura de que daría miedo. Varios saltaron tras la chica mientras Rachel intentaba calmar sus nervios, dejar de preocuparse, volverse valiente, loca o lo que fuera necesario para conseguir superar esa iniciación.

2 comentarios:

  1. Holaa!! Me acaban de pasar el link de tu blog, para poder leer tu fic. ¡Por fin alguien que escribe que tiene que ver con divergente! Es genial, me está encantando. Te doy gracias por compartir tu historia con nosotras, y doy las gracias a la chica que me pasó el link! Besos!

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  2. Muchas gracias :) La verdad es que yo había intentado buscar cosas sobre la saga y no hay mucho en fics largos, aunque hay algunos capítulos sueltos reescritos desde el punto de vista de Tobías bastante buenos.

    Espero que te animes a seguir la historia y a participar en el blog con opiniones, votos y comentarios.

    Y gracias a la chica que te pasó el link, espero que te guste lo suficiente como para que tú también se lo pases a gente.

    Gracias, de verdad.

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