21 de abril de 2014

Optimista y Pesimista (III)

“Seguro que quiere dinero, todo se mueve por dinero. Por eso no queda nada hermoso en el mundo.” Pensó mientras sacaba su cartera y extraía unas monedas con cuidado. “Vendemos hasta nuestros dones, ¿para qué? ¿Para qué querrá el dinero esta chica? ¿Ropa? ¿Alcohol?” Dejó caer las monedas mientras su ceño volvía a fruncirse con lentitud, pero la chica seguía mirándolo con esa sonrisa y sin tocar.

-¿A qué esperas?-le preguntó él, un tanto brusco-Me estás haciendo perder el tiempo.

-Eres libre de cruzar, el semáforo ha estado verde dos veces mientras tú estabas ahí plantado-le respondió ella, sin hacer ningún ademán de empezar a tocar-Si tienes que hacer algo importante… Corre.

-¿Ahora que ya tienes mi dinero rehúsas a cantar? Y por supuesto que tengo cosas que hacer-aferró su maletín y lo colocó delante de sus piernas, frente a la cara de la joven-¿Acaso no lo ves?

-Sólo veo a un hombre triste que no me ha dicho la canción que desea escuchar…

-Cualquiera. Eso no es importante. Toca. La gente va a pensar que ocurre algo raro si no tocas-miró a su alrededor, preocupado de que eso estuviera ocurriendo. Pero el mundo era ajeno a ellos en esos momentos.

-¿La canción no es importante? Hay canciones que encienden el corazón, lo hacen brillar; otras que lo cubren de lágrimas salidas de ninguna parte; una canción puede cambiarte por completo… No digas que no es importante-el tono de ella perdió el buen humor y se tornó serio.

-No quiero escuchar ninguna canción. Quédate el dinero, de todas formas, te he escuchado muchos otros días sin pagar ni un céntimo-recalcó Pesimista y fue a cruzar, pero el semáforo estaba rojo, imposibilitando su huida. Hubiera saltado una verja de alambre de espino para no tener que seguir con la conversación, pero esa muralla de coches en movimiento parecía mucho más infranqueable.

La chica lo seguía mirando en silencio y se mordía el labio para contener una sonrisa. Cuán divertido era ese gruñón tan guapo, pensaba.

-¿Vas a quedarte ahí en silencio?-le preguntó Pesimista de nuevo, con aire exasperado.

-Has pagado y has dicho que no querías escuchar ninguna canción, simplemente lo estoy cumpliendo.

El hombre iba a replicar, pero el semáforo se puso verde y decidió que no quería pasar más tiempo ahí. O que no debía. Porque esa sonrisa que la chica contenía era como si el sol saliera entre las nubes en pleno otoño sólo para él. Y el sol nunca salía para él. Siempre llovía.

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