Pero durante esa semana brilló el sol, e incluso hizo calor,
lo que obligó a Pesimista a desprenderse de su negra americana; puesto que no
quería llegar sudado a la oficina y que todos los señalaran y dijeran que no se
duchaba y que no querían trabajar con un cerdo. El clima le hacía pensar en
Optimista, que seguía sin aparecer.
-Buenos días-le saludó la chica de la guitarra cuando cruzó
por delante de ella, evitando mirarla.
Pesimista siempre miraba ostentosamente en dirección opuesta
a la muchacha desde su pequeño intercambio verbal, y ella no le había dicho
nada hasta ese día. Con la sorpresa el maletín acabó en el suelo y Pesimista tuvo
que agacharse a recogerlo, interrumpiendo el paso de diversas personas, que lo
rodearon como si se tratara de una roca en medio de una estampida. Cuando se
incorporó, con el maletín firmemente asido en la mano, el semáforo brillaba con
su luz roja al otro lado de la calle. Y la música no sonaba.
-Lamento haberte asustado-la chica pugnaba por ocultar su
sonrisa, aunque sus ojos brillaban con diversión. Era tan gracioso ver cómo se
sujetaba al asa del instrumento como si temiera que volviera a deslizarse hasta
el suelo.
-Se me resbaló-se justificó Pesimista, aunque todos sabían
que mentía. Una ráfaga de aire arrastró varias hojas muertas hasta donde se
encontraban, estampando una en la cara del hombre.
La chica rompió a reír. Y su risa rompió a Pesimista,
haciendo que su seriedad se desprendiera de su rostro. Esbozó una sonrisa
mientras se quitaba la hoja de la cara, sacudiendo la cabeza como si estuviera
decepcionado por la naturaleza. Aunque esas cosas pasaban, siempre tenía que
salirle todo mal. La sonrisa volvió a camuflarse, aunque el rostro del hombre
parecía relajado pese a esa tristeza que lo acompañaba.
-Tienes una sonrisa muy bonita, hombre de negro-le comentó
la chica antes de rasgar las cuerdas de su guitarra, sin dejar de mirarlo
fijamente. Tenía los ojos más claros que él había visto nunca.
Él podría haberle respondido, pero estaba convencido de que
no podría encontrar la palabra adecuada y sólo conseguiría que la chica
frunciera el ceño y no volviera a tocar en el mismo sitio. No se daba cuenta de
que su silencio hablaba para ella, ella que sacaba música sin dejar de
observarle con una media sonrisa.
Pesimista miró el semáforo en verde. Se preguntaba cuántas
veces había cambiado de color. Cualquier día llegaría tarde al trabajo por
quedarse allí con ella y… y… No estaba seguro de que fuera a salir perdiendo.
El siguiente lunes, Pesimista vio la espalda de Optimista
unos metros por delante de su persona y apuró el paso para alcanzarlo. Se puso
a su lado y lo miró, esperando que el otro dijera algo. Pero Optimista tenía
las ojeras marcadas, el rostro pálido y parecía no verlo. Caminó a su lado y no
se detuvo junto a la chica porque el otro tampoco lo hizo. Cuando llegó a la
clínica, se fue sin ni siquiera mirarlo, mucho menos despedirse. Pesimista
frunció el ceño, ese que llevaba unos días siendo liso.
Al día siguiente volvió a ver la espalda de Optimista, pero
no se acercó a él, sino que lo siguió a unos metros de distancia. Los hombros
de su compañero aparecían menos hundidos que el día anterior, pero seguía
caminando como si no estuviera en el mismo planeta que el resto. Pesimista
aprovechó el momento en que el semáforo los dejó atrapados junto a la
guitarrista para dejar caer unas monedas en el estuche de ella.
-¿Alguna canción en especial?-preguntó ella, que terminaba
de tocar una melodía lenta y relajante. Quería tocar para él y no iba a
rendirse hasta que ese chico cediera y le pidiera algo. Ella se lo daría todo y
él se volvía mudo para decir el nombre de una canción.
-Algo alegre-pidió Pesimista sin reflexionar.
Cuando ella empezó a tocar, giró la cabeza para ver si eso
hacía que cambiara la expresión de Optimista, pero el hombre ya cruzaba la
carretera, siguiendo la luz verde del semáforo. Pesimista sujetó su maletín y se
dispuso a seguirle.
-¿No te vas a quedar a escucharla?-la chica interrumpió la
letra para hacer la pregunta, aunque sus dedos seguían moviéndose ágilmente
sobre las cuerdas del instrumento.
-No puedo-dijo él a la par que cruzaba, con el semáforo
parpadeando.
Pero no se atrevió a hablarle a Optimista aunque lo alcanzó.
Ni siquiera sabía su nombre, pero lo veía tan consumido que… Suspiró. Él no era
mala persona, nunca lo había sido. No podía ver el mal ajeno y que no lo
importara. Miró el reloj y tomó la decisión de entrar en la clínica
odontológica. Quería saber qué pasaba.
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Dos lunes consecutivos subiendo entrada. Hacía bastante que no conseguía eso. Espero poder enlazar un par más, las dos que calculo necesitar para acabar esta historia, que en principio iba a ser mucho más corta, pero que finalmente ha crecido mientras la escribía. Tengo buenas noticias, además. LAS IDEAS HAN VUELTO A MI CABEZA. Eso significa que cuando acabe esta historia tengo ya otras dos cosas en mente que quiero escribir y compartir aquí.
Si os gusta esta historia, no os olvidéis de dejar comentarios, se valoran mucho más que las visitas. Aunque sea poned un "Me ha gustado", por poco que sea, me encanta leer vuestras opiniones.
Un abrazo desde la maceta :)
'Me ha gustado'.
ResponderEliminarHas fallado el tercer lunes.
ResponderEliminarHOLA ME ESTÁ GUSTANDO MUCHO Y NO SÉ CÓMO TIENES LA DECENCIA DE NO HABERLO TERMINADO AÚN. BÉH.
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